martes, 30 de octubre de 2012

EPIDEMIA DE OBESIDAD: NO CULPEMOS A LA VICTIMA

 Por Dr. Suzanne Bennett Johnson, Presidenta de la APA

Estados Unidos de América lidera el mundo en muchas áreas; desafortunadamente, la obesidad es una de ellas. Dos tercios de los adultos estadunidenses tienen sobre peso y 1/3 son obesos. Esto no siempre ha sido así. Las tasas de obesidad en los EUA han escalado rápidamente en los últimos 20 años. En 1990, ningún estado tenía una tasa de obesidad mayor que el 19%. Para el 2010, ningún estado tenía una tasa de obesidad menor que 20%. A decir verdad, en los EUA, tener sobrepeso es la "nueva normalidad".

El costo de la epidemia de obesidad es enorme. La obesidad es actualmente la segunda causa principal de muerte en los EE.UU. (solo superada por el tabaco) y se espera que llegue a ser la causa principal. A menos que la epidemia de obesidad sea abordada satisfactoriamente, la expectativa de vida en los EUA desecnderá, y nuestros hijos tendrán una menor expectativa de vida que nosotros.

La obesidad es la base de una creciente epidemia de diabetes, con todos los trastornos comórbidos que trae consigo: enfermedades cardiacas, fallas en el riñón, amputaciones de piernas, ceguera. La obesidad y sus comorbilidades tendrán un profundo impacto económico en nuestro sistema de cuidado de la salud. La atención médica para personas obesas cuesta más que para las personas con peso normal, y los costos se incrementan a la par con mayores niveles de obesidad. Los costos anuales de atención médica para la gente que está extremadamente obesa es casi el doble que para la gente con peso normal. LA OBESIDAD SEVERA SE ESTÁ INCREMENTANDO A UNA TASA MUCHO MÁS RÁPIDA QUE LA OBESIDAD MODERADA, LLEGANDO A CUADRUPLICARSE DESDE 1,986 AL AÑO 2,000.

Algunos arguyen que centrarse en la obesidad únicamente consigue estigmatizar más a la gente con sobrepeso. No cabe duda de que las personas obesas enfrentan la estigmatización y discriminación en contrataciones laborales, educación, relaciones interpersonales, atención médica y los medios de comunicación. Los psicólogos hemos cumplido un importante papel al resaltar la impregnación de los prejuicios sobre el peso y sus múltiples consecuencias negativas graves. Los niños y adultos con sobrepeso son estereotipados como flojos, desmotivados y carentes de autodisciplina. En otras palabras, a la gente con sobrepeso frecuentemente se les culpa por su condición y como consecuencia, algunos consideran que la solución a la epidemia de obesidad es la responsabilidad personal.

Pero estigmatizar a las personas de esta manera resulta contraproducente. No existen evidencias de que ello motive a las personas a hacer elecciones más saludables y de hecho pueden tener el efecto opuesto., aumentando el estrés y la alimentación nada saludable, y disuadir a las personas de realizar ejercicio. Adicionalmente, al culpar a la persona, puede ignorarse al verdadero culpable que se esconde tras la epidemia de obesidad: un entorno obesogénico. La epidemia de obesidad no es resultado de un aumento en flojera ni un descenso en motivación y autodisciplina en los adultos y los niños estadounidenses. La industria de comida rápida (un actor principal en nuestro entorno obesogénico) cuidadosamente apunta a las poblaciones de minorías que padecen más las altas tasas de obesidad, a la vez que se opone a la restricción de la Ciudad de Nueva York sobre el tamaño de las bebidas azucaradas como una elección personal injustamente limitante. No es casualidad que grupos respaldados por la industria, tales como el "Centro para la Libertad del Consumidor: Promoviendo la Responsabilidad Personal y Protegiendo la Elección del Consumidor" desarrollen páginas Web y otros productos de información para el público, tales como obesitymyths.com, lo cual, a mi parecer, es información errónea que promueve la obesidad como una elección personal.

Como psicólogos, debemos liderar abordando la política pública y los múltiples factores que generan el mundo obesogénico en el que vivimos todos los días.

Fuente: Revista Monitor on Psychology, octubre 2012, vol. 43, N° 9, página 5.

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