viernes, 17 de abril de 2009

FETICHISMO DE PIES, MEDIAS Y ZAPATOS

La persona fetichista es aquella a quien algún objeto (alguna prenda o parte del cuerpo) en particular le provee gran excitación sexual, y para quien esa fijación en dicho fetiche le imposibilita o dificulta que pueda relacionarse eróticamente de otra manera, pues la única manera de excitarse sexualmente es con la ayuda de dicho objeto. Por lo tanto, el fetichismo afecta directamente la vida de esa persona. No se trata meramente de que determinado objeto le guste o pueda provocar placer, sino de que la utilización o la presencia del objeto en contextos eróticos se convierte en una compulsión. Se le incluye dentro del grupo de las PARAFILIAS y también se le conoce como PARCIALISMO.

El cómo o por qué se desarrolla un fetichismo, sea específico a pies o a cualquier otro objeto, es un punto muy controvertido que no se puede responder a ciencia cierta. Sin embargo, la teoría más aceptada se basa en el trabajo del sexólogo norteamericano John Money titulado "Love Maps". El mapa sexual o erótico de cada persona, según Money, se desarrolla durante la niñez. Un fetiche dirigido a ropa interior, por ejemplo, puede instalarse como consecuencia de alguna experiencia que haya tenido el niño viendo de improviso a alguien vistiéndose con esa prenda íntima o al tener contacto con dicha prenda. En ese caso, se relaciona psicológicamente la excitación sexual con el objeto y puede, como consecuencia, desarrollarse un fetichismo.

Por eso hay que tener cuidado con los niños y sus experiencias en la infancia, ya que allí es donde se van formando y fijando los gustos sexuales que luego querrán experimentar de adultos.

Los seres humanos somos muy creativos y podemos otorgar carga erótica a un sinnúmero de objetos, personas o situaciones. Que una persona se sienta atraída por algo poco convencional no quiere decir que esa atracción sea mala o anormal necesariamente. El problema no está en el gusto, sino en la fijación o la compulsión por el gusto.

El desorden fetichista es mucho más común entre hombres que en mujeres, pero no es absolutamente exclusivo de ellos. Algunas mujeres también podrían desarrollar fijaciones fetichistas. Una vez más, no tenemos explicaciones claras de por qué, pero si hay varias teorías. Hay quienes aseveran que se debe a los niveles de andrógenos (específicamente la testosterona). Algunas personas insisten en que se trata de un fenómeno genético, mientras que otras piensan que como los hombres tradicionalmente responden más favorablemente a estímulos visuales, son más propensos a enfocar sus energías sexuales en algún objeto que puedan mirar.

En fin, sigue siendo otro punto debatible que necesita continuar siendo estudiado e investigado por las comunidades profesionales psicológicas y sexológicas.

Lo más probable, como muchos aspectos en el ser humano, es que influya un componente genético (neuroquímicos cerebrales), una parte ambiental (el entorno en que uno ha sido criado, las experiencias vividas de muy pequeños) y la forma de ser (personalidad) de cada persona en particular. 

A continuación, se presenta algunos testimonios de personas que han experimentado ese gusto por fetichismo del pie. Algunos casos tan inusuales y sorprendentes que usted jamás pensó que existían:
TESTIMONIO 1
Soy fetichista de pie, nadie lo sabe, y no se lo quisiera decir a nadie nunca. Me siento realmente mal, humillado, triste, y defraudado. Nunca podría contárselo a mis padres ni a nadie. Por otra parte tengo mucho miedo de que se enteren. Constantemente estoy disimulando, pero no sé cuanto puede durar. Lo que más triste me pone es que de esta manera nunca podré tener un hijo y formar una familia normal. No sé que hacer, me estoy desesperando.
Eduardo, 25, Argentina
TESTIMONIO 2
Desde muy chico me masturbo, mis fantasías de entonces son los pies femeninos. Nunca lo hablé con mis padres ni hermanos ni amigos. Fue desde siempre una sexualidad introvertida y reservada. Lo que me atraía de los pies femeninos eran su olor y su forma, y el hecho de pisarme.
Desde que empecé a salir con chicas, al principio me intimidaban y les tenía algo de miedo. Era un enamoramiento platónico y asexuado, pero en realidad estaba muy reprimido. Hasta el día de hoy con mi actual novia me pasa lo mismo: los pies de las mujeres, cuando los veo de arriba, ejercen sobre mí una atracción irresistible, pero cuando tomo contacto real con ellos ya después no me excitan como en la fantasía. Dr. le cuento todo esto porque necesito su ayuda pues amo a mi novia, soy virgen y quiero tener una sexualidad normal, casarme y tener hijos.

Juan Carlos, 29, Colombia
TESTIMONIO 3
Andando en Internet encontré su página y vi una consulta de que a un chavo le gustan los pies de hombres, yo padezco de eso: me gusta ver los pies de hombres, que sean bien formados, también me excitan los calcetines, esto me provocó confusiones sexuales. Desde niño sentí atracción por los chicos, he tenido relaciones homosexuales pero no quedo satisfecho y a veces pienso que no soy gay, pero la atracción por los pies es inevitable, me gusta estar con ellos pero solo cosas light, con ropa; por eso le escribo, para saber si realmente soy o no homosexual, mi futuro siempre me lo imagino casado y con hijos. Espero que me ayude.
Alex, 28, México
TESTIMONIO 4
Yo desde chico fantaseaba y dejaba volar mi imaginación cuando en clase me ponía a observar los zapatos y las medias de mi profesor mientras él estaba sentado en su escritorio, siempre usaba de distintos colores, negras, azules, blancas, él movía sus pies y a veces se relajaba sacándose los zapatos por debajo de su escritorio, creyendo que nadie lo veía. Luego en mi casa soñaba con todas las cosas que me gustaría poder haber hecho.
Bruno, 31, España
TESTIMONIO 5
Me gusta coleccionar medias y calcetines usados de todo tipo (delgadas, gruesas, sport, de vestir, cortas de esas que llegan al tobillo, largas que llegan hasta la rodilla, con mucho o poco uso, nacionales e importadas, con o sin diseño, etc.). Los he ido coleccionando desde pequeño, de familiares, amistades e incluso desconocidos, y los conservo en bolsas numeradas en perfecto orden, con fecha e indicando de quién son y cómo hice para conseguirlas.
Steven, 20, Nueva York, USA
TESTIMONIO 6
De pequeño solía dormir a los pies de la cama de mi tío, y desde allí recuerdo que empezó mi gusto por este fetiche.
Fernando, 22, Colombia
TESTIMONIO 7
Una vez mi colega del trabajo había bebido demasiado, tanto hasta quedar inconsciente y no había nadie más en casa. Se quedó dormido en la cama. Le hablaba y movía para despertarlo, pero como seguía roncando, decidí ponerle cómodo y sacarle sus zapatos, entonces aproveché el momento y hundí mi cara y nariz en sus medias, las olí y luego se las quité. A la mañana siguiente, él no se acordaba de nada.
Ricardo, 24, Venezuela
TESTIMONIO 8
Yo recuerdo que mi padrino venía de la oficina y cuando llegaba a casa me pedía que le quitara los zapatos y que le hiciera masajes en sus pies, recuerdo que cuando le sacaba sus zapatos, él tenía puestas medias negras de ejecutivo, esas medias de terno o traje. También me gustaba jugar a que le hacía cosquillas en los pies con sus calcetines negros puestos. Y desde entonces me he dado cuenta que tengo este fetiche por ver, tocar, masajear y oler medias negras.
Renato, 33, Chile
TESTIMONIO 9
Así como a los heterosexuales les gusta ver las piernas de las mujeres, cuando voy por la calle me gusta estar mirando los pies, zapatos, medias o calcetines de hombres. Los veo en el lugar de trabajo o de estudios, en el transporte público, en restaurantes, en el cine, en el centro comercial o mall cuando van a comprar zapatos y se los prueban, luego en la calle caminando, sentados en las bancas, haciendo que los lustradores o lustrabotas les lustren los zapatos, durmiendo en los parques echados en el césped relajándose y algunos hasta se quitan los zapatos, también he visto taxistas que se echan a descansar en sus autos, se sacan los zapatos y ponen sus pies adelante hacia arriba, las playas también son un buen lugar, los gimnasios, etc.
Fabio, 22, Lima, Perú
TESTIMONIO 10
A mí particularmente me gusta leer relatos sobre fetichismo que encuentro en internet, y si mencionan que son historias reales, mucho mejor. Me excitan bastante.
James, 19, Francia
TESTIMONIO 11
Paciente que viene a consulta describiendo lo siguiente: "Sucedió después de una reunión en que mi jefe se embriagó, entonces me ofrecí a llevarlo a su casa ya que él no podía manejar en ese estado; es bien guapo, es ejecutivo de una financiera, alto, blanco, varonil, grueso, es heterosexual pero tiene una debilidad por beber mucho, así que aproveché eso. Primero lo senté en el sillón de su sala pero como veía que ya le estaba haciendo más efecto el alcohol, le dije para llevarlo a su cama. Le dije que le tenía que sacar su terno que usa en la oficina, para que no se arrugara. Se dejó sacar su saco, le aflojé su corbata, le saqué sus zapatos para que no pudiera levantarse. Le empecé a hacer masajes en sus pies para ver si aceptaba y a la vez si se relajaba, mientras le iba haciendo más efecto el alcohol. Al parecer, le agradó y me ha pedido para volver a hacerlo. ¿Debería seguir con esto o detenerlo del todo?".
Rubén, 29, Arequipa, Perú
TESTIMONIO 12
Mi perro juega a que me lame los pies. ¿Eso sería considerado fetichismo o no?
Anónimo, 38, México
TESTIMONIO 13
Un paciente llegó a confesar que su fetichismo por los pies había llegado a un grado tan extremo que se dedicaba a quitarles los calcetines de los hombres que se quedaban a pasar la noche en su casa. 
Anónimo, 25, Trujillo, Perú
TESTIMONIO 14
Un nuevo paciente comentaba que, debido al alto nivel de ansiedad, excitación y desesperación que le provoca saciar las ansias de su fetichismo, suele pagar 50 a 100 soles a caballeros heterosexuales para que le dejen tocar sus medias y hacerles cosas a sus pies, como se muestra en la foto arriba.
Giancarlo, 32, Miraflores

TESTIMONIO 15
Este paciente contó que todo empezó desde muy pequeño; su papá siempre usaba zapatos sin pasadores. Cuando su padre tomaba una siesta en la cama, veía televisión en el sillón de la sala, o se sentaba en el parque (como se ve en la foto), él siempre trataba de sacarle los zapatos a su papá a la fuerza. Uno de los momentos favoritos del hijo fue cuando, para su cumpleaños, contrataron una de esos trampolines elásticos para rebotar dentro, con mallas a los costados, e hizo que su papá entrara con él para saltar. Como su papá estaba vestido con ropa formal no quería sacarse los zapatos, el hijo lo tumbó al piso y con todos los saltos y rebotes al papá le era difícil ponerse de pie. Entonces el hijo aprovechó la oportunidad y se abalanzó hacia los pies de su padre. Le cogió uno de sus pies y el papá le decía que lo soltara, pero el hijo rápidamente le sacó el zapato a la fuerza. El papá retiró su pie y le ordenó que le devolviera su zapato pero el chico se rehusó. El papá intentó atraparlo pero volvió a caer rebotando. El hijo agarró el otro pie de su papá y le sacó el otro zapato. El papá estaba enfurecido. Luego el hijo decidió que también podía aprovechar para quitarle las medias negras elegantes que traía puestas el padre. El papá, que aún no podía ponerse de pie, le ordenaba que se detuviera pero el hijo no le hacía caso. Finalmente el muchacho logró sacarle ambos calcetines a su padre y salió huyendo con su botín (los zapatos y las medias de su padre) en las manos. El padre iba corriendo descalzo y muy molesto tras de su hijo por todo el recinto de la fiesta. Los invitados y familiares se reían del padre, quien terminó muy avergonzado. Y así contaba varias anécdotas que él considera han sido el origen de su fetiche.

Pedro, 40, San Isidro.

