viernes, 17 de abril de 2009

FETICHISMO DE PIES, MEDIAS Y ZAPATOS

La persona fetichista es aquella a quien algún objeto (alguna prenda o parte del cuerpo) en particular le provee gran excitación sexual, y para quien esa fijación en dicho fetiche le imposibilita o dificulta que pueda relacionarse eróticamente de otra manera, pues la única manera de excitarse sexualmente es con la ayuda de dicho objeto. Por lo tanto, el fetichismo afecta directamente la vida de esa persona. No se trata meramente de que determinado objeto le guste o pueda provocar placer, sino de que la utilización o la presencia del objeto en contextos eróticos se convierte en una compulsión. Se le incluye dentro del grupo de las PARAFILIAS y también se le conoce como PARCIALISMO.

El cómo o por qué se desarrolla un fetichismo, sea específico a pies o a cualquier otro objeto, es un punto muy controvertido que no se puede responder a ciencia cierta. Sin embargo, la teoría más aceptada se basa en el trabajo del sexólogo norteamericano John Money titulado "Love Maps". El mapa sexual o erótico de cada persona, según Money, se desarrolla durante la niñez. Un fetiche dirigido a ropa interior, por ejemplo, puede instalarse como consecuencia de alguna experiencia que haya tenido el niño viendo de improviso a alguien vistiéndose con esa prenda íntima o al tener contacto con dicha prenda. En ese caso, se relaciona psicológicamente la excitación sexual con el objeto y puede, como consecuencia, desarrollarse un fetichismo.

Por eso hay que tener cuidado con los niños y sus experiencias en la infancia, ya que allí es donde se van formando y fijando los gustos sexuales que luego querrán experimentar de adultos.

Los seres humanos somos muy creativos y podemos otorgar carga erótica a un sinnúmero de objetos, personas o situaciones. Que una persona se sienta atraída por algo poco convencional no quiere decir que esa atracción sea mala o anormal necesariamente. El problema no está en el gusto, sino en la fijación o la compulsión por el gusto.

El desorden fetichista es mucho más común entre hombres que en mujeres, pero no es absolutamente exclusivo de ellos. Algunas mujeres también podrían desarrollar fijaciones fetichistas. Una vez más, no tenemos explicaciones claras de por qué, pero si hay varias teorías. Hay quienes aseveran que se debe a los niveles de andrógenos (específicamente la testosterona). Algunas personas insisten en que se trata de un fenómeno genético, mientras que otras piensan que como los hombres tradicionalmente responden más favorablemente a estímulos visuales, son más propensos a enfocar sus energías sexuales en algún objeto que puedan mirar.

En fin, sigue siendo otro punto debatible que necesita continuar siendo estudiado e investigado por las comunidades profesionales psicológicas y sexológicas.

Lo más probable, como muchos aspectos en el ser humano, es que influya un componente genético (neuroquímicos cerebrales), una parte ambiental (el entorno en que uno ha sido criado, las experiencias vividas de muy pequeños) y la forma de ser (personalidad) de cada persona en particular. 

A continuación, se presenta algunos testimonios de personas que han experimentado ese gusto por fetichismo del pie. Algunos casos tan inusuales y sorprendentes que usted jamás pensó que existían:
TESTIMONIO 1
Soy fetichista de pie, nadie lo sabe, y no se lo quisiera decir a nadie nunca. Me siento realmente mal, humillado, triste, y defraudado. Nunca podría contárselo a mis padres ni a nadie. Por otra parte tengo mucho miedo de que se enteren. Constantemente estoy disimulando, pero no sé cuanto puede durar. Lo que más triste me pone es que de esta manera nunca podré tener un hijo y formar una familia normal. No sé que hacer, me estoy desesperando.
Eduardo, 25, Argentina
TESTIMONIO 2
Desde muy chico me masturbo, mis fantasías de entonces son los pies femeninos. Nunca lo hablé con mis padres ni hermanos ni amigos. Fue desde siempre una sexualidad introvertida y reservada. Lo que me atraía de los pies femeninos eran su olor y su forma, y el hecho de pisarme.
Desde que empecé a salir con chicas, al principio me intimidaban y les tenía algo de miedo. Era un enamoramiento platónico y asexuado, pero en realidad estaba muy reprimido. Hasta el día de hoy con mi actual novia me pasa lo mismo: los pies de las mujeres, cuando los veo de arriba, ejercen sobre mí una atracción irresistible, pero cuando tomo contacto real con ellos ya después no me excitan como en la fantasía. Dr. le cuento todo esto porque necesito su ayuda pues amo a mi novia, soy virgen y quiero tener una sexualidad normal, casarme y tener hijos.

Juan Carlos, 29, Colombia
TESTIMONIO 3
Andando en Internet encontré su página y vi una consulta de que a un chavo le gustan los pies de hombres, yo padezco de eso: me gusta ver los pies de hombres, que sean bien formados, también me excitan los calcetines, esto me provocó confusiones sexuales. Desde niño sentí atracción por los chicos, he tenido relaciones homosexuales pero no quedo satisfecho y a veces pienso que no soy gay, pero la atracción por los pies es inevitable, me gusta estar con ellos pero solo cosas light, con ropa; por eso le escribo, para saber si realmente soy o no homosexual, mi futuro siempre me lo imagino casado y con hijos. Espero que me ayude.
Alex, 28, México
TESTIMONIO 4
Yo desde chico fantaseaba y dejaba volar mi imaginación cuando en clase me ponía a observar los zapatos y las medias de mi profesor mientras él estaba sentado en su escritorio, siempre usaba de distintos colores, negras, azules, blancas, él movía sus pies y a veces se relajaba sacándose los zapatos por debajo de su escritorio, creyendo que nadie lo veía. Luego en mi casa soñaba con todas las cosas que me gustaría poder haber hecho.
Bruno, 31, España
TESTIMONIO 5
Me gusta coleccionar medias y calcetines usados de todo tipo (delgadas, gruesas, sport, de vestir, cortas de esas que llegan al tobillo, largas que llegan hasta la rodilla, con mucho o poco uso, nacionales e importadas, con o sin diseño, etc.). Los he ido coleccionando desde pequeño, de familiares, amistades e incluso desconocidos, y los conservo en bolsas numeradas en perfecto orden, con fecha e indicando de quién son y cómo hice para conseguirlas.
Steven, 20, Nueva York, USA
TESTIMONIO 6
De pequeño solía dormir a los pies de la cama de mi tío, y desde allí recuerdo que empezó mi gusto por este fetiche.
Fernando, 22, Colombia
TESTIMONIO 7
Una vez mi colega del trabajo había bebido demasiado, tanto hasta quedar inconsciente y no había nadie más en casa. Se quedó dormido en la cama. Le hablaba y movía para despertarlo, pero como seguía roncando, decidí ponerle cómodo y sacarle sus zapatos, entonces aproveché el momento y hundí mi cara y nariz en sus medias, las olí y luego se las quité. A la mañana siguiente, él no se acordaba de nada.
Ricardo, 24, Venezuela
TESTIMONIO 8
Yo recuerdo que mi padrino venía de la oficina y cuando llegaba a casa me pedía que le quitara los zapatos y que le hiciera masajes en sus pies, recuerdo que cuando le sacaba sus zapatos, él tenía puestas medias negras de ejecutivo, esas medias de terno o traje. También me gustaba jugar a que le hacía cosquillas en los pies con sus calcetines negros puestos. Y desde entonces me he dado cuenta que tengo este fetiche por ver, tocar, masajear y oler medias negras.
Renato, 33, Chile
TESTIMONIO 9
Así como a los heterosexuales les gusta ver las piernas de las mujeres, cuando voy por la calle me gusta estar mirando los pies, zapatos, medias o calcetines de hombres. Los veo en el lugar de trabajo o de estudios, en el transporte público, en restaurantes, en el cine, en el centro comercial o mall cuando van a comprar zapatos y se los prueban, luego en la calle caminando, sentados en las bancas, haciendo que los lustradores o lustrabotas les lustren los zapatos, durmiendo en los parques echados en el césped relajándose y algunos hasta se quitan los zapatos, también he visto taxistas que se echan a descansar en sus autos, se sacan los zapatos y ponen sus pies adelante hacia arriba, las playas también son un buen lugar, los gimnasios, etc.
Fabio, 22, Lima, Perú
TESTIMONIO 10
A mí particularmente me gusta leer relatos sobre fetichismo que encuentro en internet, y si mencionan que son historias reales, mucho mejor. Me excitan bastante.
James, 19, Francia
TESTIMONIO 11
Paciente que viene a consulta describiendo lo siguiente: "Sucedió después de una reunión en que mi jefe se embriagó, entonces me ofrecí a llevarlo a su casa ya que él no podía manejar en ese estado; es bien guapo, es ejecutivo de una financiera, alto, blanco, varonil, grueso, es heterosexual pero tiene una debilidad por beber mucho, así que aproveché eso. Primero lo senté en el sillón de su sala pero como veía que ya le estaba haciendo más efecto el alcohol, le dije para llevarlo a su cama. Le dije que le tenía que sacar su terno que usa en la oficina, para que no se arrugara. Se dejó sacar su saco, le aflojé su corbata, le saqué sus zapatos para que no pudiera levantarse. Le empecé a hacer masajes en sus pies para ver si aceptaba y a la vez si se relajaba, mientras le iba haciendo más efecto el alcohol. Al parecer, le agradó y me ha pedido para volver a hacerlo. ¿Debería seguir con esto o detenerlo del todo?".
Rubén, 29, Arequipa, Perú
TESTIMONIO 12
Mi perro juega a que me lame los pies. ¿Eso sería considerado fetichismo o no?
Anónimo, 38, México
TESTIMONIO 13
Un paciente llegó a confesar que su fetichismo por los pies había llegado a un grado tan extremo que se dedicaba a quitarles los calcetines de los hombres que se quedaban a pasar la noche en su casa. 
Anónimo, 25, Trujillo, Perú
TESTIMONIO 14
Un nuevo paciente comentaba que, debido al alto nivel de ansiedad, excitación y desesperación que le provoca saciar las ansias de su fetichismo, suele pagar 50 a 100 soles a caballeros heterosexuales para que le dejen tocar sus medias y hacerles cosas a sus pies, como se muestra en la foto arriba.
Giancarlo, 32, Miraflores

TESTIMONIO 15
Este paciente contó que todo empezó desde muy pequeño; su papá siempre usaba zapatos sin pasadores. Cuando su padre tomaba una siesta en la cama, veía televisión en el sillón de la sala, o se sentaba en el parque (como se ve en la foto), él siempre trataba de sacarle los zapatos a su papá a la fuerza. Uno de los momentos favoritos del hijo fue cuando, para su cumpleaños, contrataron una de esos trampolines elásticos para rebotar dentro, con mallas a los costados, e hizo que su papá entrara con él para saltar. Como su papá estaba vestido con ropa formal no quería sacarse los zapatos, el hijo lo tumbó al piso y con todos los saltos y rebotes al papá le era difícil ponerse de pie. Entonces el hijo aprovechó la oportunidad y se abalanzó hacia los pies de su padre. Le cogió uno de sus pies y el papá le decía que lo soltara, pero el hijo rápidamente le sacó el zapato a la fuerza. El papá retiró su pie y le ordenó que le devolviera su zapato pero el chico se rehusó. El papá intentó atraparlo pero volvió a caer rebotando. El hijo agarró el otro pie de su papá y le sacó el otro zapato. El papá estaba enfurecido. Luego el hijo decidió que también podía aprovechar para quitarle las medias negras elegantes que traía puestas el padre. El papá, que aún no podía ponerse de pie, le ordenaba que se detuviera pero el hijo no le hacía caso. Finalmente el muchacho logró sacarle ambos calcetines a su padre y salió huyendo con su botín (los zapatos y las medias de su padre) en las manos. El padre iba corriendo descalzo y muy molesto tras de su hijo por todo el recinto de la fiesta. Los invitados y familiares se reían del padre, quien terminó muy avergonzado. Y así contaba varias anécdotas que él considera han sido el origen de su fetiche.

Pedro, 40, San Isidro.

TESTIMONIO 16
Un lector del distrito de Los Olivos nos ha enviado este relato de la vida real para que vean hasta qué punto puede ser tan obsesivo este gusto o atracción  peculiar de fetichismo:
"La primera experiencia fue inolvidable pues fue así sin pensarlo y sin programarlo. Me vino a buscar a mi casa mi amigo en una combi (camioneta) en la que trabaja. Me preguntó si yo tenía tiempo porque necesitaba charlar. 
Manejando por la Avenida Universitaria, me llevó a un parque que está entre Comas y Carabayllo, se estacionó ahí, apagó el motor y permaneció en su asiento. Yo iba en el copiloto. Yo iba mirando desde que subí sus deliciosos pies. Ese día él traía puesto unos pantalones de vestir azul oscuro, medias blancas delgadas y unos mocasines negros encantadores. 
Iba como tuerto yo, un ojo miraba sus pies y el otro para adelante, ganas no me faltaba de aventarme a mi amigo pues para mí es super excitante los movimientos que hacen los pies al momento en que uno conduce.
Pero bueno, llegamos, pidió antes una cerveza y una coca cola porque yo soy de muy poco trago y no fumo.
Entonces empezó la conversación. Me contó sus problemas y yo le ayudaba dándole consejos. Y de pronto, como la plática estaba buena, se prolongaba por más de 40 minutos, se acomodó en su asiento, levantó su pierna izquierda y puso su pie izquierdo en el tablero.
Claro que primero se sacó el zapato y se quedó en medias. Yo al toque me puse nervioso, pues me moría de las ganas.
Al rato, el desgraciado levantó la pierna derecha y puso su pie en el parabrisas.
Lo estiró tanto que quería relajarse solo en medias... ¡dime si eso no era provocador!
Yo no resistí más y me aventé y le dije disimuladamente: "lo único que te falta es que te calatees".
Él se rió y dijo: "¿Te molesta?".
Yo me reí y le dije que no, pero que le hacía mucha falta unos masajes, y él me respondió: "¿Podrías hacerme masaje a mis pies?".
Yo con duda le dije que sí podía hacerlo, así que cambió su postura hacia mí.
Yo también cambié mi postura y puso sus deliciosos pies talla 42 en mis piernas mientras yo, poco a poco, los iba tocando lo calientes que estaban.
Así que le fui dándole masajes al punto que me dijo que se sentía muy aliviado, el que yo le haga eso, todo en medias, porque la verdad sentía miedo de quitárselas, yo no quería y él tampoco me pedía que se las quitase, así que proseguí mientras seguíamos conversando.
Ya cuando estábamos para terminar la charla que se había prolongado por más de una hora y media, me dijo que era hora de irnos, que iba a hacer una vuelta, que tenía que trabajar.
Así que ahí le dije si le gustaría que le diera un masaje más especial, a lo cual me dijo: "¿pero cómo, más especial que esto hay?".
Entonces me dijo: "claro, hazlo, a ver". Le quité sus medias, sus pies estaban buenos, olían sí, porque transpiran mucho cuando manejan, y me los metí a mi boca.
El se sorprendió, yo estaba asustado, no sabía que diría él. Pero me dijo. "oye, eso sí que está formidable. Nunca he soñado que alguien se tragase mis pies de esa forma, sigue, sigue".
Así que se los lamí, chupé, besé, pero antes les di el masaje. Así que solo fueron 10 minutos. Yo lo gocé al máximo, él estaba complacido, se sentía rey.
Yo mismo le puse las medias nuevamente y le puse sus zapatos.
Empezó a manejar y en el trayecto le dije si podía agacharme para ver y oler de cerca sus pies. Y me dijo: "hazlo pero con cuidado".
Yo me tiré al suelo y aproximé mi cabeza hasta donde estaban sus pies conduciendo.
Lo más loco fue que cada vez que él pisaba el freno, se encendía una luz en ese sitio, debajo del timón, y le daba un ambiente especial.
Yo, en mi difícil posición, le doblaba la basta del pantalón para poderle ver más y más sus medias... y eran increíbles.
Su pantalón estaba remangado hasta la rodilla. Sus zapatos estaban calientes y era perfecto. Le pedí que se quitara el zapato que pisaba el acelerador y el freno, y me dijo que yo mismo le quitara los mocasines.
Mientras él manejaba, sin más demora, le quité sus mocasines negros y pedaleó en medias. Sentí el calor de sus zapatos y el olor que se propagó por ese sitio.
Era excitante verlos, cómo los movía, cuando frenaba me decía: "pon tu mano en el freno". Sacaba su pie de ahí y me lo ponía en mi cara. Era super delicioso. Ya para ese rato me había mojado, él también.
Cuando me despedí, me dijo que iría a cambiarse porque su ropa interior estaba mojada. Me agradeció y yo igual le agradecí mucho también. Con él ya lo he hecho 3 veces en lo que va de este año. 
Así empecé mi experiencia con esto de los pies.
Johnathan, 25, San Martín de Porres, Lima Norte
TESTIMONIO 17
Paciente cuyo estímulo visual consiste en buscar toda oportunidad que pueda para acercarse a los pies de algún hombre desprevenido. Cuando puede, les toma fotos para recordar el momento, como la que se muestra arriba. Él señala que hay personas que se suelen sacar los zapatos en el cine y allí aprovecha para observarlos y acercarse lo más que pueda sin que se den cuenta. En este caso, él no desea modificar sus conductas atípicas; viene a consulta únicamente para reducir la ansiedad que esto le genera.
Rafael, 23, Lince
TESTIMONIO 18
Un paciente fetichista de pies comentó que se había aliado con un amigo. El objetivo era abordar en alguna reunión, entre los dos, a un hombre heterosexual, o ebrio, que le pareciera atractivo. Luego llevarlo a un lugar más cómodo, apartado o discreto. Una vez allí, mientras el amigo sujetaba al extraño, el fetichista se encargaba de sacarle los zapatos al hombre, ya sea que el hombre opusiera resistencia o estuviese inconsciente. El fetichista aprovechaba, ese momento, para excitarse, manosearle y tocarle sus pies con medias, olérselos, sacárselas, etc. Esa ha sido una de las experiencias más extrañas e inusuales.
Anónimo, 20, San Borja
TESTIMONIO 19
Luego está el testimonio de un paciente fetichista que señala que se dedica al oficio de lustrabotas, por la Plaza San Martín, con el fin de acercarse y tener contacto con el calzado, y a veces los pies, de los señores.
Yahir, 22, Cercado de Lima
TESTIMONIO 20
Una vez acudió un paciente cuyo fetichismo llegaba a tal extremo que le excitaba que los pies tuvieran un olor fuerte y le gustaba poner su nariz lo más cerca posible para percibir su "aroma".
Andrés, 32, España
TESTIMONIO 21
Una vez asistió una mujer fetichista de pies masculinos. Es poco usual pero sí existen mujeres fetichistas. Ella es una mujer que adopta el papel dominante en prácticas sexuales de bondage, disciplina, dominación y sumisión o sadomasoquismo, que suelen abreviarse como BDSM. Contó que sus sumisos suelen dirigirse a ella en forma servil, obediente, de vulnerabilidad. Sus clientes suelen ser importantes ejecutivos o gerentes con altos cargos de mando, que tienen a su cargo empleados subordinados a ellos. Contaba que cansados de ese rol de dominantes, con ella querían ponerse serviciales. Esta dominatriz no dominaba exclusivamente a un compañero masculino, sino que podía tener también mujeres sumisas.
Raquel, 28, Holanda
TESTIMONIO 22
Paciente que informó que había asistido a reuniones de fetichistas de pies, llamadas Foot Parties, en Argentina y en Nueva York. Comentó que lo tiraron al piso y le empezaron a hacer cosquillas por todo el cuerpo para luego quitarle los zapatos y hacerle cosquillas en sus pies. Dijo que era un "todos contra todos" y cada uno hacía lo que le gustaba con los pies de los demás.
Ronaldo, 52, Canadá
TESTIMONIO 23
Paciente que refiere que su fetichismo empezó de niño, cuando su padre le castigaba y era uno de los pocos momentos en que tenía contacto físico con él. Su padre era muy frío y estricto y casi no le expresaba afecto. El paciente refiere que de niño, jugaba debajo de la mesa mientras su padre estaba sentado en la mesa. Al hijo le gustaba tocar los pies con medias del padre y jugar con ellos ya que encontró que era la única forma de entrar en contacto con él y expresarle afecto sin que el padre se enojara. De repente el padre movía sus pies y de casualidad entraban en contacto con el cuerpo del hijo. Desde allí él recuerda que empezó a tener ese gusto por los pies de hombres adultos mayores. Este es un caso que demuestra claramente que la sexualidad se va fijando desde la niñez. 
Christian, 21, Italia
TESTIMONIO 24
Un paciente que ofrece sus servicios de masoterapia, masaje para pies o masaje shiatsu con el fin de tener acceso a los pies de los hombres y poder tocarlos, manosearlos, masajearlos, sobarlos, frotarlos, acariciarlos, etc. con el permiso de ellos. 
Orlando, 33, Centro de Lima
TESTIMONIO 25
A otro paciente le gusta tomarles fotos a los pies de los hombres que los muestran en la calle o que se quedan dormidos en el parque
Rodolfo, 21, Brasil
TESTIMONIO 26
A este paciente particularmente le encantan las medias delgadas, transparentes, de seda o nylon, que en inglés les llaman sheer socks y que se ven muy elegantes
Jorge, 54, Chosica
TESTIMONIO 27
En mi caso tengo una predilección por tener a hombres con sus pies atados, amarrados o asegurados ya sea con sogas, cinta scotch, masking tape, corbatas, telas, alambres, cables, cadenas o sus propias medias o calcetines. Este tipo de fetichismo de los pies o parafilia recibe el nombre de bondage (por su origen de la palabra en inglés) o sumisión.
Fritz, 35, Alemania

TESTIMONIO 28
Yo le encuentro placer en ponerles cosas en los pies, como por ejemplo: hielo, líquidos (agua, vino, leche, jugos, yogurt, líquido seminal, etc.), alimentos (helado, fudge de chocolate, gomitas dulces de azúcar, frutas, etc.), para luego lamerlos y saborearlos en el pie
Felipe, 27, Uruguay



TESTIMONIO 29
Incluso existen fetichistas que se dedican a plasmar sus gustos o placeres en forma de dibujos de caricaturas o comics como se muestra arriba
Fantasy Studio, 2003, USA

TESTIMONIO 30
Un taxista contó que una vez subió un pasajero y ofreció pagarle una cierta cantidad de dólares si le entregaba sus calcetines con la condición de que el taxista permitiera que el propio pasajero le sacara los zapatos y calcetines de sus pies
Víctor, 33, San Miguel

Nota: Pueden leer más testimonios sobre este tema en los comentarios que figuran al final de este post. 

Es comprensible la desesperación de Eduardo (el primer testimonio), pero por lo menos dio un paso al contarlo a través del consultorio, o sea que tal vez no pueda seguir diciendo que "nunca podría contárselo a nadie" pues ya lo ha hecho. Existe tratamiento para pacientes fetichistas y adoradores del pie, y se puede lograr que bajen su nivel de culpa y angustia. El fetichismo puede darse en homosexuales, bisexuales y/o heterosexuales. En algunos casos de fetichismo pueden llegar a formar una familia y tener hijos. A veces comparte su afición con su pareja mujer con la cual piensa casarse; lo que no quita que algunos deseen vivir sus prácticas fetichistas en relaciones homoeróticas. También se está observando cada vez más conductas o rasgos fetichistas en mujeres, o algunas lo hacen por complacer a su pareja. Cuando el fetichismo se acompaña con gran carga de angustia, depresión y/o culpa consideramos que es momento de recurrir a la ayuda psicológica de un psicoterapeuta.

Tratamiento disponible:


1. Entrenamiento de Autocontrol.
 El programa de entrenamiento de autocontrol se lleva a cabo en las siguientes fases:
2. Auto-observación.
 En un primer momento habrá que enseñar al paciente o operativizar sus problemas, para posteriormente obtener datos acerca de las características topográficas y las relaciones funcionales de los mismos. 
3. Establecimiento de Objetivos.
 El paciente habrá de decidir que nivel de control quiere alcanzar sobre la respuesta conflictiva. 
4. Entrenamiento en técnicas concretas y establecimiento de criterios de ejecución.
 En esta fase se deciden las técnicas concretas de autocontrol en las que se entrenará al cliente. A su vez se establecen las reglas de conducta que guiarán todo el entrenamiento, es decir, qué se compromete a hacer el cliente y en qué momentos concretos. 
5. Aplicación de las técnicas en contexto real.
 Una vez que el entrenamiento se ha llevado a cabo en la consulta, el siguiente paso es la puesta en práctica de lo aprendido en su vida diaria. 
6. Revisión de las aplicaciones con el terapeuta.

