lunes, 10 de marzo de 2014

8 COSAS QUE TU CEREBRO HACE MAL TODOS LOS DIAS


Para llegar a ser las criaturas sumamente evolucionadas que somos actualmente, nuestros cerebros evolucionaron con ciertos atajos prácticos para ayudarnos a identificar las amenazas y tomar decisiones rápidas.
E incluso en el mundo moderno, donde ya no enfrentamos amenazas a nuestra supervivencia todos los días, aún continúan presentes dichas formas de funcionar de nuestro cerebro y ellas conforman la forma cómo percibimos al mundo y a nosotros mismos.

A continuación, te presento 8 errores de pensamiento (que quizás ni sabías que aplicabas):

1) NO PODEMOS EVITAR CENTRARNOS EN LO NEGATIVO

Según el psicólogo Rick Hanson, autor de Hardwiring Happiness, el cerebro está constantemente evaluando las amenazas -- lo cual obviamente nos ayudó a sobrevivir -- y cuando encuentra una amenaza, la aísla y se centra en ella, a veces perdiendo de vista el panorama global. Y aunque ya no lidiamos con la amenaza de ser devorados por animales salvajes en nuestra vida diaria, nuestro cerebro no ha perdido su sensibilidad para percibir amenazas, aun cuando vengan en la forma de un email de tu jefe.

Eso genera una "tendencia hacia la negatividad" que hace que el cerebro reaccione muy intensamente ante las malas noticias en comparación con la forma cómo responde ante las buenas noticias. Debido a que las experiencias negativas nos afectan con mucha más energía, las investigaciones han demostrado que las relaciones sólidas y duraderas requieren cinco interacciones positivas por cada interacción negativa para poder salir adelante y triunfar

Tenemos esta "tendencia a la negatividad" que es como una especie de "desperfecto" o "virus" en el siglo XXI, que proviene de la edad de piedra. Ello hace que se nos dificulte aprender de nuestras experiencias positivas, aun cuando el aprender de las experiencias positivas es la forma primaria de desarrollar nuestro crecimiento interno.

2) VEMOS CAUSALES DONDE NO LAS HAY

Uno de los errores de pensamiento más básicos se llama error de tipo 1, que consiste en creer que una falsa hipótesis es verdad, a menudo confundiendo correlación (o falta de ella) con causalidad. (Esta es una explicación de por qué amamos tanto las coincidencias). Aunque esto lleva a errores de pensamiento, pensar de esta manera puede habernos dado una ventaja evolutiva.

"El pensamiento causal evolucionó, ya que permite a la gente entender y controlar su entorno, es decir, para ser capaces de predecir que, por ejemplo, si usted come una seta roja, va a morir", se lee en un texto de psicología de Oxford University Press. "Este pensamiento causal es adaptativo, pero a veces puede dar lugar a errores de tipo 1 - donde usted cree que algo es verdad cuando no lo es, por ejemplo, usted cree que amarrarse los cordones (pasadores) de los zapatos dos veces trae buena suerte".

Esta tendencia a buscar conexiones y patrones en la información aleatoria o al azar es lo que se conoce como apofenia. Esta inclinación se lleva a cabo de diferentes maneras, desde detectar coincidencias con las teorías de la conspiración hasta la búsqueda de códigos o significado ocultos en números o textos.

3) Y AUN ASÍ NO VEMOS LO QUE ESTÁ DELANTE DE NUESTROS OJOS

¿Crees que estás presente y consciente de Tu entorno? Si bien puede ser verdad hasta cierto punto, es probable que no seas tan consciente como piensas. En un célebre estudio de 1998, los investigadores de Harvard y de la Universidad Estatal de Kent trabajaron con peatones del campus de la universidad para ver cuán conscientes eran de su entorno más inmediato. En el experimento, un actor se acercó a uno de los peatones y preguntó cómo llegar, y mientras que el peatón estaba dando las direcciones, dos hombres que llevaban una gran puerta de madera pasaron caminando entre el actor y el peatón, bloqueando por completo su punto de vista el uno del otro durante varios segundos . Durante ese tiempo, el actor fue reemplazado por un actor de diferente altura y complexión, con un traje diferente, un distinto corte de pelo y otra voz. Aproximadamente la mitad de los participantes no se dio cuenta de la sustitución.

El experimento ilustra el fenómeno de la "ceguera al cambio", lo que demuestra cuán selectivos somos con lo que percibimos de una escena visual. Pareciera que confiamos en la memoria y el reconocimiento de patrones (que se remonta al error Tipo 1) mucho más de lo que creemos, y que nuestra percepción visual podría no ser tan fiable como creemos.

4) NOS PARCIALIZAMOS MUCHO CON LAS COSAS QUE ESTÁN DE ACUERDO CON NOSOTROS

A nuestros cerebros no les gusta el conflicto y el desacuerdo - y harán todo lo posible para evitarlo. Por esta razón, naturalmente nos dirigimos hacia las cosas con las que estamos de acuerdo o que refuerzan nuestras creencias existentes, y evitamos aquellas que se opongan a cualquiera de nuestras creencias.

La Disonancia Cognitiva - un término psicológico acuñado en la década de 1950 que hace referencia a esta aversión innata - nos lleva a la tendencia del cerebro de buscar sólo información que confirme nuestra hipótesis, y a ignorar toda información que la refute o la cuestione. Por esto es que a menudo se nos dificulta cambiar de opinión acerca de las cosas - es mentalmente agotador y confuso desprendernos de lo que pensamos que sabemos y empezar a recolectar evidencias de una nueva hipótesis. Pero este sesgo puede conducirnos a cometer errores en el trabajo, la vida y la política.

