lunes, 17 de noviembre de 2008

SOLTEROS DEL SIGLO XXI

Por Jennifer Llanos

http://www.psicologosperu.com/

Todos hemos estado, estamos o estaremos solteros(as) en algún momento de nuestra vida. Y esto nos ocurrirá cada vez con mayor frecuencia, según los especialistas. Hay quienes dicen que la culpa es de las mujeres porque se han vuelto más egoístas y ambiciosas; otros responsabilizan de esta nueva realidad a los hombres que seguirían buscando en cada chica la mirada constante, la palabra precisa, la cocina perfecta de su madre.

Como sea, el hecho es que nos encontramos en la mejor época para estar soltero o soltera. Por ejemplo, después de un buen rato de no ver el filón de oro que se escurría delante de sus narices, publicistas y comerciantes empiezan a tratar a los solteros como lo que son: el público que más invierte en cuidados personales, capacitación profesional, actualización académica, viajes de placer y cultura en general. Dado que la vida social de un célibe suele ser más intensa que la de un casado -los solteros de entre 20 y 39 años frecuentan un promedio de 12 personas a la semana mientras que los otros solo 9.6-, el presupuesto que destinan a salir y divertirse también es bastante más significativo (las solteras van al cine 3 veces más que las casadas). Y si bien todavía sale más a cuenta comprar un paquete turístico para 2 personas que para una sola, cada vez hay más gente que se anima a irse de vacaciones sin compañía y las mesas de a uno ya no despiertan cuchicheos entre los mozos.

Esta más influyente especie que cada día se desplaza con más aplomo sobre la faz del planeta no solo ha dado pie a toda una rama editorial sino que además está resultando mucho más interesante y vendedora que nosotros, los humildes y rutinarios -pero felizmente- casados. Así, desde España, Juan Antonio Bernard ("Psicología del Soltero: Entre el Mito y la Realidad") ha dividido a los solteros en 2 grandes familias (formadas por 22 categorías en total): los que disfrutan plenamente su estado civil y lo toman como una etapa enriquecedora, y aquellos que lo padecen como un lastre. Entre los primeros tenemos-vaya usted ubicándose donde mejor le acomode- a los egoístas, los neocélibes (personas muy calificadas, seguras de sí mismas que no sienten la obsesión de encontrar el alma gemela ni de fundar una familia), los libertinos, los solidarios (se involucran en causas humanitarias o religiosas) y otros. En el segundo grupo encontramos a los refractarios al compromiso, los calentadores, los rencorosos, los nostálgicos y siguen firmas.

Como vemos, los solteros del siglo XXI pueden ser muchas cosas, pero si hay algo que definitivamente han dejado de ser es una mancha de marginales ansiosos de redimirse a través del altar. Ya no tienen necesidad de justificarse, de caer simpáticos ni de ensayar actitudes reinvindicativas. Esos seres desesperados que se aferraban al cuello de lo primero que encontraban solo para evitarse la ignominia de ir al cine sin pareja han pasado a mejor vida.

Considerado hasta hace poco como una etapa de evolución cerebral y emotiva previa a la de "sentar cabeza"-como balbucear antes de hablar-, el celibato actualmente goza de todas las credenciales para considerarse un estatus no solo respetable sino también deseable. De mantenerse la tendencia, lo cual es casi seguro, quizás podamos ver el día en que los periodos de vida de a 2 sean solo paréntesis eventuales en la cada vez más prolongada vida de a uno.

Uno de los principales efectos colaterales de esta novedosa configuración es la lenta pero bien merecida extinción de la solterona (de paso, también entra en cuenta regresiva el testarudo mito del soltero maduro y sus gustos oscuros). Mientras que hace solo 2 décadas, una mujer de más de veintimuchos sin anillo al dedo constituía un lastimero espectáculo -la gran choteada de la eterna fiesta de prom que es el mundo-, las solteronas de hoy producen una ambivalencia que oscila entre la envidia y el cuestionamiento. ¿En verdad son muy exigentes, neuróticas y competitivas como queremos creer o acaso saben algo que las señoras ignoramos? ¿Ellas están solteras a su pesar o nosotras estamos emparejadas porque en fin? Diez años atrás hubiéramos respondido sin titubear, en cambio ahora lo más seguro es quién sabe.

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