TESTIMONIO 16
Un lector del distrito de Los Olivos nos ha enviado este relato de la vida real para que vean hasta qué punto puede ser tan obsesivo este gusto o atracción  peculiar de fetichismo:
"La primera experiencia fue inolvidable pues fue así sin pensarlo y sin programarlo. Me vino a buscar a mi casa mi amigo en una combi (camioneta) en la que trabaja. Me preguntó si yo tenía tiempo porque necesitaba charlar. 
Manejando por la Avenida Universitaria, me llevó a un parque que está entre Comas y Carabayllo, se estacionó ahí, apagó el motor y permaneció en su asiento. Yo iba en el copiloto. Yo iba mirando desde que subí sus deliciosos pies. Ese día él traía puesto unos pantalones de vestir azul oscuro, medias blancas delgadas y unos mocasines negros encantadores. 
Iba como tuerto yo, un ojo miraba sus pies y el otro para adelante, ganas no me faltaba de aventarme a mi amigo pues para mí es super excitante los movimientos que hacen los pies al momento en que uno conduce.
Pero bueno, llegamos, pidió antes una cerveza y una coca cola porque yo soy de muy poco trago y no fumo.
Entonces empezó la conversación. Me contó sus problemas y yo le ayudaba dándole consejos. Y de pronto, como la plática estaba buena, se prolongaba por más de 40 minutos, se acomodó en su asiento, levantó su pierna izquierda y puso su pie izquierdo en el tablero.
Claro que primero se sacó el zapato y se quedó en medias. Yo al toque me puse nervioso, pues me moría de las ganas.
Al rato, el desgraciado levantó la pierna derecha y puso su pie en el parabrisas.
Lo estiró tanto que quería relajarse solo en medias... ¡dime si eso no era provocador!
Yo no resistí más y me aventé y le dije disimuladamente: "lo único que te falta es que te calatees".
Él se rió y dijo: "¿Te molesta?".
Yo me reí y le dije que no, pero que le hacía mucha falta unos masajes, y él me respondió: "¿Podrías hacerme masaje a mis pies?".
Yo con duda le dije que sí podía hacerlo, así que cambió su postura hacia mí.
Yo también cambié mi postura y puso sus deliciosos pies talla 42 en mis piernas mientras yo, poco a poco, los iba tocando lo calientes que estaban.
Así que le fui dándole masajes al punto que me dijo que se sentía muy aliviado, el que yo le haga eso, todo en medias, porque la verdad sentía miedo de quitárselas, yo no quería y él tampoco me pedía que se las quitase, así que proseguí mientras seguíamos conversando.
Ya cuando estábamos para terminar la charla que se había prolongado por más de una hora y media, me dijo que era hora de irnos, que iba a hacer una vuelta, que tenía que trabajar.
Así que ahí le dije si le gustaría que le diera un masaje más especial, a lo cual me dijo: "¿pero cómo, más especial que esto hay?".
Entonces me dijo: "claro, hazlo, a ver". Le quité sus medias, sus pies estaban buenos, olían sí, porque transpiran mucho cuando manejan, y me los metí a mi boca.
El se sorprendió, yo estaba asustado, no sabía que diría él. Pero me dijo. "oye, eso sí que está formidable. Nunca he soñado que alguien se tragase mis pies de esa forma, sigue, sigue".
Así que se los lamí, chupé, besé, pero antes les di el masaje. Así que solo fueron 10 minutos. Yo lo gocé al máximo, él estaba complacido, se sentía rey.
Yo mismo le puse las medias nuevamente y le puse sus zapatos.
Empezó a manejar y en el trayecto le dije si podía agacharme para ver y oler de cerca sus pies. Y me dijo: "hazlo pero con cuidado".
Yo me tiré al suelo y aproximé mi cabeza hasta donde estaban sus pies conduciendo.
Lo más loco fue que cada vez que él pisaba el freno, se encendía una luz en ese sitio, debajo del timón, y le daba un ambiente especial.
Yo, en mi difícil posición, le doblaba la basta del pantalón para poderle ver más y más sus medias... y eran increíbles.
Su pantalón estaba remangado hasta la rodilla. Sus zapatos estaban calientes y era perfecto. Le pedí que se quitara el zapato que pisaba el acelerador y el freno, y me dijo que yo mismo le quitara los mocasines.
Mientras él manejaba, sin más demora, le quité sus mocasines negros y pedaleó en medias. Sentí el calor de sus zapatos y el olor que se propagó por ese sitio.
Era excitante verlos, cómo los movía, cuando frenaba me decía: "pon tu mano en el freno". Sacaba su pie de ahí y me lo ponía en mi cara. Era super delicioso. Ya para ese rato me había mojado, él también.
Cuando me despedí, me dijo que iría a cambiarse porque su ropa interior estaba mojada. Me agradeció y yo igual le agradecí mucho también. Con él ya lo he hecho 3 veces en lo que va de este año. 
Así empecé mi experiencia con esto de los pies.
Johnathan, 25, San Martín de Porres, Lima Norte
TESTIMONIO 17
Paciente cuyo estímulo visual consiste en buscar toda oportunidad que pueda para acercarse a los pies de algún hombre desprevenido. Cuando puede, les toma fotos para recordar el momento, como la que se muestra arriba. Él señala que hay personas que se suelen sacar los zapatos en el cine y allí aprovecha para observarlos y acercarse lo más que pueda sin que se den cuenta. En este caso, él no desea modificar sus conductas atípicas; viene a consulta únicamente para reducir la ansiedad que esto le genera.
Rafael, 23, Lince
TESTIMONIO 18
Un paciente fetichista de pies comentó que se había aliado con un amigo. El objetivo era abordar en alguna reunión, entre los dos, a un hombre heterosexual, o ebrio, que le pareciera atractivo. Luego llevarlo a un lugar más cómodo, apartado o discreto. Una vez allí, mientras el amigo sujetaba al extraño, el fetichista se encargaba de sacarle los zapatos al hombre, ya sea que el hombre opusiera resistencia o estuviese inconsciente. El fetichista aprovechaba, ese momento, para excitarse, manosearle y tocarle sus pies con medias, olérselos, sacárselas, etc. Esa ha sido una de las experiencias más extrañas e inusuales.
Anónimo, 20, San Borja
TESTIMONIO 19
Luego está el testimonio de un paciente fetichista que señala que se dedica al oficio de lustrabotas, por la Plaza San Martín, con el fin de acercarse y tener contacto con el calzado, y a veces los pies, de los señores.
Yahir, 22, Cercado de Lima
TESTIMONIO 20
Una vez acudió un paciente cuyo fetichismo llegaba a tal extremo que le excitaba que los pies tuvieran un olor fuerte y le gustaba poner su nariz lo más cerca posible para percibir su "aroma".
Andrés, 32, España
TESTIMONIO 21
Una vez asistió una mujer fetichista de pies masculinos. Es poco usual pero sí existen mujeres fetichistas. Ella es una mujer que adopta el papel dominante en prácticas sexuales de bondage, disciplina, dominación y sumisión o sadomasoquismo, que suelen abreviarse como BDSM. Contó que sus sumisos suelen dirigirse a ella en forma servil, obediente, de vulnerabilidad. Sus clientes suelen ser importantes ejecutivos o gerentes con altos cargos de mando, que tienen a su cargo empleados subordinados a ellos. Contaba que cansados de ese rol de dominantes, con ella querían ponerse serviciales. Esta dominatriz no dominaba exclusivamente a un compañero masculino, sino que podía tener también mujeres sumisas.
Raquel, 28, Holanda
TESTIMONIO 22
Paciente que informó que había asistido a reuniones de fetichistas de pies, llamadas Foot Parties, en Argentina y en Nueva York. Comentó que lo tiraron al piso y le empezaron a hacer cosquillas por todo el cuerpo para luego quitarle los zapatos y hacerle cosquillas en sus pies. Dijo que era un "todos contra todos" y cada uno hacía lo que le gustaba con los pies de los demás.
Ronaldo, 52, Canadá
TESTIMONIO 23
Paciente que refiere que su fetichismo empezó de niño, cuando su padre le castigaba y era uno de los pocos momentos en que tenía contacto físico con él. Su padre era muy frío y estricto y casi no le expresaba afecto. El paciente refiere que de niño, jugaba debajo de la mesa mientras su padre estaba sentado en la mesa. Al hijo le gustaba tocar los pies con medias del padre y jugar con ellos ya que encontró que era la única forma de entrar en contacto con él y expresarle afecto sin que el padre se enojara. De repente el padre movía sus pies y de casualidad entraban en contacto con el cuerpo del hijo. Desde allí él recuerda que empezó a tener ese gusto por los pies de hombres adultos mayores. Este es un caso que demuestra claramente que la sexualidad se va fijando desde la niñez. 
Christian, 21, Italia
TESTIMONIO 24
Un paciente que ofrece sus servicios de masoterapia, masaje para pies o masaje shiatsu con el fin de tener acceso a los pies de los hombres y poder tocarlos, manosearlos, masajearlos, sobarlos, frotarlos, acariciarlos, etc. con el permiso de ellos. 
Orlando, 33, Centro de Lima
TESTIMONIO 25
A otro paciente le gusta tomarles fotos a los pies de los hombres que los muestran en la calle o que se quedan dormidos en el parque
Rodolfo, 21, Brasil
TESTIMONIO 26
A este paciente particularmente le encantan las medias delgadas, transparentes, de seda o nylon, que en inglés les llaman sheer socks y que se ven muy elegantes
Jorge, 54, Chosica
TESTIMONIO 27
En mi caso tengo una predilección por tener a hombres con sus pies atados, amarrados o asegurados ya sea con sogas, cinta scotch, masking tape, corbatas, telas, alambres, cables, cadenas o sus propias medias o calcetines. Este tipo de fetichismo de los pies o parafilia recibe el nombre de bondage (por su origen de la palabra en inglés) o sumisión.
Fritz, 35, Alemania

TESTIMONIO 28
Yo le encuentro placer en ponerles cosas en los pies, como por ejemplo: hielo, líquidos (agua, vino, leche, jugos, yogurt, líquido seminal, etc.), alimentos (helado, fudge de chocolate, gomitas dulces de azúcar, frutas, etc.), para luego lamerlos y saborearlos en el pie
Felipe, 27, Uruguay



TESTIMONIO 29
Incluso existen fetichistas que se dedican a plasmar sus gustos o placeres en forma de dibujos de caricaturas o comics como se muestra arriba
Fantasy Studio, 2003, USA

TESTIMONIO 30
Un taxista contó que una vez subió un pasajero y ofreció pagarle una cierta cantidad de dólares si le entregaba sus calcetines con la condición de que el taxista permitiera que el propio pasajero le sacara los zapatos y calcetines de sus pies
Víctor, 33, San Miguel

Nota: Pueden leer más testimonios sobre este tema en los comentarios que figuran al final de este post. 

Es comprensible la desesperación de Eduardo (el primer testimonio), pero por lo menos dio un paso al contarlo a través del consultorio, o sea que tal vez no pueda seguir diciendo que "nunca podría contárselo a nadie" pues ya lo ha hecho. Existe tratamiento para pacientes fetichistas y adoradores del pie, y se puede lograr que bajen su nivel de culpa y angustia. El fetichismo puede darse en homosexuales, bisexuales y/o heterosexuales. En algunos casos de fetichismo pueden llegar a formar una familia y tener hijos. A veces comparte su afición con su pareja mujer con la cual piensa casarse; lo que no quita que algunos deseen vivir sus prácticas fetichistas en relaciones homoeróticas. También se está observando cada vez más conductas o rasgos fetichistas en mujeres, o algunas lo hacen por complacer a su pareja. Cuando el fetichismo se acompaña con gran carga de angustia, depresión y/o culpa consideramos que es momento de recurrir a la ayuda psicológica de un psicoterapeuta.

Tratamiento disponible:


1. Entrenamiento de Autocontrol.
 El programa de entrenamiento de autocontrol se lleva a cabo en las siguientes fases:
2. Auto-observación.
 En un primer momento habrá que enseñar al paciente o operativizar sus problemas, para posteriormente obtener datos acerca de las características topográficas y las relaciones funcionales de los mismos. 
3. Establecimiento de Objetivos.
 El paciente habrá de decidir que nivel de control quiere alcanzar sobre la respuesta conflictiva. 
4. Entrenamiento en técnicas concretas y establecimiento de criterios de ejecución.
 En esta fase se deciden las técnicas concretas de autocontrol en las que se entrenará al cliente. A su vez se establecen las reglas de conducta que guiarán todo el entrenamiento, es decir, qué se compromete a hacer el cliente y en qué momentos concretos. 
5. Aplicación de las técnicas en contexto real.
 Una vez que el entrenamiento se ha llevado a cabo en la consulta, el siguiente paso es la puesta en práctica de lo aprendido en su vida diaria. 
6. Revisión de las aplicaciones con el terapeuta.

Una vez que el sujeto empieza a afrontar situaciones reales, la tarea en las sesiones con el terapeuta consistirá en revisar las aplicaciones concretas realizadas, analizando las dificultades y problemas surgidos para su solución.

El fetichismo puede ser encauzado y, hasta cierto punto, mejorado mediante terapia psicosexual. Entre los principales objetivos tenemos: que el consultante o fetichista no se sienta angustiado, deprimido ni con culpa, sino más bien que aprenda a comprender y aceptar las características particulares en cuanto a los placeres de cada ser humano; que no se sienta extraño o raro por tener dicho gusto ni frustrado al no poder realizar sus fantasías; y que pueda controlar sus impulsos o expresarlos según la situación y el entorno. La fantasía difícilmente se pierde y el objeto sigue siendo lo que los excita más, pero se busca incorporar otras actividades que también puedan satisfacerles para agregar variedad a las fantasías sexuales y lograr que la persona pueda tener experiencias gratificantes y así ampliar su perspectiva y, por ende, lograr su estabilidad emocional. Se trata de expandir el repertorio y tener varias opciones. No dejes de buscar consultoría y apoyo profesional.

58 comentarios:

  1. HOLA MI NOMBRE ES DIEGO.
    SOY CASADO TENGO 2 HIJOS Y ME GUSTARIA SABER POR QUE ME GUSTAN TANTO LOS PIES FEMENINOS CADA QUE SALGO DE CASA Y VEO UNA MUJER LO PRIMERO QUE MIRO SON SUS PIES Y SI ME GUSTAN LE DIGO Y ME OFREZCO PARA HACERLE MASAJES A VECES TRATO DE AGUANTARME PERO AVECES NO RESISTO PUES HAY DIAS EN QUE EL DESEO PUEDE MAS QUE MI INTENCION POR NO HACERLO HASTA AHORA NUNCA HE OBLIGADO NI DAÑADO A ALGUIEN POR MI DESEO PUES YO PREGUNTO PRIMERO Y SI ME DEJAN LO HAGO Y SI NO PUES NO HAY PROBLEMA PERO LO QUE ME HACE SENTIR MAL ES QUE ESTOY CASADO Y QUISIERA SOLO MIRAR LOS PIES DE MI ESPOSA.....
    PERO EL DESEO ES MUY GRANDE POR LOS PIES FEMENINOS NO ME SIENTO MAL POR QUE ME GUSTEN LOS PIES FEMENINOS A MUCHAS MUJERES LES GUSTA QUE UN HOMBRE LE BESE LOS PIES Y BUENO......
    PERO ES NO PODER CONTROLAR LO QUE SIENTO Y BUENO NO ENTENDER POR QUE NACI CON ESTE GUSTO PUES RECUERDO QUE A LOS 4 AÑOS DE EDAD ME QUEDE MIRANDOLE LOS PIES A UNA TIA Y QUEDE ENAMORADO DE SUS PIES BUENO ESPERO UNA RESPUESTA POR FAVOR MI EMAIL ES DIGIES_2412@HOTMAIL.COM
    MUCHAS GRACIAS

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  2. Buenas noches Dr.
    Mi nombre es xxxxxx, vi su web.
    Tengo un problema muy fuerte de fetichismo (pies) que me causa preocupación y frustración.
    Tal vez usted me puede ayudar.

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  3. Tengo la fantasía de entrar a la oficina de un ejecutivo elegante y meterme debajo de su escritorio para proceder a sacarle su zapato y hacerle masajes a su pie con calcetines negros.

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  4. Frecuento cines porno en el centro de Lima y cuando alguien esta sentado con sus pies sobre el asiento de adelante voy y me siento en esa butaca al lado de sus pies. Entonces empiezo a tocarle su zapato y su media y me excito con eso. Por favor, diganme si esto tiene cura?

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  5. A mi me gusta ver gente caminando descalzos por las calles

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  6. Me parece que se está tratando de este tema de una manera un tanto exagerada. Yo soy "fetichista de pies femeninos", siempre me han excitado mucho los pies de mujeres y no veo nada de malo en eso ni me hace sentir mal. Claro que en micaso, como en los de la gran mayoría creo yo, este gusto por los pies no imposibilita un coito normal. Es más bien, diría yo, algo como los que otros sienten por los senos. ¿Por qué se habla aquí de "problema" o desviación? Hace poco se publicó que en EE.UU. el fetichismo de pies es el segundo más popular, luego del de los senos.

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  7. Yo tengo 14 años, descubrí mi fetichismo a los 12 me parecía raro, siempre cuando me subía al bus me iva del lado izq para ver los pies de las mujeres conduciendo, me encanta ver cuando mujeres matan insectos o aplastan cosas como hojas de árboles o basura, tengo novia y tiene unos pies hermosos y aveces disimulo o hago algo para tocarlos o que pise algo, ella no sabe, me másturbo pensándolos o viendo vídeos que será de mi en un futuro??

