martes, 31 de agosto de 2010

LA RISA

Si usted pone la risa, el parasimpático hará lo demás.

Sirve para prevenir las enfermedades del corazón, combate el miedo y reduce el sufrimiento y el dolor, ahuyenta los problemas, limpia los ojos con la ayuda de las lágrimas, con ella los pulmones mueven una cantidad de aire mayor y se activan 400 músculos de diferentes parte del cuerpo, es contagiosa, sinónimo de bienestar, enemiga del enojo y la depresión, mejora la relación con los demás, funciona como imán con el entorno, reduce el nivel de estrés porque se libera la tensión muscular…¿se puede pedir más? Si, aún hay más, porque la risa, esa reacción fisiológica del ser humano a los momentos de humor, si bien no cura todos los males, podemos dar por seguro que hace la vida más placentera y deseable y, sin lugar a dudas, cuando la utilizamos para tomarnos menos en serio a nosotros mismos, es capaz de situarnos en nuestra verdadera dimensión.

Aún así hay quienes dicen que los efectos de la risa sobre la salud se han sobredimensionado, cuando en realidad numerosos estudios han demostrado que el estado de ánimo es determinante no sólo para la salud sino para la vida en general. Es evidente que afrontar un problema con ánimo va a procurar un resultado distinto que hacerlo desde la tristeza y el malestar.

Pero el asunto de la risa relacionado con la salud puede abordarse desde muchos puntos de vista, y aunque para algunos pueda resultar algo inconsistente y superficial, determinadas experiencias médicas constatan lo contrario, aunque lo definitivo desde luego es la propia experiencia, contra la que ninguna teoría es capaz de argumentar.

De entrada, y para situarnos científicamente, habría que saber que nuestra salud se sustenta en el equilibrio que mantienen el sistema simpático y el parasimpático. El primero encargado de tratar con las situaciones de conflicto y de huída; el segundo, con las de paz y armonía, siendo responsable también de segregar las endorfinas, analgésico natural de nuestro organismo relacionado con la felicidad, la alegría y los estados placenteros. Pero la Psicobiología nos añade que como el vivir cotidiano está plagado de condicionantes generadores de estrés, inseguridad y miedo, la balanza se inclina a favor del sistema simpático, bajando de súbito el sistema inmunológico.

Pensamiento igual a química

La pregunta que corresponde a continuación es la siguiente: ¿Cómo conseguir activar el parasimpático para combatir el conflicto de la mejor forma posible? Evidentemente no hay que ponerse a reír, pero si podemos empezar por entrenarnos en el pensamiento positivo, ya que ‘donde quiera que va un pensamiento, un proceso químico lo acompaña’, dicen losúltimos descubrimientos sobre la relación mente-cuerpo.

Dicho de otra manera, basta pensar en un alimento que nos apetezca para empezar a generar saliva, lo que en el caso de los conflictos de la vida se traduce en cambiar el hábito de dejarse arrastrar por las situaciones estresantes que el cotidiano nos trae, por esa otra actitud que implica abordar los problemas con distancia, relativizándolos, pensando en positivo.

Si somos capaces –y lo somos- de ejercitarnos en ello, nuestro sistema parasimpático hará el resto produciendo endorfinas. Y eso ni más ni menos es lo que desde hace tiempo vienen practicando con enfermos de todo el mundo organizaciones como Médicos sin Fronteras, Payasos sin Fronteras o el famoso, a raíz de su película, doctor Hunter Patch Adams, inventor de la risoterapia con fines médicos y terapéuticos, y el responsable de la inclusión de ésta en la medicina moderna, a saber: combinar el tratamiento habitual que cada ocasión merece con terapias de risa, ayudándoles a superar problemas no sólo de tipo psicológico sino de otra naturaleza.

Norman Cousins, ejecutivo neoyorkino y editor de la revista Saturday Review, así lo revela en su libro ‘Anatomía de la risa’, al describir cómo logró curarse de su dolorosa artritis espinal combinando sus terapias de risa con dosis de vitamina C y las indicaciones de los médicos. Y el psiquiatra William Fry, que durante 25 años se dedicó a estudiar los efectos de la risa, sostiene que ‘tres minutos de risa intensa equivalen a remar enérgicamente cerca de diez minutos’, y ‘un minuto de risa diario equivale a 45 minutos de relajación’.

La explicación médica es bien sencilla: cuando reímos nuestro cerebro segrega esa hormona llamada endorfina, como decíamos antes un sedante que circula por el organismo como droga natural, aunque cientos de veces más fuerte que la heroína y la morfina. Es fácil comprender que cinco minutos de risa constante funcionen como analgésico.

Quince minutos de risa para el corazón

En cuanto a la salud cardiovascular, los estudios de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, (USA), comprobaron las distintas reacciones del organismo a nivel cardiovascular según se miraran tiras cómicas o dramáticas. Mientras que la observación de situaciones de estrés provocaba un descenso de un 35% del flujo sanguíneo, las que desencadenaban la risa generaban un aumento del flujo de un 22%. Tras el estudio, el doctor Michael Millar, director del Centro de Cardiología Preventiva de esta Universidad, señalaba que “probablemente treinta minutos de ejercicio, tres veces por semana, y quince minutos todos los días de risa, son muy buenos para el sistema vascular”.

Pero además con cada carcajada movilizamos 400 músculos del cuerpo, masajeamos columna vertebral y cervicales, donde se acumulan muchas tensiones a lo largo del día, estimulamos el bazo (centro de actividad del sistema inmune), aparte de facilitar la digestión y ayudar a reducir los ácidos grasos y las sustancias tóxicas. Y si es un poco observador comprobará que la carcajada hace vibrar la cabeza despejando nariz y oído, acercándola en muchas ocasiones, cuando es prolongada e intensa, a la sensación de relax que se experimenta tras hacer el amor.
La risa, para añadir una cualidad más entre tantas, permite que entre el doble de aire en los pulmones oxigenándose más la piel y tonificándola por tanto. Aunque la mejor de sus cualidades, sin lugar a dudas, es el estado de bienestar psicológico que produce.

Y para ejercitarnos en este arte de vivir con alegría, qué mejor que empezar por reírse de si mismo, dándonos menos importancia y aprendiendo a desdramatizar todo aquello que tiende a causarnos estrés y dolor. Tomar distancia de nosotros mismos y de los problemas que nos asaltan a través del humor, no es que sea fácil, pero podemos conseguirlo si nos lo proponemos. Sólo hay que dar el primer paso empezando por pensar positivamente y siguiendo con la búsqueda de material jocoso. Como decíamos líneas arriba, el sistema parasimpático se encargará de lo demás.

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