domingo, 15 de agosto de 2010

VIVO UNA VIDA SIN SENTIDO (parte 3)

Para sanar los vacíos, el camino es el SENTIDO. El sentido tiene distintas direcciones que debo recorrer para encontrarlo, no hay una receta ni modelo, dado que cada uno de nosotros debe encontrarlo por sí mismo.

Encuentro el sentido en HACER (para esto no hay edades o profesiones o trabajos, siempre se puede hacer). Hacer significa ser consciente de que si estoy vivo, siempre hay una tarea que me toca desarrollar y llevar adelante.

Encuentro el sentido en DAR (sin esperar NADA); todos podemos dar, no hay quienes dan mucho u otros que den poco. Lo que muchas veces sucede es que como "esperamos", quizás eso que espero no me satisface, entonces siento que la persona me da poco. Lo importante es darme cuenta que lo que doy, cuando lo hago de corazón, siempre es valioso, porque todo lo valioso tiene que ver con la persona, o sea contigo. Muchas veces, como no nos valoramos, no le damos valor a lo que podemos DAR.

Valorarse significa reconocer que soy un ser UNICO, IRREPETIBLE, INCOMPARABLE. Que nadie puede reemplazarme, justamente por el valor que tengo como persona. Cuando llego a descubrir este valor en mí, también descubro todo lo valioso que puedo DAR. Por lo tanto, lo que doy no debe depender de quién es el destinatario, sino de que si estoy vivo, y soy un ser único, esto que doy ya tiene sentido.

Como dice Víctor Frankl: "Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento".

En el juego de naipes que es la vida, cada cual juega con las cartas que le han tocado. EL que gana la partida no es el que tiene los mejores naipes, sino aquel que, con lo que le ha tocado, sabe COMO JUGAR. No se trata de ganar, se trata de saber jugar.

Anímate a recorrer el camino del sentido, y también a acompañar a personas que transitan situaciones límites y caen en vacíos. Hay que aprender a conocernos y reconocernos en nuestras fortalezas y capacidades espirituales para desarrollar el sentido de vida.

Por: Sandra Barbero
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