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  8. Hola, soy Alfredo tengo 25 años, desde pequeño me gustan los calcetines de los hombres, así como cosquillearlos, solo quiero dejar de hacerlo, y ser "normal" me existan todo tipo de calcetines especialmente los de los ejecutivos, o los blancos, dígame que puedo hacer ??? =(

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  9. hola soy nn, la verdad no quiero tener esto mas en vida, me gustan los pies de las mujeres, pero veo que eso no me hace bien, soy una persona muy especial porque me gusta hacer cosas buenas por la gente, asi que quiero renunciar a esto. el desahogarme a ayudado mucho. voya pensar en otras cosas que de verdad me hagan mucho bien como la musica quiero ser adicto a eso

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  10. Tengo 18 años. Todos los viernes, el jefe de mi papá viene a la casa y se pone a tomar con mi viejo, se emborracha tanto que ni puede ponerse en pie así que se queda a pasar la noche en la sala de mi casa y mi viejo se va a dormir a su cuarto. El jefe de mi papá es muy guapo y no aparenta sus 34-35 años, cabello castaño, ojos plomos. Se queda dormido, echado en el piso de nuestra sala y eso me excita. Solo quería poder hacer algo con sus pies mientras estaba inconsciente y a mi alcance. Cuando escucho sus ronquidos, entro en la sala arrastrándome por el piso sobre mi estómago como una culebra y mi corazón latiendo al máximo. Me arrastro por el piso hasta que llego a sus pies, con mucho cuidado y muy suavemente le voy quitando los zapatos sin que se despierte, hasta tener frente a mi sus calcetines y me gusta olerlos, tocarlos, ... sin que se dé cuenta. ¿Por qué me gusta hacer eso? ¿Estoy loco?

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  11. vaya al parecer no soy el unico ya que no conocia personas que les gustase esto. A mi desde los 15 me comenzaron a traer los pies femeninos
    ahora me fascinan , no se porque pero para mi es la parte del cuerpo que mas me exita de una mujer y mucho mas cuando veo una mujer que comienza a jugar con ellos, podria quedarme horas vienodolos y admirandolos , para muchos es muy raro pero es algo que no puedo resistir. Pero ojo solo me gusta los pies de mujeres nada mas....
    les juro que si una mujer me pide que le bese los pies , no dudaria ni un segundo en hacerlo.

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  12. Que tal, tengo 23 años y descubrí mi obsesión por los pies masculinos desde los 10.
    Me fascina verle los pies a los hombres, no puedo dejar la oportunidad de mirar, aunque sea despistadamente a hombres descalzos, en sandalias o en calcetines blancos.
    Fantaseo con poder tener a un hombre inconsciente a mi disposición para poder quitarle los zapatos y poder tocar y oler sus calcetines blancos. También tengo la fantasía de poder hacerle cosquillas a los hombres, eso es lo que me gustaría hacer pero solo se queda en mi mente.
    ¿Cómo puedo dejarlo? Tengo novia y no quiero seguir así ya que estoy confundido en mi sexualidad y necesito ayuda.

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  13. Hola, se q esta publicación es vieja pero quiero saber como puedo conocer mujeres q les guste q les besen los pies, yo eh ido un poco más alla pq me gusta torturarlos, ponerle agujas en los dedos de sus pies, pasarle cositas calientes, amarrarle los deditos, ponerles pega, pinches, tachuelas, hacer q caminen sobre ellas me encantaria poder conocer una mujer asi aunque sea por un dia, tambien me gusta chuparlos, morderlos, pasarles chocolate, hacer q pisen trampas de pega para ratones, golpearlos con correas o palitos, q caminen sobre vidrios, o piedritas filosas, quemarlos, osea no soy adorador de ellos pero me gusta como jimen las mujeres con estas cosas, se q suena perverso y lo es, tengo novia y conoce mi situación, pero no haria esto con ella, pero me masturbo cuando se los toco o ella me los muerde eso es rico, y cuando pasa su lengua por la planta mejor aun, digame, tengo un problema serio?

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  14. EJECUTIVO BANCARIO EN TERNO

    El atractivo y elegante ejecutivo bancario salía de la oficina después de un día largo y agotador. Se había aflojado la corbata y tenía ganas de llegar a casa, sacarse sus zapatos negros y descansar sus pies calientes y en calcetines de vestir negros. Justo al llegar a abrir la puerta de su auto, una mano enguantada apareció por detrás de él y le cubrió la cara con un paño humedecido con cloroformo. El guapo ejecutivo luchaba contra su agresor, pero su cuerpo musculoso de 1.78 m. nada podía hacer contra el efecto del producto químico. Sin poder evitarlo, cayó inerte en brazos de su captor. Un cómplice esperaba en el asiento trasero del vehículo en fuga, y ayudó a introducir el cuerpo del banquero inconsciente en el asiento de atrás, colocando oportunamente los pies de la víctima sobre los muslos del cómplice. Cuando el auto partió a toda velocidad, el cómplice no pudo resistirse al ver aquellos pies tan cerca de su cara.

    Observó atentamente al atractivo, elegante e inconsciente ejecutivo echado extendido en el asiento trasero del coche, los tirantes se extendían sobre sus anchos pectorales, sus pantalones de vestir se ajustaban alrededor de sus muslos. La basta de su pantalón se había subido, dejando al descubierto unas pantorrillas musculosas cubiertas hasta las rodillas por medias negras muy finas. Cuando el auto pasó por un bache, uno de sus elegantes mocasines de vestir negros se salió parcialmente, dejando al descubierto parte de su pie. El cómplice pudo apreciar muy de cerca el calcetín negro de la víctima y su zapato medio salido. El ver y oler los pies en calcetines negros del ejecutivo en terno (enternado o en traje) era demasiada excitación para el delincuente. Finalmente se atrevió a sacarle todo el zapato completamente, y le acarició la planta del pie en medias negras del atrayente ejecutivo. Sonrió al pensar en cuán inconsciente e indefenso se encontraba aquel hombre ante lo que estaba haciendo con él. Cuando el cómplice pasó su lengua por el sexy pie arqueado del ejecutivo, este gimió y trató de moverse un poco, como protestando por la violación que le estaba haciendo a su pie, luego volvió a perder el conocimiento.

    El cómplice levantó el pie con calcetín negro del ejecutivo inconsciente, lo llevó hasta su rostro y nariz e inhaló larga y profundamente. Luego pasó la lengua por los dedos de los pies envueltos en esos deliciosos calcetines negros, bajando por su planta pasando por el arco bien formado del pie hasta llegar al talón de la media. Pasó su mano a través del empeine hasta llegar a la pierna, saboreando la sensación del suave y liso nylon fino negro del calcetín que cubría el pie. El coche se detuvo y el conductor bajó. Cuando abrió la puerta de atrás, vio a su compinche aún deleitándose con el pie del ejecutivo enternado que todavía permanecía inconsciente.

    "¡Hey!" le espetó, "¡guarda eso para más adelante! ¡Ahora ponle su zapato de nuevo, y mételo a la casa! El chofer se adelantó e ingresó al escondite.

    Fin de la primera parte (continuará...)

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  15. "Vamos, campeón, te voy a llevar a casa", dijo el cómplice quien tenía un fetiche por los calcetines de hombres, mientras sacaba del auto al ejecutivo, jalándolo de los pies. Él se inclinó, y colgó sobre su hombro el cuerpo masculino inerte. Cuando se enderezó, levantó los 78 kilos del ejecutivo, posicionando las nalgas apretadas de la víctima junto a su rostro. Las piernas del ejecutivo colgaban por delante, las rodillas ligeramente flexionadas, los tobillos cruzados y los pies colgando. El zapato sin pasadores (de esos tipo mocasín que se quitan fácilmente) que le había sido colocado rápidamente, cayó al pavimento, mientras el ejecutivo secuestrado era transportado hacia el escondite ... una pista irónica que lo llevaría a su inminente destino.

    "Ponlo ahí, en esa silla", el secuestrador gritó a su cómplice, quien llevaba el cuerpo inconsciente del administrativo bancario, sobre el hombro. El cómplice, que tenía una afinidad por los pies de hombres en calcetines (especialmente los de su víctima), apresuradamente colocó al sexy galán en la silla de madera con respaldo recto. "... y asegúrate de que no se escape" le gritó su jefe. El cómplice tomó una cuerda, que se hallaba cerca, y empezó atando el ancho pecho del funcionario cautivo (aún en saco y corbata) al respaldar de la silla. Luego empezó a atar los tobillos a las patas de la silla. Allí se percató que faltaba uno de los zapatos negros del ejecutivo.

    "... Ummmm, pensé que en el auto le había vuelto a poner su zapato... -dijo suavemente. Ató firmemente el pie descalzo, sin zapato, enfundado en una media negra. Mientras lo hacía, se aseguraba de palpar, toquetear y manosear cada centímetro del calcetín húmedo y tentador. Le dejó puesto el otro zapato, y se apresuró a terminar su labor.

    "¡Vigílalo, pero no dejes que le pase nada hasta que yo vuelva! ¡Él es nuestro boleto hacia la riqueza!" Con eso, el secuestrador salió para recibir el dinero del rescate. El cómplice miró de reojo al joven ejecutivo, cuya cabeza colgaba, indefenso y amarrado fuertemente a la silla. A medida que el cómplice intentaba controlar su creciente deseo de aprovecharse de su prisionero, oyó un débil gemido. El cuerpo inerte comenzó a recobrar el conocimiento.

    La joven víctima levantó la cabeza, aturdido. "¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? ¿Qué demonios es todo esto?".

    "Vaya, vaya, el Bello Durmiente ha despertado. Usted es nuestro prisionero, guapo", se burló sarcásticamente el cómplice.

    "¿Qué quieres decir con "prisionero? ¡Déjame salir de aquí, idiota!", protestó el ejecutivo. Luchó contra sus ataduras con violencia, y le gritó obscenidades. El cómplice empezó a ponerse nervioso y agitado. No podía arriesgarse a la posibilidad de que el hombre se soltara o que fuese escuchado, y también se acordó de su jefe, advirtiéndole que no le hiciera daño. Él buscó frenéticamente a su alrededor algo para calmar al ejecutivo viril. Él vio la botella de cloroformo que su jefe había utilizado para capturar inicialmente a su víctima, pero no había un trapo a la vista. Entonces se le pasó un pensamiento ardiente por su mente demasiado sexualizada. Se agachó y se quitó su zapato de cuero negro barato. Se subió el pantalón de poliéster, y se sacó su media negra. Empapó el calcetín con cloroformo. Luego se dirigió por detrás del ejecutivo atado y cubrió su cara con el calcetín. El prisionero movió violentamente la cabeza y trató de contener la respiración. Pero la fuerza del cómplice, y el olor insoportable de cloroformo y calcetín, era demasiado. El cómplice podía sentir los músculos de su víctima relajarse, mientras su cabeza lentamente se iba hacia atrás y sus ojos se cerraban.

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  16. El cómplice ya no podía contener sus urgencias sexuales. La sensación de control y poder que sentía, mientras adormecía al prisionero sexy con el calcetín empapado de cloroformo, le había provocado una furiosa erección que no podía ser ignorada. El guapo desmayado era todo suyo y podía hacer con él lo que quisiera. Sin embargo, tenía que actuar con rapidez, debido a que el jefe podría volver en cualquier momento, y si lo pescaba haciendo cosas, el jefe, sin duda, le aplicaría un castigo.

    El corazón del cómplice latía tan rápidamente mientras desataba los tobillos del ejecutivo. Todo lo que sostenía el cuerpo inerte era la cuerda alrededor de su pecho. El cómplice se paró delante y alrededor de la silla para aflojar las cuerdas. Cuando lo hizo, el ejecutivo se desplomó hacia adelante, cayendo sobre el estómago del cómplice. Dio un paso atrás y dejó que el peso del cuerpo que caía pasara rozando su entrepierna abultada, hasta que cayó al suelo. Cogió al bancario por las axilas y lo arrastró hasta una alfombra que había en la habitación. Para cuando había llegado allí, el otro zapato de la víctima se había salido. De inmediato comenzó a quitarle los pantalones de vestir al hombre, revelando sus calcetines negros largos que llegaban hasta la pantorrilla y aún estaban intactos. El cómplice rápidamente comenzó a frotarse contra los pies en calcetines del guapo prisionero inconsciente. De rodillas, ya a punto de venirse, levantó los pies del hombre hacia su rostro. Desenfrenadamente, él saciaba sus instintos, mientras chupaba, lamía, olía, tocaba, manoseaba, mordia, besaba, cada contorno de los excitantes pies en calcetines negros de su indefenso objeto sexual ... o al menos él creía que su objeto sexual estaba indefenso.

    Justo cuando el cómplice estaba a punto de venirse, sintió un golpe en su cabeza y cayó de bruces al suelo. Su víctima había recobrado el conocimiento y había golpeado el rostro del asaltante agresor con sus pies en calcetines negros. El criminal yacía de espaldas, aturdido. El administrador bancario se puso de pie y miró a su alrededor buscando algo para someter a su captor. Vio las mismas cuerdas que lo habían atado a la silla. Rápidamente, cogió un trozo y lo envolvió alrededor de las muñecas del cómplice. Cruzó los tobillos del hombre, y con el resto de la cuerda, ató los pies.

    Una vez que había atado al delincuente, el ejecutivo planeó su próximo movimiento. Empezó a recordar vagamente cómo el cómplice se había aprovechado de él mientras que él no podía hacer nada. "¡Hijo de #$%&!" gruñó desafiante. "¿Así que quería oler mis calcetines?". Al decir esto, el joven se quitó sus dos medias negras de vestir elegantes. Introdujo una en la boca de su captor, y amarró la otra sobre su nariz. Luego se trasladó hasta los pies atados de su captor, uno estaba desnudo, y el otro aún estaba en media negra y con zapato negro desgastado. El ejecutivo le quitó el zapato rudamente. El olor le hizo arrugar la nariz. Con sus uñas empezó a arañar de arriba a abajo las suelas de los pies atados. El cómplice dejó escapar un grito ahogado.

    "Ah, eres cosquilloso, ¿no?". Diabólicamente, el ejecutivo comenzó a hacerle cosquillas en sus plantas indefensas, sin descanso. El cómplice estaba siendo torturado, y se retorcía sin control. El ejecutivo se dio la vuelta y se sentó encima de su víctima histérica, mientras proseguía con su asalto de cosquillas. Se dio cuenta de que eso le había provocado al cómplice una erección. "Ah no, no lo harás, ¡bastardo! ¡No vas a disfrutar de esto!" El hombre de negocios se abalanzó, y envolvió su musculoso brazo alrededor del cuello de su captor atado. "Ahora es mi turno de ponerte a dormir!" Él aplicaba presión en el cuello del cómplice, veía cómo sus ojos se iban hacia arriba, y finalmente sintió que su presa se desvanecía.

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  17. En ese momento, la puerta se abrió de golpe, y varios policías armados entraron intempestivamente y se llevaron preso al criminal cargándolo entre varios hasta el patrullero, tal como estaba. Se burlaban de él haciéndole cosquillas allí en los pies donde era su punto débil.

    Luego se quedó el jefe de la policía solo con el ejecutivo. "¡Por fin! ¿Cómo dieron conmigo?", preguntó el funcionario bancario recuperando su estado anímico. "Cogimos al cabecilla ...y hallamos esto". El policía tenía en sus manos el zapato que le faltaba al ejecutivo y que se le había caído durante el rapto, y lo levantó para mostrárselo. Lo olió un poquito.