Una vez que el sujeto empieza a afrontar situaciones reales, la tarea en las sesiones con el terapeuta consistirá en revisar las aplicaciones concretas realizadas, analizando las dificultades y problemas surgidos para su solución.

El fetichismo puede ser encauzado y, hasta cierto punto, mejorado mediante terapia psicosexual. Entre los principales objetivos tenemos: que el consultante o fetichista no se sienta angustiado, deprimido ni con culpa, sino más bien que aprenda a comprender y aceptar las características particulares en cuanto a los placeres de cada ser humano; que no se sienta extraño o raro por tener dicho gusto ni frustrado al no poder realizar sus fantasías; y que pueda controlar sus impulsos o expresarlos según la situación y el entorno. La fantasía difícilmente se pierde y el objeto sigue siendo lo que los excita más, pero se busca incorporar otras actividades que también puedan satisfacerles para agregar variedad a las fantasías sexuales y lograr que la persona pueda tener experiencias gratificantes y así ampliar su perspectiva y, por ende, lograr su estabilidad emocional. Se trata de expandir el repertorio y tener varias opciones. No dejes de buscar consultoría y apoyo profesional.

131 comentarios:

  1. HOLA MI NOMBRE ES DIEGO.
    SOY CASADO TENGO 2 HIJOS Y ME GUSTARIA SABER POR QUE ME GUSTAN TANTO LOS PIES FEMENINOS CADA QUE SALGO DE CASA Y VEO UNA MUJER LO PRIMERO QUE MIRO SON SUS PIES Y SI ME GUSTAN LE DIGO Y ME OFREZCO PARA HACERLE MASAJES A VECES TRATO DE AGUANTARME PERO AVECES NO RESISTO PUES HAY DIAS EN QUE EL DESEO PUEDE MAS QUE MI INTENCION POR NO HACERLO HASTA AHORA NUNCA HE OBLIGADO NI DAÑADO A ALGUIEN POR MI DESEO PUES YO PREGUNTO PRIMERO Y SI ME DEJAN LO HAGO Y SI NO PUES NO HAY PROBLEMA PERO LO QUE ME HACE SENTIR MAL ES QUE ESTOY CASADO Y QUISIERA SOLO MIRAR LOS PIES DE MI ESPOSA.....
    PERO EL DESEO ES MUY GRANDE POR LOS PIES FEMENINOS NO ME SIENTO MAL POR QUE ME GUSTEN LOS PIES FEMENINOS A MUCHAS MUJERES LES GUSTA QUE UN HOMBRE LE BESE LOS PIES Y BUENO......
    PERO ES NO PODER CONTROLAR LO QUE SIENTO Y BUENO NO ENTENDER POR QUE NACI CON ESTE GUSTO PUES RECUERDO QUE A LOS 4 AÑOS DE EDAD ME QUEDE MIRANDOLE LOS PIES A UNA TIA Y QUEDE ENAMORADO DE SUS PIES BUENO ESPERO UNA RESPUESTA POR FAVOR MI EMAIL ES DIGIES_2412@HOTMAIL.COM
    MUCHAS GRACIAS

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  2. Buenas noches Dr.
    Mi nombre es xxxxxx, vi su web.
    Tengo un problema muy fuerte de fetichismo (pies) que me causa preocupación y frustración.
    Tal vez usted me puede ayudar.

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  3. Tengo la fantasía de entrar a la oficina de un ejecutivo elegante y meterme debajo de su escritorio para proceder a sacarle su zapato y hacerle masajes a su pie con calcetines negros.

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  4. Frecuento cines porno en el centro de Lima y cuando alguien esta sentado con sus pies sobre el asiento de adelante voy y me siento en esa butaca al lado de sus pies. Entonces empiezo a tocarle su zapato y su media y me excito con eso. Por favor, diganme si esto tiene cura?

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  5. A mi me gusta ver gente caminando descalzos por las calles

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  6. Me parece que se está tratando de este tema de una manera un tanto exagerada. Yo soy "fetichista de pies femeninos", siempre me han excitado mucho los pies de mujeres y no veo nada de malo en eso ni me hace sentir mal. Claro que en micaso, como en los de la gran mayoría creo yo, este gusto por los pies no imposibilita un coito normal. Es más bien, diría yo, algo como los que otros sienten por los senos. ¿Por qué se habla aquí de "problema" o desviación? Hace poco se publicó que en EE.UU. el fetichismo de pies es el segundo más popular, luego del de los senos.

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  7. Yo tengo 14 años, descubrí mi fetichismo a los 12 me parecía raro, siempre cuando me subía al bus me iva del lado izq para ver los pies de las mujeres conduciendo, me encanta ver cuando mujeres matan insectos o aplastan cosas como hojas de árboles o basura, tengo novia y tiene unos pies hermosos y aveces disimulo o hago algo para tocarlos o que pise algo, ella no sabe, me másturbo pensándolos o viendo vídeos que será de mi en un futuro??

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  8. Hola, soy Alfredo tengo 25 años, desde pequeño me gustan los calcetines de los hombres, así como cosquillearlos, solo quiero dejar de hacerlo, y ser "normal" me existan todo tipo de calcetines especialmente los de los ejecutivos, o los blancos, dígame que puedo hacer ??? =(

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  9. hola soy nn, la verdad no quiero tener esto mas en vida, me gustan los pies de las mujeres, pero veo que eso no me hace bien, soy una persona muy especial porque me gusta hacer cosas buenas por la gente, asi que quiero renunciar a esto. el desahogarme a ayudado mucho. voya pensar en otras cosas que de verdad me hagan mucho bien como la musica quiero ser adicto a eso

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  10. Tengo 18 años. Todos los viernes, el jefe de mi papá viene a la casa y se pone a tomar con mi viejo, se emborracha tanto que ni puede ponerse en pie así que se queda a pasar la noche en la sala de mi casa y mi viejo se va a dormir a su cuarto. El jefe de mi papá es muy guapo y no aparenta sus 34-35 años, cabello castaño, ojos plomos. Se queda dormido, echado en el piso de nuestra sala y eso me excita. Solo quería poder hacer algo con sus pies mientras estaba inconsciente y a mi alcance. Cuando escucho sus ronquidos, entro en la sala arrastrándome por el piso sobre mi estómago como una culebra y mi corazón latiendo al máximo. Me arrastro por el piso hasta que llego a sus pies, con mucho cuidado y muy suavemente le voy quitando los zapatos sin que se despierte, hasta tener frente a mi sus calcetines y me gusta olerlos, tocarlos, ... sin que se dé cuenta. ¿Por qué me gusta hacer eso? ¿Estoy loco?

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  11. vaya al parecer no soy el unico ya que no conocia personas que les gustase esto. A mi desde los 15 me comenzaron a traer los pies femeninos
    ahora me fascinan , no se porque pero para mi es la parte del cuerpo que mas me exita de una mujer y mucho mas cuando veo una mujer que comienza a jugar con ellos, podria quedarme horas vienodolos y admirandolos , para muchos es muy raro pero es algo que no puedo resistir. Pero ojo solo me gusta los pies de mujeres nada mas....
    les juro que si una mujer me pide que le bese los pies , no dudaria ni un segundo en hacerlo.

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  12. Que tal, tengo 23 años y descubrí mi obsesión por los pies masculinos desde los 10.
    Me fascina verle los pies a los hombres, no puedo dejar la oportunidad de mirar, aunque sea despistadamente a hombres descalzos, en sandalias o en calcetines blancos.
    Fantaseo con poder tener a un hombre inconsciente a mi disposición para poder quitarle los zapatos y poder tocar y oler sus calcetines blancos. También tengo la fantasía de poder hacerle cosquillas a los hombres, eso es lo que me gustaría hacer pero solo se queda en mi mente.
    ¿Cómo puedo dejarlo? Tengo novia y no quiero seguir así ya que estoy confundido en mi sexualidad y necesito ayuda.

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  13. Hola, se q esta publicación es vieja pero quiero saber como puedo conocer mujeres q les guste q les besen los pies, yo eh ido un poco más alla pq me gusta torturarlos, ponerle agujas en los dedos de sus pies, pasarle cositas calientes, amarrarle los deditos, ponerles pega, pinches, tachuelas, hacer q caminen sobre ellas me encantaria poder conocer una mujer asi aunque sea por un dia, tambien me gusta chuparlos, morderlos, pasarles chocolate, hacer q pisen trampas de pega para ratones, golpearlos con correas o palitos, q caminen sobre vidrios, o piedritas filosas, quemarlos, osea no soy adorador de ellos pero me gusta como jimen las mujeres con estas cosas, se q suena perverso y lo es, tengo novia y conoce mi situación, pero no haria esto con ella, pero me masturbo cuando se los toco o ella me los muerde eso es rico, y cuando pasa su lengua por la planta mejor aun, digame, tengo un problema serio?

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  14. EJECUTIVO BANCARIO EN TERNO

    El atractivo y elegante ejecutivo bancario salía de la oficina después de un día largo y agotador. Se había aflojado la corbata y tenía ganas de llegar a casa, sacarse sus zapatos negros y descansar sus pies calientes y en calcetines de vestir negros. Justo al llegar a abrir la puerta de su auto, una mano enguantada apareció por detrás de él y le cubrió la cara con un paño humedecido con cloroformo. El guapo ejecutivo luchaba contra su agresor, pero su cuerpo musculoso de 1.78 m. nada podía hacer contra el efecto del producto químico. Sin poder evitarlo, cayó inerte en brazos de su captor. Un cómplice esperaba en el asiento trasero del vehículo en fuga, y ayudó a introducir el cuerpo del banquero inconsciente en el asiento de atrás, colocando oportunamente los pies de la víctima sobre los muslos del cómplice. Cuando el auto partió a toda velocidad, el cómplice no pudo resistirse al ver aquellos pies tan cerca de su cara.

    Observó atentamente al atractivo, elegante e inconsciente ejecutivo echado extendido en el asiento trasero del coche, los tirantes se extendían sobre sus anchos pectorales, sus pantalones de vestir se ajustaban alrededor de sus muslos. La basta de su pantalón se había subido, dejando al descubierto unas pantorrillas musculosas cubiertas hasta las rodillas por medias negras muy finas. Cuando el auto pasó por un bache, uno de sus elegantes mocasines de vestir negros se salió parcialmente, dejando al descubierto parte de su pie. El cómplice pudo apreciar muy de cerca el calcetín negro de la víctima y su zapato medio salido. El ver y oler los pies en calcetines negros del ejecutivo en terno (enternado o en traje) era demasiada excitación para el delincuente. Finalmente se atrevió a sacarle todo el zapato completamente, y le acarició la planta del pie en medias negras del atrayente ejecutivo. Sonrió al pensar en cuán inconsciente e indefenso se encontraba aquel hombre ante lo que estaba haciendo con él. Cuando el cómplice pasó su lengua por el sexy pie arqueado del ejecutivo, este gimió y trató de moverse un poco, como protestando por la violación que le estaba haciendo a su pie, luego volvió a perder el conocimiento.

    El cómplice levantó el pie con calcetín negro del ejecutivo inconsciente, lo llevó hasta su rostro y nariz e inhaló larga y profundamente. Luego pasó la lengua por los dedos de los pies envueltos en esos deliciosos calcetines negros, bajando por su planta pasando por el arco bien formado del pie hasta llegar al talón de la media. Pasó su mano a través del empeine hasta llegar a la pierna, saboreando la sensación del suave y liso nylon fino negro del calcetín que cubría el pie. El coche se detuvo y el conductor bajó. Cuando abrió la puerta de atrás, vio a su compinche aún deleitándose con el pie del ejecutivo enternado que todavía permanecía inconsciente.

    "¡Hey!" le espetó, "¡guarda eso para más adelante! ¡Ahora ponle su zapato de nuevo, y mételo a la casa! El chofer se adelantó e ingresó al escondite.

    Fin de la primera parte (continuará...)

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  15. "Vamos, campeón, te voy a llevar a casa", dijo el cómplice quien tenía un fetiche por los calcetines de hombres, mientras sacaba del auto al ejecutivo, jalándolo de los pies. Él se inclinó, y colgó sobre su hombro el cuerpo masculino inerte. Cuando se enderezó, levantó los 78 kilos del ejecutivo, posicionando las nalgas apretadas de la víctima junto a su rostro. Las piernas del ejecutivo colgaban por delante, las rodillas ligeramente flexionadas, los tobillos cruzados y los pies colgando. El zapato sin pasadores (de esos tipo mocasín que se quitan fácilmente) que le había sido colocado rápidamente, cayó al pavimento, mientras el ejecutivo secuestrado era transportado hacia el escondite ... una pista irónica que lo llevaría a su inminente destino.

    "Ponlo ahí, en esa silla", el secuestrador gritó a su cómplice, quien llevaba el cuerpo inconsciente del administrativo bancario, sobre el hombro. El cómplice, que tenía una afinidad por los pies de hombres en calcetines (especialmente los de su víctima), apresuradamente colocó al sexy galán en la silla de madera con respaldo recto. "... y asegúrate de que no se escape" le gritó su jefe. El cómplice tomó una cuerda, que se hallaba cerca, y empezó atando el ancho pecho del funcionario cautivo (aún en saco y corbata) al respaldar de la silla. Luego empezó a atar los tobillos a las patas de la silla. Allí se percató que faltaba uno de los zapatos negros del ejecutivo.

    "... Ummmm, pensé que en el auto le había vuelto a poner su zapato... -dijo suavemente. Ató firmemente el pie descalzo, sin zapato, enfundado en una media negra. Mientras lo hacía, se aseguraba de palpar, toquetear y manosear cada centímetro del calcetín húmedo y tentador. Le dejó puesto el otro zapato, y se apresuró a terminar su labor.

    "¡Vigílalo, pero no dejes que le pase nada hasta que yo vuelva! ¡Él es nuestro boleto hacia la riqueza!" Con eso, el secuestrador salió para recibir el dinero del rescate. El cómplice miró de reojo al joven ejecutivo, cuya cabeza colgaba, indefenso y amarrado fuertemente a la silla. A medida que el cómplice intentaba controlar su creciente deseo de aprovecharse de su prisionero, oyó un débil gemido. El cuerpo inerte comenzó a recobrar el conocimiento.

    La joven víctima levantó la cabeza, aturdido. "¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? ¿Qué demonios es todo esto?".

    "Vaya, vaya, el Bello Durmiente ha despertado. Usted es nuestro prisionero, guapo", se burló sarcásticamente el cómplice.

    "¿Qué quieres decir con "prisionero? ¡Déjame salir de aquí, idiota!", protestó el ejecutivo. Luchó contra sus ataduras con violencia, y le gritó obscenidades. El cómplice empezó a ponerse nervioso y agitado. No podía arriesgarse a la posibilidad de que el hombre se soltara o que fuese escuchado, y también se acordó de su jefe, advirtiéndole que no le hiciera daño. Él buscó frenéticamente a su alrededor algo para calmar al ejecutivo viril. Él vio la botella de cloroformo que su jefe había utilizado para capturar inicialmente a su víctima, pero no había un trapo a la vista. Entonces se le pasó un pensamiento ardiente por su mente demasiado sexualizada. Se agachó y se quitó su zapato de cuero negro barato. Se subió el pantalón de poliéster, y se sacó su media negra. Empapó el calcetín con cloroformo. Luego se dirigió por detrás del ejecutivo atado y cubrió su cara con el calcetín. El prisionero movió violentamente la cabeza y trató de contener la respiración. Pero la fuerza del cómplice, y el olor insoportable de cloroformo y calcetín, era demasiado. El cómplice podía sentir los músculos de su víctima relajarse, mientras su cabeza lentamente se iba hacia atrás y sus ojos se cerraban.

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  16. El cómplice ya no podía contener sus urgencias sexuales. La sensación de control y poder que sentía, mientras adormecía al prisionero sexy con el calcetín empapado de cloroformo, le había provocado una furiosa erección que no podía ser ignorada. El guapo desmayado era todo suyo y podía hacer con él lo que quisiera. Sin embargo, tenía que actuar con rapidez, debido a que el jefe podría volver en cualquier momento, y si lo pescaba haciendo cosas, el jefe, sin duda, le aplicaría un castigo.

    El corazón del cómplice latía tan rápidamente mientras desataba los tobillos del ejecutivo. Todo lo que sostenía el cuerpo inerte era la cuerda alrededor de su pecho. El cómplice se paró delante y alrededor de la silla para aflojar las cuerdas. Cuando lo hizo, el ejecutivo se desplomó hacia adelante, cayendo sobre el estómago del cómplice. Dio un paso atrás y dejó que el peso del cuerpo que caía pasara rozando su entrepierna abultada, hasta que cayó al suelo. Cogió al bancario por las axilas y lo arrastró hasta una alfombra que había en la habitación. Para cuando había llegado allí, el otro zapato de la víctima se había salido. De inmediato comenzó a quitarle los pantalones de vestir al hombre, revelando sus calcetines negros largos que llegaban hasta la pantorrilla y aún estaban intactos. El cómplice rápidamente comenzó a frotarse contra los pies en calcetines del guapo prisionero inconsciente. De rodillas, ya a punto de venirse, levantó los pies del hombre hacia su rostro. Desenfrenadamente, él saciaba sus instintos, mientras chupaba, lamía, olía, tocaba, manoseaba, mordia, besaba, cada contorno de los excitantes pies en calcetines negros de su indefenso objeto sexual ... o al menos él creía que su objeto sexual estaba indefenso.

    Justo cuando el cómplice estaba a punto de venirse, sintió un golpe en su cabeza y cayó de bruces al suelo. Su víctima había recobrado el conocimiento y había golpeado el rostro del asaltante agresor con sus pies en calcetines negros. El criminal yacía de espaldas, aturdido. El administrador bancario se puso de pie y miró a su alrededor buscando algo para someter a su captor. Vio las mismas cuerdas que lo habían atado a la silla. Rápidamente, cogió un trozo y lo envolvió alrededor de las muñecas del cómplice. Cruzó los tobillos del hombre, y con el resto de la cuerda, ató los pies.

    Una vez que había atado al delincuente, el ejecutivo planeó su próximo movimiento. Empezó a recordar vagamente cómo el cómplice se había aprovechado de él mientras que él no podía hacer nada. "¡Hijo de #$%&!" gruñó desafiante. "¿Así que quería oler mis calcetines?". Al decir esto, el joven se quitó sus dos medias negras de vestir elegantes. Introdujo una en la boca de su captor, y amarró la otra sobre su nariz. Luego se trasladó hasta los pies atados de su captor, uno estaba desnudo, y el otro aún estaba en media negra y con zapato negro desgastado. El ejecutivo le quitó el zapato rudamente. El olor le hizo arrugar la nariz. Con sus uñas empezó a arañar de arriba a abajo las suelas de los pies atados. El cómplice dejó escapar un grito ahogado.

    "Ah, eres cosquilloso, ¿no?". Diabólicamente, el ejecutivo comenzó a hacerle cosquillas en sus plantas indefensas, sin descanso. El cómplice estaba siendo torturado, y se retorcía sin control. El ejecutivo se dio la vuelta y se sentó encima de su víctima histérica, mientras proseguía con su asalto de cosquillas. Se dio cuenta de que eso le había provocado al cómplice una erección. "Ah no, no lo harás, ¡bastardo! ¡No vas a disfrutar de esto!" El hombre de negocios se abalanzó, y envolvió su musculoso brazo alrededor del cuello de su captor atado. "Ahora es mi turno de ponerte a dormir!" Él aplicaba presión en el cuello del cómplice, veía cómo sus ojos se iban hacia arriba, y finalmente sintió que su presa se desvanecía.

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  17. En ese momento, la puerta se abrió de golpe, y varios policías armados entraron intempestivamente y se llevaron preso al criminal cargándolo entre varios hasta el patrullero, tal como estaba. Se burlaban de él haciéndole cosquillas allí en los pies donde era su punto débil.

    Luego se quedó el jefe de la policía solo con el ejecutivo. "¡Por fin! ¿Cómo dieron conmigo?", preguntó el funcionario bancario recuperando su estado anímico. "Cogimos al cabecilla ...y hallamos esto". El policía tenía en sus manos el zapato que le faltaba al ejecutivo y que se le había caído durante el rapto, y lo levantó para mostrárselo. Lo olió un poquito.

    "¿Esto te pertenece? ¿Es tuyo, Ceniciento, o me lo regalas y me lo quedo conmigo? Estoy necesitando unos así. Hmmm, y por lo que estoy viendo también podría necesitar unos calcetines negros así como los tuyos. Creo que podremos ser muuuy buenos amigos y llegar a un buen acuerdo. Me gusta mucho lo que veo, quizás podamos intercambiar", dijo con una sonrisa pícara y maliciosa y levantó la vasta de su pantalón para mostrarle las medias negras que él usaba y su zapato del uniforme de policía. Luego se ofreció a ayudar: "Estás muy agotado, déjame que te ayude a acomodarte bien los calcetines negros y yo te puedo poner los zapatos a ver si realmente son tuyos y si te quedan bien, Ceniciento, ja ja ja". El policía entonces, intrépidamente, sin pedir permiso, tomó entre sus manos el pie en calcetines del guapo ejecutivo bancario y...

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  18. Saludos tengo 20 años y a mi me gusta en especial ver a hombres de 45 años para abajo quitandose los zapatos en especial zapatos que se quitan facilmente verlos en medias o calcetines me excita me da ganas de tocarlos y hacer muchas de las cosas que ustedes ya dijeron pero lo raro es que ya no me llama la atencion cuando estan sin medias o calcetines y tampoco me gusta que huelan muy feo he visto mucho de esto en mi vida y me he quedado con las ganas de historias que he vivido ¡¡que vivan los pies ricos!!

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  19. NO TIENES QUE SER HOMOSEXUAL PORQUE TE GUSTEN LOS PIES. NO SÉ POR QUÉ LO GENERALIZAN ASÍ, A MÍ ME GUSTAN LOS PIES Y NO SOY GAY, O SEA A MÍ ME GUSTAN LAS MUJERES. LA VERDAD NO ME GUSTA ESO DE METER TODO EN LA MISMA BOLSA, CADA UNO ES CADA UNO.

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  20. Opino lo mismo, a mi tambien me gusta acariciar oler besar lamer y chupar los pies de mis amigos hombres pero eso no quiere decir que sea gay pues tengo novia y a veces tambien le lamo los pies a ella.

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  21. Una fantasía fetichista: ¿Cómo sería poder descalzar sin su consentimiento los pies de un chico guapo y heterosexual? ¿Y poder hacer con sus pies lo que uno quiera?

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  22. hola soy jose, soy de california
    y desde que tenia como 4 años, me encantaba oler los pies sudados, super olorosos y vistiendo calcetines azules o negros de mi tio... ahora tengo 22 y cada que lo veo encuentro el pretexto perfecto para que se quite los zapatos.. incluso le regalo calcetines y segun yo tiro los viejos a la basura, pero la verdad es que los guardo. Hace unos meses por fiiin! aproveché para confesarle todo! le dije que no se quitara sus calcetines. quiero que sepan que desde entonces, yo le dije que se los pusiera durante toda la semana...ahora, todos los viernes me lleva comida a mi trabajo, nos metemos al baño de mi trabajo, se quita los calcetines, y me los da! es maravilloso.

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  23. Saludos desde Mexico.. la verdad no tengo muchas fotos pero si videos de la red... de artistas en calcetines.. de novelas......
    espero les gusten...

    http://youtube.com/watch?v=C9uNLADY37M

    http://youtube.com/watch?v=iYiEC8FmTkY

    http://youtube.com/watch?v=0GMv46pDMXM

    http://youtube.com/watch?v=ftUvc72YxPU

    http://youtube.com/watch?v=BUbPV8s3P20

    http://www.youtube.com/watch?v=WVChMOIpilk&list=PL00097849BA90E90E

    http://youtube.com/watch?v=UYWRu5ETbOA recomendado

    http://youtube.com/watch?v=Sd-9Rdj9n6U

    http://youtube.com/watch?v=7cKPCdKCcC8

    http://youtube.com/watch?v=L_dAaR-iIoQ

    http://youtube.com/watch?v=9BZunumi9aE

    http://youtube.com/watch?v=T3emQ5AJmO8

    DISFRUTENLOS.....

