lunes, 22 de febrero de 2010

COMO DETECTAR LAS MENTIRAS

BASES TEORICAS

Las mentiras se pueden detectar porque suelen implicar emociones que se filtran en la comunicación. Cuanto mayor sea la mentira y más emociones implique, más pistas dejará. En general se despierta el sentido de la culpabilidad, el remordimiento o la incomodidad al mentir.

El intento de ocultar posibles filtraciones de estas emociones genera en casi todo el mundo una lucha interna emocional. Cuanto más íntima sea la relación con una persona, más complicado será mentirle por las emociones que ello implica. Así por ejemplo al cónyuge enamorado le será muy difícil mentir a su pareja pero no tendrá tanta dificultad en mentir a un extraño.

Tendremos presente que los síntomas que vamos a tratar aquí se relacionan con la persona que experimenta algún tipo de estrés y que aunque la mayoría de los mentirosos exhiben muchas señales externas, este estrés no garantiza que se esté mintiendo.

Hay personas que se sienten cómodas con la mentira y por ello no demuestran muchos síntomas de estrés, mientras que otros, como los fanáticos, se creen sus propias mentiras y, como consecuencia de ello, no muestran tampoco ninguna señal de que están mintiendo.

En el caso de los mentirosos patológicos pueden carecer de vínculos emocionales que les aten a nadie y en consecuencia les resulta muy fácil mentir.

RECOMENDACIONES

- No hay que interpretar un gesto solitario aislado de otros gestos o circunstancias. Si alguien se frota los ojos puede ser que lo haga realmente porque le escuecen, le lloran o está cansado. Se ha averiguado que las mentiras se producen siempre en unos conjuntos, denominados “racimos”, y que antes de dar por sentado que el interlocutor le miente, deberíamos ser capaces de detectar un mínimo de tres señales. Que alguien se toque la nariz, la boca, o se tire de la oreja no garantiza que está mintiendo, aunque algo debe estar pasándole por la cabeza que no dice. No está mintiendo necesariamente, pero sí es probable que esté ocultando alguna cosa.

- Conviene actuar como sí se creyera todo lo que dice, para conseguir que acabe traicionándose a sí mismo. Si le hacemos confiar en exceso en lo bien que está llevando a cabo su representación, luego podemos pedirle que repita su mentira una segunda vez. Los buenos mentirosos tienen la respuesta ensayada y repiten exactamente lo mismo, pero podemos hacer pausas y distracciones para que crea haberlo conseguido y después pedirle que lo repita una tercera vez. Si no esperaba verse obligado a esto y está relajado, la respuesta que ofrezca no será idéntica y la historia sonará algo distinta.

PUNTOS BASICOS PARA DETECTAR LA MENTIRA

- El que miente evita cualquier referencia a su persona en sus mentiras, así como la utilización de palabras como “yo” o “mí”.

Debido al hecho de que casi todo el mundo se siente incómodo al mentir, la gente intenta por instinto distanciarse de su propia mentira. El FBI americano descubrió esta pista a partir del estudio de las palabras de los sospechosos que daban falsas coartadas.

Por ejemplo alguien que te planta en una cita, miente si te dice “se me estropeó el coche y el móvil no tenía batería” y no lo hace si dice ” Se me estropeó el coche y no pude llamarte porque tenía la batería de mi móvil descargada”.

- Evitan mencionar el nombre de la persona sobre la que mienten. Prefieren decir “no tuve relaciones íntimas con esa mujer” antes que decir “no tuve relaciones con Mónica”.

- Ofrecen una “representación” impecable. El mentiroso habitual no olvida, porque ha practicado la mentira repetidas veces. La respuesta más probable a la pregunta de qué ha hecho el fin de semana cuando no mienten, será algo como “ah…fui a casa de mi hermano después de desayunar y entonces….ah….no, le vi después de comer porque primero….”. Cuando recordamos los acontecimientos de un día, solemos ir arriba y abajo cambiando de dirección hasta ser capaz de ordenar correctamente los acontecimientos. Pero en el caso del mentiroso no es así, ya que lleva el papel bien ensayado y no suele dudar.