    "¿Esto te pertenece? ¿Es tuyo, Ceniciento, o me lo regalas y me lo quedo conmigo? Estoy necesitando unos así. Hmmm, y por lo que estoy viendo también podría necesitar unos calcetines negros así como los tuyos. Creo que podremos ser muuuy buenos amigos y llegar a un buen acuerdo. Me gusta mucho lo que veo, quizás podamos intercambiar", dijo con una sonrisa pícara y maliciosa y levantó la vasta de su pantalón para mostrarle las medias negras que él usaba y su zapato del uniforme de policía. Luego se ofreció a ayudar: "Estás muy agotado, déjame que te ayude a acomodarte bien los calcetines negros y yo te puedo poner los zapatos a ver si realmente son tuyos y si te quedan bien, Ceniciento, ja ja ja". El policía entonces, intrépidamente, sin pedir permiso, tomó entre sus manos el pie en calcetines del guapo ejecutivo bancario y...

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  18. Saludos tengo 20 años y a mi me gusta en especial ver a hombres de 45 años para abajo quitandose los zapatos en especial zapatos que se quitan facilmente verlos en medias o calcetines me excita me da ganas de tocarlos y hacer muchas de las cosas que ustedes ya dijeron pero lo raro es que ya no me llama la atencion cuando estan sin medias o calcetines y tampoco me gusta que huelan muy feo he visto mucho de esto en mi vida y me he quedado con las ganas de historias que he vivido ¡¡que vivan los pies ricos!!

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  19. NO TIENES QUE SER HOMOSEXUAL PORQUE TE GUSTEN LOS PIES. NO SÉ POR QUÉ LO GENERALIZAN ASÍ, A MÍ ME GUSTAN LOS PIES Y NO SOY GAY, O SEA A MÍ ME GUSTAN LAS MUJERES. LA VERDAD NO ME GUSTA ESO DE METER TODO EN LA MISMA BOLSA, CADA UNO ES CADA UNO.

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  20. Opino lo mismo, a mi tambien me gusta acariciar oler besar lamer y chupar los pies de mis amigos hombres pero eso no quiere decir que sea gay pues tengo novia y a veces tambien le lamo los pies a ella.

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  21. Una fantasía fetichista: ¿Cómo sería poder descalzar sin su consentimiento los pies de un chico guapo y heterosexual? ¿Y poder hacer con sus pies lo que uno quiera?

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  22. hola soy jose, soy de california
    y desde que tenia como 4 años, me encantaba oler los pies sudados, super olorosos y vistiendo calcetines azules o negros de mi tio... ahora tengo 22 y cada que lo veo encuentro el pretexto perfecto para que se quite los zapatos.. incluso le regalo calcetines y segun yo tiro los viejos a la basura, pero la verdad es que los guardo. Hace unos meses por fiiin! aproveché para confesarle todo! le dije que no se quitara sus calcetines. quiero que sepan que desde entonces, yo le dije que se los pusiera durante toda la semana...ahora, todos los viernes me lleva comida a mi trabajo, nos metemos al baño de mi trabajo, se quita los calcetines, y me los da! es maravilloso.

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  23. Saludos desde Mexico.. la verdad no tengo muchas fotos pero si videos de la red... de artistas en calcetines.. de novelas......
    espero les gusten...

    http://youtube.com/watch?v=C9uNLADY37M

    http://youtube.com/watch?v=iYiEC8FmTkY

    http://youtube.com/watch?v=0GMv46pDMXM

    http://youtube.com/watch?v=ftUvc72YxPU

    http://youtube.com/watch?v=BUbPV8s3P20

    http://www.youtube.com/watch?v=WVChMOIpilk&list=PL00097849BA90E90E

    http://youtube.com/watch?v=UYWRu5ETbOA recomendado

    http://youtube.com/watch?v=Sd-9Rdj9n6U

    http://youtube.com/watch?v=7cKPCdKCcC8

    http://youtube.com/watch?v=L_dAaR-iIoQ

    http://youtube.com/watch?v=9BZunumi9aE

    http://youtube.com/watch?v=T3emQ5AJmO8

    DISFRUTENLOS.....

    SI HAY ALGUIEN DE MEXICO... QUE SE ANUNCIE..

    CHAO...

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  24. Siempre me gusta que mi pareja esté en medias y que mi hombre tenga bonitas medias también, las delgaditas de nylon.

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  25. La verdad yo tambien tengo lo mismo tengo un hermano de 31 esta peludo de las piernas pero la verdad no tiene ni musculoo masomenos pero no me gusta sus pies nooo me gustan la verdad no soy gay me gustaa los pies de hombres con calcetines de nylon transparentes y tines chiquitos me urgeee hacerlo con alguien peludooo por favor musculosoooo necesito contactense conmigo!

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  26. Yo desconozco desde cuando me gustan los pies pero siempre he sentido una gran excitación al ver a gente descalza o en calcetines, con solo verlos me provoca un deseo de tocarlos, olerlos, etc. Cuando usan mocasines de borlas me prendo y no dejo de mirarlos.
    Un día un tío y varios estábamos tomando unos tragos, la verdad yo no tomé mucho, pero ellos sí. Entonces mi tío estaba vestido de traje y con unos mocasines de color café y unos calcetines del mismo color. Él quedó ebrio al grado de quedar tendido en el sofá. Ya cuando todos habían subido, yo bajé y le quité los mocasines, subí sus pies a mis rodillas y comencé a masajearle sus pies, a olerlos y besarlos. El no sentía pues estaba ebrio. En eso comencé a chuparle el dedo gordo y así... La verdad fue tan excitante que me volví loco.

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  27. Yo comencé oliéndole los pies a mi padrino cuando se quedaba a pasar una temporada en nuestra casa, después a un tío que llegaba tomado y se acostaba y me daba sus pies para que le hiciera masaje, eran unos calcetines tan ricos, sudados, hermosos, olorosos...

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  28. Desde que tengo uso de razón, sé que me atraen los pies, sólo que vine a saber lo que era y lo que significa realmente como a los 13. Recuerdo así muy lejanamente, no sé a qué edad, pero estaba muy chico, era un niño y me gustaba recibir a mi papá cuando llegaba del trabajo y quitarle los zapatos. Era algo que hacía todas las noches, me encantaba. Pero en ese momento no lo percibía como algo sexual o no sabía lo que era. Hasta olía sus medias cuando iba a ponerlas en el armario. Recuerdo también las mejores épocas para mí eran las vacaciones, porque llegaban mis primos mayores de visita y se quedaban en la casa. Bueno, ya sabrán, cuánto disfrutaba yo a escondidas. Pero no sabia realmente lo que hacía hasta los 13 años más o menos cuando un tío se vino a vivir a mi casa, él es algo así como el macho ideal, alto, fuerte, y con una cara hermosa, pero lo que despertaba interés en mí eran esos pies... Dios, ojalá los hubieran visto, él tenía como 30 en ese entonces y lo que yo fui capaz de hacer a los 13 creo que no sería capaz de hacerlo ahora jaja. Cuando era medianoche, yo salía de mi cuarto y entraba a la habitación de mi tío. Él, como trabajaba duro, llegaba muy cansado y al parecer tenía el sueño profundo porque yo lograba lentamente sacarle las sábanas de los pies y hacía maravillas con ellos. Una noche hasta me corrí allí mismo, los besaba entre los dedos. A mí me excita mucho besar tiernamente la parte de abajo de los dedos y meter mi nariz un ratico ahí. Y él roncando como si nada estuviera pasando. Un día me excité tanto que, por buscar una mejor posición, le levanté el pie para sentir el empeine y él sintió algo y se movió. Creo que se despertó jajaja. Yo me quedé estático allí en el piso y ni respiré, mi corazón latía tanto y quería seguir en mi faena. Pasados unos 20 minutos volví a lo mío. Al día siguiente, mi tío me preguntó si en la casa había ratones porque anoche había sentido que algo le pasó por los pies :D Yo le dije: "sí, tío, muchas veces me ha pasado...". Es más, a veces recuerdo aquella época y me excito. No he tenido mejores pies que los de mi tío, eran tan suaves y el olor no era muy fuerte, pero era tan agradable y particular. Un día llegó del trabajo y entré a su cuarto mientras se duchaba. Cuando tomé en mis manos sus calcetines estaban prácticamente mojados. Ohooho qué tiempos aquellos. Hace muchos años que no siento unos pies, ya nadie se queda en mi casa jajaja. Tuve esa y muchas otras anécdotas, yo no dejaba escapar a nadie. Soy el mejor escondiéndome sin dejar rastros.

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  29. Yo se lo dije a mi padrastro. Un día le estaba ayudando a limpiar su auto, y él estaba en sandalias pero con calcetines hincado y yo empecé a tocarle los pies. Él no sentía. Después él empezó a sentir y se rió. Terminamos y nos metimos a su casa. Se acostó en la cama y fui con él. Me senté en la cama y él empezó a hablar por teléfono echado, moviendo sus pies. Me volví loco, me levanté y me salí del cuarto. Me sentí nervioso, no sé que me pasó. Regresé a su cuarto, él terminó de hablar por teléfono y le pregunté si le gustaría que yo le diera un masaje a sus pies. Él me dijo que no. Yo no hice caso a su respuesta negativa ya que yo quería sus pies. Le agarré sus pies, le quité sus calcetines y empecé a darle masaje y a besar sus pies. Exploté y él no supo. Luego me dijo que le pusiera los calcetines. Y le dije que no le dijera a mi madre ni a mi padre biológico ni a nadie. Eso fue como hace 13 años atrás y gracias a Dios no ha dicho nada él, que yo sepa.

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  30. Yo soy fanático de calcetines de hombres, todo comenzó cuando mi papá llegaba a la casa y se quitaba sus zapatos, se dejaba en calcetines la mayoría de veces negros y olorosos, eso me provocaba mucha exitación, apenas se los quitaba y los arrojaba iba corriendo y los robaba, luego iba a mi habitación y los olía, los chupaba, me los amarraba a la cara y finalmente me masturbaba derramando todo mi semen sobre ellos, esto hasta cuando tuve 15 años de edad, ahora tengo 24 y con los hombres q me he acostado no me gusta q se quiten sus calcetines, les pido q se los dejen puestos, y cuando los estoy penetrando me coloco sus pies en mi cara y huelo y chupo sus pies hasta venirme, me encanta hacer esto ??

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  31. Yo le pongo calcetines a un amigo, negros, largos, solo negros, y le hago fotos. Me encanta mi fetichismo hahaha solo me gusta los pies de hombres con calcetines negros, solo negros!
    Y también me gustaría conocer a alguien para ponerle calcetines negros y hacerle cosas. Saludos desde Mallorca.

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  32. Desde que empecé a tener uso de razón, estando muy infante, mi fetiche predilecto han sido los pies, zapatos y calcetines masculinos, Ufffffffffffff, me prenden intensamente, llegando a tener full orgasmos, en realidad, he contado con buena suerte, he tenido muchos amigos que me han complacido con esta fantasía, soy de Tuluá, Valle, me gustaría conocer más amigos para satisfacer esta fantasía, me pueden dejar por favor una respuesta al correo jmg42@gmail.com !!!...Gracias...!!!

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  33. Me gusta usar calcetines negros de vestir cuando estoy solo en mi casa y los huelo, me gusta ver imágenes de hombres con calcetines negros de vestir en especial si la foto muestra la planta del pie, eso me gusta mucho, siempre he querido estar con alguien profundamente dormido con ese tipo de calcetines puestos y olerlos

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  34. A mi me pasa algo similar pero con los zapatos de vestir.
    Cuando era niño, odiaba usar zapatos, ya que eran incómodos pero al ir creciendo empecé a tener una obsesión.
    Cuándo mis amigos se emborrachan y llevan puesto zapatos elegantes o que me gustaron, se los quito, los huelo, los reviso y me los pruebo.
    Al día siguiente todo normal como si nada hubiera pasado.
    Es una obsesión que tengo desde que salieron los Nike total 90 y fue creciendo hasta los zapatos de vestir.

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  35. Qué excitante ver unas medias negras en los pies de un hombre guapo.
    Soy hombre y me gustan las medias negras en mocasines de un hombre varonil.
    Me gustaría tener en mis manos los pies con medias negras de un hombre guapo.
    Un caballero guapo en terno echado y yo sacándole su zapato.
    Le saco su zapato y me excito viéndole su media negra, la manoseo como abusando de su pie.
    La huelo y la acaricio, la masajeo. Qué rica media negra.
    Me excito con el hombre allí echado, dormido, alcoholizado, inconsciente y no se da cuenta de que le estoy sacando su zapato y me estoy morboseando con su media negra.
    Soy hombre pero me excitan las medias negras de un hombre guapo enternado dormido, echado, desmayado, inconsciente, vulnerable.
    Está en mis manos y puedo hacerle lo que yo quiera a sus pies en medias negras y mocasines negros.
    Le saco su mocasín y me excito con su media negra. Es lo más excitante en este mundo: unas medias negras en mis manos para hacerles lo que yo quiera.
    Qué rico. Le saco los zapatos a un ejecutivo en terno.

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  36. Calcetines T&T en el Banco
    Hoy fui al Banco Banamex en San Pedro N.L. (México) y mientras hacía fila, en uno de los escritorios estaba un ejecutivo del banco, sentado en la silla del cliente (fuera del escritorio), mientras otro le explicaba algo... y ¡ah que excitante vista para mis ojos... él vestía un traje todo negro... con calcetines transparentes negros T&T... no quería que la fila avanzara, con tal de poder seguir observando los calcetines sensuales y excitantes de este ejecutivo (no podía dejar de mirárselos) deseando ir a sus pies, besarlos, sacarle los zapatos, y sentir el olor masculino de sus pies, impregnados en los calcetines... húmedos por el trabajo de todo el día.... qué hubiera dado por poder realizar esa fantasía! En el poco probable caso de que tú, el ejecutivo al que me refiero, leas este mensaje, contáctame y permíteme masajear, oler y besar tus pies, enfundados en esos calcetines tan masculinos, y tan eróticos, como son los T&T negros que vestías hoy...

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  37. Hoy vi a un hombre con traje formal y maletín dirigiéndose hacia su trabajo aparentemente. Él hizo la señal para detener el bus que lo llevaría a su destino. Como el vehículo no paró para que él subiera sino que siguió de largo, se enojó y lo pateó por la parte de atrás del bus. Como el bus siguió avanzando, y él llevaba puesto mocasines, con la velocidad del vehículo, su zapato se le salió de su pie y salió disparado hacia el otro lado de la pista. La gente se reía de lo ocurrido mientras que el hombre enojado cruzaba la pista con un pie en media sin zapato para recoger su mocasín perdido.

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  38. Esta noche vi, a través de los vidrios de un banco que ya había cerrado sus puertas y ya no atendía al público, dos policías sentados haciendo guardia. Uno de ellos estaba dormitando, pero ¡oh!, un detalle que llamó mi atención: se había sacado los zapatos y estaba con las piernas estiradas y los ojos cerrados. Su compañero policía decidió jugarle una broma y vi cómo cogía los zapatos del policía dormido y los escondía en el tacho de basura que estaba a cierta distancia. Luego de un rato, cuando el policía despertó, buscaba sus zapatos y no los encontraba. Se paseaba así descalzo, en medias negras, por todo el piso del banco tratando de hallar sus zapatos. Se le notaba avergonzado. Finalmente los halló y se los volvió a poner en sus pies. Supongo que no le quedaría ganas de volver a sacarse los zapatos para echar una siesta durante el turno con ese compañero bromista.

