miércoles, 23 de noviembre de 2011

LA COLCHA

Dos ancianitos vivían guardando sus experiencias malas y buenas para compartirlas y enseñarles con ellas a su hijo.

El hijo creció y se casó y se olvidó de sus padres, que, sin pedir nada a cambio, le habían dado todo para tener la mejor vida posible.

Ellos no habían sido de mucho dinero, pero por voluntad de Dios, su hijo había llegado muy lejos, obteniendo un gran puesto en una empresa, lo que a su vez le dio una vida con lujos y sin carencias de ninguna clase.

Un día la ancianita murió, y el pobre viejo, que tan sólo la tenía a ella empezó a sufrir de una gran soledad; la casa le parecía enorme y los días eternos y llenos de amargura.

El viejo nunca quiso dar molestias, pero al sentir que no podía más con esa gran soledad, recurrió a su hijo para pedirle que lo hospedara en su gran casa.

Llegó a la casa de su hijo y cuando éste le abrió dijo:

Hijo, no quisiera ser una molestia, pero desde que tu madre murió me siento muy solo y deprimido.

Su hijo le contestó con una gran sonrisa:

Padre, claro que no eres una molestia, pasa, ésta es tu casa.

El anciano le aclaró, -hijo, creo que no me has entendido, necesito quedarme a vivir aquí...

- ¿vivir aquí?, emmm, pues verás, la casa no es muy grande, y mi esposa es muy especial, y pues los niños, tú sabes, no tendría el corazón para arrebatarles su recámara.

Al ver que el niño no regresaba, fue al cuarto para ver qué lo demoraba, y vio a su hijo cortando la colcha con unas tijeras a la mitad,

-Hijo, ¿qué haces?, ¿por qué cortas la colcha a la mitad?- y le respondió el niño:

- voy a guardar esta mitad, para cuando tú seas anciano y me vengas a pedir un lugar en mi casa.

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En esta vida, hay gente que necesita de nuestra ayuda, hacer cosas que vemos como una molestia, nos dan flojera o nos incomodan.

Cuando la gente nos pide ayuda, hay que darla y no sólo eso sino que darla de la mejor manera, y aún cuando pensemos que es una molestia, debemos pensar que todos en algún momento o momentos de nuestra vida necesitaremos algo de alguien, y en la manera que nosotros la hayamos dado, será en la manera que seremos correspondidos.

Es sólo lo que siembras lo que cosechas.

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