martes, 23 de octubre de 2012

LOS PENSAMIENTOS TOXICOS EN LA PAREJA


 
Los chicos alborotan y Martín, su padre, empieza a molestarse. Se vuelve hacia su esposa, Carla, y le dice en tono áspero: 'Cariño, ¿no te parece que los niños podrían calmarse un poco?'
Lo que piensa realmente es: 'Ella es demasiado permisiva con los niños'.
Como reacción a la ira de Martín, Carla siente un arrebato de furia. Su rostro se pone tenso, sus cejas se crispan en una expresión ceñuda y responde: 'Los niños lo están pasando bien. De todos modos, se irán a dormir enseguida'.
Lo que piensa realmente es: 'Otra vez lo mismo, siempre quejándose'.

Ahora Martín está visiblemente furioso. Se inclina hacia delante amenazadoramente, con los puños apretados, y dice en tono de fastidio: '¿Tengo que ir yo a acostarlos?'
Lo que piensa realmente es: 'Ella se opone a mí en todo. Sería mejor que yo tomara las riendas'.
Repentinamente preocupada por la cólera de Martín, Carla dice en tono dócil: 'No, enseguida iré yo'.
Lo que piensa realmente es: 'Está perdiendo el control... podría lastimar a los niños. Será mejor que yo ceda'.

Estas conversaciones paralelas -la verbalizada y la muda- son mencionadas por Aaron Beck, el fundador de la terapia cognitiva, como un ejemplo de las clases de pensamiento que pueden envenenar un matrimonio. El verdadero intercambio emocional entre Carla y Martín está modelado por sus pensamientos, y esos pensamientos, a su vez, están determinados por otra capa más profunda que Beck llama 'pensamientos automáticos': suposiciones fugaces y en segundo plano acerca de uno mismo y de la gente relacionada con uno que reflejan nuestras actitudes emocionales más profundas.

Para Carla, el pensamiento en segundo plano es algo así como: 'El siempre me está tiranizando con su ira'. Para Martín, el pensamiento clave es: 'Ella no tiene derecho a tratarme así'. Carla siente que es una víctima inocente en el matrimonio, y Martín siente absoluta indignación ante lo que considera un tratamiento injusto.

La idea de ser una víctima inocente o la de la indignación absoluta son típicas de los cónyuges con problemas, que alimentan constantemente la ira y el daño. Una vez que los pensamientos perturbadores como la indignación absoluta se vuelven automáticos, son autoconfirmadores: el cónyuge que se siente victimizado está analizando constantemente todo lo que su pareja hace, con el fin de confirmar el punto de vista de que es una víctima; pasa por alto o deja de lado cualquier acto amable por parte de su cónyuge que pudiera cuestionar o negar ese punto de vista.

Fuente: inteligencia-emocional.org

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