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  39. En una fiesta infantil a la que asistí, que quedaba en uno de las zonas más exclusivas de La Molina, el animador disfrazado de payaso inició con los niños un juego en el que ganaba el niño que primero le trajera lo que él les pedía. Así empezó a pedirles que trajeran varias cosas: un pañuelo, un arete, una moneda, etc. En un determinado momento, se le ocurrió pedir que le trajeran un zapato de hombre, de sus papás. Y empezó a gritar a través de su micrófono: ¡Tráiganme un zapato de hombre! ¡El primero que me traiga uno, gana un premio! ¡Quítenle el zapato a su papá! ¡Sáquenle los zapatos! ¡Y tráiganmelo!
    En eso, todos los niños apurados y entusiasmado por ganar el premio, corrían rápido hasta donde estaban ubicados sus papás; algunos estaban sentados y otros parados. Algunos niños le rogaban a su papá que se sacaran su zapato y que se lo dieran para poder ganar el premio; mientras que otros niños seguían las órdenes del animador y les sacaban los zapatos a sus papás, así como si nada, sin pedirles permiso.
    Como los padres que estaban allí era gente adinerada, tenían zapatos de calidad superior, muchos probablemente traídos del extranjero.
    El payaso empezó a recibir los zapatos que traían los niños y los empezó a poner en orden de llegada. Una vez allí se puso a revisarlos uno por uno. Había de todo tipo: mocasines, loafers, zapatos de vestir elegantes, con pasadores, sin pasadores, brillantes, costosos, de marca, etc., y de diversos colores.
    Como era payaso, hizo la broma de oler dentro de cada zapato y dijo que iba a reconocer el olor del dueño de cada zapato. Les indicó a los niños que ahora trajeran a sus padres para que vinieran a recoger sus zapatos.
    Todos los padres empezaron a acercarse al escenario en medio del salón donde estaba el payaso. Todos caminando con un zapato puesto y un pie solo con media. Una vez que todos los padres se encontraban allí parados en el escenario, el payaso se acercó a cada padre para cogerle su pie con media y se puso a oler la media de cada uno y luego tratar de identificar cual era el zapato que iba con la media de cada padre.
    Algunos padres estaban algo avergonzados y otros le seguían el juego.
    Algunos olores eran más fuertes y otros no tanto. El payaso parecía experto en eso. La gente se reía de sus ocurrencias mientras repartía los premios a cada niño y cada padre se iba retirando con su zapato en su mano, que el payaso les devolvía.
    Al finalizar lo de los zapatos, esta vez pidió que le trajeran un calcetín negro de hombre. Otra vez los niños se acercaban a sus padres para pedirles que se sacaran una de sus medias (de los padres que hubiesen llevado puestas medias de color negro). Los padres, que estaban elegantemente vestidos, tenían que sacarse su media negra para que se las llevaran al "ocurrente" payaso.
    El payaso hizo el además de que las olía cada una.
    Una vez que tuvo todos los calcetines negros de los padres, el payaso decidió hacer un intermedio para descansar; unos cinco minutos, propuso.
    Pasados los 5 minutos, los padres retornaban ansiosos para recuperar sus calcetines negros pero... ¡oh, sorpresa!, al dichoso payaso no lo hallaban por ningún lugar.
    Finalmente había desaparecido llevándose las medias de los señores, quienes estaban molestos y algunos avergonzados por haber confiado en el payaso y haberle entregado sus calcetines negros.
    Increíble pero cierto. Así que tengan cuidado si asisten a alguna fiesta infantil donde les empiecen a pedir que entreguen sus medias o calcetines.

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  40. En mi caso, una vez me encontraba caminando por una calle de Miraflores que cruza la Vía Expresa, entre los puentes Ricardo Palma y Benavides. Ya era casi medianoche y yo regresaba de una boda. Iba enternado, un poco mareado, pero consciente. Yo soy alto, así que suelo llamar la atención. Pero esa vez lo sentí más intenso, como que alguien me miraba y me seguía. Volteo a ver y era un chico delgado; no tenía apariencia de ladrón o vagabundo. En una de esas se me acerca a decirme algo. Debo admitir que sí me asusté porque pensé que me quería asaltar o robar. Mientras yo seguía caminando, él me saludó y me preguntó algo. Allí pensé más aún que podría tratarse de una trampa, pero también pensé que si me oponía, él podría tomarlo a mal y allí sí estaría yo en problemas si él quería hacerlo a la fuerza. La otra opción que se me ocurrió era correr lo más rápido que pudiera, pero qué tal si me alcanzaba, me tumbaba al piso y las cosas serían peores. Pensé en escuchar a ver qué me decía y de allí decidir qué hacer. Me dijo que no me asustara, que no me iba a hacer nada, que me había visto pasar y que me había seguido porque le había llamado la atención mis medias. ¿Mis medias?, le respondí. ¿Qué tienen mis medias? Me dijo que las veía diferentes, delgadas, negras, de vestir, que combinaban bien con mis zapatos negros, y que así había estado buscando unas similares pero que en Lima no las vendían, que las había visto por internet en otros países. En eso sí acertó porque las había comprado en el extranjero. Entonces me ofreció comprarme mis calcetines. Me sonreí y le dije que nada que ver, qué cómo se le ocurría. Pero él insistía mientras caminábamos más cuadras. Me ofreció 100 soles, y pensé que eso era mucho más de lo que costaba el par de medias y yo siempre podría volver a comprarme otras. Además vi que iba a seguir insistiendo y difícilmente iba a detenerse. Era persistente. De tanto insistirme, me llegó a convencer y además no me caería nada mal ese billete para una próxima juerga. Mientras él no fuese gay y no quisiera otra cosa, no habría problema. Tranquilo, me dijo, que él no ofrecía s oral ni nada parecido. Me aseguró que sólo quería mis calcetines negros, nada más que eso. Es más, me entregó el dinero por adelantado. Eso me inspiró confianza, accedí, me senté en el borde del jardín de una casa y empecé a sacarme los zapatos. De repente, él me dice que no me preocupara, que él mismo lo podía hacer. Se agachó hacia mis pies, me sacó un zapato, cogió mi pie, acercó su rostro y me sacó mi media. Lo mismo hizo con el otro pie. Le pregunté: ¿Estás seguro que esto es lo que quieres? Y él asintió con la cabeza. ¿Te puedo preguntar algo?, le dije, dime ¿para qué las quieres, qué vas a hacer con ellas? Me respondió que ya me había dicho, que no haría nada malo y que era su asunto. Que yo no era el primero al que le ofrecía comprar sus medias y que haciendo eso ya tenía varias en su colección así. Dentro de mí pensé: Hay cada loco en este mundo y cada uno con su tema. Realmente él solo quería eso, las tomó en sus manos, las puso en una pequeña bolsa transparente, la metió en su bolsillo, se despidió cortésmente de mí y se marchó. Mientras yo me quedé allí descalzo en plena calle, volviéndome a poner mis zapatos. Luego entré a buscar por internet si había casos similares y fue así como llegué a este blog, y ya veo que hay varios casos así.

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  41. Ahora que he encontrado este artículo y leo estos comentarios, me hace recordar que yo tenía un primo menor al que le gustaba jugar conmigo, según él me decía, a los indios y a los vaqueros.
    Recuerdo que cuando iba a visitarlo a su casa, no pasaba mucho tiempo antes de que me dijera para jugar a los indios y a los vaqueros.
    ¿En qué consistía básicamente su juego? En que yo era el vaquero y él era el indio. Él me capturaba y me amarraba a una silla. Una vez que me ataba de manos y pies a la silla, con soga y los nudos bien ajustados, volteaba la silla hacia atrás de forma que el respaldar quedaba sobre el piso y mis pies quedaban hacia arriba en el aire. Una vez allí, me decía que me iba a torturar. Entonces se acercaba a mis pies y con sus manos me sacaba mis zapatos, uno por uno, y una vez que él me dejaba así en medias, me las acomodaba ajustándolas para que no quedaran sueltas sino bien ajustadas a mis pies, lo recuerdo muy claramente que pasaba su mano por la planta de mi pie y yo sentía sus dedos tocándomelo. Inicialmente lo hacía despacio y suavecito, pero luego empezaba a mover sus dedos y empezaba a hacerme cosquillas a mis pies. Yo era muy cosquilloso y él sabía que era mi punto débil así que me torturaba de esa manera, haciéndome cosquillas a mis pies con medias y él disfrutaba haciendo eso. Yo me reía por efecto de las cosquillas, pero era una tortura, me desesperaba, no lo soportaba, era difícil no reaccionar ante sus dedos que los movía como arañitas sobre mis pies. El disfrutaba el verme sufriendo y a la vez haciéndome reír contra mi voluntad. Él pasaba largo rato torturándome de esa manera sin hacer caso a mis ruegos de que se detuviera y que me dejara libre. Parece que eso le entusiasmaba más. Utilizaba un lapicero para que me diera más cosquillas y con el lapicero hacia garabatos sobre mi media. Según él, era el indio marcando su territorio. Podíamos estar horas así hasta que él se cansaba y decidía soltarme, pero antes de eso me sacaba mis medias y me decía que se las quedaría como un trofeo en vez de cuero cabelludo. Hasta el día de hoy cuando lo veo en alguna reunión familiar, no hemos vuelto a hablar sobre eso, él ya es casado y tiene hijos, pero de vez en cuando lo he captado dirigiendo su mirada hacia mis pies, ¿o será mi imaginación?

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  42. ¿Quisieran poder conseguir las medias de los hombres guapos que les guste? Aquí les voy a compartir un tip sobre como he logrado quedarme con los calcetines de hombres desconocidos que veía en la calle, que me parecían atractivos, y que me han entregado sus calcetines, para que ustedes también puedan intentarlo.
    En primer lugar, inviertan en comprar varios calcetines nuevos, que se vean bien, que sean presentables y atrayentes.
    Como segundo paso, consíganse un maletín o mochila donde llevar los calcetines y una libreta o cuaderno para poder anotar algunos datos.
    Tercero, detecten al hombre más guapo que les atraiga la atención. Observen qué tipo de calzado y calcetines lleva puestos.
    Acercarte a él y preguntarle si podrías hacerle una breve encuesta.
    Le vas a decir que estás trabajando como encuestador y que están realizando un estudio de mercado para analizar los gustos de los hombres, de diversas edades y circunstancias, en la actualidad.
    Le dices que te han asignado ofrecer gratis calcetines de hombre para que la gente pruebe qué tal le queda y qué tal se sienten y así probar la calidad y aceptación de los mismos por parte del público masculino. Le explicas bien a fin de ganarte su confianza. Vas bien vestido, presentable.
    Le muestras la variedad de calcetines nuevos que te han asignado y que escoja cuál de todos le agrada, que escoja un par, el que más le guste.
    Ahora le informas que ese par de medias que él ha escogido, puede ser suyo gratis. La compañía te ha enviado a regalarlos sin ningún costo, pero con una única condición: que a cambio de regalarle esos calcetines nuevos, él te entregue sus propias medias que está usando en este momento y tiene puestas en sus pies.
    Si acepta, el siguiente paso consiste en pedirle que se saque sus zapatos y luego que se saque sus medias. Pregúntale si desea él mismo hacerlo o prefiere que tú lo hagas. Para esto debe estar sentado o hallar un lugar cómodo. Si él acepta que tú se lo hagas, te ganaste.
    Una vez que tienes sus medias usadas en tus manos, las vas a guardar en una bolsa hermética, para conservar el calor y olor de los calcetines que ha estado usando durante todo el día, o quién sabe cuánto tiempo.
    Una vez que se ha puesto los calcetines nuevos, y antes de que se vuelva a poner sus zapatos, le dices que necesitas tomarle una foto a sus pies usando esas medias nuevas para analizar qué tan bien se adecuan al pie y, a la vez, para que la empresa que te ha enviado compruebe que en verdad se las has regalado a alguien y que no te estás quedando con los calcetines para ti mismo. Aprovechas para tomarle fotos a sus pies con medias en diferentes poses, para el recuerdo, con su permiso.
    Finalmente le haces preguntas para la encuesta, como: ¿cuánto calza? ¿qué tipo de medias suele usar: de vestir, formales, informales, etc.? ¿qué colores usa: negras, blancas, etc.? ¿cómo las consigue: dónde las compra o si se las regalan su pareja, familiares, amigos? ¿le gusta usar medias cortas, normales o largas? ¿le gusta las medias delgadas, gruesas, transparentes? ¿cada cuánto se cambia de calcetines: a diario, cada cuantos días? ¿cuánto le suele durar sus medias: meses, años? ¿cómo siente estas nuevas medias nuevas: cómodas, ajustadas, sueltas, etc.? ¿si puedes tocarla tú para sentir la suavidad de la textura de la media sobre su pie? ¿si va a seguir comprando las medias de siempre o si se animaría a cambiar y comprar esta marca de medias en el futuro? (le muestras que tienes medias adicionales de diferentes colores y estilos, para ofrecerle por si él desea adquirirlas).
    Le indicas que puede volver a meter sus pies con medias en sus zapatos (o si él dejaría que tú lo hagas por él), le agradeces por su participación y cooperación en la encuesta o estudio de mercado, te despides de él con un apretón de manos, le deseas que tenga un buen día y te marchas. Y él queda contento y complacido sintiéndose como nuevo con sus medias nuevas en sus pies. Finalmente, te alejas mirándole sus pies y cómo le quedan esas nuevas medias dentro de sus zapatos.
    ¿Te animas a intentarlo? A mí me ha funcionado.