    SI HAY ALGUIEN DE MEXICO... QUE SE ANUNCIE..

    CHAO...

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  24. Siempre me gusta que mi pareja esté en medias y que mi hombre tenga bonitas medias también, las delgaditas de nylon.

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  25. La verdad yo tambien tengo lo mismo tengo un hermano de 31 esta peludo de las piernas pero la verdad no tiene ni musculoo masomenos pero no me gusta sus pies nooo me gustan la verdad no soy gay me gustaa los pies de hombres con calcetines de nylon transparentes y tines chiquitos me urgeee hacerlo con alguien peludooo por favor musculosoooo necesito contactense conmigo!

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  26. Yo desconozco desde cuando me gustan los pies pero siempre he sentido una gran excitación al ver a gente descalza o en calcetines, con solo verlos me provoca un deseo de tocarlos, olerlos, etc. Cuando usan mocasines de borlas me prendo y no dejo de mirarlos.
    Un día un tío y varios estábamos tomando unos tragos, la verdad yo no tomé mucho, pero ellos sí. Entonces mi tío estaba vestido de traje y con unos mocasines de color café y unos calcetines del mismo color. Él quedó ebrio al grado de quedar tendido en el sofá. Ya cuando todos habían subido, yo bajé y le quité los mocasines, subí sus pies a mis rodillas y comencé a masajearle sus pies, a olerlos y besarlos. El no sentía pues estaba ebrio. En eso comencé a chuparle el dedo gordo y así... La verdad fue tan excitante que me volví loco.

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  27. Yo comencé oliéndole los pies a mi padrino cuando se quedaba a pasar una temporada en nuestra casa, después a un tío que llegaba tomado y se acostaba y me daba sus pies para que le hiciera masaje, eran unos calcetines tan ricos, sudados, hermosos, olorosos...

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  28. Desde que tengo uso de razón, sé que me atraen los pies, sólo que vine a saber lo que era y lo que significa realmente como a los 13. Recuerdo así muy lejanamente, no sé a qué edad, pero estaba muy chico, era un niño y me gustaba recibir a mi papá cuando llegaba del trabajo y quitarle los zapatos. Era algo que hacía todas las noches, me encantaba. Pero en ese momento no lo percibía como algo sexual o no sabía lo que era. Hasta olía sus medias cuando iba a ponerlas en el armario. Recuerdo también las mejores épocas para mí eran las vacaciones, porque llegaban mis primos mayores de visita y se quedaban en la casa. Bueno, ya sabrán, cuánto disfrutaba yo a escondidas. Pero no sabia realmente lo que hacía hasta los 13 años más o menos cuando un tío se vino a vivir a mi casa, él es algo así como el macho ideal, alto, fuerte, y con una cara hermosa, pero lo que despertaba interés en mí eran esos pies... Dios, ojalá los hubieran visto, él tenía como 30 en ese entonces y lo que yo fui capaz de hacer a los 13 creo que no sería capaz de hacerlo ahora jaja. Cuando era medianoche, yo salía de mi cuarto y entraba a la habitación de mi tío. Él, como trabajaba duro, llegaba muy cansado y al parecer tenía el sueño profundo porque yo lograba lentamente sacarle las sábanas de los pies y hacía maravillas con ellos. Una noche hasta me corrí allí mismo, los besaba entre los dedos. A mí me excita mucho besar tiernamente la parte de abajo de los dedos y meter mi nariz un ratico ahí. Y él roncando como si nada estuviera pasando. Un día me excité tanto que, por buscar una mejor posición, le levanté el pie para sentir el empeine y él sintió algo y se movió. Creo que se despertó jajaja. Yo me quedé estático allí en el piso y ni respiré, mi corazón latía tanto y quería seguir en mi faena. Pasados unos 20 minutos volví a lo mío. Al día siguiente, mi tío me preguntó si en la casa había ratones porque anoche había sentido que algo le pasó por los pies :D Yo le dije: "sí, tío, muchas veces me ha pasado...". Es más, a veces recuerdo aquella época y me excito. No he tenido mejores pies que los de mi tío, eran tan suaves y el olor no era muy fuerte, pero era tan agradable y particular. Un día llegó del trabajo y entré a su cuarto mientras se duchaba. Cuando tomé en mis manos sus calcetines estaban prácticamente mojados. Ohooho qué tiempos aquellos. Hace muchos años que no siento unos pies, ya nadie se queda en mi casa jajaja. Tuve esa y muchas otras anécdotas, yo no dejaba escapar a nadie. Soy el mejor escondiéndome sin dejar rastros.

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  29. Yo se lo dije a mi padrastro. Un día le estaba ayudando a limpiar su auto, y él estaba en sandalias pero con calcetines hincado y yo empecé a tocarle los pies. Él no sentía. Después él empezó a sentir y se rió. Terminamos y nos metimos a su casa. Se acostó en la cama y fui con él. Me senté en la cama y él empezó a hablar por teléfono echado, moviendo sus pies. Me volví loco, me levanté y me salí del cuarto. Me sentí nervioso, no sé que me pasó. Regresé a su cuarto, él terminó de hablar por teléfono y le pregunté si le gustaría que yo le diera un masaje a sus pies. Él me dijo que no. Yo no hice caso a su respuesta negativa ya que yo quería sus pies. Le agarré sus pies, le quité sus calcetines y empecé a darle masaje y a besar sus pies. Exploté y él no supo. Luego me dijo que le pusiera los calcetines. Y le dije que no le dijera a mi madre ni a mi padre biológico ni a nadie. Eso fue como hace 13 años atrás y gracias a Dios no ha dicho nada él, que yo sepa.

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  30. Yo soy fanático de calcetines de hombres, todo comenzó cuando mi papá llegaba a la casa y se quitaba sus zapatos, se dejaba en calcetines la mayoría de veces negros y olorosos, eso me provocaba mucha exitación, apenas se los quitaba y los arrojaba iba corriendo y los robaba, luego iba a mi habitación y los olía, los chupaba, me los amarraba a la cara y finalmente me masturbaba derramando todo mi semen sobre ellos, esto hasta cuando tuve 15 años de edad, ahora tengo 24 y con los hombres q me he acostado no me gusta q se quiten sus calcetines, les pido q se los dejen puestos, y cuando los estoy penetrando me coloco sus pies en mi cara y huelo y chupo sus pies hasta venirme, me encanta hacer esto ??

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  31. Yo le pongo calcetines a un amigo, negros, largos, solo negros, y le hago fotos. Me encanta mi fetichismo hahaha solo me gusta los pies de hombres con calcetines negros, solo negros!
    Y también me gustaría conocer a alguien para ponerle calcetines negros y hacerle cosas. Saludos desde Mallorca.

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  32. Desde que empecé a tener uso de razón, estando muy infante, mi fetiche predilecto han sido los pies, zapatos y calcetines masculinos, Ufffffffffffff, me prenden intensamente, llegando a tener full orgasmos, en realidad, he contado con buena suerte, he tenido muchos amigos que me han complacido con esta fantasía, soy de Tuluá, Valle, me gustaría conocer más amigos para satisfacer esta fantasía, me pueden dejar por favor una respuesta al correo jmg42@gmail.com !!!...Gracias...!!!

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  33. Me gusta usar calcetines negros de vestir cuando estoy solo en mi casa y los huelo, me gusta ver imágenes de hombres con calcetines negros de vestir en especial si la foto muestra la planta del pie, eso me gusta mucho, siempre he querido estar con alguien profundamente dormido con ese tipo de calcetines puestos y olerlos

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  34. A mi me pasa algo similar pero con los zapatos de vestir.
    Cuando era niño, odiaba usar zapatos, ya que eran incómodos pero al ir creciendo empecé a tener una obsesión.
    Cuándo mis amigos se emborrachan y llevan puesto zapatos elegantes o que me gustaron, se los quito, los huelo, los reviso y me los pruebo.
    Al día siguiente todo normal como si nada hubiera pasado.
    Es una obsesión que tengo desde que salieron los Nike total 90 y fue creciendo hasta los zapatos de vestir.

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  35. Qué excitante ver unas medias negras en los pies de un hombre guapo.
    Soy hombre y me gustan las medias negras en mocasines de un hombre varonil.
    Me gustaría tener en mis manos los pies con medias negras de un hombre guapo.
    Un caballero guapo en terno echado y yo sacándole su zapato.
    Le saco su zapato y me excito viéndole su media negra, la manoseo como abusando de su pie.
    La huelo y la acaricio, la masajeo. Qué rica media negra.
    Me excito con el hombre allí echado, dormido, alcoholizado, inconsciente y no se da cuenta de que le estoy sacando su zapato y me estoy morboseando con su media negra.
    Soy hombre pero me excitan las medias negras de un hombre guapo enternado dormido, echado, desmayado, inconsciente, vulnerable.
    Está en mis manos y puedo hacerle lo que yo quiera a sus pies en medias negras y mocasines negros.
    Le saco su mocasín y me excito con su media negra. Es lo más excitante en este mundo: unas medias negras en mis manos para hacerles lo que yo quiera.
    Qué rico. Le saco los zapatos a un ejecutivo en terno.

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  36. Calcetines T&T en el Banco
    Hoy fui al Banco Banamex en San Pedro N.L. (México) y mientras hacía fila, en uno de los escritorios estaba un ejecutivo del banco, sentado en la silla del cliente (fuera del escritorio), mientras otro le explicaba algo... y ¡ah que excitante vista para mis ojos... él vestía un traje todo negro... con calcetines transparentes negros T&T... no quería que la fila avanzara, con tal de poder seguir observando los calcetines sensuales y excitantes de este ejecutivo (no podía dejar de mirárselos) deseando ir a sus pies, besarlos, sacarle los zapatos, y sentir el olor masculino de sus pies, impregnados en los calcetines... húmedos por el trabajo de todo el día.... qué hubiera dado por poder realizar esa fantasía! En el poco probable caso de que tú, el ejecutivo al que me refiero, leas este mensaje, contáctame y permíteme masajear, oler y besar tus pies, enfundados en esos calcetines tan masculinos, y tan eróticos, como son los T&T negros que vestías hoy...

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  37. Hoy vi a un hombre con traje formal y maletín dirigiéndose hacia su trabajo aparentemente. Él hizo la señal para detener el bus que lo llevaría a su destino. Como el vehículo no paró para que él subiera sino que siguió de largo, se enojó y lo pateó por la parte de atrás del bus. Como el bus siguió avanzando, y él llevaba puesto mocasines, con la velocidad del vehículo, su zapato se le salió de su pie y salió disparado hacia el otro lado de la pista. La gente se reía de lo ocurrido mientras que el hombre enojado cruzaba la pista con un pie en media sin zapato para recoger su mocasín perdido.

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  38. Esta noche vi, a través de los vidrios de un banco que ya había cerrado sus puertas y ya no atendía al público, dos policías sentados haciendo guardia. Uno de ellos estaba dormitando, pero ¡oh!, un detalle que llamó mi atención: se había sacado los zapatos y estaba con las piernas estiradas y los ojos cerrados. Su compañero policía decidió jugarle una broma y vi cómo cogía los zapatos del policía dormido y los escondía en el tacho de basura que estaba a cierta distancia. Luego de un rato, cuando el policía despertó, buscaba sus zapatos y no los encontraba. Se paseaba así descalzo, en medias negras, por todo el piso del banco tratando de hallar sus zapatos. Se le notaba avergonzado. Finalmente los halló y se los volvió a poner en sus pies. Supongo que no le quedaría ganas de volver a sacarse los zapatos para echar una siesta durante el turno con ese compañero bromista.

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  39. En una fiesta infantil a la que asistí, que quedaba en uno de las zonas más exclusivas de La Molina, el animador disfrazado de payaso inició con los niños un juego en el que ganaba el niño que primero le trajera lo que él les pedía. Así empezó a pedirles que trajeran varias cosas: un pañuelo, un arete, una moneda, etc. En un determinado momento, se le ocurrió pedir que le trajeran un zapato de hombre, de sus papás. Y empezó a gritar a través de su micrófono: ¡Tráiganme un zapato de hombre! ¡El primero que me traiga uno, gana un premio! ¡Quítenle el zapato a su papá! ¡Sáquenle los zapatos! ¡Y tráiganmelo!
    En eso, todos los niños apurados y entusiasmado por ganar el premio, corrían rápido hasta donde estaban ubicados sus papás; algunos estaban sentados y otros parados. Algunos niños le rogaban a su papá que se sacaran su zapato y que se lo dieran para poder ganar el premio; mientras que otros niños seguían las órdenes del animador y les sacaban los zapatos a sus papás, así como si nada, sin pedirles permiso.
    Como los padres que estaban allí era gente adinerada, tenían zapatos de calidad superior, muchos probablemente traídos del extranjero.
    El payaso empezó a recibir los zapatos que traían los niños y los empezó a poner en orden de llegada. Una vez allí se puso a revisarlos uno por uno. Había de todo tipo: mocasines, loafers, zapatos de vestir elegantes, con pasadores, sin pasadores, brillantes, costosos, de marca, etc., y de diversos colores.
    Como era payaso, hizo la broma de oler dentro de cada zapato y dijo que iba a reconocer el olor del dueño de cada zapato. Les indicó a los niños que ahora trajeran a sus padres para que vinieran a recoger sus zapatos.
    Todos los padres empezaron a acercarse al escenario en medio del salón donde estaba el payaso. Todos caminando con un zapato puesto y un pie solo con media. Una vez que todos los padres se encontraban allí parados en el escenario, el payaso se acercó a cada padre para cogerle su pie con media y se puso a oler la media de cada uno y luego tratar de identificar cual era el zapato que iba con la media de cada padre.
    Algunos padres estaban algo avergonzados y otros le seguían el juego.
    Algunos olores eran más fuertes y otros no tanto. El payaso parecía experto en eso. La gente se reía de sus ocurrencias mientras repartía los premios a cada niño y cada padre se iba retirando con su zapato en su mano, que el payaso les devolvía.
    Al finalizar lo de los zapatos, esta vez pidió que le trajeran un calcetín negro de hombre. Otra vez los niños se acercaban a sus padres para pedirles que se sacaran una de sus medias (de los padres que hubiesen llevado puestas medias de color negro). Los padres, que estaban elegantemente vestidos, tenían que sacarse su media negra para que se las llevaran al "ocurrente" payaso.
    El payaso hizo el además de que las olía cada una.
    Una vez que tuvo todos los calcetines negros de los padres, el payaso decidió hacer un intermedio para descansar; unos cinco minutos, propuso.
    Pasados los 5 minutos, los padres retornaban ansiosos para recuperar sus calcetines negros pero... ¡oh, sorpresa!, al dichoso payaso no lo hallaban por ningún lugar.
    Finalmente había desaparecido llevándose las medias de los señores, quienes estaban molestos y algunos avergonzados por haber confiado en el payaso y haberle entregado sus calcetines negros.
    Increíble pero cierto. Así que tengan cuidado si asisten a alguna fiesta infantil donde les empiecen a pedir que entreguen sus medias o calcetines.

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  40. En mi caso, una vez me encontraba caminando por una calle de Miraflores que cruza la Vía Expresa, entre los puentes Ricardo Palma y Benavides. Ya era casi medianoche y yo regresaba de una boda. Iba enternado, un poco mareado, pero consciente. Yo soy alto, así que suelo llamar la atención. Pero esa vez lo sentí más intenso, como que alguien me miraba y me seguía. Volteo a ver y era un chico delgado; no tenía apariencia de ladrón o vagabundo. En una de esas se me acerca a decirme algo. Debo admitir que sí me asusté porque pensé que me quería asaltar o robar. Mientras yo seguía caminando, él me saludó y me preguntó algo. Allí pensé más aún que podría tratarse de una trampa, pero también pensé que si me oponía, él podría tomarlo a mal y allí sí estaría yo en problemas si él quería hacerlo a la fuerza. La otra opción que se me ocurrió era correr lo más rápido que pudiera, pero qué tal si me alcanzaba, me tumbaba al piso y las cosas serían peores. Pensé en escuchar a ver qué me decía y de allí decidir qué hacer. Me dijo que no me asustara, que no me iba a hacer nada, que me había visto pasar y que me había seguido porque le había llamado la atención mis medias. ¿Mis medias?, le respondí. ¿Qué tienen mis medias? Me dijo que las veía diferentes, delgadas, negras, de vestir, que combinaban bien con mis zapatos negros, y que así había estado buscando unas similares pero que en Lima no las vendían, que las había visto por internet en otros países. En eso sí acertó porque las había comprado en el extranjero. Entonces me ofreció comprarme mis calcetines. Me sonreí y le dije que nada que ver, qué cómo se le ocurría. Pero él insistía mientras caminábamos más cuadras. Me ofreció 100 soles, y pensé que eso era mucho más de lo que costaba el par de medias y yo siempre podría volver a comprarme otras. Además vi que iba a seguir insistiendo y difícilmente iba a detenerse. Era persistente. De tanto insistirme, me llegó a convencer y además no me caería nada mal ese billete para una próxima juerga. Mientras él no fuese gay y no quisiera otra cosa, no habría problema. Tranquilo, me dijo, que él no ofrecía s oral ni nada parecido. Me aseguró que sólo quería mis calcetines negros, nada más que eso. Es más, me entregó el dinero por adelantado. Eso me inspiró confianza, accedí, me senté en el borde del jardín de una casa y empecé a sacarme los zapatos. De repente, él me dice que no me preocupara, que él mismo lo podía hacer. Se agachó hacia mis pies, me sacó un zapato, cogió mi pie, acercó su rostro y me sacó mi media. Lo mismo hizo con el otro pie. Le pregunté: ¿Estás seguro que esto es lo que quieres? Y él asintió con la cabeza. ¿Te puedo preguntar algo?, le dije, dime ¿para qué las quieres, qué vas a hacer con ellas? Me respondió que ya me había dicho, que no haría nada malo y que era su asunto. Que yo no era el primero al que le ofrecía comprar sus medias y que haciendo eso ya tenía varias en su colección así. Dentro de mí pensé: Hay cada loco en este mundo y cada uno con su tema. Realmente él solo quería eso, las tomó en sus manos, las puso en una pequeña bolsa transparente, la metió en su bolsillo, se despidió cortésmente de mí y se marchó. Mientras yo me quedé allí descalzo en plena calle, volviéndome a poner mis zapatos. Luego entré a buscar por internet si había casos similares y fue así como llegué a este blog, y ya veo que hay varios casos así.

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  41. Ahora que he encontrado este artículo y leo estos comentarios, me hace recordar que yo tenía un primo menor al que le gustaba jugar conmigo, según él me decía, a los indios y a los vaqueros.
    Recuerdo que cuando iba a visitarlo a su casa, no pasaba mucho tiempo antes de que me dijera para jugar a los indios y a los vaqueros.
    ¿En qué consistía básicamente su juego? En que yo era el vaquero y él era el indio. Él me capturaba y me amarraba a una silla. Una vez que me ataba de manos y pies a la silla, con soga y los nudos bien ajustados, volteaba la silla hacia atrás de forma que el respaldar quedaba sobre el piso y mis pies quedaban hacia arriba en el aire. Una vez allí, me decía que me iba a torturar. Entonces se acercaba a mis pies y con sus manos me sacaba mis zapatos, uno por uno, y una vez que él me dejaba así en medias, me las acomodaba ajustándolas para que no quedaran sueltas sino bien ajustadas a mis pies, lo recuerdo muy claramente que pasaba su mano por la planta de mi pie y yo sentía sus dedos tocándomelo. Inicialmente lo hacía despacio y suavecito, pero luego empezaba a mover sus dedos y empezaba a hacerme cosquillas a mis pies. Yo era muy cosquilloso y él sabía que era mi punto débil así que me torturaba de esa manera, haciéndome cosquillas a mis pies con medias y él disfrutaba haciendo eso. Yo me reía por efecto de las cosquillas, pero era una tortura, me desesperaba, no lo soportaba, era difícil no reaccionar ante sus dedos que los movía como arañitas sobre mis pies. El disfrutaba el verme sufriendo y a la vez haciéndome reír contra mi voluntad. Él pasaba largo rato torturándome de esa manera sin hacer caso a mis ruegos de que se detuviera y que me dejara libre. Parece que eso le entusiasmaba más. Utilizaba un lapicero para que me diera más cosquillas y con el lapicero hacia garabatos sobre mi media. Según él, era el indio marcando su territorio. Podíamos estar horas así hasta que él se cansaba y decidía soltarme, pero antes de eso me sacaba mis medias y me decía que se las quedaría como un trofeo en vez de cuero cabelludo. Hasta el día de hoy cuando lo veo en alguna reunión familiar, no hemos vuelto a hablar sobre eso, él ya es casado y tiene hijos, pero de vez en cuando lo he captado dirigiendo su mirada hacia mis pies, ¿o será mi imaginación?

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  42. ¿Quisieran poder conseguir las medias de los hombres guapos que les guste? Aquí les voy a compartir un tip sobre como he logrado quedarme con los calcetines de hombres desconocidos que veía en la calle, que me parecían atractivos, y que me han entregado sus calcetines, para que ustedes también puedan intentarlo.
    En primer lugar, inviertan en comprar varios calcetines nuevos, que se vean bien, que sean presentables y atrayentes.
    Como segundo paso, consíganse un maletín o mochila donde llevar los calcetines y una libreta o cuaderno para poder anotar algunos datos.
    Tercero, detecten al hombre más guapo que les atraiga la atención. Observen qué tipo de calzado y calcetines lleva puestos.
    Acercarte a él y preguntarle si podrías hacerle una breve encuesta.
    Le vas a decir que estás trabajando como encuestador y que están realizando un estudio de mercado para analizar los gustos de los hombres, de diversas edades y circunstancias, en la actualidad.
    Le dices que te han asignado ofrecer gratis calcetines de hombre para que la gente pruebe qué tal le queda y qué tal se sienten y así probar la calidad y aceptación de los mismos por parte del público masculino. Le explicas bien a fin de ganarte su confianza. Vas bien vestido, presentable.
    Le muestras la variedad de calcetines nuevos que te han asignado y que escoja cuál de todos le agrada, que escoja un par, el que más le guste.
    Ahora le informas que ese par de medias que él ha escogido, puede ser suyo gratis. La compañía te ha enviado a regalarlos sin ningún costo, pero con una única condición: que a cambio de regalarle esos calcetines nuevos, él te entregue sus propias medias que está usando en este momento y tiene puestas en sus pies.
    Si acepta, el siguiente paso consiste en pedirle que se saque sus zapatos y luego que se saque sus medias. Pregúntale si desea él mismo hacerlo o prefiere que tú lo hagas. Para esto debe estar sentado o hallar un lugar cómodo. Si él acepta que tú se lo hagas, te ganaste.
    Una vez que tienes sus medias usadas en tus manos, las vas a guardar en una bolsa hermética, para conservar el calor y olor de los calcetines que ha estado usando durante todo el día, o quién sabe cuánto tiempo.
    Una vez que se ha puesto los calcetines nuevos, y antes de que se vuelva a poner sus zapatos, le dices que necesitas tomarle una foto a sus pies usando esas medias nuevas para analizar qué tan bien se adecuan al pie y, a la vez, para que la empresa que te ha enviado compruebe que en verdad se las has regalado a alguien y que no te estás quedando con los calcetines para ti mismo. Aprovechas para tomarle fotos a sus pies con medias en diferentes poses, para el recuerdo, con su permiso.
    Finalmente le haces preguntas para la encuesta, como: ¿cuánto calza? ¿qué tipo de medias suele usar: de vestir, formales, informales, etc.? ¿qué colores usa: negras, blancas, etc.? ¿cómo las consigue: dónde las compra o si se las regalan su pareja, familiares, amigos? ¿le gusta usar medias cortas, normales o largas? ¿le gusta las medias delgadas, gruesas, transparentes? ¿cada cuánto se cambia de calcetines: a diario, cada cuantos días? ¿cuánto le suele durar sus medias: meses, años? ¿cómo siente estas nuevas medias nuevas: cómodas, ajustadas, sueltas, etc.? ¿si puedes tocarla tú para sentir la suavidad de la textura de la media sobre su pie? ¿si va a seguir comprando las medias de siempre o si se animaría a cambiar y comprar esta marca de medias en el futuro? (le muestras que tienes medias adicionales de diferentes colores y estilos, para ofrecerle por si él desea adquirirlas).
    Le indicas que puede volver a meter sus pies con medias en sus zapatos (o si él dejaría que tú lo hagas por él), le agradeces por su participación y cooperación en la encuesta o estudio de mercado, te despides de él con un apretón de manos, le deseas que tenga un buen día y te marchas. Y él queda contento y complacido sintiéndose como nuevo con sus medias nuevas en sus pies. Finalmente, te alejas mirándole sus pies y cómo le quedan esas nuevas medias dentro de sus zapatos.
    ¿Te animas a intentarlo? A mí me ha funcionado.