- La voz del que miente sube de volumen debido a la tensión asociada con la mentira. Si cuando se ven “pillados” chirrían como un canario mientras te explican su versión, podemos empezar a sospechar.

Cuando se experimenta estrés al mentir, se provoca una tensión de las cuerdas vocales. (Los niveles de estrés de la voz humana se miden registrando los cambios de circulación sanguínea que riega las cuerdas vocales, ya que esta desciende cuando alguien miente). Los tres elementos en la voz que se alteran en ese momento son el volumen, el tono y la velocidad. La voz será más aguda y también puede, asimismo aumentar la velocidad (el hablar rápido expresa el deseo de acabar pronto con el tema) y subir el volumen.

Y, en sentido contrario, cuando el mentiroso reflexiona sobre su mentira para tener por seguro que la dice a la perfección, empieza a hablar más lentamente, a bajar el volumen y a disminuir la velocidad.

- Cuando habla se come las palabras. Si no ha tenido tiempo suficiente de ensayar, en ocasiones el tono suele verse salpicado por “ums”. “ahs”, “ers”, toses y pausas. Este factor es más evidente en los hombre que en las mujeres, pues ellos poseen menos habilidad cerebral para controlar el lenguaje, así que es probable que el hombre que se come las palabras esté mintiendo, pues ello revela que le están sucediendo un montón de problemas simultáneamente y que su cerebro intenta lidiar con ellos de una sola vez. A veces creen que el hablar así indica que no están mintiendo.

- Honestamente, sinceramente, francamente, son algunas de las palabras y frases que mas comúnmente indican un intento de engaño intentando convencer con ellas de una emoción que no se siente en realidad. Por ejemplo, “Francamente, es la mejor oferta que puedo hacerle” se traduciría como “No es mi mejor oferta, pero tal vez crea que es así”. “Te quiero” es más creíble que “Te quiero sinceramente”. “Indudablemente” da cabida a la duda, mientras que “sin duda alguna” es una señal de alerta definitiva.

- “Créeme”, significa a menudo lo contrario: “Si consigo que me creas, harás lo que yo quiero”. La intensidad con la que una persona que dice “créame” intenta convencer a su interlocutor, es proporcional al tamaño del engaño. La persona piensa que no le creen y por ello subraya sus afirmaciones con un “créeme”, “no te engaño”, “¿crees que te mentiría?”. Son más versiones de lo mismo.

- Cuando escuche a alguien diciendo “sólo”, plantéese por qué esa persona intenta minimizar la importancia de lo que está diciendo, ya que esto es, para lo que se utiliza esta palabra, para minimizar el significado de las palabras que la siguen, para liberar a alguien de un sentimiento de culpa o para echar las culpas a cualquier otro motivo o persona. Nos plantearemos si le falta confianza para decir lo que realmente siente, o si intenta engañar con toda intención o si trata de evitar responsabilidades. Analicemos la palabra “sólo” en su contexto y encontraremos la respuesta. “Sólo te robaré cinco minutos” es lo que se dice cuando deseas en realidad una hora, “sólo 9,95 euros” y “sólo 40 euros de depósito” se usa para convencernos de que se trata de un precio insignificante. “Sólo quería decirte que te quiero” nos habla de la persona tímida que lo que querría decir es “te quiero” y es difícil de creer cuando nos dicen “sólo es una amiga/o”.

- El verbo “intentar” lo utilizan con frecuencia personas que esperan fracasar en su intento. O su equivalente “haré lo que pueda”. Son respuestas que anuncian un fracaso inevitable pues su traducción es “tengo dudas de mi capacidad para conseguirlo”. Sí acaba fracasando dice “lo intenté”. Cuando escuche frases de este tipo, exíjale que se comprometa diciendo “lo haré” o “no lo haré”. Es mejor que no haga lo que deseamos antes de “intentarlo” y fracasar. “Intentar” es una forma tranquilizadora de decir “quizá”.