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  43. Yo estaba en un pub, tomando unas copas con unos amigos, cuando entró este apuesto hombre de negocios, bastante ebrio.
    Se veía guapo y con buen cuerpo. Se quitó su saco azul, exponiendo su camisa de vestir blanca y corbata azul. Se acercó a una mesa, se sentó en el mueble y puso sus pies sobre la mesa. Cerró los ojos y se quedó dormido.
    Mis amigos tuvieron que irse para tomar el tren, así que me quedé para terminar lo último de mi trago. Mientras tanto, no podía dejar de mirar a este ejecutivo, guapo y alcoholizado, y sus zapatos. Me acerqué al tipo y le pregunté: "Oye, ¿estás bien? Levantó la cabeza por un momento, me miró y me contestó: "¡Otra cerveza!" y luego vuelve a cerrar los ojos. Como el lugar estaba oscuro y había poca gente, aproveché para tocarle sus zapatos y, de paso, como quien no quiere la cosa, sus medias negras.
    "¿Dónde vives? ¿Quizás te pueda acompañar a la estación?"
    "No lejos de aquí... estoy hospedado en un hotel ... queda por allá".
    "Está bien, puedo llevarte de regreso a tu hotel".
    "Está bien..." (eructo)
    Ayudé al extraño a levantarse y casi se cae, le dije que me indicara por dónde ir. Le hice conversación para intentar mantenerlo despierto.
    "¿De dónde eres?"
    "Birmmmmmingham ..."
    "Está bien, y a qué te dedicas?"
    "Finanzas... Dinero dinero dinero. Jajajaja" (tenía sentido, dada la calidad de su traje y sus zapatos); "¿y tú?" (hipo)
    "Soy desarrollador de software".
    "¡JA! ¡Neeeeeeeeeerd! Pero nah, estás bien, te lo agradezco por haberme traído a mi hotel".
    Después señaló y dijo con dificultad: "¡Ooohh! Aquí está ..." y sacó la llave de su habitación. Pensé: está a punto de perder el conocimiento. Lo ayudé a subir las escaleras y con su llave abrí la puerta de su habitación. Lo llevé a la cama y él se dejó caer, con la cara sobre el cubrecama, y quedó allí tendido con las piernas estiradas sobresaliendo del borde de la cama.
    Ya estaba roncando. Lo observé echado en la cama, y ​​lo tranquilo que se veía, y un pensamiento malvado comenzó a invadirme: podía hacer lo que quisiera y él nunca lo sabría.
    Me acerqué a un lado de la cama, le toqué su pierna y le dije: "Oye, ¿puedes escucharme?". No respondía. Le toqué mas fuerte su pierna y todo lo que hizo fue seguir ronqueando. "Bien, está profundamente dormido".
    Luego me acerqué al pie de la cama y admiré sus zapatos: unos mocasines negros de cuero suave. Le saqué uno de sus zapatos, con cuidado, y miré dentro y vi que eran italianos (talla 44); lo más interesante fue el olor ¡fue fenomenal! Ligeramente agrio, varonil y mezclado con el cuero. Mi erección era dura como una roca en este punto. Le quité su otro zapato y admiré sus calcetines: Calcetines de vestir azules que eran ligeramente transparentes, con material más sólido sobre los dedos y el talón. Me arrodillé, presioné mi cara contra sus pies e inhalé profundamente; fue glorioso. Me quedé allí por unos momentos y seguí inhalando profundamente. Mientras tanto, el tipo seguía roncando suavemente.
    Proseguí, le levanté su pierna y lentamente manoseé todo su calcetín derecho: tobillo, talón, planta, dedos del pie. Su pie tenía un arco agradable. Entonces levanté su pie, me senté en la cama y metí sus dedos en mi boca. Procedí a chupar cada uno de los dedos individualmente, lamiéndolos entre ellos para probar el sudor, con pequeños mordiscos. Su pie se contrajo levemente, mientras lo hacía (supongo que era cosquilloso), y ciertamente no quería despertarlo, ya que lo estaba disfrutando bastante así.
    Después de haber mojado lo suficiente el pie derecho, me pasé a trabajar sobre su pie con calcetín izquierdo y procedí a hacer lo mismo, mientras yo disfrutaba de mi sabroso manjar. Para mí no era suficiente, sino que tenía que proseguir con esto. Yo quería seguir explorando a este hombre tanto como pudiera, mientras que él era mío.

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  44. El otro dia vi a un joven ejecutivo (unos 30 años) con traje a medida muy caro,tirantes de botones, camisa con gemelos, corbata, medías negras transparentes y mocasines castellanos negros de pala baja y tan desgastados que en cada paso se le salían un poco del pie. Decidí seguirlo entro en un restaurante caro y se sentó en una mesa en la que le esperaba un cliente. AL rato en plena conversación con dicho cliente empezó a jugar con sus mocasines sacando el pie completamente y mostrando sus hermosas plantas y el interior de sus mocasines los cuales tenían bastantes manchas de sudor. El cliente le pregunto por sus zapatos y este le respondió que eran muy caros pero muy cómodos y que lo único malo es que con el uso se soltaban. Yo me quede fascinado tanto por el ejecutivo como por la conversación.

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  45. "¿Qué hacemos con él?”, preguntó mi secuestrador gigante.
    Mi secuestrador pequeño le respondió: "Atémoslo y llevémoslo en la maletera del auto".
    Pensé algo rápido. Mientras el gigante me cargaba amarrado, empecé a frotar mi mocasín izquierdo contra el derecho para sacarme un zapato y que cayera al piso para dejar un rastro a la policía. Felizmente no notó mi pie con calcetín de nylon negro y sin zapato.
    Cuando llegaron a su guarida, el gigante me sacó de la maletera y me cargó sobre su hombro.
    Me puso sobre una alfombra roja contra una pared. Jimmy, el gigante, agarró mi tobillo descalzo y dijo: “Parece que perdió un zapato, ¿eh, Mick?”-
    Mick, el pequeño, sacó una bolsa negra y allí estaba el zapato que yo mismo había tirado en el camino. Él lo había hallado: “Buen intento, muchacho”, dijo Mick. “Pero nadie te va a encontrar aquí”.
    Jimmy me sacó mi otro zapato que aún lo llevaba puesto y se lo entregó a Mick, quien olió el interior y lo guardó en su bolsa negra junto con mi otro zapato.
    Jimmy sostenía mi tobillo izquierdo, su dedo pulgar rozó la planta de mi pie y la presionó ligeramente. “Bonitos calcetines, muchacho. A mí también me gustan los calcetines negros delgados de vestir”.
    Mick puso cinta de embalaje sobre mi boca. Traté de escaparme arrastrándome por el piso pero Jimmy me atrapó jalándome de mi pie.
    Luego me puso en una cama y me ató.
    Apagaron la luz y ambos salieron de la guarida.
    De repente, escuché que Mick partía en su auto e inmediatamente ingresó Jimmy a la guarida donde me habían dejado.
    Encendió la luz, tomó un trago de su botella de cerveza y se acercó a la parte de la cama donde se encontraban atados mis pies aún en medias negras. Acercó una silla, extendió su brazo y tiernamente tocó la planta de mi pie izquierdo. Traté de retirar mi pie, pero no podía moverlo debido a las ataduras. Él me tenía en su poder y podía hacer conmigo lo que él quisiera. Se sonrió y empezó a masajear mi pie izquierdo con ambas manos. Yo sentía algo relajante pero ¿qué estaba haciendo ahora? Acercó su nariz hacia mi media negra y se puso a olerla. Parecía como si se estuviera autoestimulando con eso. Cuando dejó de olerla, siguió masajeando mi pie izquierdo y luego pasó a hacer lo mismo con mi pie derecho. Yo me movía y luchaba lo más que podía para liberarme, pero sin éxito. Dentro de mi pensaba: "No, no no". Pero extrañamente yo experimentaba una sensación placentera. “Parece que no soy el único que está disfrutando esto, no?”, dijo en voz baja. “No te preocupes, me cercioraré de que también sea placentero para ti”.
    Él seguía autoestimulándose y gemía mientras masajeaba mi pie con una mano, y a veces se inclinaba y acercaba su nariz para disfrutar del olor de mi media negra. A veces pasaba ligeramente su dedo índice por los dedos de mi pie, haciéndome cosquillas. lo cual me hacía reír. “Oh sí, nos vamos a divertir esta noche”.
    En eso, retorna Mick. Al ver la escena, quiso unirse. Se acercó a los pies de la cama y tomó mi otro pie. Empezó a tocarlo, agarrarlo, manosearlo, masajearlo, para luego meterse mi pie a su boca y saborear mis medias negras. Ambos estaban muy erotizados con mis medias de vestir negras. Mick sacó de su bolsa negra uno de mis zapatos y me lo puso. Luego me lo sacaba y eso parecía excitarle. Hasta que finalmente se cansaron de tanta morbosidad y me dejaron en un descampado, sin zapatos, y se quedaron con mis medias. No me robaron dinero, celular, reloj ni ninguna otra pertenencia. Ha sido una de las experiencias más extrañas de mi vida.

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  46. Mi jefe es muy guapo y va siempre vestido con trajes caros(a veces solo con tirantes y otras también con chaleco) y calza unos mocasines muy bajos y medias de naylon. Un día entre en su despacho y mientras conversabamos se quito uno de sus mocasines y empezó a hacerse un masaje en el pie. Me dijo que si no me importaba que habia tenido un día muy largo y los pies los tenía muy cansado yo le dije no había problema. De repente me puso delante el pie y me dijo que le diera un masaje. Mientras que lo hacía el se fue desaflojando la corbata y abriéndose el chaleco (ya ante de que yo entrará se había quitado el saco). Cuando ya llevaba un buen rato palpando su hermoso pie embuelto en medias negras finas transparentes me puso delante el otro pie todavía con el zapato puesto y me dijo que se lo quitará. Yo se lo quite lentamenente y mire dentro estaban realmente sudados y olian deliciosamente no vi la marca porquesta estaban muy borrada pero parecían carós. Seguidamente lo solté y empeces a masajearle su otro pie y el aprovechaba para desabotonarse tres botones de la camisa mostrando asi su pecho Velludo y se pasaba la mano por el. Trascurrido un tiempo el retiro los pies y me dijo que me fuera. Para mi fue una gran experiencia.

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  47. El comentario de arriba me ha hecho recordar que antes yo trabajaba en una tienda de lámparas italianas. El dueño era italiano y solía sacarse los zapatos y poner sus pies con medias sobre el escritorio a vista y paciencia de todo el mundo, de modo que todos los empleados que pasábamos por delante de su oficina, podíamos ver las medias que usaba cada día. Yo buscaba cualquier excusa para aproximarme lo más posible a sus provocativas medias. A veces fingía que se me caía el lapicero en su escritorio y "de casualidad" mi mano topaba con sus medias, las cuales las solía sentir calientes y sus pies carnosos. Una vez hice como que me tropecé y que caí sobre su escritorio, aproveché ese rápido instante para abrazar sus pies y hundir mi nariz entre sus dedos y la planta de sus pies. Aproveché para aspirar profundo el olor de sus medias. ÉL se quedó estupefacto, se tardó un poco en reaccionar. Mi reacción fue la de disculparme y hacer como que le limpiaba sus medias de lo que se las había ensuciado con mis manos y con mi nariz. Me dijo que no me preocupara por eso pero que tuviera más cuidado la próxima vez. Realmente él pensaría que yo era una persona muy torpe porque siempre me caía o me pasaba algo muy cerca de sus pies. Sólo espero que no se diera cuenta de que sus medias, en realidad, me atraían fuertemente. Al llegar a mi casa, me masturbaba pensando en las medias que él había usado ese día y las posibilidades que yo había tenido de estar cerca de sus pies. A la que yo envidiaba era a su secretaria que tenía que estar la mayor parte del día con él, admirando sus elegantes calcetines en esos pies tan varoniles y masculinos a diario. Gracias por hacerme recordar aquellos tiempos. Ahora que lo pienso, hubiera podido aprovechar más oportunidades je je.

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  48. La otra noche fui a un dentista. Era extranjero. Cuando ingresé a su consultorio no vi ningún diploma o título, pero ya estaba allí, había pagado por la atención y me dolía mucho una muela. Al verme ingresar, le dijo a su recepcionista que se podía marchar a casa. Me indicó que me echara en su sillón reclinable. Me hacía conversación mientras preparaba sus instrumentos y halagaba mi vestimenta. Noté que dirigía su mirada hacia mis pies. Mis pies estaban ligeramente elevados sobre el sillón reclinable. Ese día, yo estaba usando un terno Kenneth Cole porque había estado en reuniones de negocios todo el día. Mi camisa y corbata eran monocromáticas, calcetines Perry Ellis negros delgados de vestir y zapatos Salvatore Ferragamo negros brillantes de vestir sin pasadores.
    Me dijo que me iba a curar la muela adolorida pero que iba a ser doloroso por lo que propuso aplicarme un sedante o anestesia general para que no sintiera nada de nada. Mis músculos se relajaron y mis ojos se cerraron. Aunque estaba dopado y semi-inconsciente, aún estaba despierto. Olvidé advertirle que a mí la anestesia no solía hacerme mucho efecto y que tendría que haber aplicado una dosis mayor. Ya no podía mover mis labios para decírselo. El dentista pensó que yo ya estaba sedado completamente y que no podía escuchar nada, pero sólo estaba anastesiado parcialmente.
    Yo esperaba escuchar el sonido del taladro dental, pero en vez de eso escuché la voz del doctor que decía para sí mismo: "¡Vaya, vaya, qué tenemos aquí! Mmmmm". Luego escuché que las rueditas de su banqueta rodaban hacia el otro extremo del sillón reclinable, donde mis pies se encontraban elevados. Puso sus manos alrededor de mi pie y las iba subiendo lentamente por mi pierna. Yo sentí como que jalaba del talón de mi zapato y mi pie quedó parcialmente salido del zapato, exponiendo el talón de mi media. Dejó mi zapato así colgando de mi pie. Procedió a sacarme mi otro zapato dejándolo igualmente colgado de los dedos de mi pie. En eso, de repente sentí que el sillón reclinable se movía y la parte donde estaban mis piernas iba elevándose por encima de la altura mi cabeza.
    Ahora, este extraño me estaba sacando mis zapatos contra mi voluntad. Yo podía sentir cómo mis zapatos se deslizaban por los arcos de mis pies hasta que fueron retirados completamente. Ahora mis pies con medias negras delgadas y sudorosas estaban siendo expuestas. Mis pies, talla 45, estaban a merced del doctor. El dentista presionó su rostro contra las plantas de mis pies y aspiró con su nariz profundamente. ¡El supuesto doctor estaba oliendo mis pies! También los manipulaba hacia adelante y hacia atrás, pasaba sus dedos por mis plantas, exploraba la forma de mis pies con su lengua, las besaba y acariciaba como si fuesen objetos de culto dignos de ser adorados. Me estaba empezando a excitar toda esta situación. El dentista pensaba que yo no podía sentir nada y por eso se atrevía a hacerles todas esas cosas a mis pies. Él estuvo largo tiempo adorando mis pies en medias negras ejecutivas, importadas. No terminaba de saciarse con ellas. A veces podía sentir su boca en la parte superior de mi pie, dejando húmeda mi media. Le daba pequeños mordiscos a mis dedos, arcos y talones. De repente, emitió un gemido morboso a la vez que agarraba mis tobillos y levantaba mis pies para llevárselos a su rostro, nariz, boca, dientes, lengua. La energía que aplicó hizo que mis pies en medias se tensionaran y se estiraran. Parece que le gustaba eso y las acercaba a su mejilla. Luego perdí el conocimiento.
    Cuando me desperté, tenía puestos mis zapatos (apuesto que él se excitó al volvérmelos a colocar en mis pies) y el dentista actuaba como si no hubiera sucedido nada fuera de lo común. Sonrió y me dijo: "Listo, y no te dolió nada, ¿no?".
    Mientras caminaba hacia mi auto, me puse a pensar en lo indefenso y vulnerable que había estado y cómo ese tipo había abusado de mis pies con medias y había hecho con ellas todo lo que quiso y quién sabe qué cosas más.