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  43. Yo estaba en un pub, tomando unas copas con unos amigos, cuando entró este apuesto hombre de negocios, bastante ebrio.
    Se veía guapo y con buen cuerpo. Se quitó su saco azul, exponiendo su camisa de vestir blanca y corbata azul. Se acercó a una mesa, se sentó en el mueble y puso sus pies sobre la mesa. Cerró los ojos y se quedó dormido.
    Mis amigos tuvieron que irse para tomar el tren, así que me quedé para terminar lo último de mi trago. Mientras tanto, no podía dejar de mirar a este ejecutivo, guapo y alcoholizado, y sus zapatos. Me acerqué al tipo y le pregunté: "Oye, ¿estás bien? Levantó la cabeza por un momento, me miró y me contestó: "¡Otra cerveza!" y luego vuelve a cerrar los ojos. Como el lugar estaba oscuro y había poca gente, aproveché para tocarle sus zapatos y, de paso, como quien no quiere la cosa, sus medias negras.
    "¿Dónde vives? ¿Quizás te pueda acompañar a la estación?"
    "No lejos de aquí... estoy hospedado en un hotel ... queda por allá".
    "Está bien, puedo llevarte de regreso a tu hotel".
    "Está bien..." (eructo)
    Ayudé al extraño a levantarse y casi se cae, le dije que me indicara por dónde ir. Le hice conversación para intentar mantenerlo despierto.
    "¿De dónde eres?"
    "Birmmmmmingham ..."
    "Está bien, y a qué te dedicas?"
    "Finanzas... Dinero dinero dinero. Jajajaja" (tenía sentido, dada la calidad de su traje y sus zapatos); "¿y tú?" (hipo)
    "Soy desarrollador de software".
    "¡JA! ¡Neeeeeeeeeerd! Pero nah, estás bien, te lo agradezco por haberme traído a mi hotel".
    Después señaló y dijo con dificultad: "¡Ooohh! Aquí está ..." y sacó la llave de su habitación. Pensé: está a punto de perder el conocimiento. Lo ayudé a subir las escaleras y con su llave abrí la puerta de su habitación. Lo llevé a la cama y él se dejó caer, con la cara sobre el cubrecama, y quedó allí tendido con las piernas estiradas sobresaliendo del borde de la cama.
    Ya estaba roncando. Lo observé echado en la cama, y ​​lo tranquilo que se veía, y un pensamiento malvado comenzó a invadirme: podía hacer lo que quisiera y él nunca lo sabría.
    Me acerqué a un lado de la cama, le toqué su pierna y le dije: "Oye, ¿puedes escucharme?". No respondía. Le toqué mas fuerte su pierna y todo lo que hizo fue seguir ronqueando. "Bien, está profundamente dormido".
    Luego me acerqué al pie de la cama y admiré sus zapatos: unos mocasines negros de cuero suave. Le saqué uno de sus zapatos, con cuidado, y miré dentro y vi que eran italianos (talla 44); lo más interesante fue el olor ¡fue fenomenal! Ligeramente agrio, varonil y mezclado con el cuero. Mi erección era dura como una roca en este punto. Le quité su otro zapato y admiré sus calcetines: Calcetines de vestir azules que eran ligeramente transparentes, con material más sólido sobre los dedos y el talón. Me arrodillé, presioné mi cara contra sus pies e inhalé profundamente; fue glorioso. Me quedé allí por unos momentos y seguí inhalando profundamente. Mientras tanto, el tipo seguía roncando suavemente.
    Proseguí, le levanté su pierna y lentamente manoseé todo su calcetín derecho: tobillo, talón, planta, dedos del pie. Su pie tenía un arco agradable. Entonces levanté su pie, me senté en la cama y metí sus dedos en mi boca. Procedí a chupar cada uno de los dedos individualmente, lamiéndolos entre ellos para probar el sudor, con pequeños mordiscos. Su pie se contrajo levemente, mientras lo hacía (supongo que era cosquilloso), y ciertamente no quería despertarlo, ya que lo estaba disfrutando bastante así.
    Después de haber mojado lo suficiente el pie derecho, me pasé a trabajar sobre su pie con calcetín izquierdo y procedí a hacer lo mismo, mientras yo disfrutaba de mi sabroso manjar. Para mí no era suficiente, sino que tenía que proseguir con esto. Yo quería seguir explorando a este hombre tanto como pudiera, mientras que él era mío.

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  44. El otro dia vi a un joven ejecutivo (unos 30 años) con traje a medida muy caro,tirantes de botones, camisa con gemelos, corbata, medías negras transparentes y mocasines castellanos negros de pala baja y tan desgastados que en cada paso se le salían un poco del pie. Decidí seguirlo entro en un restaurante caro y se sentó en una mesa en la que le esperaba un cliente. AL rato en plena conversación con dicho cliente empezó a jugar con sus mocasines sacando el pie completamente y mostrando sus hermosas plantas y el interior de sus mocasines los cuales tenían bastantes manchas de sudor. El cliente le pregunto por sus zapatos y este le respondió que eran muy caros pero muy cómodos y que lo único malo es que con el uso se soltaban. Yo me quede fascinado tanto por el ejecutivo como por la conversación.

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  45. "¿Qué hacemos con él?”, preguntó mi secuestrador gigante.
    Mi secuestrador pequeño le respondió: "Atémoslo y llevémoslo en la maletera del auto".
    Pensé algo rápido. Mientras el gigante me cargaba amarrado, empecé a frotar mi mocasín izquierdo contra el derecho para sacarme un zapato y que cayera al piso para dejar un rastro a la policía. Felizmente no notó mi pie con calcetín de nylon negro y sin zapato.
    Cuando llegaron a su guarida, el gigante me sacó de la maletera y me cargó sobre su hombro.
    Me puso sobre una alfombra roja contra una pared. Jimmy, el gigante, agarró mi tobillo descalzo y dijo: “Parece que perdió un zapato, ¿eh, Mick?”-
    Mick, el pequeño, sacó una bolsa negra y allí estaba el zapato que yo mismo había tirado en el camino. Él lo había hallado: “Buen intento, muchacho”, dijo Mick. “Pero nadie te va a encontrar aquí”.
    Jimmy me sacó mi otro zapato que aún lo llevaba puesto y se lo entregó a Mick, quien olió el interior y lo guardó en su bolsa negra junto con mi otro zapato.
    Jimmy sostenía mi tobillo izquierdo, su dedo pulgar rozó la planta de mi pie y la presionó ligeramente. “Bonitos calcetines, muchacho. A mí también me gustan los calcetines negros delgados de vestir”.
    Mick puso cinta de embalaje sobre mi boca. Traté de escaparme arrastrándome por el piso pero Jimmy me atrapó jalándome de mi pie.
    Luego me puso en una cama y me ató.
    Apagaron la luz y ambos salieron de la guarida.
    De repente, escuché que Mick partía en su auto e inmediatamente ingresó Jimmy a la guarida donde me habían dejado.
    Encendió la luz, tomó un trago de su botella de cerveza y se acercó a la parte de la cama donde se encontraban atados mis pies aún en medias negras. Acercó una silla, extendió su brazo y tiernamente tocó la planta de mi pie izquierdo. Traté de retirar mi pie, pero no podía moverlo debido a las ataduras. Él me tenía en su poder y podía hacer conmigo lo que él quisiera. Se sonrió y empezó a masajear mi pie izquierdo con ambas manos. Yo sentía algo relajante pero ¿qué estaba haciendo ahora? Acercó su nariz hacia mi media negra y se puso a olerla. Parecía como si se estuviera autoestimulando con eso. Cuando dejó de olerla, siguió masajeando mi pie izquierdo y luego pasó a hacer lo mismo con mi pie derecho. Yo me movía y luchaba lo más que podía para liberarme, pero sin éxito. Dentro de mi pensaba: "No, no no". Pero extrañamente yo experimentaba una sensación placentera. “Parece que no soy el único que está disfrutando esto, no?”, dijo en voz baja. “No te preocupes, me cercioraré de que también sea placentero para ti”.
    Él seguía autoestimulándose y gemía mientras masajeaba mi pie con una mano, y a veces se inclinaba y acercaba su nariz para disfrutar del olor de mi media negra. A veces pasaba ligeramente su dedo índice por los dedos de mi pie, haciéndome cosquillas. lo cual me hacía reír. “Oh sí, nos vamos a divertir esta noche”.
    En eso, retorna Mick. Al ver la escena, quiso unirse. Se acercó a los pies de la cama y tomó mi otro pie. Empezó a tocarlo, agarrarlo, manosearlo, masajearlo, para luego meterse mi pie a su boca y saborear mis medias negras. Ambos estaban muy erotizados con mis medias de vestir negras. Mick sacó de su bolsa negra uno de mis zapatos y me lo puso. Luego me lo sacaba y eso parecía excitarle. Hasta que finalmente se cansaron de tanta morbosidad y me dejaron en un descampado, sin zapatos, y se quedaron con mis medias. No me robaron dinero, celular, reloj ni ninguna otra pertenencia. Ha sido una de las experiencias más extrañas de mi vida.

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  46. Mi jefe es muy guapo y va siempre vestido con trajes caros(a veces solo con tirantes y otras también con chaleco) y calza unos mocasines muy bajos y medias de naylon. Un día entre en su despacho y mientras conversabamos se quito uno de sus mocasines y empezó a hacerse un masaje en el pie. Me dijo que si no me importaba que habia tenido un día muy largo y los pies los tenía muy cansado yo le dije no había problema. De repente me puso delante el pie y me dijo que le diera un masaje. Mientras que lo hacía el se fue desaflojando la corbata y abriéndose el chaleco (ya ante de que yo entrará se había quitado el saco). Cuando ya llevaba un buen rato palpando su hermoso pie embuelto en medias negras finas transparentes me puso delante el otro pie todavía con el zapato puesto y me dijo que se lo quitará. Yo se lo quite lentamenente y mire dentro estaban realmente sudados y olian deliciosamente no vi la marca porquesta estaban muy borrada pero parecían carós. Seguidamente lo solté y empeces a masajearle su otro pie y el aprovechaba para desabotonarse tres botones de la camisa mostrando asi su pecho Velludo y se pasaba la mano por el. Trascurrido un tiempo el retiro los pies y me dijo que me fuera. Para mi fue una gran experiencia.

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  47. El comentario de arriba me ha hecho recordar que antes yo trabajaba en una tienda de lámparas italianas. El dueño era italiano y solía sacarse los zapatos y poner sus pies con medias sobre el escritorio a vista y paciencia de todo el mundo, de modo que todos los empleados que pasábamos por delante de su oficina, podíamos ver las medias que usaba cada día. Yo buscaba cualquier excusa para aproximarme lo más posible a sus provocativas medias. A veces fingía que se me caía el lapicero en su escritorio y "de casualidad" mi mano topaba con sus medias, las cuales las solía sentir calientes y sus pies carnosos. Una vez hice como que me tropecé y que caí sobre su escritorio, aproveché ese rápido instante para abrazar sus pies y hundir mi nariz entre sus dedos y la planta de sus pies. Aproveché para aspirar profundo el olor de sus medias. ÉL se quedó estupefacto, se tardó un poco en reaccionar. Mi reacción fue la de disculparme y hacer como que le limpiaba sus medias de lo que se las había ensuciado con mis manos y con mi nariz. Me dijo que no me preocupara por eso pero que tuviera más cuidado la próxima vez. Realmente él pensaría que yo era una persona muy torpe porque siempre me caía o me pasaba algo muy cerca de sus pies. Sólo espero que no se diera cuenta de que sus medias, en realidad, me atraían fuertemente. Al llegar a mi casa, me masturbaba pensando en las medias que él había usado ese día y las posibilidades que yo había tenido de estar cerca de sus pies. A la que yo envidiaba era a su secretaria que tenía que estar la mayor parte del día con él, admirando sus elegantes calcetines en esos pies tan varoniles y masculinos a diario. Gracias por hacerme recordar aquellos tiempos. Ahora que lo pienso, hubiera podido aprovechar más oportunidades je je.

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  48. La otra noche fui a un dentista. Era extranjero. Cuando ingresé a su consultorio no vi ningún diploma o título, pero ya estaba allí, había pagado por la atención y me dolía mucho una muela. Al verme ingresar, le dijo a su recepcionista que se podía marchar a casa. Me indicó que me echara en su sillón reclinable. Me hacía conversación mientras preparaba sus instrumentos y halagaba mi vestimenta. Noté que dirigía su mirada hacia mis pies. Mis pies estaban ligeramente elevados sobre el sillón reclinable. Ese día, yo estaba usando un terno Kenneth Cole porque había estado en reuniones de negocios todo el día. Mi camisa y corbata eran monocromáticas, calcetines Perry Ellis negros delgados de vestir y zapatos Salvatore Ferragamo negros brillantes de vestir sin pasadores.
    Me dijo que me iba a curar la muela adolorida pero que iba a ser doloroso por lo que propuso aplicarme un sedante o anestesia general para que no sintiera nada de nada. Mis músculos se relajaron y mis ojos se cerraron. Aunque estaba dopado y semi-inconsciente, aún estaba despierto. Olvidé advertirle que a mí la anestesia no solía hacerme mucho efecto y que tendría que haber aplicado una dosis mayor. Ya no podía mover mis labios para decírselo. El dentista pensó que yo ya estaba sedado completamente y que no podía escuchar nada, pero sólo estaba anastesiado parcialmente.
    Yo esperaba escuchar el sonido del taladro dental, pero en vez de eso escuché la voz del doctor que decía para sí mismo: "¡Vaya, vaya, qué tenemos aquí! Mmmmm". Luego escuché que las rueditas de su banqueta rodaban hacia el otro extremo del sillón reclinable, donde mis pies se encontraban elevados. Puso sus manos alrededor de mi pie y las iba subiendo lentamente por mi pierna. Yo sentí como que jalaba del talón de mi zapato y mi pie quedó parcialmente salido del zapato, exponiendo el talón de mi media. Dejó mi zapato así colgando de mi pie. Procedió a sacarme mi otro zapato dejándolo igualmente colgado de los dedos de mi pie. En eso, de repente sentí que el sillón reclinable se movía y la parte donde estaban mis piernas iba elevándose por encima de la altura mi cabeza.
    Ahora, este extraño me estaba sacando mis zapatos contra mi voluntad. Yo podía sentir cómo mis zapatos se deslizaban por los arcos de mis pies hasta que fueron retirados completamente. Ahora mis pies con medias negras delgadas y sudorosas estaban siendo expuestas. Mis pies, talla 45, estaban a merced del doctor. El dentista presionó su rostro contra las plantas de mis pies y aspiró con su nariz profundamente. ¡El supuesto doctor estaba oliendo mis pies! También los manipulaba hacia adelante y hacia atrás, pasaba sus dedos por mis plantas, exploraba la forma de mis pies con su lengua, las besaba y acariciaba como si fuesen objetos de culto dignos de ser adorados. Me estaba empezando a excitar toda esta situación. El dentista pensaba que yo no podía sentir nada y por eso se atrevía a hacerles todas esas cosas a mis pies. Él estuvo largo tiempo adorando mis pies en medias negras ejecutivas, importadas. No terminaba de saciarse con ellas. A veces podía sentir su boca en la parte superior de mi pie, dejando húmeda mi media. Le daba pequeños mordiscos a mis dedos, arcos y talones. De repente, emitió un gemido morboso a la vez que agarraba mis tobillos y levantaba mis pies para llevárselos a su rostro, nariz, boca, dientes, lengua. La energía que aplicó hizo que mis pies en medias se tensionaran y se estiraran. Parece que le gustaba eso y las acercaba a su mejilla. Luego perdí el conocimiento.
    Cuando me desperté, tenía puestos mis zapatos (apuesto que él se excitó al volvérmelos a colocar en mis pies) y el dentista actuaba como si no hubiera sucedido nada fuera de lo común. Sonrió y me dijo: "Listo, y no te dolió nada, ¿no?".
    Mientras caminaba hacia mi auto, me puse a pensar en lo indefenso y vulnerable que había estado y cómo ese tipo había abusado de mis pies con medias y había hecho con ellas todo lo que quiso y quién sabe qué cosas más.

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  49. Yo trabajo en una agencia de publicidad y marketing como creativo. Una vez tuvimos que convencer a nuestro jefe para que aprobara una determinada campaña para un cliente. Pero él se mostraba reluctante y con cara de muy serio, no le parecía bien ninguna idea que le aportábamos. Por más que queríamos que se animara, sonriera y aceptara nuestra propuesta, no lo lográbamos. No se me ocurría ninguna solución en ese momento... lluvia de ideas... pasaron por mi mente mil formas de lograrlo. Se me vino una forma picaresca y algo atrevida de lograrlo. Aproveché esa oportunidad para desatar mis instintos y a la vez lograr lo que queríamos. Me dirigí hacia debajo de la mesa de reunión donde estaban los pies del jefe. Me abalancé sobre su pie derecho, lo agarré fuerte y lo puse sobre la mesa. Rápidamente, antes de que él pudiera reaccionar, me animé a quitarle su zapato que felizmente no tenía pasadores, así que salió más fácil de su pie. Le había colocado su pie con media negra sobre la mesa de la junta directiva y le empecé a hacer cosquillas en la planta de su pie con mis manos. Inmediatamente empezó a reír a carcajadas; los dedos de sus pies se movían como locos, el arco de su pie se estiraba y se contraía de la impotencia por no poder parar de reír, él quería liberarse y forzaba para soltar su pie de mis manos, pero yo lo agarraba más fuerte aún y aumentaba la intensidad de las cosquillas; era un placer-tortura.
    Estando así, en esa situación, le pregunté si iba a dar su aprobación a nuestra propuesta, pero él seguía negándose rotundamente a pesar de su fuerte risa incontrolable e involuntaria.
    Entonces se me ocurrió que tendría que ser más intensa la tortura-diversión. Como buen líder, les dije a los demás empleados que se encontraban allí en la sala de reunión: "¡todos al ataque, vamos, ayúdenme, cójanle su otro pie, sáquenle su zapato y háganle cosquillas hasta que ceda. No pararemos hasta que apruebe nuestra idea!".
    Los demás lo pensaron 2 veces, pero al verme tan decidido y viendo que el jefe se encontraba indefenso y era vulnerable a las cosquillas, se pararon de sus asientos para meterse por debajo de la mesa, se dirigieron hacia su zapato y allí debajo de la mesa, le arrancaron su zapato que sin mayor esfuerzo salió volando por los aires.
    Las manos de todos los presentes empezaron también a hacerles cosquillas a sus pies hasta lograr que se rindiera y cediera a nuestro pedido. La imagen es esta: el pie derecho del jefe sobre la mesa de reunión, con su media negra, sujetado por mis manos y yo haciéndole cosquillas a su media, mientras que su pie izquierdo era dominado debajo de la mesa por los demás empleados quienes aprovechaban para desquitarse del jefe que había sido muy déspota y estricto con ellos, y les había obligado a trabajar mas horas y les había reducido su sueldo.
    Los empleados se habían posicionado debajo de la mesa, arrodillados ante los pies del jefe, haciéndole cosquillas sin límites. Uno de ellos se había echado boca abajo sobre el suelo para estar en mejor posición y también le agarraba la media negra del ejecutivo para hacerle cosquillas con lo que encontraban allí: lapiceros, llaveros, monedas, tarjetas de crédito, ¡e incluso una de esas cuchillas que se usan para abrir los sobres de papel! Casi llegaron a rasgar un poco su media, ¡oops!
    Uno de ellos sacó su celular y se puso a grabar todo la escena de las cosquillas a los pies del jefe, pensando en subirla a internet y hacerla viral. Todo era muy intenso.
    En una de esas, el jefe, al verse impotente y que no iba salir ganando de esa situación, muerto de risa, finalmente decidió aceptar nuestra propuesta, pidiéndonos que por favor dejáramos en paz sus pies con medias. Hicimos que lo firmara por escrito para que luego no cambiara de opinión.
    Al final, todos complacidos con el resultado, le volvimos a colocar sus zapatos en sus pies y nos despedimos del jefe, quien quedó exhausto y en adelante lo pensaría 2 veces antes de tratar mal a sus empleados. Ya conocíamos su punto débil y él sabía de lo que eramos capaces por defender nuestros trabajos.

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  50. Acabo de descubrir esta página y pensé en compartir una experiencia que me sucedió hace algún tiempo. Yo, en mi cargo de administrador, debía lidiar con un proyecto muy importante para la empresa donde trabajo. Si el proyecto concluía exitósamente, yo podía ganar mucho dinero y la compañía mucho más. Después de varias semanas, finalmente termine el proyecto y ayudé a la compañía a ganar una enorme suma de dinero. Yo estaba saltando de alegría. Ese día recuerdo que yo estaba en terno y estaba usando nuevos zapatos Prada negros, talla 45, con medias negras muy delgadas.
    Al pasar por el parque, me encontré con mis amigos y colegas de la empresa. Inmediatamente les comenté que había hecho un gran negocio y que los gerentes de la compañía estaban complacidos y me ascenderían. Ellos se alegraron por mi logro y querían celebrarme y festejarme. Entonces todos, en conjunto, me cogieron de las manos y de los pies y empezaron a lanzarme al aire (yo mido 1.80 m), luego me atrapaban y me volvían a lanzar hacia arriba, nuevamente me cogían en la caída y me lanzaban de nuevo, y así lo hicieron varias veces más. En ese momento, uno de mis zapatos se salió de mi pie por tanto movimiento, me volvieron a lanzar por los aires y mi otro zapato se me salió y cayó al piso. Quedé descalzo, en medias negras. Ellos notaron que se me habían salido ambos zapatos de mis pies. Entonces decidieron jugarme una broma. Mientras algunos de ellos me sujetaban, otro se encargaba de recuperar mis zapatos, esconderlos y llevárselos. Yo no podía moverme. Les dije: oigan, muchachos, aunque yo haya ganado más dinero que ustedes, no tienen por qué hacerme pasar por esto. Ellos seguían riéndose imparables. Algo peor sucedió. Me agarraron entre todos, pero ahora yo estaba boca abajo, mirando hacia el piso, el cierre de mi pantalón se había abierto con tanto manoseo, y me llevaron hacia una pileta o fuente cercana. Estaban listos para lanzarme a la pileta. Yo les pedía que dejaran de bromearse de esa manera conmigo. Finalmente me tiraron al agua y allí estaba yo, formal, con mi terno negro, corbata de seda, empapado dentro de la pileta, con las piernas que sobresalían de la pileta, sin zapatos y en medias. Yo estaba completamente mojado desde mi cabello con gel hasta las puntas de los dedos de mis pies. Ellos se mataban de la risa y no paraban. Yo no podía hacer nada más que seguirles el juego y reírme con ellos. Uno de ellos gritó: Oye, Walter, tus zapatos nuevos se ven muy bien, los tomaré prestados y les daré un buen uso, gracias. Entre todos se pasaban mis zapatos y metían sus narices para saber cómo olían por dentro, mientras que algunos otros metían sus manos dentro del zapato y los sentían tibios y con algo de mi sudor de lo que los había tenido puestos toda la mañana. Jaja, lamentamos que tengas que irte caminando descalzo. Volvieron a reír a carcajadas. Entonces yo les grité: ¡oigan, no, no, tengo que regresar a la oficina y cómo voy a hacerlo así como estoy, mojado y sin zapatos! Pero eso no les importó y huyeron corriendo llevándose mis zapatos nuevos entre sus manos.
    ¿Qué podía yo hacer? Se habían apoderado de mis zapatos y me encontraba totalmente empapado. Nada más que salir de la bendita pileta y dirigirme hacia la oficina con mi terno mojado y caminando con mis medias mojadas. En el trayecto hacia mi oficina, noté que algunos hombres me miraban asombrados al verme en terno, todo mojado, y otros se quedaban mirando fijamente mis pies caminando solamente en medias por las calles. ¿Por qué me miraban tanto mis pies? Era vergonzoso. Empecé a correr hasta que llegué al edificio, subí el ascensor con gente (que me miraba en forma extraña), me metí a mi oficina y me sequé la ropa. No me devolvieron mis zapatos por lo que tuve que retornar a casa manejando con mis pies en medias. Al llegar a casa, mis medias estaban maltratadas, rasgadas, desgastadas, manchadas, embarradas, y con varios orificios.
    Son mis colegas, siempre nos jugábamos bromas pero esta vez habían llegado muy lejos. Y esto no se iba a quedar así. Yo iba a buscar venganza.

