viernes, 22 de diciembre de 2017

COMO ARREGLAR EL DAÑO CAUSADO A HIJOS Y PADRES

CÓMO SANAR HERIDAS EMOCIONALES
Si nos equivocamos en algunas cosas, siempre existe la posibilidad de reparar el daño o mejorarlo de aquí en adelante.

Tengamos como base que NINGÚN PADRE (Y MADRE) ES PERFECTO.

Todos los padres y las madres se excedieron en algo o les faltó hacer algo. 

Hacer lo posible por comprender que cada padre hace lo que puede, lo que sabe, según la forma cómo haya sido criado por sus propios padres respectivamente.

Recordemos (o sino preguntemos y averigüemos) cómo trataron a nuestros padres sus propios padres (nuestros abuelos), si es que los tuvieron. Con esa información podremos ver las cosas con mayor claridad y entender los probables motivos así como los resultados de lo que tenemos hoy.

Si los hijos han visto actos o expresiones de violencia entre los padres, se puede solucionar con el fin de que no les quede un trauma y evitar ansiedades o trastornos mayores, y que por el contrario puedan ser personas seguras,  

¡SIEMPRE HAY ALGUNA SOLUCIÓN!

Una forma de solucionarlo consiste en hacer lo contrario de las conductas no deseadas. 

Por ejemplo: Si hubo algún tipo de violencia, proponerse que ambos se cuidarán más de no volver a hacerlo o que arreglarán sus asuntos en forma más civilizada o en otro ambiente donde no tengan que presenciarlo los hijos. 

También ayudará el hacer lo contrario de lo que hayan visto los hijos. Es decir, si vieron violencia, que ahora vean que sus padres se expresan afecto y que eso sea una constante y que tenga mayor peso; de esa forma el recuerdo negativo va quedando atrás y lo que se le venga a la mente que sean las conductas saludables.

No solo eso.

Además, hay que hacer la sanación, es decir expresarlo, mejorar la comunicación e interrelación (vínculo) entre padres e hijos.

Aceptar que nos equivocamos, rescatar el aprendizaje de la experiencia y decidir qué medidas se tomarán en adelante para evitar que vuelva a suceder. Prevenir.

Y lo demostramos con nuestras conductas presentes y futuras (con nuestros propios hijos, familiares, amistades, colegas, etc.). Ya sabemos lo que no funciona, lo que no deseamos y lo que evitaremos, en lo posible.

Si las familias lo pueden hacer por sí mismas, en buena hora y ¡felicitaciones!

De no ser ese el caso, siempre pueden recurrir a ayuda externa profesional especializada en cómo tratar estos tipos de casos. Estamos hablando de Terapia de Familia, talleres para padres, consejería, asesoría espiritual, etc.

Aprovechemos temporadas particulares como esta, finalizando el año, donde suele haber mucho perdón, reconciliación, alegría, abrazos, fraternidad, reuniones, compartir, etc.

Tengan en cuenta también el simbolismo de que termina un año, una etapa de nuestras vidas y surge la esperanza de empezar un tiempo nuevo con nuevos proyectos y la esperanza de que las cosas pueden mejorar.

Son mis mejores deseos que las familias puedan llevarse mejor y así lograr una mejor sociedad, un mundo mejor, que nos beneficiará a todos.
Psicólogo y Psicoterapeuta Luis Venegas Chalen