jueves, 5 de enero de 2012

DIFERENCIAS ENTRE HOMBRE Y MUJER


¡Viva la diferencia!… y el complemento también” es el ‘best seller’ que ha llevado a la psicóloga chilena Pilar Sordo a recorrer América Latina dictando charlas sobre su peculiar punto de vista en torno a las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres y cómo estas pueden complementarlos en las relaciones afectivas que establezcan. La autora establece nueve diferencias psicológicas –resumidas en el gráfico que ilustra esta página– y estructuras de pensamientos opuestos. A lo largo de su libro y de la charla nacida de este detalla situaciones cotidianas en las que identificamos estas diferencias y cómo podemos aprender del otro para equilibrar nuestra salud mental y establecer relaciones sanas.


Por ejemplo, Sordo motiva a las mujeres a darse tiempos personales sin sentir remordimientos, como los hombres cuando se van a jugar un partido de fútbol con los amigos. “En la medida que me permito tener tiempo para mí, el grado de satisfacción con respecto a la vida que llevo debería ser mayor, así como menor la tendencia a responsabilizar al otro de los tiempos que él sí se permite.


La psicóloga también aconseja a los hombres aprender de la mujer a “ser capaz de entender que las cosas se construyen de a poco y no solamente sobre la base de objetivos logrados, para que sea también capaz de cuidar su casa, sus cosas [...] y afectos”.

ALGUNOS CONSEJOS
Haciendo un ejercicio de síntesis le planteamos algunas acciones recomendadas por Sordo para equilibrar estas diferencias psicológicas y lo que ellas nos pueden generar: “trabajemos con nuestros pensamientos mágicos y reales. ¿Cuáles son los pensamientos mágicos que hay que intentar superar y en qué medida debemos trabajar por equilibrar nuestra estructura?”

“Disminuya el pensamiento mágico y trabaje en la comunicación directa y franca que tiene que ver con el decir lo que siento en el momento en que lo siento y en el contexto adecuado [...]”.

“Trabajar con las manos. Este es un punto muy central dentro del trabajo de la ansiedad. Se ha descubierto –y me ha asesorado en esto un psicólogo oriental– que en Oriente se ha probado que la ansiedad femenina se elimina a través de la última falange cercana a las uñas de los dedos de las mujeres, por lo tanto, todos los trabajos de presión que las mujeres hagamos con nuestras manos tienden a disminuir nuestras conductas ansiosas”.

“Podemos hacer una lista [...] de dejar de hacer cosas que no nos gusta hacer y que nos hacen mal, pues nos generan conflictos y mal genio con respecto a nuestro funcionamiento cotidiano”.

Piense que “los problemas psicológicos son en gran parte problemas oftalmológicos, es decir, tienen que ver con un problema de mirada, de cómo yo registro, miro, encapsulo lo que me está pasando para poder valorar la vida que tengo. Este mirar me determina o predeterminará la felicidad que yo logro experimentar y también determina, en parte, la felicidad que proporciono a los demás”.

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