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  51. Esa historia me ha recordado otra que me ocurrió a mi. Un día de mucha lluvia volvía de mi oficina con traje gemelos corbata mocasines bajos y medias de naylon finos. De repente empezó a llover muy fuerte no había traído paraguas y empecé acorrer porque el traje se me estaba mojando y el agua estaba entrando en mis zapatos. En mitad de la carrera se me salio un zapato y lo arrastro el agua yo grite "Coger mi zapato por favor son muy caros" y empecé a correr detrás de el para alcanzarlo en ese momento salio disparado mi otro mocasín y los perdí de vista. Tuve que volver a mi casa en medias y totalmente empapado cuando llegue estaban sucias y rotas. Todavía me pregunto donde habrán ido a parar mi elegantes y caros mocasines de corte bajo y pienso porque se me salieron quizás porque tenia el pie húmedo o porque al ser bajos se saldrían mas fácilmente.

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  52. Esto sucedió en Semana Santa. Todo empezó cuando Sergio, un hombre alto, fornido y muy guapo, que compartía su habitación con 2 roommates o compañeros de cuarto, regresaba a casa luego de haber recorrido las 7 Iglesias por Jueves Santo. Como quería dormir bien, tomó una doble dosis de pastillas para dormir. Se tiró en la cama boca arriba, vestido tal cual como había llegado, en terno, y no se había sacado los zapatos. Se había puesto unos zapatos negros brillantes que hacían juego con su terno. Su compañero de cuarto, Oscar, era fetichista de pies, pero Sergio no lo sabía. Vio una oportunidad para dar rienda suelta a su fetichismo. Sergio calzaba 43. Como Sergio había estado caminando visitando 7 iglesias, Oscar sabía que los pies de Sergio estarían cansados, calientes, sudorosos. Al tirarse en la cama, uno de los zapatos de Sergio estaba medio salido del talón. Oscar se acercó más para observar con detalle. Pasó su dedo por ese enorme talón del hombre durmiente, con miedo de que se fuese a despertar y lo descubriera tocándole sus pies. Pudo palpar el material de nylon muy suave, delgado, casi transparente, eran unas medias muy elegantes, finas y costosas.
    Le pareció sentir un olor que emanaba de ese talón y acercó su nariz para comprobar el olor de ese pie que le atraía tanto. Una vez que olió ese aroma, sintió una excitación que nunca antes había sentido. Al verlo tan fuerte y masculino allí, vulnerable e inconsciente, Oscar podría hacer con los pies del hombre lo que él quisiera y se le ocurriera, y Sergio nunca lo sabría.
    Tomó el loafer o mocasín brillante y elegante y lo fue retirando del pie del galán en forma lenta y temerosamente. Le excitó ver esa media de color negro intenso cubriendo ese enorme pie. No aguantó más y se abalanzó sobre ese pie para adorarlo, olerlo, besarlo, lamerlo, como nunca antes lo había hecho con ningún otro pie de un hombre tan guapo. Lo alzó, a la vez que se alzaba la pierna del hombre, quien no sentía nada de lo que le estaba haciendo Oscar morboseándose. Sentía que tenía poder sobre ese hombre. Sergio no solía permitir que nadie le tocase sus medias negras y menos por alguien de su mismo sexo. Oscar había intentando tocar los calcetines de Sergio varias veces anteriormente, estando despierto, pero Sergio no se lo permitía. Ahora Oscar se encontraba explorando la media de Sergio, quien no podía hacer nada para evitar eso. Sintió como que estaba violando el pie con media de Sergio. (Fin de la primera parte).

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  53. (Segunda parte). Estaba en su máximo placer cuando de pronto ingresó sin avisar el otro roommate, César. Al entrar, quedó sorprendido con la escena que estaba viendo delante de sus ojos: ¿Qué estás haciendo agarrando y oliendo la media de Sergio? Voy a despertarlo para decirle. Oscar se asustó y pensó que sería su fin. Entonces se le ocurrió hacerle una propuesta. Mira, yo sé que tú eres gay, y te he visto mirar fijamente a Sergio en todo momento. Él ha tomado dos pastillas para dormir. Te propongo que podemos compartirlo y mantener este secreto solo entre nosotros. César dudó un poco pero más pudo la atracción de ver a ese hombre guapo que tanto admiraba y observaba y que nunca se dejaba tocar por otro hombre. ¿Qué propones?, preguntó César. Tú coge su otro pie, sácale el zapato y disfrútalo, mientras yo me aprovecho de este otro pie que será para mí. César, ni corto ni perezoso, se avalanzó sobre el otro pie del guapo hombre, que estaba en terno, y procedió a despojarlo de su rico zapato, que se veía muy apetecible. Sergio, mientras tanto, permanecía inmutable ante la violación de sus pies por parte de esos jóvenes arrechos, morbosos y excitados con las excitantes medias negras que había usado en sus pies todo el día recorriendo las calles. Los dos parecían unos locos por esas medias. De vez en cuando, parecía como que Sergio gemía, quizás estaría soñando que era su novia la que le estaba haciendo todo eso, en sus sueños. Los jóvenes apretaban con sus manos esos pies, desesperados, con esas riquísimas medias puestas, calurosas, sudadas, con olor de macho, inalcanzables para los demás, pero en el poder de sus manos ahora para hacerles cualquier cosa que ellos desearan y Sergio, que era heterosexual, no podría poner resistencia. Sus medias estaban siendo lamidas, mordidas, olidas, masajeadas, apretadas, ultrajadas, etcétera.
    Cada uno abusaba del pie que tenía en sus manos. Y se hacían la competencia de quién le hacía más cosas pervertidas a esa media negra tan provocativa y deliciosa que cada uno tenía en sus manos.
    Le alzaban la basta del pantalón para ver hasta donde llegaban las medias. Vieron sus piernas velludas.
    Les excitó más aun. Sergio estaba indefenso. ¡Qué ricas medias negras usaba! Lo habían abierto de piernas, cada uno jalando un pie para su lado. La escena era excitante. Le frotaban la planta del pie morbosamente Eran dueños de esos pies, hasta que despertara.

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  54. En Viernes Santo, entró un hombre a la Capilla de Adoración. Eran las 4 am así que no había nadie más que yo en el lugar. En eso veo que al llegar delante de la alfombra roja, se saca los zapatos y así, en medias, empieza a caminar lentamente hacia el Altar. Era un hombre alto y de buen cuerpo. No me había visto. Una vez que llegó al reclinatorio, se arrodilló, y dejaba ver las plantas de sus pies en medias negras. Se veían nuevas.
    Me sorprendió ver todo eso. Nunca antes había visto a alguien hacer algo así ni sabía que se podía hacer eso en las capillas. El hombre estaba todo vestido de negro, parecía bien religioso.
    Toda esa escena me desconcentró de mi meditación. Se puso a orar. Él estaba tan concentrado en su oración que tenía la cabeza sobre sus manos y ojos cerrados. Yo seguía observando las plantas de sus medias bien negras, desde lejos. Como lo veía bien concentrado en lo que hacía, y vi que no había nadie más, decidí cerrar la puerta de la capilla sin que él escuchara ningún ruido. De paso, revisé sus zapatos, eran nuevos, talla 46, nunca había visto tan grandes. Los acerqué a mi nariz y sentí su olor. No quería perder más tiempo y decidí sentarme más adelante, acercándome hacia donde él estaba para poder observar mejor sus medias y posicionarme mejor. Me arrodillé detrás de él y me puse en posición de oración, pero con mi frente sobre la alfombra roja. Si él volteaba, vería que yo estaba orando. Estando tan cerca de sus pies, pude leer la marca de sus medias: Armani. Sus rodillas estaban sobre un acolchado rojo del reclinatorio y sus pies sobre la alfombra roja. Me acerqué un poco más adelante, de forma que mi nariz llegara hasta las plantas de sus medias negras para poder olerlas, sin perturbar su meditación. Olían riquísimo, olor a hombre varonil, se ve que había estado caminando bastante. Yo me había excitado tanto que me eché boca abajo sobre la alfombra y oliendo sus medias negras, empecé a frotar mi cuerpo sobre la alfombra. Olí su talón. Felizmente él permanecía concentrado en su rezo e inmutable a cualquier distracción externa. Oh, cómo me moría de ganas por tocárselas y acariciar la textura de esas medias negras de marca, pero no podía arruinar esta oportunidad.
    Se me ocurrió algo para poderle tocar sus medias. Encontré una pelusa sobre la alfombra y se la puse sobre la planta de su media. Entonces cogí su pie por el empeine con una mano, y mi otra mano la pasé por el contorno de su media. Uff, lo disfruté un montón, me excité, se me erectó. Como él estaba tan concentrado se tardó en reaccionar, por lo que aproveché para pasar mi lengua sobre su media. En eso, el hombre voltea intrigado para ver que sucedía con su media porque sentía cosas raras en su pie. ¿Qué sucede?, me preguntó. Descuide, le dije, es solo que tenía una pelusa en su media pero ya se la estoy sacando, terminaré pronto; sólo déjeme agarrar sus dedos del pie así y flexionarlos, para estirar más la media y que la pelusa salga fácil; ya casi lo logro. Acerqué más mi rostro como para ver mejor, la olí un poco más, le dí un pellizcón a su planta del pie y le dije: "¡listo, ya está, se la saqué!". Y le mostré la pelusa que había estado sobre su media."
    ¡Oh, muchas gracias por ser tan amable!", me dijo. "Casi pensé que serían roedores o algo así". Y movía sus pies tanto que me daban ganas de volvérselos a manosear, pero debía ser cauto y guardar la compostura. "No es nada", le dije, "cuando guste, puedo volver a ayudarlo. Mientras tanto lo dejaré rezar en paz. Le alcanzo sus zapatos para que los tenga más cerca, no vayan a ser la tentación para alguien y se los quieran robar". "¿Pero quién querría robarse unos zapatos de hombre usados?", preguntó. Le respondí: "nunca se sabe cuando puede haber cerca un fetichista de pies de hombres". "Gracias por la advertencia", me contestó, "nunca he conocido a alguien con ese fetiche. ¿Cómo será?". Nos despedimos y me dejó su tarjeta personal. Quién sabe me anime a llamarlo uno de estos días, ya les contaré.

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  55. Era Sábado de Gloria, y en la Procesión al Santo Sepulcro, vi a un hombre que caminaba en procesión junto con todo el tumulto de gente. Era rubio, cuerpo de gym, su rostro se parecía al de Chris Pratt. Me sorprendió ver a alguien así por aquí, así que lo seguí durante el recorrido. A veces me ponía detrás de él y le pisaba el taco de su zapato, el cual se le salía y dejaba ver el talón y parte de su media que, para variar, era de color negro. A veces se le salía más el zapato y llegaba a salírsele todo su pie y pisar el suelo con su media. Él volteaba para ver quién le había pisado pero yo miraba para otro lado, como que conmigo no era la cosa. A mitad del recorrido, veo que se sienta a descansar en una banca, se saca sus zapatos y empieza a masajear sus pies. Ni corto ni perezoso, saqué mi celular y empecé a tomarle fotos de sus pies con medias, así al aire, salidos de su confinamiento en esos zapatos y a vista de cualquiera que pasaba por allí. Varios pasaban por allí y se quedaban estupefactos mirando al guapo hombre masajeando sus pies en medias negras de vestir. En eso se acercaron unos ladronzuelos, y al ver los zapatos a un costado, los cogieron y salieron corriendo a más no poder. El hombre reaccionó, se paró, quiso perseguirlos pero ya estaban muy lejos. Se quedó desconcertado por lo ocurrido, buscó a un policía a quien le mostró sus medias pero el policía, luego de observar los grandes pies del tipo, le dijo que los robos eran frecuentes por esa zona y difícilmente recuperaría sus zapatos.
    Al hombre no le quedó más que volver a la procesión así como estaba, sin zapatos y solamente en medias negras. Mientras caminaba, yo le seguía tomando fotos a sus pies con medias, sin que se diera cuenta. Con lo áspero y accidentado del piso, sus medias se iban ensuciando de tanto polvo, de los pisotones de la gente y también las medias se iban rasgando e incluso iban apareciendo agujeros o huecos en la fibra o textura negra. Lo seguí hasta que, en una de esas, paró un taxi, y desapareció de mi vista. Fue una experiencia muy inusual y excitante a la vez. Y me quedé con los recuerdos fotográficos de esas vistas. Si desean que se las comparta, me pueden escribir al correo shoeslions10O@yahoo.com

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  56. Era su cumpleaños, y a Roger le habían preparado una fiesta sorpresa por su cumpleaños. Roger cumplía 28 años, lo acababan de ascender al cargo de administrador de una sucursal del Banco, era soltero, muy guapo, medía 1.78, de cuerpo formado, calzaba 43, pero tenía un defecto: era mujeriego.
    Sus amigos lo esperaron dentro de su casa a oscuras para sorprenderlo y saludarlo. Muchos le tenían unas ganas a Roger, ya sea porque les gustaba o porque querían desquitarse de él por las bromas que solía hacerles.
    Roger regresaba agotado a casa de noche luego del trabajo, con ganas de sacarse los zapatos y echarse en la cama. Cuando abrió la puerta, así a oscuras, sintió cómo varias manos lo cogían de pies y manos y lo llevaban en el aire hasta sentarlo en una silla delante de una mesa y encendieron las luces. Todos le gritaron "¡Sorpresa!" y le cantaron "Feliz cumpleaños". Se veía muy elegante con su terno azul, camisa blanca, corbata azul de rayas, zapatos Calimod negros y medias Lancaster negras de terno. Cuando Roger iba a soplar las velas de su torta, todos se dirigían miradas cómplices entre sí y, de repente, le hundieron su cara dentro de la torta. Roger luchaba por sacar su rostro de la torta, pero varias manos se lo impedían. En eso sus amigos le empezaron a lanzarle cosas y embarrar todo su terno elegante con crema chantilly, espuma de afeitar, mostaza, ketchup, gaseosa, jugos, leche, cerveza e incluso pintura. Estuvieron largo rato así, embarrando todo su terno más y más.
    Uno de sus amigos, Carlos, aprovechó para meterse debajo de la mesa, mientras los demás estaban entretenidos y no se fijaban en él por el mantel que cubría la mesa. Una vez abajo, llegó a los zapatos de Roger, los vio provocativos, los empezó a tocar y con un jalón fuerte se los arrancó de sus pies acalorados por haber estado encerrados en esos zapatos desde la mañana. Le cogió sus calcetines y los trajo hacia adelante para poder olerlos, manosearlos y hacerles lo que se le antojara. Roger estaba ocupado tratando de liberarse de todo lo que le estaban haciendo arriba así que no estaba tan consciente de lo que le estaba haciendo a sus pies o pensaría que era parte de la broma.
    Su amigo siempre había tenido ganas de tener en sus manos los pies de Roger y esta era su oportunidad. Estuvo largo rato metiéndose a la boca los pies de Roger, aspirando su aroma, manipulando sus pies a su antojo. Decidió sacarle una de sus medias negras y guardarla en su bolsillo.
    En eso, a alguien se le ocurrió gritar: ¡embarrémosle también la parte de abajo!
    Entonces le empezaron a embarrar todo su pantalón, alzaron el mantel y encontraron a Carlos agarrando los pies de Roger. ¡Miren, ya Carlos se adelantó y le ha sacado sus zapatos! ¡Embarrémosle sus pies y medias!
    Mientras Carlos sostenía los pies de Roger, los demás le echaban yogurt, miel, harina, huevos, etc. sobre la media negra de Roger y sobre su otro pie desnudo. La media estaba tan embarrada que casi ni se distinguía su color negro. Carlos pasó su lengua por todo ese menjunje y, nadie se percató, pero se vino. Cuando se cansaron de todo eso, dejaron en paz a Roger, quien se levantó de la mesa, entre avergonzado y enojado, y sin saber qué hacer. Era increíble pero ese hombre fuerte y macho estaba llorando; habían lastimado su dignidad de hombre. El cierre de su pantalón estaba abierto. Humillado fue a refugiarse en su cuarto y se encerró con llave. Todos se quedaron inmóviles, estupefactos y dijeron: "quizás nos excedimos. Será mejor que nos marchemos". Carlos extrajo de su bolsillo la media de Roger y la levantó al aire mostrándosela a todos como señal de trofeo. ¡Bien!, exclamaron. ¡Vayamos al bar a celebrar con su media negra y ya veremos qué hacemos con ella!
    Cada uno iba con una idea de lo que podría hacer.

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  57. Cada vez que viajo, cuando estoy en la aduana del aeropuerto, me pongo a ver cuando los pasajeros se tienen que sacar los zapatos para pasar por revisión. Me fijo especialmente en ejecutivos con el fin de observar sus medias de vestir y de qué color las usan.
    En eso estaba un día, cuando de repente un ejecutivo pasa por las máquinas de escaneado y cuando llega al otro lado, se pone a buscar sus cosas pero no encuentra sus zapatos. Le informa a los oficiales, pero ninguno de ellos sabe dónde están sus zapatos, no vieron quién se los llevó y no pueden hacer nada.
    Un pasajero desconocido le había robado sus costosos zapatos.
    Al hombre de negocios no le quedó más que proseguir así, descalzo en medias negras de terno, hacia la sala de espera. Yo, al ver esto, lo seguí hacia la sala de espera para sentarme a una distancia prudente y poder admirar sus calcetines, sin que él me viera.
    Para mi suerte, una vez dentro del avión descubrí que justo me había tocado sentarme en el asiento junto a él. Así que todo el viaje estuve observando sus medias. Él cruzaba su pie sobre su rodilla, de modo que la planta de su pie quedaba mirando hacia mí. Durante la noche, cuando él dormía (así como todos los pasajeros y el personal también), bajé mi cabeza hasta sus pies, pude acercar mi nariz y oler su media en su pie. Olían riquísimo. Me excité. Probé tocársela suavemente, de modo que no sintiera mi mano o mis dedos ni mi lengua; aproveché mientras me cercioraba que estuviese bien dormido y le tomé muchas fotos a su pie con su media ejecutiva negra y delgada. Me autoestimulé hasta que se hizo de madrugada y encendieron las luces del avión.
    Finalmente me gané viéndolo bajar por las escaleras del avión en sus medias que habían sido adoradas por mi persona. Lo seguí por las escaleras automáticas hasta que lo perdí de vista.
    Desde ese entonces, siempre me pongo a ver a los hombres que se descalzan y si alguien se lleva sus zapatos :P

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  58. El empresario salía de haber retirado una gran suma de dinero del banco y se le había ocurrido esconder los fajos de billetes en sus medias de vestir. Pensó que nadie se atrevería a buscar allí... qué equivocado estaba.
    Dos avezados delincuentes lo habían venido siguiendo ya que habían visto cuando el empresario se agachó y escondió el dinero el dinero en sus medias.
    El exitoso empresario de excelente presencia bajaba unas escaleras cuando aparecieron los criminales. Uno de ellos le ordenó: ¡Quítate los zapatos! ¡Yo quiero que te quites los zapatos!
    Pero el empresario se resistía a hacer lo que le ordenaban y el maleante le repitió: ¡Qué te quites los zapatos! ¡Yo quiero que te quites los zapatos! ¡O lo haremos nosotros! Te sacaremos los zapatos porque ya sabemos qué llevas allí. Así que más te vale no poner resistencia. ¡Entréganos el dinero ahora!
    El empresario no pensaba entregarles nada de lo que le pedían.
    Entonces uno de los criminales dijo: ¿Así que no quieres sacarte los zapatos, no? Entonces bien, tú lo quisiste así.
    El ladrón le dio un patadón al pecho del empresario con tanta fuerza que el impacto hizo que el cuerpo del ejecutivo fuese impulsado hacia atrás. A medida que el empresario iba cayendo, sus mocasines negros se le salían de sus pies, revelando sus pies en medias negras, volando por los aires y cayendo sobre el pavimento. Con la caída, se golpeó en la nuca y quedó inconsciente, pero no había sangre.
    El empresario quedó tendido boca arriba en el asfalto, sus zapatos tirados por toda la calle y sus pies en medias sobre el piso. Ambos delincuentes aprovecharon para acercarse a sus medias negras, tocarlas y estirarlas para poder retirar los billetes que allí había escondido el atractivo hombre de negocios, que ahora yacía indefenso e impotente.
    Una vez que tuvieron el dinero en sus manos, abandonaron el cuerpo del ejecutivo y huyeron en moto.
    Un pordiosero que casualmente pasaba por allí, vio la escena y pensó que podría sacarle provecho al terno que traía el empresario, así que empezó a sacarle la ropa: primero el saco, luego la camisa, la correa y finalmente el pantalón, dejando al importante ejecutivo solamente en ropa interior. También se llevó sus zapatos de marca.
    En eso, un conductor de un camión de mudanzas que justo pasaba por allí, vio el cuerpo inerte del hombre guapo y semidesnudo tirado en la calle, y no había gente alrededor. Pensó que quizás lo habían asaltado y estaría mareado.
    Así que decidió subirlo a su camión de mudanza, se dirigió a los pies del ejecutivo, los cogió y arrastró su cuerpo hasta su camión; una vez allí tomó el cuerpo del ejecutivo entre sus brazos, lo cargó y lo introdujo al interior del camión. Observó el cuerpo atlético del empresario, que se hallaba en bividí blanco, boxer negro y medias de vestir negras. Levantó uno de los pies del ejecutivo desmayado, lo acercó a su rostro, lo olfateó profundamente; le agradaba el aroma de esa media negra delgada de nylon, sus ojos se ponían en blanco. Le pasó su lengua. "Mmmm, delicioso", exclamó, mientras se relamía los labios pensando en todo lo que podría hacer. Y se alejó conduciendo y llevando su valiosa carga con rumbo desconocido.

