lunes, 16 de enero de 2012

LA CALUMNIA



Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo,
todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias
a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?",
a lo que el hombre respondió:
"Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".

El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas
y al cabo de un día las había soltado todas.

Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado",
a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil.
Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste.
Sal a la calle y búscalas".

El hombre se sintió muy triste,
pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.

Al volver, el hombre sabio le dijo:

"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento,
así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho.
Sé humilde y reconoce el daño pidiendo perdón a tu amigo,
pues no hay forma de revertir lo que hiciste,
y jamás vuelvas a repetirlo".

"Cometer errores es de humanos y de sabios pedir perdón".

Comentario:

Tal vez si supiéramos el daño real que causamos al hablar mal de las personas,
no lo haríamos. Es tan grande el efecto que se alcanza,
que podemos destruirlas en un instante de envidia, curiosidad o enojo.

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