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  49. Yo trabajo en una agencia de publicidad y marketing como creativo. Una vez tuvimos que convencer a nuestro jefe para que aprobara una determinada campaña para un cliente. Pero él se mostraba reluctante y con cara de muy serio, no le parecía bien ninguna idea que le aportábamos. Por más que queríamos que se animara, sonriera y aceptara nuestra propuesta, no lo lográbamos. No se me ocurría ninguna solución en ese momento... lluvia de ideas... pasaron por mi mente mil formas de lograrlo. Se me vino una forma picaresca y algo atrevida de lograrlo. Aproveché esa oportunidad para desatar mis instintos y a la vez lograr lo que queríamos. Me dirigí hacia debajo de la mesa de reunión donde estaban los pies del jefe. Me abalancé sobre su pie derecho, lo agarré fuerte y lo puse sobre la mesa. Rápidamente, antes de que él pudiera reaccionar, me animé a quitarle su zapato que felizmente no tenía pasadores, así que salió más fácil de su pie. Le había colocado su pie con media negra sobre la mesa de la junta directiva y le empecé a hacer cosquillas en la planta de su pie con mis manos. Inmediatamente empezó a reír a carcajadas; los dedos de sus pies se movían como locos, el arco de su pie se estiraba y se contraía de la impotencia por no poder parar de reír, él quería liberarse y forzaba para soltar su pie de mis manos, pero yo lo agarraba más fuerte aún y aumentaba la intensidad de las cosquillas; era un placer-tortura.
    Estando así, en esa situación, le pregunté si iba a dar su aprobación a nuestra propuesta, pero él seguía negándose rotundamente a pesar de su fuerte risa incontrolable e involuntaria.
    Entonces se me ocurrió que tendría que ser más intensa la tortura-diversión. Como buen líder, les dije a los demás empleados que se encontraban allí en la sala de reunión: "¡todos al ataque, vamos, ayúdenme, cójanle su otro pie, sáquenle su zapato y háganle cosquillas hasta que ceda. No pararemos hasta que apruebe nuestra idea!".
    Los demás lo pensaron 2 veces, pero al verme tan decidido y viendo que el jefe se encontraba indefenso y era vulnerable a las cosquillas, se pararon de sus asientos para meterse por debajo de la mesa, se dirigieron hacia su zapato y allí debajo de la mesa, le arrancaron su zapato que sin mayor esfuerzo salió volando por los aires.
    Las manos de todos los presentes empezaron también a hacerles cosquillas a sus pies hasta lograr que se rindiera y cediera a nuestro pedido. La imagen es esta: el pie derecho del jefe sobre la mesa de reunión, con su media negra, sujetado por mis manos y yo haciéndole cosquillas a su media, mientras que su pie izquierdo era dominado debajo de la mesa por los demás empleados quienes aprovechaban para desquitarse del jefe que había sido muy déspota y estricto con ellos, y les había obligado a trabajar mas horas y les había reducido su sueldo.
    Los empleados se habían posicionado debajo de la mesa, arrodillados ante los pies del jefe, haciéndole cosquillas sin límites. Uno de ellos se había echado boca abajo sobre el suelo para estar en mejor posición y también le agarraba la media negra del ejecutivo para hacerle cosquillas con lo que encontraban allí: lapiceros, llaveros, monedas, tarjetas de crédito, ¡e incluso una de esas cuchillas que se usan para abrir los sobres de papel! Casi llegaron a rasgar un poco su media, ¡oops!
    Uno de ellos sacó su celular y se puso a grabar todo la escena de las cosquillas a los pies del jefe, pensando en subirla a internet y hacerla viral. Todo era muy intenso.
    En una de esas, el jefe, al verse impotente y que no iba salir ganando de esa situación, muerto de risa, finalmente decidió aceptar nuestra propuesta, pidiéndonos que por favor dejáramos en paz sus pies con medias. Hicimos que lo firmara por escrito para que luego no cambiara de opinión.
    Al final, todos complacidos con el resultado, le volvimos a colocar sus zapatos en sus pies y nos despedimos del jefe, quien quedó exhausto y en adelante lo pensaría 2 veces antes de tratar mal a sus empleados. Ya conocíamos su punto débil y él sabía de lo que eramos capaces por defender nuestros trabajos.

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  50. Acabo de descubrir esta página y pensé en compartir una experiencia que me sucedió hace algún tiempo. Yo, en mi cargo de administrador, debía lidiar con un proyecto muy importante para la empresa donde trabajo. Si el proyecto concluía exitósamente, yo podía ganar mucho dinero y la compañía mucho más. Después de varias semanas, finalmente termine el proyecto y ayudé a la compañía a ganar una enorme suma de dinero. Yo estaba saltando de alegría. Ese día recuerdo que yo estaba en terno y estaba usando nuevos zapatos Prada negros, talla 45, con medias negras muy delgadas.
    Al pasar por el parque, me encontré con mis amigos y colegas de la empresa. Inmediatamente les comenté que había hecho un gran negocio y que los gerentes de la compañía estaban complacidos y me ascenderían. Ellos se alegraron por mi logro y querían celebrarme y festejarme. Entonces todos, en conjunto, me cogieron de las manos y de los pies y empezaron a lanzarme al aire (yo mido 1.80 m), luego me atrapaban y me volvían a lanzar hacia arriba, nuevamente me cogían en la caída y me lanzaban de nuevo, y así lo hicieron varias veces más. En ese momento, uno de mis zapatos se salió de mi pie por tanto movimiento, me volvieron a lanzar por los aires y mi otro zapato se me salió y cayó al piso. Quedé descalzo, en medias negras. Ellos notaron que se me habían salido ambos zapatos de mis pies. Entonces decidieron jugarme una broma. Mientras algunos de ellos me sujetaban, otro se encargaba de recuperar mis zapatos, esconderlos y llevárselos. Yo no podía moverme. Les dije: oigan, muchachos, aunque yo haya ganado más dinero que ustedes, no tienen por qué hacerme pasar por esto. Ellos seguían riéndose imparables. Algo peor sucedió. Me agarraron entre todos, pero ahora yo estaba boca abajo, mirando hacia el piso, el cierre de mi pantalón se había abierto con tanto manoseo, y me llevaron hacia una pileta o fuente cercana. Estaban listos para lanzarme a la pileta. Yo les pedía que dejaran de bromearse de esa manera conmigo. Finalmente me tiraron al agua y allí estaba yo, formal, con mi terno negro, corbata de seda, empapado dentro de la pileta, con las piernas que sobresalían de la pileta, sin zapatos y en medias. Yo estaba completamente mojado desde mi cabello con gel hasta las puntas de los dedos de mis pies. Ellos se mataban de la risa y no paraban. Yo no podía hacer nada más que seguirles el juego y reírme con ellos. Uno de ellos gritó: Oye, Walter, tus zapatos nuevos se ven muy bien, los tomaré prestados y les daré un buen uso, gracias. Entre todos se pasaban mis zapatos y metían sus narices para saber cómo olían por dentro, mientras que algunos otros metían sus manos dentro del zapato y los sentían tibios y con algo de mi sudor de lo que los había tenido puestos toda la mañana. Jaja, lamentamos que tengas que irte caminando descalzo. Volvieron a reír a carcajadas. Entonces yo les grité: ¡oigan, no, no, tengo que regresar a la oficina y cómo voy a hacerlo así como estoy, mojado y sin zapatos! Pero eso no les importó y huyeron corriendo llevándose mis zapatos nuevos entre sus manos.
    ¿Qué podía yo hacer? Se habían apoderado de mis zapatos y me encontraba totalmente empapado. Nada más que salir de la bendita pileta y dirigirme hacia la oficina con mi terno mojado y caminando con mis medias mojadas. En el trayecto hacia mi oficina, noté que algunos hombres me miraban asombrados al verme en terno, todo mojado, y otros se quedaban mirando fijamente mis pies caminando solamente en medias por las calles. ¿Por qué me miraban tanto mis pies? Era vergonzoso. Empecé a correr hasta que llegué al edificio, subí el ascensor con gente (que me miraba en forma extraña), me metí a mi oficina y me sequé la ropa. No me devolvieron mis zapatos por lo que tuve que retornar a casa manejando con mis pies en medias. Al llegar a casa, mis medias estaban maltratadas, rasgadas, desgastadas, manchadas, embarradas, y con varios orificios.
    Son mis colegas, siempre nos jugábamos bromas pero esta vez habían llegado muy lejos. Y esto no se iba a quedar así. Yo iba a buscar venganza.

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  51. Esa historia me ha recordado otra que me ocurrió a mi. Un día de mucha lluvia volvía de mi oficina con traje gemelos corbata mocasines bajos y medias de naylon finos. De repente empezó a llover muy fuerte no había traído paraguas y empecé acorrer porque el traje se me estaba mojando y el agua estaba entrando en mis zapatos. En mitad de la carrera se me salio un zapato y lo arrastro el agua yo grite "Coger mi zapato por favor son muy caros" y empecé a correr detrás de el para alcanzarlo en ese momento salio disparado mi otro mocasín y los perdí de vista. Tuve que volver a mi casa en medias y totalmente empapado cuando llegue estaban sucias y rotas. Todavía me pregunto donde habrán ido a parar mi elegantes y caros mocasines de corte bajo y pienso porque se me salieron quizás porque tenia el pie húmedo o porque al ser bajos se saldrían mas fácilmente.

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  52. Esto sucedió en Semana Santa. Todo empezó cuando Sergio, un hombre alto, fornido y muy guapo, que compartía su habitación con 2 roommates o compañeros de cuarto, regresaba a casa luego de haber recorrido las 7 Iglesias por Jueves Santo. Como quería dormir bien, tomó una doble dosis de pastillas para dormir. Se tiró en la cama boca arriba, vestido tal cual como había llegado, en terno, y no se había sacado los zapatos. Se había puesto unos zapatos negros brillantes que hacían juego con su terno. Su compañero de cuarto, Oscar, era fetichista de pies, pero Sergio no lo sabía. Vio una oportunidad para dar rienda suelta a su fetichismo. Sergio calzaba 43. Como Sergio había estado caminando visitando 7 iglesias, Oscar sabía que los pies de Sergio estarían cansados, calientes, sudorosos. Al tirarse en la cama, uno de los zapatos de Sergio estaba medio salido del talón. Oscar se acercó más para observar con detalle. Pasó su dedo por ese enorme talón del hombre durmiente, con miedo de que se fuese a despertar y lo descubriera tocándole sus pies. Pudo palpar el material de nylon muy suave, delgado, casi transparente, eran unas medias muy elegantes, finas y costosas.
    Le pareció sentir un olor que emanaba de ese talón y acercó su nariz para comprobar el olor de ese pie que le atraía tanto. Una vez que olió ese aroma, sintió una excitación que nunca antes había sentido. Al verlo tan fuerte y masculino allí, vulnerable e inconsciente, Oscar podría hacer con los pies del hombre lo que él quisiera y se le ocurriera, y Sergio nunca lo sabría.
    Tomó el loafer o mocasín brillante y elegante y lo fue retirando del pie del galán en forma lenta y temerosamente. Le excitó ver esa media de color negro intenso cubriendo ese enorme pie. No aguantó más y se abalanzó sobre ese pie para adorarlo, olerlo, besarlo, lamerlo, como nunca antes lo había hecho con ningún otro pie de un hombre tan guapo. Lo alzó, a la vez que se alzaba la pierna del hombre, quien no sentía nada de lo que le estaba haciendo Oscar morboseándose. Sentía que tenía poder sobre ese hombre. Sergio no solía permitir que nadie le tocase sus medias negras y menos por alguien de su mismo sexo. Oscar había intentando tocar los calcetines de Sergio varias veces anteriormente, estando despierto, pero Sergio no se lo permitía. Ahora Oscar se encontraba explorando la media de Sergio, quien no podía hacer nada para evitar eso. Sintió como que estaba violando el pie con media de Sergio. (Fin de la primera parte).

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  53. (Segunda parte). Estaba en su máximo placer cuando de pronto ingresó sin avisar el otro roommate, César. Al entrar, quedó sorprendido con la escena que estaba viendo delante de sus ojos: ¿Qué estás haciendo agarrando y oliendo la media de Sergio? Voy a despertarlo para decirle. Oscar se asustó y pensó que sería su fin. Entonces se le ocurrió hacerle una propuesta. Mira, yo sé que tú eres gay, y te he visto mirar fijamente a Sergio en todo momento. Él ha tomado dos pastillas para dormir. Te propongo que podemos compartirlo y mantener este secreto solo entre nosotros. César dudó un poco pero más pudo la atracción de ver a ese hombre guapo que tanto admiraba y observaba y que nunca se dejaba tocar por otro hombre. ¿Qué propones?, preguntó César. Tú coge su otro pie, sácale el zapato y disfrútalo, mientras yo me aprovecho de este otro pie que será para mí. César, ni corto ni perezoso, se avalanzó sobre el otro pie del guapo hombre, que estaba en terno, y procedió a despojarlo de su rico zapato, que se veía muy apetecible. Sergio, mientras tanto, permanecía inmutable ante la violación de sus pies por parte de esos jóvenes arrechos, morbosos y excitados con las excitantes medias negras que había usado en sus pies todo el día recorriendo las calles. Los dos parecían unos locos por esas medias. De vez en cuando, parecía como que Sergio gemía, quizás estaría soñando que era su novia la que le estaba haciendo todo eso, en sus sueños. Los jóvenes apretaban con sus manos esos pies, desesperados, con esas riquísimas medias puestas, calurosas, sudadas, con olor de macho, inalcanzables para los demás, pero en el poder de sus manos ahora para hacerles cualquier cosa que ellos desearan y Sergio, que era heterosexual, no podría poner resistencia. Sus medias estaban siendo lamidas, mordidas, olidas, masajeadas, apretadas, ultrajadas, etcétera.
    Cada uno abusaba del pie que tenía en sus manos. Y se hacían la competencia de quién le hacía más cosas pervertidas a esa media negra tan provocativa y deliciosa que cada uno tenía en sus manos.
    Le alzaban la basta del pantalón para ver hasta donde llegaban las medias. Vieron sus piernas velludas.
    Les excitó más aun. Sergio estaba indefenso. ¡Qué ricas medias negras usaba! Lo habían abierto de piernas, cada uno jalando un pie para su lado. La escena era excitante. Le frotaban la planta del pie morbosamente Eran dueños de esos pies, hasta que despertara.