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  59. Todos los viernes, suelo invitar a mi casa a 2 amigos abogados, después de que salimos de la oficina para relajarnos un poco de todas las gestiones legales de la semana.
    Uno de ellos, Nicola, es blancón, cabello castaño, pintón, descendiente de italianos, se parece al ex agente 007, Roger Moore; y el otro, Rómulo, es tipo mediterráneo, guapetón, tiene un parecido al actor de Ocean's Eleven, George Clooney.
    Esa noche, Nicola traía puesto un terno azul, camisa blanca, corbata azul de rayas, medias de vestir color azul de nylon y mocasines de vestir negros, mientras que Franco estaba usando un terno negro, camisa azul, corbata negra, medias negras de vestir delgadas y mocasines de terno negros.
    Estábamos conversando en la sala cuando surgió un tema escabroso y controversial para ambos. Hubo discrepancias y los ánimos se iban caldeando. Ellos se enojaban cada vez más uno con el otro. Llegaron a las agresiones verbales y de allí pasaron a la violencia física. Mis amigos abogados se pusieron a pelear a puño limpio queriendo vencer al otro y demostrar quién tenía la razón. Terminaron echados sobre la alfombra en una especie de lucha libre. El enfrentamiento era tan intenso que a Nicola se le salió uno de sus mocasines dejando al aire su media azul. Lo mismo sucedió con Rómulo, quien con tanto pataleo y forcejeo, salió volando uno de sus mocasines negros. Ninguno daba su brazo a torcer. Nicola le hizo una llave a Rómulo apretando su pierna y le arrancó su otro zapato. Rómulo se picó y quiso hacer lo mismo, le levantó la basta del pantalón de Nicola y tuvo que forcejear para poder arrancarle su otro zapato. Ahora ambos estaban descalzos, solo en medias, luchando sobre la alfombra.
    Me acerqué para intentar separarlos. les quería sujetar por sus pies en medias, para detenerlos, pero ellos seguían imparables en su lucha. Como estaban tan concentrados aproveché para coger el pie de Italo y acercar mi nariz para oler su media azul. Olía muy bien. Lo mismo hice con el pie de Rómulo, como tratando de sujetarlo, lo acerqué a mi mejilla y presioné mi nariz sobre la planta de su media negra. Era un olor diferente, pero igualmente varonil y excitante. Ni se daban cuenta de lo que les estaba haciendo, debido a que estaban concentrados en su pelea.
    Como seguían en su lucha, para detenerlos les amenacé con que les iba a sacar sus medias si no se detenían. Primero jalé la punta de la media azul de Nicola hasta que abandonó su pie, lo mismo hice con la media negra de Rómulo. Ellos continuaban con su lucha sin inmutarse por lo que yo les estaba haciendo a sus pies. Les saqué ambas medias a los dos.
    Una vez que tuve sus medias calientes y sudorosas en mis manos, se me ocurrió una idea para poder quedarme con las medias de ellos: Subí a mi cuarto a buscar unas medias negras y azules que yo tenía y cambiarlas por las de ellos. Ellos no notarían la diferencia. Eso era al menos lo que yo esperaba. Guardé sus medias en mi bolsillo.
    Al terminar la pelea, me pidieron sus medias, les entregué mis medias azules a Nicola y mis medias negras a Rómulo. Mientras seguían hablando, se colocaban las medias en sus pies y ni cuenta se dieron que no eran sus propias medias originales sino que eran las mías. Metieron sus pies en sus zapatos y se despidieron. Yo me quedé con sus medias que hasta ahora conservo. Y cada vez que las veo, recuerdo esos instantes de placer y me erotizo. Ellos nunca se enteraron del cambio que hice, hasta donde sé. Y a veces veo que usan mis medias en la oficina, sin saberlo. Ese es mi secreto, que ahora ustedes ya saben.

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  60. La siguiente noticia salió publicada en un diario local de prestigio:
    "¿QUÉ PASÓ? No fue cuestión de elegancia, sino de mala suerte. El Embajador de la Academia Diplomática no pudo evitar que el taco de uno de sus zapatos se rompiera justo antes de iniciar la ceremonia de recepción de mandatarios de varios países con el Presidente".
    Lo acompaña una foto donde se ve que el importante funcionario, con un elegante terno, se ha sentado al borde de unas escaleras, uno de sus asistentes le ha sacado su zapato lujoso negro brillante, lo está agarrando, observando el interior a la vez que intenta volver a colocar el taco en el zapato, mientras que el otro asistente se queda ensimismado observando fijamente aquel imponente pie en media negra que ahora está expuesto a la mirada de los invitados a la ceremonia que justo pasaban por esa escalera. En la foto se ve al Diplomático con la pierna izquierda cruzada sobre su rodilla derecha y la planta de su media negra dirigida hacia el lente la cámara. El fotógrafo fue muy oportuno con la toma y se ve con detalle la fina media negra e incluso se llega a ver unas letras blancas impresas en la suela de la media (lo que indica que deben ser nuevas) pero no se llega a leer la marca.
    En la segunda foto se lee lo siguiente:
    "TODO EN ORDEN. Pasado el mal rato, los zapatos (Pierre Cardin) volvieron a los pies de su dueño".
    Y en la foto se ve a uno de sus asistentes volviéndole a colocar su zapato, ya con el taco reparado. Una de las manos del asistente sostiene el zapato justo cuando está entrando por los dedos de su pie, mientras que con su otra mano sostiene la parte del talón de la media negra del Embajador para que pueda ingresar bien todo el zapato. Personalmente, me parece que el rostro del asistente está muy cerca a la media del importante funcionario. ¿Ese asistente será un fetichista?

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  61. Esta noche en el cine del Jockey Plaza, después de la oficina, mientras veía una película, me saqué los zapatos que había estado usando todo el día, y puse mis pies con medias en el asiento de adelante. Cuando ya empezaba la película, llegó una pareja y la chica se sentó a mi costado. Ya estaban apagadas las luces, cuando de repente a ella se le cae su bandeja con todas sus palomitas de maíz o pop corn y ¡adivinen qué! El pop corn cayó dentro de mis zapatos. En la oscuridad no se veía. Aunque su enamorado encendió la linterna de su celular, alumbró mis zapatos en el piso y de paso mis medias negras. Yo continuaba viendo la película que me interesaba mucho. Al final de la película no me acordaba de lo sucedido y metí mis pies con medias dentro de mis zapatos, que por dentro estaban llenos de pop corn. Los aplasté con mis pies al meterlos dentro de mis zapatos hasta el fondo. Unos muchachos se rieron al ver cómo mis pies aplastaban las palomitas de maíz. Luego la gente se marchó.
    El muchacho de la limpieza, al ver lo sucedido, me dijo que me quitara mis zapatos para limpiármelos. Me dijo que me sentara en la butaca. Me sacó mis zapatos, los cogió y vació su contenido de cancha en los contenedores de limpieza. Luego se puso a retirar los pedazos de pop corn que habían quedados adheridos a mi media. Con su mano sacudía las plantas de mis pies para retirar todo el alimento. Hizo lo que pudo pero no pudo sacar todo el pop corn. Me gustó lo atento que era ese muchacho. Le agradecí, me despedí de él y me fui caminando pisando, por dentro de mis zapatos, las partículas de palomitas de maíz que no pudieron ser retiradas. Fue algo vergonzoso e incómodo; una sensación extraña. Mis medias tuvieron que ser desechadas. ¡Y todo por la torpeza de esa chica!

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  62. Yo tengo un amigo que es director de teatro y una vez me confesó que es fetichista. Él tiene la ventaja de que como es el director, todos los actores le obedecen lo que él les indica hacer e incluso puede obligarles a hacer cosas inusuales y los actores las hacen sin cuestionarlas.
    El suele escoger a los actores más guapos de la ciudad y los llama para que formen parte de su elenco.
    Les compra la ropa o trajes que deben usar para sus papeles. Él se cerciora que después de su actuación, dejen las prendas que les ha prestado, especialmente los zapatos y los calcetines.
    Escoge especialmente el calzado y medias con que le gustaría ver a determinado actor. Al final de la presentación se queda él a solas con los zapatos y las medias para aspirar su aroma.
    En los ensayos aprovecha para tocarles sus pies con medias, sin que sospechen algo extraño, con la excusa de indicarles en qué pose, postura y posición deben estar. Con esa excusa ha podido manosear muchas plantas, talones, dedos, empeines, tobillos, etc. de los actores más guapos de la ciudad.
    Una vez se las ingenió para redactar un guión y poner en escena una obra, de su invención, en la que sólo había actores hombres y todos debían estar en calcetines de los mas variados colores y texturas: medias largas que llegaban hasta la rodilla, medias estándar, medias delgadas de nylon, medias de vestir, medias formales, medias negras, azules, celestes, blancas, con diseños, etc.
    El escenario suele estar totalmente alfombrado para que no se ensucien las medias al pisar el suelo. Todo lo tiene bien calculado.
    Según el guión, en determinadas escenas, las plantas de las medias de los actores quedan de frente mirando hacia el público. Los de las primeras filas pueden observar las medias de los actores muy de cerca, e incluso pueden sentir su aroma. En otra escena, puede hacer que entre ellos se agarren las medias y jueguen con los pies del otro, echados en un sillón, que se hagan cosquillas, e incluso, de acuerdo a la trama de la obra, suele solicitar a un voluntario del público para que suba al escenario y sostenga los pies del actor más guapo y le toque sus medias. Y así se le puede ocurrir cualquier otra idea loca para estimular su fetichismo por los pies con medias de los actores más codiciados de la ciudad. A veces llama a actores argentinos, que son los más atrayentes para él.
    Nadie puede ver su excitación durante toda la obra, la esconde muy bien... y la mejor parte es al final, cuando los actores se cambian y dejan las medias que han usado en la actuación, para volverlas a usar al día siguiente. Agarran buen olor, como le gusta al morboso director.
    También, mientras están actuando, va a los camerinos para revisar las medias y los zapatos que han traído los actores, ya que muchos vienen directo de sus trabajos y sus zapatos y medias suelen estar calientes. El director ha logrado unir su vocación por el teatro con su afición por las medias de hombres.
    Si ven alguna obra que enfatice hombres en calcetines, sabrán que se trata del susodicho director fetichista.

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  63. En el verano pasado, había invitado a pasar una temporada en mi casa a mi compadre, mi comadre y mi ahijado de bautizo, que ya tenía 19 años de edad.
    Los alojé en el primer piso, mientras que yo dormiría en mi habitación en el segundo piso.
    Pronto hice que se sintieran como en su propia casa. Mis compadres eran personas de mi entera confianza; sin embargo, a su hijo no lo había vuelto a ver desde que él estaba en primaria.
    Yo trabajo como jefe de dealers en un casino, así que me exigen tener una excelente presencia, impecable; además que soy alto. Nos exigen vestir formalmente, es decir con ropa de colores serios, oscuros, mayormente de color negro, especialmente pantalón negro, zapatos negros y medias negras.
    Una noche llegué cansado del casino, los encontré a los 3 cenando y como yo ya había cenado, les dije que me iba a acostar a mi cuarto e iba a tomar una pastilla para dormir porque me dolía la cabeza, y me despedí de ellos.
    Debido al enorme cansancio, olvidé tomar la pastilla.
    Serían como las 2 de la madrugada, cuando sentí un ruido dentro de mi cuarto. Estaba oscuro. Vi que una sombra de alguien agachado entraba a escondidas en mi cuarto. Reconocí la silueta, era mi ahijado de 19 años. ¿Qué querría? ¿Me vendría a pedir algo o preguntar por algo de la casa? Me hice el dormido para ver qué quería.
    Entonces pude ver con los ojos entrecerrados que gateando se dirigía hacia la parte de la cama donde estaban mis pies. Esperé largo rato sin sentir ningún movimiento ni ruido. Yo me preguntaba qué quería hacer o qué estaría haciendo mi ahijado.
    Sentí como que destapaba la sábana de mis pies. En eso sentí algo en una de mis medias negras de dealer. No podía definir qué era. Yo estaba intrigado. ¿Qué estaba haciendo mi ahijado allí, a escondidas y a estas horas de la noche? Moví un poco mi pie y sentí que topé con algo que sería o un dedo o una nariz. Y permanecía allí.
    Decidí fingir como que roncaba a fin de darle más valor y confianza para ver a dónde él quería llegar.
    Cuando oyó mis ronquidos, sentí cómo sus manos acariciaban mis pies y mis medias. Yo seguía desconcertado. En eso, entreabro mis ojos y veo que mi ahijado adolescente ha acercado su nariz a mis pies, está oliendo mis medias y les pasa su lengua.
    "¿Qué es eso? Esto no puede estar pasando", pensé. "¿Acaso mi ahijado es gay y fetichista de pies de hombre?". ¿Y por qué mis pies? ¿Qué tenían mis medias negras que pudieran atraerle tanto? Varias personas me suelen decir que les parezco guapo, pero no que les gusten mis pies, cónchale, vale. Ni siquiera se acercaba a mi miembro, solo quería satisfacerse con mis pies. Era algo inaudito. Mientras me hacía el dormido, él estaba adorando mis pies, con desesperación.
    En una de esas, escuché como un gemido largo. Le dio un beso a mi media, cubrió mis pies con la sabana y salió disparado de mi cuarto.
    No pude dormir toda la noche pensando en lo que había presenciado. Nunca me imaginé que un ahijado mío... o que yo pudiera generar tal atracción... nunca había notado algo raro en él ni me lo había hecho saber. Aunque, pensándolo bien, ahora descubría el probable motivo por el que habían estando desapareciendo mis medias en los últimos días.
    A la mañana siguiente, le pregunté si había podido dormir. Me dijo que había soñado que una de sus fantasías de toda la vida se había hecho realidad. Me halagó mi estilo de vestir, que era muy varonil y elegante, que en el casino seguro que atraía muchas miradas, que ya no se veía hombres así y que, particularmente, le gustaba el calzado y las medias que yo usaba (y dirigió su mirada hacia mis loafers negros y mis medias negras). Y me agradeció por mi amabilidad de haberlos invitado a pasar un tiempo en mi casa. Me dijo que se llevaba muy buenos recuerdos de mí, que le parecía un tipo genial, que le agradaría si lo volviese a invitar a él y que me recordaría siempre con mucha emoción en sus momentos a solas.
    Solo atiné a decirle: "pues, gracias. Puedes regresar cuando lo desees". Y pude percibir cómo sus ojos se llenaban de lujuria y deseo.

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  64. Conozco un vendedor de zapatos venezolano extrovertido mañoso que les toca los pies a los clientes hombres con el pretexto de ayudarles a calzarles los zapatos. Un colega me comentó que saliendo de la oficina fue a comprarse unos zapatos a esa zapatería y el venezolano se ofreció a sacarle sus zapatos y probarle los nuevos. Me cuenta que le tocó su media, por la parte de la planta y le dijo que su pie estaba sudado, y acercó su nariz para oler. No conforme con eso, al ponerle los nuevos zapatos, le agarraba todo su pie. Mi colega salió desconcertado y supuso que probablemente se debía al trato amable que suelen expresar los venezolanos, y quizás así suelen hacer los vendedores de zapatos en Venezuela.

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  65. Salió en las noticias con su respectiva foto:
    "GERENTE DE PETROLERA CON CALCETINES AJENOS"
    "Lo que sucedió fue que el atractivo gerente de una compañía petrolera acudió con su esposa a la inauguración del remodelado Museo Nacional de Arte de Cataluña y lo anecdótico es que se presentó al acto oficial sin calcetines y, como esto resulta ser una falta de respeto al protocolo, su joven esposa estuvo como loca buscando de dónde sacar esta preciada prenda, hasta que uno de los miembros de la orquesta amablemente se ofreció para prestarle sus propios calcetines negros. Sin pensarlo dos veces, el ilustre gerente se los puso para salvar el momento. Al finalizar la ceremonia, el gerente se acercó a la orquesta para devolverle al músico los calcetines que amablemente le había prestado. El músico los recibió, le dijo que no había sido nada, y se los guardó en su bolsillo".
    En la foto se puede apreciar al músico elegantemente vestido en traje negro, agachándose terminando de colocarle uno de sus calcetines negros en el pie del gerente mientras que su zapato está suelto en el piso, y los periodistas tomándole foto al acto mientras que el gerente observa cómo el músico le coloca la media negra usada que él mismo había estado usando, mirando y tocando el pie del gerente ya con la media puesta.
    Al devolvérsela al final del evento, el miembro de la orquesta guardó las medias de recuerdo y se las llevó a su casa.

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  66. Esta es la historia de un heterosexual homofóbico que no dejaba que ningún hombre tocase sus pies con medias, desde aquella vez que su primo gay le tocó sus pies. Le dio tal paliza a su primo que casi lo mata por haberse atrevido a tocarle sus pies con medias. Era una parte muy sensible de él y no le gustaba que nadie supiera que ese era su punto débil, su zona vulnerable, su kriptonita, su talón de Aquiles. Él decía: NINGÚN HOMBRE TOCARÁ MIS PIES JAMÁS
    Él no lo sabía pero su colega, que trabajaba en la misma oficina, era fetichista de pies de hombres. Todos los días se fijaba en los zapatos y las medias que su "Adonis" se ponía. Eran de la mejor calidad. Le excitaba mucho cuando veía cómo movía sus zapatos por debajo del escritorio, a veces podía ver su talón que se salía un poco del zapato, y al "fan fetichista" se le hacía agua la boca, él quería adorarle esos pies en medias ejecutivas
    Pero sabía que eso era imposible ya que el Adonis no permitía que ningún hombre le mirase sus pies y mucho menos que se los tocase. El tal Adonis era machista, misógino, déspota, sobrado, orgulloso, despreciativo, pituco, de raza aria. Todo eso lo hacía un bocado más apetecible para el fan. Él ideaba un plan para llegar a esos pies de macho y saborearlos
    El fan recurrió a una amiga para llevar a cabo su plan. Le dijo al Adonis que conocía a una masajista para combatir el estrés. Adonis acudió a esa mujer, la cual le dijo que se recostara en la camilla así con su terno y que ella misma lo pondría cómodo
    Su tratamiento exigía que el masajeado usara un antifaz antiestrés para relajarse. Si se lo sacaba, no surgiría efecto; a lo cual Adonis accedió. Otro requerimiento era que no deberían hablar.
    Una vez que Adonis se puso el antifaz y no podía ver nada de lo que sucediera, la masajista salió del cuarto y en su lugar ingresó el fan fetichista. Sin pronunciar palabra alguna empezó a masajear al Adonis, quien asumía que era la masajista la que estaba realizando esa labor por lo que dejaba que le tocara su cuerpo
    El fetichista empezó por los zapatos de su Adonis. Era la oportunidad que había estado esperando desde hace tiempo. Los tocaba, olía y le sacó uno de sus zapatos con sus dientes jalándolo del talón, hasta liberar ese enorme pie que resultaba atrayente para el fetichista. Olió el interior del zapato, lo puso en el piso y procedió a oler la media negra caliente del Adonis, recién sacada del zapato. Por fin pudo saber cómo olían esas medias tan anheladas y lo disfrutaba. El otro zapato se lo sacó utilizando únicamente su nariz, la cual colocó entre el zapato y la media, y como era mocasín (es decir, sin pasadores), salió luego de presionar varias veces con su nariz entre la media y el cuero del mocasín, el cual cayó al piso. La escena resultaba muy estimulante para el fan
    Ahora tenía delante de él, los pies con medias del Adonis tan deseado por él. No pudo aguantar más y se abalanzó sobre esas medias negras para adorarlas con pasión. Juntó ambos pies y los abrazaba, a la vez que extraía su "provocativo" aroma varonil de todo un día de haber estado dentro de esos mocasines importados
    El fetichista se puso a hacerle masajes en los pies para que no sospechara nada. Sus medias estaban bien ajustadas y pegadas a su pie
    Adonis pensaba que todo eso lo estaba haciendo una mujer y no un hombre. Si lo descubría sería el fin del fetichista, quien le hacía de todo a esas medias, las mordía, lamía, acariciaba, etc. Las olía desesperadamente hasta que abandonaron los pies del Adonis y las guardó en un envase especial hermético que había traído consigo, para conservar el aroma original de las medias del Adonis
    En eso le pasó la voz a la masajista para que continuara con los masajes al resto del cuerpo, mientras el fetichista salía huyendo con el "tesoro" que había conseguido. Adonis nunca supo que un hombre había estado tocando sus medias que él tanto protegía
    Al final, la masajista le explicaría al Adonis que su servicio incluía regalar medias de cortesía en vez de las que traían puestas los clientes

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  67. En mi calidad de administrador de un hotel de la capital, yo poseía las llaves de todos los cuartos.
    Cuando llegaba un huésped bien parecido, me las ingeniaba para ingresar a su cuarto (cuando él salía) y buscar sus medias. Algunas me las quedaba. Felizmente nadie nunca se quejó de que le faltaran sus medias. Lo mejor era cuando llegaba un hombre guapo alcoholizado directamente a echarse a su cama. Dejaba pasar un tiempo y luego abría su habitación. Después de cerciorarme que estuviese inconsciente por el alcohol, me acercaba a sacarle sus zapatos para tener contacto con sus medias.
    Así tuve varias experiencias con los pies de hombres, hasta que pusieron cámaras de vigilancia dentro del hotel y todo movimiento quedaba registrado.
    Una vez vino un señor bien elegante, A-1, ebrio. Esperé hasta las 3 de la madrugada para que él agarrase sueño profundo y poder entrar a su habitación. Lo encontré echado boca abajo en su cama. Le empecé a oler sus finas medias de nylon, un olor riquísimo, de alta calidad. En eso se despierta y me descubre agarrando sus pies con ambas manos y con mi nariz en sus medias. Se sorprendió y me informó que era el hermano del dueño del hotel. A raíz de eso, me despidieron. Pero valió la pena todas las experiencias subrepticias que viví en ese hotel.

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  68. Estaba caminando por el Centro Financiero, cuando mi radar detectó a un ejecutivo enternado sentado en una banca del parque. Me fijé bien en su calzado: tenía puestas unas medias de terno color negro y mocasines también negros. Él estaba entretenido leyendo su periódico, el cual bloqueaba toda visión de lo que sucediera delante de él. Se me ocurrió la idea de pasar por su lado. Lo hice en cámara lenta mientras me morboseaba observando sus riquísimas y apetecibles medias negras elegantes. Estaban bien planas y bien adheridas a su pie, sin arrugas, llanas. Me armé de valentía, como no me veía por el periódico que estaba leyendo y tapándole la visión, dirigí mi mano hacia su tobillo, lo presioné con fuerza, le arranqué su zapato de un fuerte tirón, pasé mi mano por la planta de su media negra, sedosa y lisa, y me fui corriendo con su mocasín en mi mano y aspirando fuerte el aroma de su interior. El hombre se paró y se puso a perseguirme con un zapato puesto y con el otro pie descalzo con su media negra pisando la vereda, a vista y paciencia de todos los transeúntes que se quedaban mirando sorprendidos lo que le acontecía al hombre descalzo con su media negra. Como vi que me seguía, decidí soltar su zapato y lo lancé hacia un árbol por el césped, después de haberlo olido un largo rato. El hombre se dirigió hacia allá, pisando el pasto con su media negra, a la vez que me hacía señas de insultos o maldiciones con su mano. Peor yo ya me había ganado con su calzado y manoseado su media.
    Eso lo hice cuando era un chiquillo aún, actualmente ni se me ocurriría hacer algo así.

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  69. Tres mejores amigos se conocían desde niños porque vivían en la misma cuadra. Siempre jugaban juntos hasta el día que uno de ellos, Ronald, cumplió 14 años y tuvo que mudarse con su familia a radicar en Estados Unidos.
    Pasaron los años y los 3 llegaron a ser jóvenes profesionales. En todo ese tiempo, nunca más Ronald había vuelto a Perú, pero sí mantenían contacto por sus redes sociales.
    Ronald no lo sabía pero, en su adolescencia, uno de sus mejores amigos, Rubén, se había convertido en fetichista de pies de hombres y había influido en el otro amigo en Perú, Rodolfo, para que le ayudara a llevar a cabo sus fantasías fetichistas.
    A Ronald le pedían que les enviara, desde Estados Unidos, medias que sólo se podían conseguir allá, tales como GoldToe socks, Sheer socks, Thick'nThin socks, Ribbed socks, Patterned socks, etc.
    Un día, Ronald les avisó que llegaría a Perú para recordar los viejos tiempos. Los amigos en Perú se entusiasmaron con la noticia.
    Para celebrar su reencuentro, invitaron a Ronald a la casa de Rubén, le dijeron que asistiera con ropa formal elegante para celebrar su regreso de la mejor forma. Ellos también lo harían así.
    Cuando vieron a Ronald en persona se dieron cuenta de que había llegado a ser un hombre alto, de buen porte y atractivo. Lo invitaron a sentarse en el sillón de la sala y ponerse al día de sus vidas.
    Pasado un tiempo, le propusieron jugar como cuando eran niños. Entre los dos lo tiraron al piso y Rubén se tiró sobre sus zapatos para sacárselos. Ronald no se dejaba, gritaba: ¡Oigan, qué les pasa!
    Allí fue donde Rubén le confesó la verdad: Después de que te fuiste, en la pubertad empecé a sentir atracción por los pies de otros hombres. Rodolfo ha sido mi aliado para poder llevar a cabo mis fantasías fetichistas. Y ahora que has llegado tú, queremos compartir esto contigo.
    ¡Ustedes están locos!, dijo Ronald.
    Rubén le respondió: ¡Vamos, sólo déjanos que te saquemos tus zapatos para apreciar tus medias americanas, sino lo tendremos que hacer a la fuerza! Y así lo hicieron, cada uno tomó un pie y con más fuerza de lo que Ronald se resistía, sus zapatos terminaron desprendiéndose de sus pies. Traía puestos unos calcetines goldtoe negros de vestir, que enloquecieron a Rubén.
    Rubén cogió ambas piernas y se puso a hacerle de todo a las medias de Ronald.
    Mientras tanto, Rodolfo se sacaba sus zapatos y sentado en el sofá le ponía sus pies con medias sobre el rostro y la nariz de Ronald. ¿Oigan qué hacen? Yo no soy fetichista, a mí no me gusta oler medias.
    Ronald se fijó bien y descubrió que Rodolfo estaba usando las medias sheer que él les había enviado desde EE.UU.
    Rubén le dijo: Queremos convertirte para que compartas nuestra afición por las medias, así sea a la fuerza.
    Por más que Ronald oponía resistencia, más podía la fuerza de los 2 amigos. Mientras Rodolfo continuaba colocando sus pies sobre el rostro de Ronald, Rubén hacía todo lo que se le ocurría a los pies con medias negras de Ronald. ¡Ahora serás nuestro conejillo de indias para experimentar con tus ricas medias! Pobre Ronald, lo despeinaron, le abrieron la camisa y le sacaron el pantalón. ¡Serás nuestro muñeco o maniquí personal para hacerte lo que querramos! Se estaban aprovechando de su amigo, quien se sentía vejado. Su calzoncillo se había bajado un poco dejando ver algo de vello púbico. Sus amigos revisaban cada parte de su cuerpo y jugaban con los pies en medias de Ronald, parecían salvajes, "como en los viejos tiempos".

