sábado, 9 de enero de 2010

LA CAJA DE PANDORA EN TERAPIA

Pandora traía algo consigo: una caja que contenía todos los males capaces de contaminar el mundo de desgracias y también todos los bienes. Uno de los bienes era la Esperanza, consuelo del que sufre, que también permanecía encerrada en aquella caja. Y es que, por aquel entonces, cuentan que la vida humana no conocía enfermedades, locuras, vicios o pobreza, aunque tampoco nobles sentimientos.

Pandora, víctima de su curiosidad, abrió un aciago día la caja y todos los males se escaparon por el mundo, asaltando a su antojo a los desdichados mortales. Cuentan que los bienes subieron al mismo Olimpo y allí quedaron junto a los dioses. Asustada, la muchacha cerró la caja de golpe quedando dentro la Esperanza, tan necesaria para superar precisamente los males que acosan al hombre.

Apresuradamente corrió Pandora hacia los hombres a consolarlos, hablándoles de la Esperanza, a la que siempre podrían acudir pues estaba a buen recaudo.

Este es el conocido como Mito de la caja de Pandora, que forma parte de la mitología griega.

El otro día, hablando con uno de mis pacientes, salió a relucir el tema de la conveniencia y/o eficacia de la terapia psicológica (había pasado por la experiencia previa de dos terapias psicológicas sin resultado). Le pregunté sobre el número de sesiones que había mantenido con cada uno de los profesionales y acabó admitiendo, casi con cierta culpabilidad, que había dejado de acudir a todos ellos a partir de la tercera o cuarta sesión. A mi pregunta de a qué conclusión había llegado puesto que volvía a precisar de los servicios de un terapeuta a pesar de los dos intentos fallidos, me respondió: «Dejé de acudir a ellos en el momento en que abrieron mi caja de Pandora. Esta vez he decidido desatar la tormenta para poder ver el sol después». Sus sabias palabras me hicieron recapacitar sobre las personas que, aún motivadas para poner solución a sus problemas personales, echan marcha atrás cuando se enfrentan con sus propios miedos porque los psicólogos, lejos de ser adivinos, sólo mostramos y ponemos sobre la mesa lo que la gente ya sabe o intuye pero no quiere escuchar, capacitándolos a través del entrenamiento en ciertas habilidades y herramientas, a coger las riendas de sus propias vidas y a hacer frente a sus problemas. Hacer frente a los propios temores es tarea de valientes y el paradójico miedo a los miedos se convierte en el peor de los enemigos.

La terapia psicológica ha resultado ser efectiva frente a la opción de no hacer nada y seguir viviendo (o sobreviviendo) con el sufrimiento. Así lo demuestran las distintas investigaciones que se han hecho al respecto.

Por: Sonia Cervantes

http://www.psicologosperu.com/