domingo, 20 de febrero de 2011

LA PARABOLA DE LAS CUCHARAS LARGAS

Nuestro amigo, en una Experiencia Cercana a la Muerte, contempla su vida de pecado y aguarda ansiosamente su destino en el otro mundo.

Un acompañante lo recibe a la entrada del más allá, y con una sonrisa de bienvenida le dice: "Tú no estás listo todavía, amigo; aún tienes otra oportunidad. Pero regresarás pronto, asi que déjame mostrarte lo que sucede aquí del otro lado."

El acompañante llevó a nuestro amigo hacia dos puertas. Al abrir una de las puertas, nuestro amigo miró dentro y en medio del salón había una gran mesa redonda.

En medio de la mesa había una gran olla de guisado que olía tan delicioso que hizo agua la boca de nuestro amigo.

La gente sentada alrededor de la mesa estaba delgada y enferma y parecían hambrientos.

Mirando más de cerca, nuestro amigo vio que todas las cucharas tenían largos mangos; más largos que los brazos de los comensales; demasiado largos para que se alimentasen a si mismos.

Cada uno podía meter la cuchara en el pote de guisado, pero por causa de que el mango era más largo que sus brazos, no podían poner las cucharas dentro de sus bocas.

La escena era de dolor y angustia. Formas esqueléticas se retorcían y gemían de hambre, con apenas la fuerza para golpearse unos a otros con sus cucharas.

Nuestro amigo se estremeció ante semejante cuadro de miseria y sufrimiento.

"Así que este es el infierno" -dice nuestro amigo. "Ira y miseria en medio de la abundancia. ¿Dónde está el Diablo?"

"El mal reside en la mente de los hombres" -dice el acompañante. "Pero ven, déjame mostrarte algo más."

Luego fueron y abrieron la siguiente puerta. Era exactamente igual como el primer salón.

Había una gran mesa redonda con el gran pote de guisado que hizo agua la boca de nuestro amigo. La gente estaba equipada con las mismas cucharas de mangos largos, pero aquí la gente estaba bien alimentada y llena de salud, riéndose y hablando, los sonidos de risa, charla y canciones llenaban el aire, mientras comensales felices y saludables disfrutaban del banquete y la mutua compañía.

Nuestro amigo dijo: "¡No entiendo!"

"Es simple", dijo el acompañante: "Esto requiere de una habilidad. Mira: Ellos han aprendido a alimentarse el uno al otro, mientras que los avaros piensan solamente en ellos mismos".

"Ellos también tienen largas cucharas, pero están dándose de comer unos a otros. Y esto" -dice el acompañante- "...es el Paraíso".

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