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  70. Rodrigo era bisexual, discreto, reservado y, mediante un juego online, conoció virtualmente a Manuel, un sado masoquista, quien le propuso conocerse en persona en un hostal, para charlar sobre tácticas para mejorar su juego y obtener un mejor puntaje. Como la conversación prometía ser larga hasta amanecerse, le propuso a Rodrigo que podían alquilar una habitación para pasar la noche.
    Una vez allí, la charla se prolongó hasta la madrugada por lo que a Rodrigo le empezó a dar sueño hasta que se quedo dormido sobre la cama.
    Ese momento aprovechó Manuel para atar las manos de Juan a los extremos superiores de la cama y los pies a los extremos inferiores de la cama.
    Cuando se despertó, se encontró atado a la cama y vio que Manuel se acercaba a su zapato izquierdo con una tijera y procedía a cortar el cuero del zapato por un costado hasta lograr sacarle el zapato de esa forma.
    Luego prosiguió a hacer lo mismo con su calcetín izquierdo, con la tijera lo cortaba hasta hacerlo trizas.
    Rodrigo estaba aterrorizado ya que no sabía hasta dónde podía (o quería) llegar el extraño que había conocido por internet.
    Manuel metió un par de billetes dentro del zapato derecho de Rodrigo y se marchó de la habitación. Se acercó al recepcionista, le dio unas indicaciones y se marchó del hostal.
    Luego el recepcionista ingresó a la habitación y encontró a Rodrigo atado de pies y manos a la cama. Según las instrucciones que le había dejado Manuel, el recepcionista debía sacarle el zapato derecho de Rodrigo y adherido a su media hallaría un billete de 100 dólares por el hospedaje y otro billete por el mismo monto para Rodrigo para que se comprase nuevos zapatos y nuevas medias.

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  71. Un chamán de la selva vino a Lima para ofrecer una sesión de ayahuasca para altos ejecutivos. Logró juntar un grupo de 25 hombres profesionales de distintas áreas. Se habían inscrito un administrador, un bancario, un economista, un abogado, un ingeniero, un médico, un publicista, un arquitecto, un diplomático, un docente, un piloto, un capitán de barco, etc. Buscaban curar su estrés, ansiedad, depresión, adicciones, etc. Todos viajaron juntos en avión a la selva. Una vez allí, se pusieron sus mejores trajes, según la profesión de cada uno, y se internaron en la selva profunda guiados por el chamán.
    Había 25 colchones colocados en círculo, cada uno eligió un colchón y se acostaron. El chamán les dio de beber un brebaje o pócima a cada uno. Tomó asiento el chamán en medio de los 25 hombres drogados que empezaban a tener alucinaciones.
    Sus cuerpos empezaban a temblar tanto que a varios se les salían sus zapatos de tanta agitación. Y a vista de todos, se podía ver las medias blancas del médico, las medias azules del capitán, las medias marrones del ingeniero, las medias de colores del publicista, las medias costosas del diplomático, las medias económicas del docente, las medias negras del bancario, las medias grises del abogado, etc.
    El chamán se fijó en un hombre de negocios enternado, que con la tembladera se le había salido uno de sus mocasines negros. Se acercó a su otro pie y suavemente tomó el zapato y lo desprendió del pie del alto ejecutivo. Su pie estaba sudado de todo el trecho que habían tenido que caminar para llegar a ese lugar apartado de la civilización.
    El tratamiento con ayahuasca requería que el chamán oliera, con profundidad y varias veces, los pies con medias del elegante ejecutivo que había acudido a él para sanarse. Agarró los pies con medias negras del hombre de negocios, las observó de cerca, acercó su nariz y empezó a inhalar el olor de esas medias y aspirar su aroma para extraerle todo el mal o la energía negativa.
    El ejecutivo se dejaba que le hicieran cualquier cosa,casi no tenía voluntad propia.
    Luego el chamán dio la indicación de que todos los participantes, uno por uno, tenían que hacer lo mismo: acercarse a las medias negras del guapo ejecutivo que yacía sobre el colchón y aspirar su aroma para extraerle todo el mal.
    Los 24 participantes empezaron a desfilar delante del colchón del hombre de negocios, quien tenía la mirada perdida fija mirando hacia el cielo. Al pasar, algunos le alzaban la pierna al hombre para acercar su media negra a la nariz, en el transcurso la basta de su pantalón se le corría y se podía ver el largo de su media que llegaba hasta su pantorrilla, algunos llegaban a tocarle su pierna o muslo en el intento por oler su media, otros pasaban su nariz y aspiraban muy hondo, profundamente, intentando extraer toda la energía del hombre a más no poder, otros le daban besos a las plantas de sus pies a la vez que la olían, otros le daban pequeños mordiscos en sus dedos y en distintas partes de sus medias, otros nunca habían tenido esa experiencia de tener en sus manos y oler las medias de otro hombre y gozaban disfrutando la nueva experiencia, otros abrazaban esos pies enfundados en medias negras de ejecutivo, otros le pasaban la lengua sobre sus medias negras esperando llevarse así el mal, otros frotaban su miembro contra la suela de su media negra, todos querían cooperar en lograr el bienestar del compañero de ayahuasca.
    Al finalizar dicho ritual, las medias quedaron vejadas, el chamán escupió sobre aquellas medias que tanto habían sido manoseadas y estando así húmedas de su saliva y líquido seminal, le volvió a colocar sus zapatos, terminando de embarrarse toda la media por dentro. Le volvió a sacar un zapato para ver cómo había quedado por dentro y se lo volvió a meter hasta el fondo, y así se iría caminando de regreso a casa. Era parte del ritual para que surgiera efecto.
    Lo que seguiría es que tenían que volver a hacer lo mismo con los otros 24 hombres profesionales participantes. Y todos se dejaron hacer todo eso sin oponer resistencia alguna.

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  72. Eduardo tenía problemas de disfunción sexual y recurrió a un Hechicero Supremo, para que le curara. El hechicero físicamente se parecía al Doctor Strange de Marvel, blanco, guapo, de ojos claros, con cabello entrecano a los lados y con bigotes y una pequeña barba. Vestía todo de blanco, de la cabeza a los pies: camisa blanca, saco blanco, pantalón blanco, zapatos mocasines blancos y medias blancas de vestir.
    El elegante hechicero ordenó a Eduardo que se echara en la camilla. Eduardo se iba a sacar los zapatos, cuando el hechicero le detuvo su mano y le dijo: Tranquilo, yo lo haré, esa es mi tarea, sacarle sus zapatos y dejarlo en medias, usted relájese. El hechicero le sacó los zapatos a Eduardo, lo cual ponía a Eduardo en un estado vulnerable.
    El hechicero podía adivinar los problemas de las personas con solo ver la forma de los pies y analizar qué tipo de medias usaban.
    Observó de cerca las medias negras de Eduardo y pasó sus manos recorriendo ambos pies y sintiendo la fibra de los calcetines para hallar el origen del problema de Eduardo, mientras Eduardo se preguntaba si había venido al lugar correcto o si el hechicero se estaba aprovechando de él y todo era un ardid para tener acceso a las medias de Eduardo.
    Entonces el hechicero lanzó este conjuro mediante el cual hechizó a Eduardo: "desde este momento, recuperarás tu energía sexual, con la diferencia de que, a partir de ahora, te gustarán los pies con medias de los hombres, te excitarán tanto que harás lo posible por sacarles los zapatos a los hombres para adorar sus medias". Y le volvió a colocar sus zapatos en sus pies.
    Cuando Eduardo volvió en sí, se sentía curado, había recuperado su apetito sexual e incluso se había intensificado.
    Lo primero que vio fue al hechicero que estaba sentado en su silla con la pierna cruzada. Se fijó en su mocasín blanco y su media blanquísima y le llamó la atención. Se acercó a la silla del hechicero, una vez allí se arrodilló y empezó a tocarle su zapato blanco. Era algo nuevo para Eduardo. Sintió un gusto peculiar y algo inexplicable le hizo dar ganas de querer sacarle su zapato al doctor hechicero. El doctor lo puso a prueba a ver si había hecho efecto su embrujo. Eduardo le sacó el mocasín al brujo, sin pedirle permiso, lo dejó a un lado, y se quedó atónito, con la lengua afuera, observando esa media blanca y salivando profusamente.
    Nunca había visto una media así, tan blanca, delgada, de vestir, la palpó, la volteaba con sus manos revisándola por todos los lados posibles. Le sorprendió ver lo blancas y puras que estaban las suelas de esas medias de esos pies blancos. No aguantó más y empezó a masajear esas medias blancas y a adorarlas con toda su potencia sexual. El hechicero estaba orgulloso de su labor, que había resultado exitosa. Tanta fue la excitación que Eduardo se vino.
    Luego salieron a la sala de espera del consultorio del hechicero, solo había un señor empresario en terno, esperando su turno. Eduardo se lanzó a un pie del empresario, le sacó su mocasín, manoseó y olió su media negra hasta que también se vació. El empresario estaba estupefacto por lo que había presenciado, pero extrañamente había experimentado una sensación agradable y al final se volvió a colocar su zapato.
    Saliendo, Eduardo vio al vigilante de seguridad,un hombre fornido, le vio sus zapatos, le levantó la basta de su pantalón para ver qué tipo de medias estaba usando, le gustó las medias que le vio, sin más le sacó su zapato y adoró esa media hasta que eyaculó de tanto placer. El hechicero le hizo una seña al vigilante indicándole que era un paciente en tratamiento, así que el vigilante lo permitió.
    Y así el hechicero se despidió de Eduardo, diciéndole que ya estaba solucionado su problema y que podría regresar cuando Eduardo sintiera las ganas de hacerlo. Eduardo se iba por las calles, frenético, observando con deseo las medias de todos los hombres que se encontraba a su paso...

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  73. Cuando era niño, mi papá solía invitar a su amigo que era corredor de bolsa, todos los viernes en la noche para charlar sobre diversos temas en la sala de nuestra casa.
    El amigo, corredor de bolsa, siempre venía después de su trabajo, donde tenía que usar terno, y la particularidad de este amigo es que usaba mocasines color guinda o vino tinto.
    Como niño, yo jugaba en la sala, por el piso, alrededor del sillón, donde el amigo de mi padre se sentaba.
    Por ejemplo, cuando jugaba al tránsito con mis carritos en miniatura por el piso, yo me las ingeniaba para que mis carritos se encontraran frente a una montaña (que era el mocasín guinda del amigo) y debían pasar por encima de ella, entonces mis carritos incluso llegaban a entrar en contacto con la media negra del amigo (ya que en esa época se usaba unos mocasines bien abiertos que dejaban al descubierto las medias que usaban los hombres) y "de casualidad" mis dedos contactaban con la media del amigo (él no se quejaba porque estaba muy concentrado en la charla con mi papá). A veces yo hacía como que se enganchaba un carrito en la media y tenía que manipular la media para liberar a mi carrito. Él usaba medias negras delgadas. Mi viejo ni se daba cuenta de lo que yo estaba jugando, ya que estaba enfrascado en su conversación con el amigo.
    Otras veces, yo jugaba con soldaditos de plástico que combatían en la guerra. Mis soldaditos solían escoger los pies del amigo como cuartel o barricada. Yo hacía que mi soldadito se metiera por el costado del mocasín del amigo, había un pequeño espacio por el arco de su pie, por donde metía mi muñequito hasta dentro, hundiéndose en su media hasta llegar a su planta.
    A veces, el amigo enternado dejaba inmóvil su pie y yo podía meter más muñequitos por el costado de su mocasín hasta llegar a sacárselo (lo hacían los soldaditos con su "fuerza"), otras veces le daba cosquillas (y mi papá me resondraba que jugara tranquilo) y a veces el amigo de mi papá sacaba su pie del zapato y allí aprovechaba para que mis soldaditos se desplazaran por toda su media que había sido liberada del zapato y estaba caliente, y ponía su pie sobre la alfombra. Asimismo aprovechaba para que más soldaditos se metieran dentro del zapato hasta llegar al fondo donde habían estado sus dedos del pie, y yo metía mi mano hasta el fondo y podía tocar su suela interior aún caliente. Me imagino que, por su trabajo, debía haber estado parado sobre esos zapatos y con esas medias un largo tiempo. Supongo que serían como una liberación para los pies del amigo. Sus zapatos eran la embarcación de los soldaditos. "Ponte cómodo", le decía mi papá. Yo jugaba a que el amigo era Gulliver y los soldaditos lo querían capturar por sus pies. Era increíble todo lo que me dejaba hacerle a sus pies, sus medias y sus zapatos. Yo quería estar en el lugar de esos afortunados soldaditos, y me imaginaba que era yo allí subido sobre su media negra, disfrutándola.
    Yo podía aprovechar la ventaja de ser un niño que jugaba, sin levantar sospechas, pero ya empezaba a sentir cierta atracción por todo eso. Yo me arrastraba por la alfombra también, y cuando los adultos no estaban mirando hacia abajo, aprovechaba para acercar mi nariz y olfatear esa media del hombre enternado que venía a mi casa. Era un aroma delicioso y yo quería permanecer allí el mayor tiempo posible.
    Alguna vez, también traje mi Lego y empecé a armarle un zapato de Lego alrededor de todo su pie con su media. Lo bueno es que él se dejaba hacer de todo. No oponía resistencia.
    Una vez vino el gato que teníamos en la casa y se puso a jugar con su media y terminó arañándola.
    Lo peor fue cuando traje mis acuarelas y me puse a pintar de colores la media del amigo.
    Cuando ya tuve más confianza, llamaba a un amiguito vecino de la casa de al lado y le enseñaba a cómo jugar con los zapatos del señor, a sacárselos, a masajear sus medias negras, e incluso a olérselas por la planta. Mi papá y su condescendiente amigo lo tomaban a la risa. Fueron los mejores años de mi vida, hasta que, de repente un día, paró de venir :(

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  74. Recuerdo una reunión familiar hace tiempo en la que toda la familia estábamos sentados en los muebles de la sala. Todos estaban bebiendo alcohol. Uno de mis tíos estaba bien alcoholizado y estaba sentado al lado de otro tío (su primo), que es el más guapo de la familia, con sus lentes tipo Clark Kent, blancón, cabello negro, bien peinado, usaba camisa blanca de manga larga, pantalón negro, medias negras y mocasines negros.
    En una de esas, mientras todos estaban entretenidos conversando, el tío alcoholizado inclina su cuerpo hacia adelante y se dirige a agarrar la pierna del tío Clark Kent, le coge de su pantorrilla y la levanta de modo que el zapato de Clark Kent queda sobre su rodilla ¡y hace el intento de sacarle su zapato! ¡Así, delante de todos! No podía creer lo que mis ojos estaban viendo.
    ¿El tío ebrio sería fetichista, le estaba jugando una broma o no se daba cuenta de lo que estaba haciendo?
    Clark Kent hacía fuerza para que su zapato no se le saliera, pero el tío borracho aplicaba más fuerza a sus manos hasta que llegó a sacarle su zapato, dejando a vista de todos los presentes la media negra de Superman.
    El zapato lo tiró hacia los familiares que estaban en el sillón de al frente, y ellos a su vez lo pasaban a otros familiares que estaban en los sillones de los lados. Era una broma y una humillación a la vez para el tío Clark. Le agarró fuerte su pie con su media negra y no dejaba que lo bajara, por más esfuerzo que hacía Kent por bajar su pie.
    Todos se reían y burlaban de lo indefenso que se veía el tío guapetón con su media negra alzada y colocada sobre la rodilla del tío alcohólico. Hizo como que acercaba su nariz a la media y que aspiraba su olor y hacía gestos arrugando la nariz. Repitió ese acto varias veces hasta que el tío Clark logró zafar su pie de las manos del tío mareado y se paró para recuperar su zapato perdido. Los familiares lo seguían tirando pasándoselo entre ellos. Algunos metían su mano dentro del zapato para poder lanzarlo mientras que a otros la abertura del zapato les caía por el rostro y asumo que podían oler su interior.
    Todo era un jolgorio de risas y burlas sobre el atractivo tío, quien ahora quedaba como tonto y vulnerable. Finalmente Superman se resbala y cae al piso en medio de la sala, me acerqué para ayudarlo y se me ocurrió agarrarle su media negra y, con ese pretexto, grité a todos: ¡ya, déjenlo tranquilo y pásenme su zapato! Me lo lanzaron a mi cabeza e intenté colocárselo pero había que hacer esfuerzo para metérselo hasta que finalmente se lo introduje en su pie. Ayudé al tío a incorporarse, mientras se limpiaba su pantalón y camisa, y me agradeció por ayudarle. Le dije: cuando gustes tío, para servirte. Volvió a su asiento, avergonzado. Mientras yo me imaginaba cómo se vería él cuando se fuese a acostar a su cama, se sacara sus zapatos y sus medias y quién pudiera estar allí a los pies de su cama.

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  75. Hace poco, mi esposa se fue de viaje a Disney World con nuestro hijo de 8 años. Yo no pude ir por motivos de trabajo. Yo soy empresario de autos, felizmente me va bien en la vida. En una de esas tardes que yo regresaba de la oficina y me encontraba solo, tocaron a la puerta Cuando fui a abrir vi que era un ahijado que había dejado de ver hace mucho tiempo, desde que él era un niño. Yo había vivido una temporada en su casa, desde que él tenía 8 años hasta que cumplió los 12 aproximadamente. Su nombre me lo voy a reservar para conservar su privacidad. Actualmente ya tiene 20 años
    Luego del saludo, me preguntó si podía pasar para conversar conmigo. Le dije que por supuesto
    Nos sentamos en la sala y luego de ponernos al día sobre la familia, me dijo que quería confesarme algo y si yo le podría ayudar en eso.
    Me dijo que, durante el tiempo que yo había vivido en su casa, siempre me había admirado porque me había visto siempre triunfador, ganador, exitoso, próspero, como un modelo digno de imitar. Eso me halagó. Hasta allí todo iba normal, pero de pronto se empezó a poner nervioso y la voz temblorosa. Ante todo, me aclaró que él no era gay. Pero me reveló que él no sabía por qué sentía cierta afinidad con hombres mayores. Y que desde que yo había empezado a convivir con ellos, él empezó a sentir una inusual atracción hacia los pies de los hombres. Me reveló que siempre le había gustado mi porte, altura, tez blanca, cabello corto ondulado, varonil, bien parecido, de excelente presencia y la forma cómo yo me vestía cuando había vivido en su casa: terno, zapatos de vestir y medias negras. Me confesó que yo siempre le había gustado, nada sexual, sino que yo había despertado en él la atracción por las medias negras de un hombre. Fue la primera vez que había sentido esa fijación tan inusual y que nunca antes la había sentido con nadie. Y que no me lo había podido decir, en ese entonces, por temor a lo que yo pudiera pensar de él o a que me marchara de su casa. Así que se limitó a verme de lejos mis pies y mi calzado. Me confesó que a veces había sacado de la ropa sucia mis medias negras usadas. Yo estaba en shock con todo eso que me estaba enterando
    De repente se armó de valor y me explicó el motivo de su visita: me reveló que yo siempre le había gustado ocultamente, y que me había puesto mejor con el paso de los años, observó mis zapatos y mis medias y me dijo que se me veían muy bien
    Él quería pedirme un favor: que él siempre me había estado mirando desde pequeño y, ahora de adulto, quería ver si yo podía darle la oportunidad de que le permitiera hacer lo que él siempre había fantaseado. ¿Y cuál es esa fantasía?, pregunté intrigado
    Tímidamente y avergonzado, con la cabeza gacha, me dijo: Padrino, quería pedirle un gran favor, ahora que ya tengo mayoría de edad, si yo pudiera, y usted me permitiera, tener acceso a sus pies con medias. Y se quedó mirando fijamente mi calzado
    Le pregunté: ¿Y qué lograrías con eso?. Me respondió: Llevar a cabo algo que siempre había soñado y guardado muy dentro para poder aliviar sus ansias y deseos que lo torturaban, desde ese entonces, y sentirse mejor en la vida
    Bueno, si es solamente eso, y no tengo que desnudarme ni nada sexual, no creo que hubiese ningún problema. ¿Qué es lo que te gustaría hacerme, qué debo hacer yo o cómo te gustaría que me acomode?
    Me dijo que si podía ser en mi cama para estar más cómodos. A lo cual accedí. Me dijo que me echara así como estaba con mi terno, que él se iba a encargar de ponerme cómodo. Le advertí que había estado usando estos zapatos todo el día, y me dijo que así estaban bien, para disfrutarlos mejor
    Empezó adorando mis zapatos. Como era sin pasadores, me lo sacó fácil y suavemente con ambas manos, el otro zapato me lo sacó utilizando su nariz
    Noté un bulto en su pantalón, lo cual indicaba que se había excitado al ver mis medias negras, tan calientes. Se montó en mi cama y empezó a hacerle el amor a mis medias negras como loco, las manoseaba, lamía, mordía, olía, etc. Y oí un ¡GRACIAS! Aaaaahhh
    Su fantasía se había hecho realidad

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  76. En mi trabajo, contrataron a un nuevo Ingeniero de Sistemas canadiense. Un ejecutivo gringo, bien alto, siempre iba en terno y en su solapa un pin con la bandera de Canadá.
    Un día le dijeron para ir a jugar tenis saliendo de la oficina, a lo cual aceptó. Él había llevado sus zapatillas en su maletín aparte, pero lo que había olvidado eran sus medias para hacer deporte. Sólo había llevado las que tenía puestas con su terno, que eran medias formales, de vestir, negras; se iba a ver ridículo así jugando tenis y además no le iba a permitir jugar adecuadamente.
    Como yo no iba a jugar, le propuse intercambiarle mis medias deportivas por las suyas negras elegantes.
    Me dijo que me las devolvería al final del partido de tenis, pero le dije que yo no iba a desear que me devolviera mis medias deportivas empapadas de su sudor; que se las podía quedar. Pero eso sí, le dije que iba a necesitar que me diera sus medias negras para poder regresar a casa. A lo cual accedió.
    Le entregué mis medias deportivas. Vi cómo se descalzaba su zapato negro de negocios y dejaba ver su deliciosa media negra en ese pie tan grande, masculino y extranjero. Se sacó la media y me la pasó; lo mismo hizo con su otra media, mientras que yo trataba de guardar la compostura y no babear por esas delicias que estaba mirando con deleite. Me dijo que les diera buen uso. Las toqué, las sentí tibias y casi quería olerlas pero me contuve. Observé cómo se colocaba mis medias deportivas, sus zapatillas y luego salió de los vestidores.
    Me quedé viendo sus enormes zapatos ejecutivos importados, me fijé que no viniera nadie, los agarré y los olí con todas mis fuerzas, lo más que pude. El aroma era super delicioso, lo máximo. Todos los demás ya estaban en la cancha. Me quedé un rato así con sus zapatos, decidí llevármelos al baño y les introduje sus medias negras, que habían estado en su interior todo el día hasta hace unos minutos. Tuve un orgasmo con ellas. De allí salí, volví a colocar los zapatos en su lugar y me fui con esas excitantes medias negras canadienses. Ese día, tuve varios orgasmos con esas medias negras.
    En la actualidad, uso sus medias negras para ir al trabajo, y él ni cuenta se da que son sus medias, estando delante de él, e incluso cruzo mis piernas en mi escritorio delante de él, y no nota que se trata de sus propias medias. Estoy esperando a ver si vuelve a haber un partido y se vuelve a olvidar de traer sus medias. Ya les contaré.