"Paradójicamente, la Internet sólo ha hecho que esta tendencia empeore", según señala el blog Io9 . Y es cierto: Sean cuales sean sus creencias políticas o religiosas (o su postura sobre cualquier cosa, en realidad) resulta fácil encontrar la información que confirme que usted tiene la razón - y simplemente deseche lo demás.

5) NOS PONEMOS COMO EL CENTRO DE ATENCIÓN DEL MUNDO

¿Alguna vez le sucedió algo que lo mortificó en la escuela secundaria, y después su madre le aconsejó que no se preocupara porque "la gente no nota las pequeñas cosas que haces mal porque están demasiado ocupados preocupándose por ellos mismos." Resulta que ella estaba en lo cierto. Nosotros tendemos a magnificar nuestros errores y defectos, pensando que la gente está prestando más atención de lo que realmente hacen. Esto se conoce en psicología como "Efecto Spotlight" - nuestra tendencia a pensar que otras personas notan cosas acerca de nosotros más de lo que realmente hacen, un fenómeno que se ha demostrado una y otra vez en los experimentos de psicología social. El efecto es básicamente el resultado de nuestra visión del mundo, naturalmente egocéntrica, explica el psicólogo Nathan Heflick.

"Todos nosotros somos el centro de nuestros propios universos," Heflick escribió en Psychology Today . "Esto no quiere decir que somos arrogantes, o valoramos a nosotros mismos más que a otros, sino más bien, que toda nuestra existencia es de nuestras propias experiencias y perspectivas .... Pero otras personas no sólo no se percatan, por ejemplo, de la mancha que usted tiene, sino que son el centro de sus propios universos también, y por su parte, están concentrados en otras cosas".

6) NUESTRAS ELECCIONES SE BASAN BASTANTE EN VARIAS TENDENCIAS

En nuestra cultura de consumo, nos enfrentamos a un festín de opciones para incluso las decisiones más mundanas - podemos elegir entre 35 tipos de pastas de dientes en la farmacia, elegir una camisa de los años 50 que cuelga en nuestro armario, seleccionar una película para ver de los cientos disponibles en Netflix, y las opciones sobre qué compartir en Twitter o en Facebook son prácticamente infinitas. Y a pesar de la ilusión de la libertad, todas estas opciones pueden sesgar nuestras decisiones y dirigir nuestras mentes hacia el error.

Tener demasiadas opciones crea una especie de parálisis, según el psicólogo Barry Schwartz. A veces, tener demasiadas opciones nos impide tomar alguna decisión. Y cuando decidimos por algo, somos más propensos a arrepentirnos o estar decepcionados por dicha elección.

"Es fácil imaginar que se podría haber tomado una decisión que hubiera sido mejor", dijo Schwartz en un popular programa de TED. "Estas lamentaciones le restan la satisfacción a la decisión que ha realizado, incluso si se trata de una buena decisión. Cuantas más opciones haya, más fácil es lamentar algo que pueda ser decepcionante".

Y lo que es más, Schwartz explica, la forma en que medimos el valor de las cosas es mediante la comparación de ellas con otras cosas. Y cuando hay un montón de cosas para comparar algo, tendemos a imaginar las características atractivas de esas otras cosas, disminuyendo la percepción del valor de lo que tenemos. Es una especie de síndrome del "césped siempre es más verde del otro lado de la cerca", lo que nos impide ver nuestras opciones de forma objetiva.

7) NO PODEMOS CONFIAR EN NUESTROS RECUERDOS

A la mayoría de nosotros nos gustaría pensar que recordamos los eventos pasados ​​con precisión - pero no necesitamos psicólogos para saber que, en realidad, nuestra memoria es altamente falible y estamos sujetos a una larga lista de sesgos y errores. Los testimonios de testigos presenciales son muy poco confiables, según se halló en una extensa investigación. Un estudio incluso demostró que el 25 por ciento de la gente puede ser inducida para recordar eventos que nunca les sucedieron.

Un error común es permitir que nuestra visión del pasado sea "coloreada" por nuestras emociones en el presente. ¿Acaba de terminar con su pareja? Toda la historia de su relación puede empezarle a parecer bastante sombría. ¿Acaba de recibir un ascenso? Ese primer trabajo agotador y estresante de repente parece ser un valioso trampolín para cosas más grandes y mejores. Según el título de la canción de la banda Oasis: Don't look back in anger" ("No mires en retrospectiva con ira") - porque su ira, o cualquier otra emoción que esté experimentando, va a cambiar la forma de pensar sobre el pasado.

8) SOMOS (DEMASIADO) PARCIALIZADOS CON NUESTROS PROPIOS GRUPOS

Los acontecimientos históricos y la experiencia cotidiana demuestran, una y otra vez, nuestro favoritismo hacia los miembros de nuestros propios grupos sociales. Los seres humanos tenemos un sesgo cognitivo bien documentado hacia los miembros de nuestros propios clanes (reales o imaginarios), y esto incluso va más allá de cualquier agrupación étnica, social o de nacionalidad. Nuestro propio favoritismo puede a veces, aunque no necesariamente, llevarnos a juzgar, a estereotipar y a ser hostiles con otros grupos.

Fuente: The Huffington Post | Por Carolyn Gregoire

Traducción: Psicólogo Luis Venegas Chalen

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