lunes, 27 de febrero de 2012

EL CEREBRO MASCULINO (1)


EL CEREBRO DE LOS NIÑOS VARONES

No es necesario estudiar neurociencias para saber que a los niños varones les gusta todo lo que sea acción y aventura.

Los niños varones están programados para: moverse, hacer que las cosas se muevan y ver cosas que se mueven.

Los científicos antes creían que dicho comportamiento estereotípico era consecuencia de la socialización, pero ahora se sabe que la motivación por el movimiento viene incorporado biológicamente en el cerebro masculino.

Durante el desarrollo fetal, las hormonas (testosterona y estrógeno) estimulan diversas áreas y genes del cerebro masculino y femenino.

En el caso de los niños varones, se activan los genes de:

1) perseguir objetos que se mueven,
2) apuntar a objetivos,
3) probar su propia resistencia y
4) jugar a luchar contra enemigos.

Simplemente siguen sus impulsos biológicos.

Los estudios demuestran que desde una edad temprana, los niños varones se interesan en actividades distintas en comparación con las niñas.

Dichas diferencias se ven reforzadas por la cultura y la crianza, pero tienen su origen en el cerebro.

A la edad de seis meses, las niñas observan los rostros durante más tiempo y hacen contacto visual con casi todos.

Pero los bebés varones no pasan tanto tiempo estableciendo contacto visual como las niñas.

No hay nada malo en ellos.

Es solo que su cerebro masculino no considera a los rostros y las miradas tan interesantes como los aviones de juguete y otros objetos móviles.

Durante el desarrollo fetal, el cerebro masculino se va formando en 2 etapas.

Durante las primeras 8 a 18 semanas, la testosterona de sus diminutos testículos "masculinizan" su cuerpo y cerebro, formando los circuitos cerebrales que controlan los comportamientos masculinos.

La hormona denominada testosterona empieza a hacer que algunos de sus circuitos cerebrales se desarrollen y que otros se marchiten y mueran.

Durante los posteriores meses del embarazo, la hormona anti-mülleriana, también conocida como sustancia inhibidora mülleriana, se une a la testosterona y "desfeminiza" el cerebro y cuerpo del bebe varón.

Suprime los circuitos cerebrales responsables del comportamiento femenino y elimina los órganos reproductivos femeninos.

Se desarrollan sus órganos reproductores masculinos: el pene y los testículos.

Los científicos descubrieron que cuando a los ratones les extraían la hormona anti-mülleriana, no desarrollaban la conducta exploratoria típica de los ratones machos sino que desarrollaban las conductas de las hembras.

Los circuitos cerebrales en el caso de las niñas se establecen y desarrollan al no recibir los efectos de la testosterona ni de la hormona anti-mülleriana.

Por lo tanto, los padres (en vez de pensar que están haciendo algo mal con su hijo varón, o que algo malo le pasa a su hijo) pueden relajarse y empezar a apreciar la masculinidad de su hijo varón.

[continuará...]

Resumen de las investigaciones de Louann Brizendine, M.D.

http://www.psicologosperu.com/