- Expresiones tipo que se usan más frecuentemente para convencer de que se está diciendo la verdad cuando, en realidad lo que se pretende es obligar a que le crean:

“Confía en mí”
“No tengo ninguna razón para mentir”
“Hablando francamente”
“Te digo la verdad”
“¿Por qué tendría que mentirte?”
“Para ser totalmente sincero contigo”
“¿Haría yo algo así?”

- Cuando se sitúan entre un tipo de gente que no debería ser víctima de ningún tipo de reproche, porque responden ante una autoridad superior. Por ejemplo “Lo juro por la tumba de mi madre”, “Dios es testigo”, “Que me maten si no es así”. Las personas con una convicción religiosa no utilizarían sus creencias para intentar convencer de que son sinceros.

- Cuando utilizan la organización a la que pertenecen, un premio recibido o su familia para convencer de su sinceridad. Por ejemplo “No soy de ese tipo de personas”, “soy un empleado leal”, “jamás me rebajaría a una cosa así”. La gente con moral no necesitar estar continuamente demostrándoselo, vive según sus valores y eso se ve. Este tipo de respuestas se usan para evitar la respuesta directa a una pregunta.

- Hay un aumento significativo del movimiento de las manos hacia la cara, cuando nos sentimos dudosos, inseguros, exageramos o mentimos. La gesticulación del hombre resulta más fácil de detectar pues es más exagerada que la de la mujer y ellos la usan en mayor grado.

Entre estos gestos tenemos el frotarse los ojos y la nariz, tirarse de las orejas y rascarse el cuello.

Bill Clinton, por ejemplo, se tocó la nariz y la cara veintiséis veces delante del Gran Jurado mientras respondía a preguntas relacionadas con Mónica Lewinsky.

A veces el ocultar las manos también es revelador de que nos están mintiendo, ya que precisamente lo hacen para ocultar esta gesticulación que han observado que podría delatarles.

- La sonrisa se muestra torcida (se sonríe por igual al mentir que al decir la verdad, sin embargo la sonrisa auténtica es más rápida, espontánea y simétrica, es decir la parte izquierda de la cara es un reflejo de la parte derecha, pero las expresiones faciales de quien intenta exhibir una emoción que no siente no son simétricas), algo forzada (se utiliza ampliamente para fingir sinceridad) o con los labios apretados (como signo de tensión).

- El aumento del pestañeo es una señal importante que tener en cuenta, ya que indica que la tensión aumenta y que se le secan los ojos.

- La falta de contacto visual, el que nos rehuya la mirada, o si están en una habitación con puerta que mire con frecuencia hacia allí, de siempre se ha asociado al mentir, pero el que el interlocutor nos mire o no a los ojos mientras habla es menos discriminativo para ayudarnos a detectar un engaño, ya que está más directamente relacionado con características de personalidad, con aprendizajes (si de pequeños nos pillaban o no las mentiras al mirarnos a los ojos), y con culturas, (puesto que en algunas el mirar a los ojos es una demostración de agresividad o falta de cortesía y en otras al contrario). Además los mentirosos que engañan concienzudamente son capaces de mantener el contacto visual mientras mienten, así que sería en este caso el adecuado contacto visual el factor que apuntaría hacia el engaño.

- El mentiroso diestro mira hacia su izquierda mientras miente y el mentiroso zurdo mira hacia su derecha. Este factor de la dirección hacia dónde mueve los ojos el interlocutor no es tampoco una prueba infalible, pero sí una señal importante del engaño.

