domingo, 6 de julio de 2014

LA OFENSA: LOS REGALOS QUE NO CONVIENE RECIBIR

Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.

Al terminar la clase, ese día de verano, mientras el profesor ordenaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y, en forma desafiante, le dijo:

-Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburrida.



El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el profesor reaccionara ofendido y descontrolado.

El profesor miró al alumno por un instante y, en forma muy tranquila, le preguntó:

-Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes?

-Por supuesto que no, -contestó, de nuevo en tono despectivo, el muchacho.

El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.

-Bueno -prosiguió el profesor-, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.

-No entiendo a que se refiere -dijo el alumno, confundido.

-Muy sencillo -replicó el profesor-; tú me estás ofreciendo rabia y desprecio, y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo; y yo, mi amigo, en verdad prefiero obsequiarme mi propia serenidad.

Amigo, prosiguió el profesor, la vida nos da la oportunidad de amargarnos o de ser felices.

-Muchacho -concluyó el profesor en tono gentil-, tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa; yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón, pero de mí depende lo que yo cargue en el mío.

Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner dentro de ti, y lo que elijas lo tendrás hasta que decidas cambiarlo, porque es tan grande la libertad que nos da la Vida que hasta tenemos la OPCIÓN de AMARGARNOS o de SER FELICES.

Dice Proverbios 15:1  La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego.

¡Cuántas veces hemos aceptado la ofensa ajena y hemos respondido en su mismo idioma!

No olvides que eres tu quién decide aceptar o no la crítica destructiva, la ofensa y la burla.

Mantén siempre el control de tus emociones, no guardes amargura en tu corazón contra otro y responde siempre con gracia, que de tu fuente salga siempre agua dulce.