martes, 7 de junio de 2011

SABER GANAR Y SABER PERDER

Vivimos en una sociedad muy competitiva en la que todos quieren ganar y triunfar con rapidez, olvidándonos en ocasiones de la importancia de saber competir, poniendo límites, siendo justos y honestos. Debemos saber actuar tanto en la victoria como en la derrota y comportarnos siempre con respeto hacia nuestros rivales.

1. Enseñar a competir

Debemos enseñar a nuestros hijos a disfrutar de la competición.

En el deporte o en todas aquellas acciones en las que tenemos que competir siempre habrá un ganador y un perdedor, y no siempre gana o pierde el mismo. Este pensamiento hay que tenerlo presente cuando tenemos que competir en algún ámbito de nuestra vida, para no dejarnos influir en exceso por los triunfos ni por las derrotas.

Debemos enseñar a competir poniendo límites y siendo justos. No podemos educar a nuestros hijos centrándonos sólo en la victoria, porque eso les haría centrarse tan sólo en ellos mismos y en su objetivo. En cierto modo, si actuamos de esta forma, estaríamos enseñando que el fin justifica los medios, nada más lejos del pensamiento de un buen competidor.

Cuando se trata de una competición deportiva, lo más importante es que nuestros hijos aprendan a disfrutar de la competición, que ofrezcan lo máximo como jugadores, esforzándose en realizar su juego con la mayor perfección y entrega que les sea posible, sin sentirse presionados por sus padres o entrenadores. Tenemos que enseñar a competir centrándonos en el esfuerzo y no en la victoria.

2. Saber ganar

Ganamos cuando conseguimos el objetivo propuesto, cuando tras un tiempo de vencer dificultades, obtenemos un resultado positivo. Ganar supone una gran satisfacción porque es el resultado exitoso del trabajo y del esfuerzo realizado durante un periodo de tiempo. Supone un estímulo, un fuerte empuje para seguir hacia delante en esa línea. Sirve de incentivo para buscar nuevos triunfos.

Gana quien saca una buena nota en un examen tras muchas horas de estudio, quien logra un ascenso en su trabajo o quien obtiene una victoria en el deporte. En definitiva, gana todo aquél que logra un objetivo que requiere esfuerzo y lucha personal por lograrlo.

Saber ganar demuestra elegancia y educación. Siempre hemos oído decir que hay que saber perder, pero rara vez, hemos reflexionado sobre la importancia de saber ganar.

Sabe ganar quien muestra la mejor actitud hacia su rival, no haciendo manifestaciones que le humillen ni deleitándose en su victoria frente al contrario. Tenemos que aprender a ponernos en el lugar del otro y reconocer y valorar el esfuerzo que ha realizado nuestro rival. También demuestra que sabe ganar, quien no presume de lo conseguido y quien es agradecido, no olvidándose de quien les ha ayudado.

Cuando uno gana tiene que ser consciente de lo efímero que es el éxito, saber relativizarlo y no darle excesiva importancia. Es muy positivo disfrutar de los triunfos, pero siempre con mesura.

3. Saber perder

Cuando se pierde, hay que aceptar esa situación. Ya no se puede hacer nada que la cambie, tan sólo aprender de esa experiencia y de los errores que hemos cometido para la próxima vez. No debemos justificarnos cuando las cosas no han salido como esperábamos, tan sólo aceptarlas.

Muchas veces influyen factores que no dependen de nosotros y que pueden hacernos fracasar en nuestro objetivo como: fijarnos objetivos inalcanzables, no ser realistas con nuestras capacidades o limitaciones, subestimar a nuestros rivales, o simplemente porque nos enfrentamos a un rival superior.

La derrota hay que saber superarla. No podemos permitir que nos afecte hasta el punto que nos suponga un freno para futuros intentos.

Hay quien por temor al fracaso, deja de actuar. Consideran que es mejor no arriesgarse a perder, se paralizan y no se esfuerzan en conseguir aquello que tanto anhelan.

Pero hemos de tener en cuenta que ni siempre se gana ni siempre se pierde, hay que tenerlo siempre presente. Por ello, no podemos dejarnos llevar por la desazón que produce la derrota, sino pensar que habrá otra oportunidad que podamos aprovecharla mejor. Perder cuesta asumirlo, duele y supone una decepción, es difícil encajarlo porque es el resultado de un esfuerzo no compensado.

Saber perder también atañe a nuestra actitud con nuestros rivales. Cuando perdemos, nuestra actitud debe ser cordial con nuestro rival, ya sea en el deporte o en otro ámbito de nuestra vida como el profesional, y felicitar a quien ganó con prontitud. No debemos enfadarnos ni enfrentarnos a nuestro rival, y en ningún momento faltarle el respeto porque creamos que el resultado ha sido injusto. En el caso de que así fuese, tendremos que aceptarlo igualmente, mejor hacerlo con elegancia. Nunca podemos perder los nervios o las formas, tenemos que tener autocontrol.

Dra. Trinidad Aparicio Pérez
Psicóloga clínica. Psicóloga escolar
Centro de Psicología Alarcón. Granada.

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Incluso muchas veces, el perder puede ser una ganancia.

¡Qué bueno que perdí! (en determinada situación), así podré dedicarme a otra cosas que me convenía y estaba dejando de hacer.

Solo las soluciones divinas serían perfectas. En las soluciones humanas, va a haber algo que se gana y algo que se pierde.

A menos que se trate de situaciones que en inglés les llaman "win-win situation" o win/win negotiation, es decir una solución en la que ambas partes salen beneficiados.

A veces se gana, a veces se pierde.

De toda pérdida, hay que sacarle el lado positivo.

Saber perder implica nobleza, dignidad, humildad y quedar bien como persona.

"Nobleza obliga"

"Corazón, no te aflijas al verte herido; es más noble ser carne que ser cuchillo".

"El que ríe al último ríe mejor" ;)

Tampoco es el fin del mundo, ¿no?


Psicólogo Luis Venegas
http://www.psicologosperu.com/