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  54. En Viernes Santo, entró un hombre a la Capilla de Adoración. Eran las 4 am así que no había nadie más que yo en el lugar. En eso veo que al llegar delante de la alfombra roja, se saca los zapatos y así, en medias, empieza a caminar lentamente hacia el Altar. Era un hombre alto y de buen cuerpo. No me había visto. Una vez que llegó al reclinatorio, se arrodilló, y dejaba ver las plantas de sus pies en medias negras. Se veían nuevas.
    Me sorprendió ver todo eso. Nunca antes había visto a alguien hacer algo así ni sabía que se podía hacer eso en las capillas. El hombre estaba todo vestido de negro, parecía bien religioso.
    Toda esa escena me desconcentró de mi meditación. Se puso a orar. Él estaba tan concentrado en su oración que tenía la cabeza sobre sus manos y ojos cerrados. Yo seguía observando las plantas de sus medias bien negras, desde lejos. Como lo veía bien concentrado en lo que hacía, y vi que no había nadie más, decidí cerrar la puerta de la capilla sin que él escuchara ningún ruido. De paso, revisé sus zapatos, eran nuevos, talla 46, nunca había visto tan grandes. Los acerqué a mi nariz y sentí su olor. No quería perder más tiempo y decidí sentarme más adelante, acercándome hacia donde él estaba para poder observar mejor sus medias y posicionarme mejor. Me arrodillé detrás de él y me puse en posición de oración, pero con mi frente sobre la alfombra roja. Si él volteaba, vería que yo estaba orando. Estando tan cerca de sus pies, pude leer la marca de sus medias: Armani. Sus rodillas estaban sobre un acolchado rojo del reclinatorio y sus pies sobre la alfombra roja. Me acerqué un poco más adelante, de forma que mi nariz llegara hasta las plantas de sus medias negras para poder olerlas, sin perturbar su meditación. Olían riquísimo, olor a hombre varonil, se ve que había estado caminando bastante. Yo me había excitado tanto que me eché boca abajo sobre la alfombra y oliendo sus medias negras, empecé a frotar mi cuerpo sobre la alfombra. Olí su talón. Felizmente él permanecía concentrado en su rezo e inmutable a cualquier distracción externa. Oh, cómo me moría de ganas por tocárselas y acariciar la textura de esas medias negras de marca, pero no podía arruinar esta oportunidad.
    Se me ocurrió algo para poderle tocar sus medias. Encontré una pelusa sobre la alfombra y se la puse sobre la planta de su media. Entonces cogí su pie por el empeine con una mano, y mi otra mano la pasé por el contorno de su media. Uff, lo disfruté un montón, me excité, se me erectó. Como él estaba tan concentrado se tardó en reaccionar, por lo que aproveché para pasar mi lengua sobre su media. En eso, el hombre voltea intrigado para ver que sucedía con su media porque sentía cosas raras en su pie. ¿Qué sucede?, me preguntó. Descuide, le dije, es solo que tenía una pelusa en su media pero ya se la estoy sacando, terminaré pronto; sólo déjeme agarrar sus dedos del pie así y flexionarlos, para estirar más la media y que la pelusa salga fácil; ya casi lo logro. Acerqué más mi rostro como para ver mejor, la olí un poco más, le dí un pellizcón a su planta del pie y le dije: "¡listo, ya está, se la saqué!". Y le mostré la pelusa que había estado sobre su media."
    ¡Oh, muchas gracias por ser tan amable!", me dijo. "Casi pensé que serían roedores o algo así". Y movía sus pies tanto que me daban ganas de volvérselos a manosear, pero debía ser cauto y guardar la compostura. "No es nada", le dije, "cuando guste, puedo volver a ayudarlo. Mientras tanto lo dejaré rezar en paz. Le alcanzo sus zapatos para que los tenga más cerca, no vayan a ser la tentación para alguien y se los quieran robar". "¿Pero quién querría robarse unos zapatos de hombre usados?", preguntó. Le respondí: "nunca se sabe cuando puede haber cerca un fetichista de pies de hombres". "Gracias por la advertencia", me contestó, "nunca he conocido a alguien con ese fetiche. ¿Cómo será?". Nos despedimos y me dejó su tarjeta personal. Quién sabe me anime a llamarlo uno de estos días, ya les contaré.

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  55. Era Sábado de Gloria, y en la Procesión al Santo Sepulcro, vi a un hombre que caminaba en procesión junto con todo el tumulto de gente. Era rubio, cuerpo de gym, su rostro se parecía al de Chris Pratt. Me sorprendió ver a alguien así por aquí, así que lo seguí durante el recorrido. A veces me ponía detrás de él y le pisaba el taco de su zapato, el cual se le salía y dejaba ver el talón y parte de su media que, para variar, era de color negro. A veces se le salía más el zapato y llegaba a salírsele todo su pie y pisar el suelo con su media. Él volteaba para ver quién le había pisado pero yo miraba para otro lado, como que conmigo no era la cosa. A mitad del recorrido, veo que se sienta a descansar en una banca, se saca sus zapatos y empieza a masajear sus pies. Ni corto ni perezoso, saqué mi celular y empecé a tomarle fotos de sus pies con medias, así al aire, salidos de su confinamiento en esos zapatos y a vista de cualquiera que pasaba por allí. Varios pasaban por allí y se quedaban estupefactos mirando al guapo hombre masajeando sus pies en medias negras de vestir. En eso se acercaron unos ladronzuelos, y al ver los zapatos a un costado, los cogieron y salieron corriendo a más no poder. El hombre reaccionó, se paró, quiso perseguirlos pero ya estaban muy lejos. Se quedó desconcertado por lo ocurrido, buscó a un policía a quien le mostró sus medias pero el policía, luego de observar los grandes pies del tipo, le dijo que los robos eran frecuentes por esa zona y difícilmente recuperaría sus zapatos.
    Al hombre no le quedó más que volver a la procesión así como estaba, sin zapatos y solamente en medias negras. Mientras caminaba, yo le seguía tomando fotos a sus pies con medias, sin que se diera cuenta. Con lo áspero y accidentado del piso, sus medias se iban ensuciando de tanto polvo, de los pisotones de la gente y también las medias se iban rasgando e incluso iban apareciendo agujeros o huecos en la fibra o textura negra. Lo seguí hasta que, en una de esas, paró un taxi, y desapareció de mi vista. Fue una experiencia muy inusual y excitante a la vez. Y me quedé con los recuerdos fotográficos de esas vistas. Si desean que se las comparta, me pueden escribir al correo shoeslions10O@yahoo.com

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  56. Era su cumpleaños, y a Roger le habían preparado una fiesta sorpresa por su cumpleaños. Roger cumplía 28 años, lo acababan de ascender al cargo de administrador de una sucursal del Banco, era soltero, muy guapo, medía 1.78, de cuerpo formado, calzaba 43, pero tenía un defecto: era mujeriego.
    Sus amigos lo esperaron dentro de su casa a oscuras para sorprenderlo y saludarlo. Muchos le tenían unas ganas a Roger, ya sea porque les gustaba o porque querían desquitarse de él por las bromas que solía hacerles.
    Roger regresaba agotado a casa de noche luego del trabajo, con ganas de sacarse los zapatos y echarse en la cama. Cuando abrió la puerta, así a oscuras, sintió cómo varias manos lo cogían de pies y manos y lo llevaban en el aire hasta sentarlo en una silla delante de una mesa y encendieron las luces. Todos le gritaron "¡Sorpresa!" y le cantaron "Feliz cumpleaños". Se veía muy elegante con su terno azul, camisa blanca, corbata azul de rayas, zapatos Calimod negros y medias Lancaster negras de terno. Cuando Roger iba a soplar las velas de su torta, todos se dirigían miradas cómplices entre sí y, de repente, le hundieron su cara dentro de la torta. Roger luchaba por sacar su rostro de la torta, pero varias manos se lo impedían. En eso sus amigos le empezaron a lanzarle cosas y embarrar todo su terno elegante con crema chantilly, espuma de afeitar, mostaza, ketchup, gaseosa, jugos, leche, cerveza e incluso pintura. Estuvieron largo rato así, embarrando todo su terno más y más.
    Uno de sus amigos, Carlos, aprovechó para meterse debajo de la mesa, mientras los demás estaban entretenidos y no se fijaban en él por el mantel que cubría la mesa. Una vez abajo, llegó a los zapatos de Roger, los vio provocativos, los empezó a tocar y con un jalón fuerte se los arrancó de sus pies acalorados por haber estado encerrados en esos zapatos desde la mañana. Le cogió sus calcetines y los trajo hacia adelante para poder olerlos, manosearlos y hacerles lo que se le antojara. Roger estaba ocupado tratando de liberarse de todo lo que le estaban haciendo arriba así que no estaba tan consciente de lo que le estaba haciendo a sus pies o pensaría que era parte de la broma.
    Su amigo siempre había tenido ganas de tener en sus manos los pies de Roger y esta era su oportunidad. Estuvo largo rato metiéndose a la boca los pies de Roger, aspirando su aroma, manipulando sus pies a su antojo. Decidió sacarle una de sus medias negras y guardarla en su bolsillo.
    En eso, a alguien se le ocurrió gritar: ¡embarrémosle también la parte de abajo!
    Entonces le empezaron a embarrar todo su pantalón, alzaron el mantel y encontraron a Carlos agarrando los pies de Roger. ¡Miren, ya Carlos se adelantó y le ha sacado sus zapatos! ¡Embarrémosle sus pies y medias!
    Mientras Carlos sostenía los pies de Roger, los demás le echaban yogurt, miel, harina, huevos, etc. sobre la media negra de Roger y sobre su otro pie desnudo. La media estaba tan embarrada que casi ni se distinguía su color negro. Carlos pasó su lengua por todo ese menjunje y, nadie se percató, pero se vino. Cuando se cansaron de todo eso, dejaron en paz a Roger, quien se levantó de la mesa, entre avergonzado y enojado, y sin saber qué hacer. Era increíble pero ese hombre fuerte y macho estaba llorando; habían lastimado su dignidad de hombre. El cierre de su pantalón estaba abierto. Humillado fue a refugiarse en su cuarto y se encerró con llave. Todos se quedaron inmóviles, estupefactos y dijeron: "quizás nos excedimos. Será mejor que nos marchemos". Carlos extrajo de su bolsillo la media de Roger y la levantó al aire mostrándosela a todos como señal de trofeo. ¡Bien!, exclamaron. ¡Vayamos al bar a celebrar con su media negra y ya veremos qué hacemos con ella!
    Cada uno iba con una idea de lo que podría hacer.

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  57. Cada vez que viajo, cuando estoy en la aduana del aeropuerto, me pongo a ver cuando los pasajeros se tienen que sacar los zapatos para pasar por revisión. Me fijo especialmente en ejecutivos con el fin de observar sus medias de vestir y de qué color las usan.
    En eso estaba un día, cuando de repente un ejecutivo pasa por las máquinas de escaneado y cuando llega al otro lado, se pone a buscar sus cosas pero no encuentra sus zapatos. Le informa a los oficiales, pero ninguno de ellos sabe dónde están sus zapatos, no vieron quién se los llevó y no pueden hacer nada.
    Un pasajero desconocido le había robado sus costosos zapatos.
    Al hombre de negocios no le quedó más que proseguir así, descalzo en medias negras de terno, hacia la sala de espera. Yo, al ver esto, lo seguí hacia la sala de espera para sentarme a una distancia prudente y poder admirar sus calcetines, sin que él me viera.
    Para mi suerte, una vez dentro del avión descubrí que justo me había tocado sentarme en el asiento junto a él. Así que todo el viaje estuve observando sus medias. Él cruzaba su pie sobre su rodilla, de modo que la planta de su pie quedaba mirando hacia mí. Durante la noche, cuando él dormía (así como todos los pasajeros y el personal también), bajé mi cabeza hasta sus pies, pude acercar mi nariz y oler su media en su pie. Olían riquísimo. Me excité. Probé tocársela suavemente, de modo que no sintiera mi mano o mis dedos ni mi lengua; aproveché mientras me cercioraba que estuviese bien dormido y le tomé muchas fotos a su pie con su media ejecutiva negra y delgada. Me autoestimulé hasta que se hizo de madrugada y encendieron las luces del avión.
    Finalmente me gané viéndolo bajar por las escaleras del avión en sus medias que habían sido adoradas por mi persona. Lo seguí por las escaleras automáticas hasta que lo perdí de vista.
    Desde ese entonces, siempre me pongo a ver a los hombres que se descalzan y si alguien se lleva sus zapatos :P

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  58. El empresario salía de haber retirado una gran suma de dinero del banco y se le había ocurrido esconder los fajos de billetes en sus medias de vestir. Pensó que nadie se atrevería a buscar allí... qué equivocado estaba.
    Dos avezados delincuentes lo habían venido siguiendo ya que habían visto cuando el empresario se agachó y escondió el dinero el dinero en sus medias.
    El exitoso empresario de excelente presencia bajaba unas escaleras cuando aparecieron los criminales. Uno de ellos le ordenó: ¡Quítate los zapatos! ¡Yo quiero que te quites los zapatos!
    Pero el empresario se resistía a hacer lo que le ordenaban y el maleante le repitió: ¡Qué te quites los zapatos! ¡Yo quiero que te quites los zapatos! ¡O lo haremos nosotros! Te sacaremos los zapatos porque ya sabemos qué llevas allí. Así que más te vale no poner resistencia. ¡Entréganos el dinero ahora!
    El empresario no pensaba entregarles nada de lo que le pedían.
    Entonces uno de los criminales dijo: ¿Así que no quieres sacarte los zapatos, no? Entonces bien, tú lo quisiste así.
    El ladrón le dio un patadón al pecho del empresario con tanta fuerza que el impacto hizo que el cuerpo del ejecutivo fuese impulsado hacia atrás. A medida que el empresario iba cayendo, sus mocasines negros se le salían de sus pies, revelando sus pies en medias negras, volando por los aires y cayendo sobre el pavimento. Con la caída, se golpeó en la nuca y quedó inconsciente, pero no había sangre.
    El empresario quedó tendido boca arriba en el asfalto, sus zapatos tirados por toda la calle y sus pies en medias sobre el piso. Ambos delincuentes aprovecharon para acercarse a sus medias negras, tocarlas y estirarlas para poder retirar los billetes que allí había escondido el atractivo hombre de negocios, que ahora yacía indefenso e impotente.
    Una vez que tuvieron el dinero en sus manos, abandonaron el cuerpo del ejecutivo y huyeron en moto.
    Un pordiosero que casualmente pasaba por allí, vio la escena y pensó que podría sacarle provecho al terno que traía el empresario, así que empezó a sacarle la ropa: primero el saco, luego la camisa, la correa y finalmente el pantalón, dejando al importante ejecutivo solamente en ropa interior. También se llevó sus zapatos de marca.
    En eso, un conductor de un camión de mudanzas que justo pasaba por allí, vio el cuerpo inerte del hombre guapo y semidesnudo tirado en la calle, y no había gente alrededor. Pensó que quizás lo habían asaltado y estaría mareado.
    Así que decidió subirlo a su camión de mudanza, se dirigió a los pies del ejecutivo, los cogió y arrastró su cuerpo hasta su camión; una vez allí tomó el cuerpo del ejecutivo entre sus brazos, lo cargó y lo introdujo al interior del camión. Observó el cuerpo atlético del empresario, que se hallaba en bividí blanco, boxer negro y medias de vestir negras. Levantó uno de los pies del ejecutivo desmayado, lo acercó a su rostro, lo olfateó profundamente; le agradaba el aroma de esa media negra delgada de nylon, sus ojos se ponían en blanco. Le pasó su lengua. "Mmmm, delicioso", exclamó, mientras se relamía los labios pensando en todo lo que podría hacer. Y se alejó conduciendo y llevando su valiosa carga con rumbo desconocido.

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