jueves, 14 de octubre de 2010

CUANDO ACUDIR A TERAPIA

Hay muchas opiniones des-encontradas al respecto, hay quienes piensan que "todos" deberían hacer terapia siempre, otros que se debería realizar en una etapa de la vida, otros que solo cuando uno se siente mal.

La realidad es que, más allá de lo que se diga, uno contempla la posibilidad de hacer una terapia cuando en el día a día, luego de haber usado los propios recursos para salir adelante, llega a la conclusión que no se puede con "los propios métodos" y necesita utilizar los métodos profesionales, buscando una mirada comprensiva pero objetiva a la vez.

Generalmente se suele asistir a una terapia, no cuando esta se contempla, sino cuando la situación implica un estado de crisis y es cuando esa contemplación pasa a la acción.

Así como uno no requiere de los servicios médicos cuando se siente bien, lo mismo pasa con el psicólogo, no requiere de sus servicios si no hay motivo aparente alguno; sin embargo, así como se necesitan medidas preventivas para la salud física, se debería tener en cuenta las medidas preventivas psicológicas y más aún por que estamos invadidos de la contaminación emocional del medio, en forma constante.

Por otro lado, debemos diferenciar que las crisis aparecen por un cuadro de síntomas que permanecen y en función de la resistencia de cada uno es cuando se decide hacer una terapia.

El tema es que se relaciona la falta de síntomas con la salud; o sea, "no me duele nada, entonces no estoy enfermo".

Es el gran error de muchos de nosotros.

En psicología, a veces los problemas no están en los síntomas, se asientan de forma subyacente en la psiquis y aparecen en forma de síntoma luego de varios años de padecerlo.

Esos problemas subyacentes suelen ser conflictos o inquietudes no resueltas a los que no se les ha prestado atención en su momento y ahora salen a la luz de forma intrusiva casi sin poder evitarse.

Otro tema y más profundo aún, es la forma en que aprendemos a percibir nuestra experiencia; cada persona tiene una historia de vida y la misma lo ha marcado lo suficiente como para tener opiniones con un estilo particular de vivir y es en función del estilo con que se maneja para pensar, que lo que le pasa es por una razón y no por otra.

Esto lo puede llevar a vivir situaciones que desconoce y también las cuales no percibe como problemas aún siéndolos.

Por ello te sugiero que para reflexionar sobre las cosas que te pasan en general, te tomes una hora de tu vida y converses con un profesional de confianza. El sabrá orientarte.

A diferencia de los confidentes y amigos, que si bien son de gran ayuda, un terapeuta está preparado para mantener una mirada objetiva, sin que sus intervenciones estén teñidas de subjetividad.

Por: Lic. Gustavo J. Laplaca

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