La mayoría de diestros conecta con la parte izquierda del cerebro cuando quiere recordar algo sucedido y miran hacia su derecha. Cuando inventan una historia conectan con la parte creativa de su cerebro, el hemisferio derecho, y miran hacia su izquierda. (Esto es porque los canales sensoriales están cruzados en su conexión con los hemisferios cerebrales).

- El efecto Pinocho. En estudios de la circulación de la sangre se reveló que, cuando una persona miente, el aumento de la presión sanguínea y la liberación de unas sustancias químicas llamadas catecolaminas, provocan inflamación de los tejidos internos de la nariz, pero esto es un solo una curiosidad ya que esta inflamación no es visible a simple vista. Aunque sí que es la entrada en acción de las terminaciones nerviosas de la nariz por esta causa, la que explica la necesidad de frotarse la nariz para calmar el picor. Este fenómeno también se produce cuando la persona se siente molesta o enfadada.

- Contracciones de los músculos faciales, que se producen porque el cerebro está intentando evitar que la cara muestre cualquier reacción de respuesta. El FBI analiza las “microexpresiones” minúsculas, de medio segundo, con ayuda de la cámara lenta.

- Brazos y/o piernas cruzadas, pues esto refleja un instinto defensivo básico.

- Dilatación de las pupilas.

- Gestos que entran en contradicción con las palabras. Por ejemplo que la cabeza se mueva diciendo que “no”, cuando da un “sí” por respuesta o viceversa.

- Muestras de excesiva amistad o carcajadas. Estas actitudes están expresando el deseo de querer gustar para favorecer su credibilidad.

ACTITUDES PARA ENFRENTARSE AL INTERLOCUTOR QUE MIENTE

- Sentarse en una silla más alta o colocarse en una posición más elevada, es una forma sutil de intimidación.

- No cruzar las piernas, abrir los brazos, y echarse hacia atrás. Es una forma de comunicación no verbal o lenguaje corporal que indica que estamos “abiertos” a escuchar, a comprender e incluso a recibir la verdad.

- No es conveniente decirle lo que sabemos, no hay que dar la sensación de que intuimos que nos están contando una mentira.

- Invadir el espacio personal del otro, acercándonos a él, hace que se sienta más incómodo.

- Reflejar como un espejo sus posturas y movimientos es una forma de establecer una buena relación y al interlocutor le costará más mentirnos.

- Darle una “salida”. Necesitamos ponérselo fácil para que diga la verdad, por ejemplo haciendo que no entendemos o no hemos escuchado correctamente, para que tenga una opción de rectificar sus palabras.

- Es básico mantener la calma. No mostrarse sorprendido ni trastornado y otorgando la misma importancia a todo lo que diga. En cuanto reaccionemos negativamente, se perderá cualquier oportunidad de que nos digan la verdad.

- No acusar es también básico. Las preguntas agresivas del tipo “¿Por qué no me has llamado?” o “¿Te ves con ella?”, pueden reforzar la postura del mentiroso. Utilice preguntas más suaves, como “¿Dónde dijiste que estabas?”, “¿A qué hora dijiste que llegaste al restaurante?”

- Finalmente habrá que valorar si es conveniente o no darle una última oportunidad ignorando la mentira y diciendo algo como “¿Qué podemos hacer para evitar que esto vuelva a suceder?”. Lo que estaríamos haciendo así, es hacerle ver que no nos hemos creído nada, para así, tratar de hacer más probable que no repita esta mentira y se vea obligado a encontrar su propia solución para no tener que utilizarla de nuevo.

LAS MENTIRAS QUE MAS HIEREN

Cuanto más íntima es una relación, más dolor provoca el engaño porque menos deseamos alejar a esa persona de nuestra vida, porque más confiamos y más nos abrimos a ella.

