martes, 14 de septiembre de 2010

WINNIE POOH: PERFIL PSICOLOGICO

Winnie the Pooh es hiperactivo, compulsivo y con tendencia a la obesidad

ESTUDIO DE PEDIATRAS CANADIENSES

Ottawa, ANSA
La conducta y los actos de Winnie the Pooh, Eeyeore (Igor), Tigger, Christopher Robin y todos los personajes nacidos de la pluma de AA Milne, según estudiosos de psicología infantil de la Dalhousie University de Halifax, Nueva Escocia, revelan estados depresivos y problemas en la capacidad de concentración, pero demuestran también la fragilidad de la naturaleza humana que no siempre es necesariamente un defecto.

"El mundo está lleno de gente maravillosa, a la que amamos a pesar de sus rarezas", señala Sarah Shea, del grupo de pediatras que publicó en el Canadian Medical Association Journal las conclusiones de un estudio sobre la psicología, por ejemplo, de Pooh.

Diario EL MUNDO. TORONTO (CANADA), EFE.- Winnie the Pooh, el osito que se ha convertido en uno de los iconos culturales de todo el mundo, no volverá a ser el mismo tras ser analizado por los pediatras más destacados de Canadá.

Para sorpresa de los padres que durante décadas han puesto en manos de sus hijos las, aparentemente, inocuas aventuras del osito Winnie, el burro Igor, el cerdo Puerquito (o Piglet) y el niño Christopher Robin, éstas encierran un problemático mundo psicológico propio de una pesadilla.

Winnie the Pooh sufre hiperactividad y falta de atención, es obsesivamente compulsivo, tiene tendencia a la obesidad y además podría desarrollar en el futuro el síndrome de Tourette, un trastorno neurológico que se caracteriza por tics y movimientos involuntarios, rápidos y repetidos.

Los médicos han recomendado que sea tratado con un medicamento llamado Ritalin.

Su compañero inseparable, Igor (o Eeyore), no sale mejor parado. Sufre una constante depresión a consecuencia de la amputación traumática de la cola, por lo que los doctores de la Universidad Dalhousie de Halifax recomiendan unas buenas dosis de Prozac y terapia.

El cerdo Piglet, al fin y al cabo mucho estudios señalan que estos animales son psicológicamente muy parecidos a los humanos, padece ansiedad generalizada fácilmente observable, dicen los doctores, por su propensión a ruborizarse y a balbucear.

Solución: Paroxetine, un medicamento para combatir la sensación de pánico.

Búho es disléxico y Kanga es una madre soltera y sobreprotectora que pone en riesgo el desarrollo de su hijo, Rito, quien corre riesgo de convertirse en un adolescente asocial. Esto es agravado por la influencia de Tigger, quien también tiene un Trastorno de Déficit de Atención con hiperactividad e impulsividad, por lo que se pone en riesgo constantemente. Conejo tiende a sobreestimarse y tiene la extraña creencia de que tiene muchas relaciones de amigos.

Finalmente, el muchachito Christopher Robin se enfrenta a una crisis de identidad sexual, le falta una adecuada supervisión paterna y es preocupante que pase tanto tiempo hablando con animales.

El estudio del equipo pediátrico de Halifax, por si alguien tenía dudas de su seriedad, se publicó en el último número del prestigioso 'Diario de la Asociación Médica Canadiense'.

Poco podía haber previsto el escritor canadiense Alan Alexander Milne cuando creó sus personajes en 1926 que un grupo de «modernos neurodesarrolladores» determinase «que éstas son, de hecho, historias de individuos altamente problemáticos, muchos de los cuales cumplen criterios (médicos) de una enfermedad».

Aunque ahora, con la perspectiva del tiempo, tampoco debería ser tan extraño que la obra de Milne esconda un enrevesado mundo paralelo. Al fin y al cabo, Winnie, el oso real en el que Milne se inspiró para crear su personaje, tuvo una desgraciada infancia y su vida estuvo marcada por una guerra mundial antes de su muerte en confinamiento forzoso en 1934.

Un cazador de Ontario (Canadá) mató a su madre en el verano de 1914 y lo vendió al teniente canadiense Harry Colebourn, destinado en Winnipeg (Manitoba) por una mísera cantidad de dinero. El destino de Winnie fue convertirse en la mascota de la Segunda Brigada de Infantería del Ejército canadiense, lejos de los bosques de Ontario, donde había nacido.

Con el inicio de la Primera Guerra Mundial, la Segunda Brigada fue destinada al frente francés y Colebourn, a su paso por Londres, decidió que el campo de batalla no era lo mejor para un oso, así que lo dejó como préstamo en el zoológico de Londres.

Ahí se quedó para siempre Winnie, como lo llamaban afectuosamente los cuidadores del zoo, y ahí lo descubrió en 1924 la familia Milne: el padre, Alan Alexander, la madre, Daphne Milne, y el joven Christopher Robin, que había nacido en 1920.

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