domingo, 11 de marzo de 2012

EL CEREBRO MASCULINO (13)

SINCRONÍA PADRE-HIJO

Los padres primerizos se suelen sorprender de cuánto desean sostener a sus bebés y jugar con ellos.

La conformación del cerebro paternal requiere no solo de hormonas y circuitos cerebrales paternales sino también del contacto físico.

El hecho de cargar a sus hijos varias veces al día alinea el cerebro del padre con su retoño.

Los investigadores hallaron que el área cerebral paterna destinada a considerar y predecir las consecuencias, la corteza pre-frontal (CPF), mostraba más células y conexiones en comparación con el cerebro de hombres que no tenían hijos.

Dicha área cerebral posee receptores para las denominadas hormonas paternales: prolactina, oxitocina y vasopresina.

Los científicos han concluido que la experiencia de ser un padre involucrado y participativo hace que aumente considerablemente el número de conexiones en el cerebro masculino para desarrollar conductas paternales.

Mediante estudios de escaneado del cerebro se ha demostrado que el contacto entre padre e hijo activa la CPF.

Por lo tanto, aun cuando los cerebros de las madres estén en alerta máxima desde el primer día, ahora se sabe que el cerebro del papá también puede estar al tanto.

El mismo cerebro que solía estar pegado al fútbol dominguero pasa a ser completamente absorbido por el bebé.

Aun cuando el bebe aún no puede pronunciar palabras, padre e hijo establecen un entendimiento y llegan a conocerse mejor.

El término que emplean los investigadores para esta comprensión padre-hijo se denomina “sincronía”.

La sincronía es similar a una serie de continuos sets en un partido de tenis.

Entre algunos ejemplos tenemos: hacer cosquillas, contacto visual, risas y bromas.

Esta interacción de ida y vuelta en juegos como las escondidas o “sorpresa”, resultan decisivos para desarrollar las conductas paternales, de acuerdo con los estudios de la Dra. Ruth Feldman.

A muchos padres que no tienen el contacto físico diario se les puede dificultar la formación de sólidos circuitos cerebrales paternales que se requiere para la sincronía padre-hijo.

El entorno para ir estableciendo dicha estrecha interacción puede iniciarse desde antes de nacer.

Por ejemplo, durante los últimos meses del embarazo, el padre puede jugar a dar toquecitos en el vientre de la madre y el bebé responderá casi siguiendo el ritmo.

La relación padre-hijo se ha iniciado.


[continuará...]

Resumen de las investigaciones de Louann Brizendine, M.D.

Traducido por el psicólogo Luis Venegas Chalen

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