CUANDO TODO EL MUNDO NOS MIENTE

Si hay quien cree que no se puede confiar en nadie y que el mundo está lleno de mentirosos, es, o bien porque ellos mismos son mentirosos habituales y dan por sentado que todo el mundo es como ellos, o, lo más probable es que, su comportamiento invite a que los demás les mientan, o sea, que dificultan a los demás que les digan la verdad, porque al provocar esta una reacción agresiva o excesivamente emocional (enfadado, herido, vengativo), nunca se la dirán, pase lo que pase. Los demás son sólo la otra mitad de la ecuación.

¿QUIÉN MIENTE?

La realidad es que todo el mundo miente, en el sentido de permitirnos convivir sin violencia ni agresión, porque con frecuencia preferimos oír sutiles distorsiones de la realidad antes que hechos duros y fríos. ¿Donde estaríamos si hubiéramos dicho las palabras exactas que se nos pasaban por la cabeza? Quizás solos.

Mentimos para obtener algo, o para evitar el dolor. Nos mentimos constantemente, los padres mienten a los niños, exageramos cosas, “olvidamos” comunicar un matiz importante, intentamos no herir los sentimientos.

Hombres y mujeres mienten por igual aunque difiere el contenido de las mentiras. En general las mujeres lo hacen para que los demás se sientan mejor mientras que los hombres lo hacen para quedar bien. A ellas les cuesta más mentir acerca de sus propios sentimientos y ellos lo hacen para evitar discusiones. Ellas suelen recordar mejor que ellos que mentiras y a quién las han contado.

Los estudios realizados con americanos y europeos han reflejado que cuanto más joven es una persona, mayores son las probabilidades que tiene de engañar y que esta tendencia disminuye a partir de los 30 años. Los patrones de comportamiento mentiroso se aprenden en la infancia (los padres enseñan a los hijos a mentir como muestra de buena educación “Cuando te dé un beso la abuela pon cara de que te gusta y no de asco” y a la vez se les enseña que la mejor política es la sinceridad aunque a veces se les castiga por haber dicho la verdad) y se impulsan a partir de la adolescencia debido a figuras autoritarias.

TIPOS DE MENTIRAS

La mentira inocente es la que forma parte de nuestro entramado social y nos evita herir emocionalmente a los demás o insultarlos con la fría, dura y penosa verdad.

La mentira beneficiosa se usa para tratar de ayudar a los demás, por ejemplo el rescatador de un accidente que dice al niño que sus padres están bien, o el médico que trata de elevar la moral del paciente.

La mentira maliciosa son las que se cuentan por venganza o para obtener algún beneficio, como saben los famosos que suelen ser blanco evidente de estas mentiras, pues por ultrajante o poco probable que sea, alguien acabará cayendo en el fango. También se usan como armas en situaciones competitivas.

La mentira engañosa es la peligrosa pues pretende hacer daño o aprovecharse en su beneficio. Puede ser en forma de ocultación de información que distorsiona así la verdad o en forma de falsificación de los hechos.

El autoengaño que permite que uno abuse del tabaco o la comida y diga que no es adicto o se convenza de que un postre de muchas calorías no altera la dieta.

TIPOS DE MENTIROSOS

El mentiroso natural es alguien que tiene conciencia de que lo es, pero confía en su habilidad pues lo viene haciendo desde la niñez (quizás por evitar castigos) y de adultos esta capacidad les convertirá en abogados, comerciales, actores, políticos, etc. Con diferente grados personales de respeto a la ética.

También puede tratarse del mentiroso romántico, cuyo único límite es su imaginación y que puede desarrollar un gran talento que aprovechará para manipular a su pareja sin que el afecto que dicen sea real.

El mentiroso no natural es aquel que fue convencido por sus padres de que mentir era algo imposible pues siempre sería detectado. Les cuesta mucho mentir, que no se note, e incluso pueden insistir en decir verdades que provoquen problemas entre los que le rodean, insistiendo en no mentir jamás.

BIBLIOGRAFÍA

- Pease, A. y Pease, B. (2002) “Por qué los hombres mienten y las mujeres lloran” Barcelona: Amat

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