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  77. Un vendedor, de esos que tocan los timbres, se presentó a mi puerta, para convencerme de que le comprara lo que él vendía.
    El vendedor era guapo y se veía muy bien con su camisa blanca, corbata negra, pantalón azul marino y zapatos negros. No podía verle sus medias, así que se me ocurrió una idea para poder vérselas.
    Le hice pasar, y le dije que se tenía que sacar los zapatos para que sus zapatos no ensuciaran la alfombra blanca. Yo sabía que con tal de vender, los vendedores están dispuestos a hacer cualquier cosa, con el fin de completar su cuota o comisión e incrementar sus ganancias.
    Se descalzó sus zapatos, los puso a un lado en la entrada y se quedó en medias. Por fin las podía ver: eran una medias negras con unos diminutos diseños de puntitos azules que se esparcían por toda la media. Me gustó lo que vi. Eran medias de vestir.
    Me empezó a ofrecer lo que vendía. Yo le escuchaba y fingía estar interesado, cuando en realidad me interesaban sus medias expuestas sobre mi alfombra. Cuando él miraba su texto, yo aprovechaba para echarle una mirada a sus medias negras. De vez en cuando, movía sus dedos o ponía un pie de costado, dejando ver la planta de su media, o ponía sus pies como cuando uno se empina apoyándose en sus dedos del pie. Me estaba incitando sin él saberlo.
    Le comenté que quizás venía caminando mucho y tenía los pies cansados. Admitió que sí. Le dije que yo sabía de reflexología (o masaje de pies), y si deseaba que le diera unos buenos masajes a sus pies que tanto lo necesitaban. Sería gratis, por supuesto.
    No esperé su aprobación, me acerqué a sus pies con medias negras, me arrodillé en la alfombra y puse uno de sus pies sobre mis muslos, lo empecé a masajear, le tocaba su pie por todas partes, le acomodaba su media, se la subía para que estuviera ajustada desde arriba.
    Le dije que se había inventado una nueva técnica que consistía en utilizar la boca, labios, dientes, y la lengua sobre la media del pie. Le sugerí que él siguiera informándome sobre sus productos porque casi ya me estaba convenciendo para comprarle algo. Felizmente se la creyó y yo proseguía con mi masaje innovador a sus medias.
    Mientras él estaba absorto en la lectura del folleto del producto, acerqué mi nariz a su media y aspiré su aroma. Le fui sacando lentamente una de sus medias y su pie se veía sano y bien cuidado, varonil, masculino. Estuve largo rato así. Luego pasé a su otro pie. Igualmente le empecé a dar mi tratamiento especial con boca, labios, dientes y lengua, y finalmente mi nariz sobre su planta y dedos para aspirar el aroma que habían agarrado esas medias de tanto estar caminando por las calles vendiendo sus productos.
    No pude aguantar tanta calentura al tener ese pie con media de ese extraño tan cerca de mí, que jalé su pie hacia la parte del cierre de mi pantalón y lo empecé a frotar contra mi miembro.
    En eso el vendedor se dio cuenta de lo que le estaba haciendo a su pie, se espantó, retiró su pie y me dijo que yo era un pervertido, que yo estaba loco, que él no era gay ni deseaba serlo, se paró, cogió su maletín con sus productos y huyó corriendo despavoridamente, dejando en mi casa sus medias y sus zapatos. Y hasta ahora estoy esperando que vuelva por ellos.

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  78. Esto ocurrió en una despedida de solteros. Los amigos del novio le prepararon una sorpresa. El novio llegó con esmoquin o frac elegante. Los amigos habían contratado a un stripper masculino para fastidiar al novio. Al novio lo sentaron en una silla al medio de la sala, mientras todos alrededor observaban cómo el stripper se acercaba a donde él estaba sentado y empezaba sacándole el saco al novio, luego el corbatín o corbata michi y, en eso, el stripper lo amarra a la silla, saca una venda negra y le cubre los ojos al elegante y simpático novio, quien se dejaba hacer de todo. El stripper le desabotonó la camisa al novio, le sacó la correa. El novio no podía ver nada de lo que sucedía. El stripper era fetichista de pies por lo que se acercó a uno de los zapatos del novio atado y se lo sacó. Pasó a la otra pierna, se la estiró, se sentó sobre la pierna estirada del novio, y montando su pierna como si fuera un caballo de palo, le retiró el otro zapato nuevo y reluciente del novio. Todos los amigos se reían y burlaban del amigo.
    Una vez que llegó a tener al novio sin zapatos y con sus medias negras expuestas, tiró la silla hacia atrás, y el respaldar de la silla quedó sobre el piso. El novio había quedado atado en la silla sobre el piso y sus pies elevados en el aire, mientras los demás invitados se burlaban y reían a más no poder.
    El novio solo atinaba a sonreír tímidamente sin saber qué más le podían hacer.
    El stripper se puso a hacerle cosquillas a las medias negras del novio, el cual empezó a reír, y el stripper luego hizo una señal a los amigos para que ellos mismos le hicieran cosquillas a los pies del novio. Todos en mancha se dirigieron a sus pies, los cogían y le empezaron a hacer cosquillas a sus medias negras. El novio se mataba de la risa, llegó al punto de casi orinarse.
    El stripper entonces les indicó a todos que formaran un círculo alrededor de la silla donde estaba el novio con sus pies al aire. Le sacó la venda al novio para que presenciara todo lo que le iban a hacer.
    El primer challenge consistía en que cada invitado debía pasar delante de sus medias, acercar su nariz y oler sus medias. Al pasar, algunos olían con gestos de desagrado, otros olían normal como si nada, y otos aspiraban fuerte el aroma de las medias del amigo novio.
    El segundo challenge consistió en pasar la lengua por las suelas de sus medias negras. Algunos pasaban apenas su lengua, otros como si saborearan un helado y algunos otros pasaban la lengua por otras partes de su media que estaban secas aún.
    El tercer challenge consistía en pasar mordiendo las medias negras del novio. Algunos mordían la parte de sus dedos, otros la planta, otros el talón, algunos mordían más fuerte que otros, y el novio gritaba de dolor. Imploraba que se detuviesen, gritando ¡ya basta! Pero no le hacían caso, y para que no le interrumpieran, le sellaron la boca con cinta adhesiva.
    El cuarto challenge consistía en pasar por las medias y manosearlas de alguna manera: algunos las masajeaban, otros palmeteaban las plantas de sus medias negras, otros le acomodaban sus medias, otros las apretaban fuertemente, otros jalaban sus dedos hacia atrás de modo que la planta de sus medias se estiraban lo más que podían, otros empujaban sus dedos hacia adelante y hacían tronar sus dedos, etc.
    El quinto y último challenge consistía en quién sería el primero en sacarle una de sus medias negras y traérsela al stripper. Al escuchar eso, el novio gritó: ¡nooooooooooooo!
    Todos se lanzaron hacia esos pies que seguían en el aire; empezaron a jalar su media, se peleaban por sus medias, quién se quedaba con una de las medias del novio, de tanta fuerza empezaron a rasgar y romper una de las medias haciéndola trizas, cada quien se quedaba con algún retazo de esa media y uno de sus pies quedaba al desnudo. Finalmente uno logró sacarle la otra media completa y se la llevó al stripper. Esta me la quedaré, dijo el stripper y se fue del lugar. Todos se reían a más no poder mientras desataban al novio humillado.

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  79. A través de las redes sociales me contacté con un gerente general a quien le expliqué sobre el fetichismo de pies masculinos. Me dijo que nos podíamos encontrar en su oficina. Acudí esa tarde a su empresa. Me dijo que mientras él realizaba su trabajo en su escritorio, yo podía ir adorando sus pies por debajo del escritorio.
    Ni corto ni perezoso, le empecé a sacar un zapato para poder adorar su media ejecutiva.
    Ni bien había empezado, cuando ingresó un alto directivo a la oficina sin tocar la puerta. Felizmente la parte de abajo del escritorio no se veía, así que no se percató de que había alguien debajo del escritorio del gerente.
    El gerente con su pie me indicaba que prosiguiera con lo que yo le estaba haciendo a su pie. Y eso me entusiasmó más: el hecho de estar adorando las medias de un gerente en forma clandestina mientras que atiende sus negocios con otro ejecutivo, así que proseguí con lo mío. Y a él también le gustaba porque veía cómo movía sus dedos.
    El otro directivo seguía hablando y parece que tenía para un largo rato. En una de esas, el otro directivo mueve su zapato hacia adelante y casi me patea. Lo que vi, me llamó la atención. Usaba zapatos Pierre Cardin y medias color guinda. Entonces me atreví a hacer algo osado. Ya que el alto directivo no podía verme desde donde él estaba, pasé mis dedos por sobre la punta de su zapato, con temor de que me descubriera. Como él estaba enfrascado en su conversación con el gerente, no sentía mi mano sobre su zapato. Noté que estaba ansioso ya que movía sus piernas. Uno de sus zapatos casi como que se le salía de tanto nerviosismo que él tenía. No pude aguantar tanta tentación y acerqué mi nariz hacia esa abertura que había entre su zapato y su media guinda, por la curvatura del pie. Mmmm sentí una fragancia masculina A-1. Sin que él se diera cuenta, le iba jalando imperceptiblemente, milímetro a milímetro, su mocasín para que se le saliera. Cayó al piso y se lo volvió a poner.
    El gerente me pateó con su otro pie para que no lo descuidara a él. Dejé al directivo y volví a dedicarme al otro pie del gerente. Yo tenía que hacerlo todo en silencio. Le saqué su otro zapato al gerente y quedó en medias, mientras él seguía conversando con el directivo. Finalmente el directivo se fue y pude disfrutar libremente de las medias del gerente.
    En eso ingresó el muchacho de la limpieza con su lustradora, el gerente le indicaba que saliera de su oficina, pero como el muchacho tenía audífonos en sus oídos no le escuchó. Cuando llegó al escritorio, me encontró allí abajo y se sorprendió. Preguntó: "Jefe, ¿por qué está sin zapatos y qué hace ese tipo debajo de su escritorio agarrando sus medias negras?". A ninguno de nosotros dos se nos ocurrió qué responderle, así que él se puso a adivinar: "¿le va a lustrar sus zapatos, jefe, se los quiere robar o lo quiere extorsionar? ¿Necesita ayuda?".
    Al gerente se le ocurrió inventarle que yo era un masajista y que él necesitaba masajes a sus pies.
    El muchacho de la limpieza se quedó observando un rato los impactantes pies con medias negras del gerente y cómo yo se los masajeaba. (Para mí que quizás también le apetecía hacer lo mismo al gerente, o habría soñado con alguna vez hacérselo).
    Aproveché la coyuntura para retirarme, le volví a poner los zapatos del gerente en sus pies y me despedí. Lo último que escuché fue que el muchacho se ofrecía para lustrarle los mocasines al gerente pero que se los tenía que sacar para llevárselos a lustrar. Se agachó y le volvió a quitar los zapatos al gerente. Esos zapatos volvían a estar en poder de otras manos. Y el gerente quedaba en medias para atender al próximo personal administrativo.

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  80. Alguna vez se supo acerca del caso de un taxista fetichista que se aprovechaba de los pasajeros hombres que subían mareados y se quedaban dormidos durante el trayecto hacia sus destinos. Generalmente trabajaba de noche.
    Se estacionaba en un sitio apartado donde no pasara gente ni curiosos. Le pasaba la voz al pasajero ebrio, lo zamaqueaba, y si no respondía, sabía que podía dar rienda suelta a sus bajos instintos.
    Si el pasajero estaba en el asiento del copiloto, él le agarraba su pie derecho y se lo cruzaba sobre su rodilla izquierda. Una vez allí, le quitaba su zapato y se ponía a manosear y oler su media,que había estado usando todo el día, por lo que la media solía estar caliente y bien usada. El taxista la disfrutaba a más no poder.
    Si el pasajero había optado por ir en el asiento trasero, el taxista echaba al hombre en el asiento, le sacaba ambos zapatos y hacía con esos pies lo que quería hasta saciarse.
    Si el pasajero estaba muy mareado, le sacaba sus medias, se las quedaba y lo dejaba en su destino con sus zapatos pero sin sus medias.
    No les quitaba dinero, ni tarjetas de crédito, ni celulares, ni relojes, ni billetera, ni documentos, etc., sólo se quedaba con sus medias, cuando podía y se daba el caso.
    Los dueños de esas medias no las echarían de menos, quizás hasta cuando recobraran la conciencia, pasaran los efectos del alcohol o se despertaran.
    A cuidarse al abordar un taxi: evitar hacerlo mareado y siempre revisar sus medias y zapatos al bajar del vehículo.

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  81. En una reunión de promoción luego de 15 años de haber egresado del colegio, decidimos organizar una fiesta de reencuentro donde habría mucho trago, alcohol y cervezas.
    Se acordó que todos iríamos uniformados con terno azul real, así como los jugadores de fútbol.
    Todos bromeábamos muy felices recordando los tiempos del colegio, que era sólo para varones.
    Esos ex-chicos ya nos habíamos convertido en todos unos hombres.
    Algunos se habían casado, la mayoría había llegado a ser profesionales, algunos habían mejorado su apariencia, algunos habían engrosado de cuerpo, algunos se veían más guapos y/o fornidos, algunos habían tenido éxito y les había ido bien en la vida, algunos ya tenían canas, etc.
    A medida que se iba haciendo de madrugada, uno por uno iban cayendo exhaustos, dormidos, inconscientes, de tanto alcohol en los sillones.
    Lo que nadie sabía es que dentro de todos ellos, en la promoción, había un fetichista de pies masculinos.
    Él se había estado ganando toda la noche observando los zapatos y las medias que usaba cada uno. Algunos le atraían más que otros. Él evitaba beber alcohol, se cuidaba para poder estar sobrio al final de la fiesta. Miraba a todos los que alguna vez habían sido sus compañeros de salón desde un rincón del local, y pasaba inadvertido.
    Una vez que todos estuvieron ebrios inconscientes de tanto alcohol, el exalumno fetichista se acercó a los pies del que era el más guapo de la promoción, empezó a acariciar sus zapatos, le alzó la basta de su pantalón y le tocaba sus medias, con miedo a que se pudiera despertar. De pronto, se armó de valor e intentó sacarle su zapato, muy despacio, poco a poco por si despertaba y él no sabría que decirle a su amigo. A la vez iba acercando su nariz para aspirar el aroma de ese pie encerrado toda la noche en ese zapato y que recién él lo sacaba al aire. Finalmente logró sacarle todo el zapato, olió su interior, lo puso a un lado y procedió a levantarle la pierna para llevar su pie con media hasta su nariz. Así como era guapo, sus pies también debían ser de lo mejorcito que hay. Le sacó su otro zapato y saboreó ambas medias negras del compañero más apuesto del salón. Una vez que terminó de saciarse con las medias del galán, pasó a buscar los pies del mas alto del salón. Se acercó al sillón donde estaba y le sacó uno de sus zapatos, miró el interior y se leía talla 45. Olió su interior y procedió a manipular su pie con media. Él nunca habría visto pies tan grandes. De allí pasó a los pies del que había sido el más exitoso del salón, el ahora millonario, que poseía yates y mansiones. Quería apreciar los zapatos lujosos que usaba, se los sacó y quiso saber qué medias costosas usaría un ricachón. Nunca había tenido en sus manos medias negras tan finas y suaves al tacto. Disfrutó esas medias valiosas, hasta más no poder. Luego se acercó a los pies del capitán del equipo de fútbol, un joven recio. Igualmente le sacó sus zapatos y se morboseó con ellos. Se le ocurrió averiguar cómo serían las medias del más estudioso del colegio. Al primer puesto en inteligencia, le sacó sus zapatos y adoró sus medias formales como queriendo inhalar su inteligencia. De allí pasó a los pies del más romántico del salón, el conquistador de chicas e igualmente le sacó sus zapatos y se excitó con sus pies en medias, que quizás habían sido adorados por muchas chicas. Finalmente, se fue hacia los pies del profesor que les había enseñado toda la secundaria. Esos pies que siempre había ansiado y que los veía a diario en clases, en mocasines negros y medias negras, que siempre habían sido su fantasía, pero no había podido hacerles nada. Ahora los descalzaba y descubría su aroma. Eran las medias más negras que había visto en su vida. Al fin las tenía en sus manos y eran solo para él. Se acordó de la vez que le puso una baja nota y le mordió su pie varias veces desquitándose. El profe estaba pasado de copas y no sentía nada de lo que le hacía a sus pies. Cuando llegó a mis pies, abrí los ojos y le pregunté qué hacía. No supo responder, salió huyendo y nunca más lo volvimos a ver.

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  82. Joven y guapo ejecutivo con traje y mocasines se perdio en la selva. En esto aparecio una tribu salvaje lo cogieron por la corbata y lo arrastraron hacia su poblado perdiendo por el camino uno de sus mocasines. Cusando llego lo agarraron a un póster y lo ataron, en esto aparecio el jefe quien cogió el pie desnudo enfundado en una media negra casi transparente de naylon y lo olio notando un fuerte aroma a sudor de haber andado por la selva. Una vez hecho esto el jefe dio unas indicaciones y el resto de los habitantes de la tribu que se acercaron también para olerlo manosearlo y morderlo.Al rato aparecieron dos hombre muy fuertes que empezaron a romperle el costoso traje del ejecutivo hecho a medida mientras esté gritaba y súplica que no lo hiciera. Los lamentos no sirvieron para nada empezaron cortandole la corbata y el saco para seguir abriendole la camisa saliendo todos los botones por los aires y por ultimo le cortaron tambien los tirantes y los pantalones. El hombre se encontraba completamente desnudo solo con unos calzoncillos negros, las medias y un zapato. El jefe de la tribu se acerco al zapato metió su nariz en el hueco del arco del pie y presionó con esta hasta que se le salió completamente. A partir de ahí el jefe empezó a manosear los pies del apuesto ejecutivo mientras que el resto de la tribu se pasaban su costoso mocasin entre ellos y lo olían. Finalmente lo dejaron tirado sin ropa solo con las medias y los calzoncillos eno mitad de la selva.

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  83. Un día llegué de improviso a la casa y descubrí a mi hijastro con su colección de medias sobre la cama. Le pregunté qué hacía con todas esas medias tan diversas y cómo había conseguido tantas. Había todo tipo de medias inimaginables y se notaban usadas.
    No le quedó más remedio que confesarme la verdad: él las venía coleccionando desde hacía tiempo.
    ¿Y a quiénes les pertenecían? Me dijo que las había conseguido de amistades, familiares, vecinos y también de extraños.
    ¿Y eso con qué motivo? Me dijo que no sabía por qué pero que le gustaba hacer eso.
    Me aclaró que no era gay sino que solo le gustaba coleccionar medias de hombres.
    Le pregunté si también tenía medias mías y me confirmó que sí. Yo me preguntaba pero en qué momento podía haber obtenido mis medias. Me dijo que las había sacado del cesto de la ropa sucia, cuando me las sacaba al regresar del trabajo luego de haberlas tenido puestas todo el día. Me aclaró que no quería nada sexual conmigo, solo había querido conseguir mis medias.
    ¿Pero para qué, qué haces con ellas?, le interrogué. Me repitió que no sabía exactamente por qué, solo que le gustaba hacer eso.
    ¿De qué familiares? De todos; tíos, primos, que se habían quedado a dormir en la casa.
    ¿Qué amistades? Del colegio, de la universidad, del club, etc.
    ¿Cómo había conseguido de vecinos? Cuando sus amigos lo invitaban a sus casas, él iba a los cajones de medias de sus papás a revisarlos.
    En eso me di cuenta de que yo traía puestas unas medias nuevas y me preguntaba si él las querría también.
    Me preguntó si podía revisarlas. Se acercó a mis zapatos, me levantó la basta de mi pantalón y descubrió que yo estaba usando unas medias de vestir negras con diseños de varios puntitos
    azules. Me dijo que medias así le faltaban en su colección y me pidió si se las podía quedar. Bueno, yo no perdía nada, y quería complacerlo con algo que él apreciara, ya que todo este tiempo yo había estado intentando ganar su confianza sin resultados.
    "Son todas tuyas", le dije. "Sírvete". Estando así parado, me sacó un zapato con cuidado, acarició mi media negra con ternura, la acercó a su nariz y lentamente me la fue sacando. Lo mismo hizo con el otro pie. Una vez que tuvo en sus manos mis medias, vi su entusiasmo en sus ojos y las añadió a su colección. Las metió en una bolsa donde se leía: "media N° 300" y añadió "media N° 50 de mi padrastro". Me pidió que, por favor, cada día que llegara después de la oficina, le entregara las medias que había estado usando todo el día. Me cercioré preguntándole si eso era lo que realmente quería. Yo podría traerle medias nuevas sin usar, pero me dijo que mejor eran cuando habían sido usadas porque conservaban el aroma masculino de la persona combinado con el olor del zapato. Vi que se le abrían los ojos y se entusiasmaba tanto, que no pude negarme a tal petición. Hizo que le prometiera que cumpliría lo acordado y él me estaría eternamente agradecido por tal gesto, le hablaría bien a su madre acerca de mí y así podría mejorar la relación entre su madre y yo. Y ambos salimos ganando con el inusual acuerdo.

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  84. El profesor de secundaria era un hombre muy bien parecido, blanco, con bigotes, tenía un parecido a esos mexicanos antiguos como Pedro Infante. Siempre solía ir en camisa y corbata y en lo que más me fijaba es que siempre usaba sus mocasines negros y todos los días traía medias nuevas.Era un verdadero deleite sentarse en los asientos de adelante y ver, por debajo del escritorio, cómo sacaba sus pies del zapato y jugaba con ellos moviéndolos ansiosamente; él pensaba que nadie veía sus pies.
    Un día, en pleno dictado de clases en el salón, al profesor le dio un paro cardíaco o ataque al corazón. Cayó repentinamente en el piso en medio del salón y todos fuimos a auxiliarle.
    Mientras un alumno trataba de reanimarlo presionándole el pecho, otro alumno intentaba dándole respiración boca a boca. Yo les dije que había escuchado que en estos casos, para mejorar la circulación sanguínea, había que desajustarle la corbata, la correa y quitarle los zapatos. Les indiqué que uno le desaflojara la corbata, que entre varios le desabotonaran la camisa, que otro se encargara de desenganchar su correa, mientras que yo me encargaría de sacarle sus zapatos para que no le apretaran y así mejorar su circulación sanguínea.
    Rápidamente le saqué ambos zapatos a la vez con mis dos manos y los lancé hacia atrás. Sus zapatos salieron disparados hacia el fondo del salón. Dos alumnos se encargaron de recogerlos y conservarlos.
    Descubrí que ese día el profesor estaba usando medias de vestir delgadas de color negro, que se veían muy bien puestas en sus pies de macho. Le empecé a dar masajes, apretando y presionando diversas partes de sus pies para ver si así se reanimaba. Pero nada. Primera vez que tenía en mis manos los pies con medias del guapo profesor y encontré que estaban tibias y sudadas por haber estado parado todo el día.
    Un pervertido le bajó el cierre de su pantalón, no se con qué fin. Se podía ver que usaba un boxer de color azul.
    Mientras los demás estaban distraídos en reanimarlo por arriba, aproveché para acercar mi nariz a sus pies y olían rico.
    Alguien dijo que lo lleváramos al aula de primeros auxilios que quedaba al otro lado. Entre varios lo llevamos cargándolo, bajándolo por las escaleras y cruzando a través del patio. Mientras los alumnos de los demás salones salían a ver el espectáculo. El galante profesor era transportado inconsciente por sus dispuestos alumnos, dos lo agarraban de sus brazos, mientras yo lo llevaba agarrándolo de sus pies.
    Lo que los curiosos veían era al profesor que siempre iba tan formal y serio, ahora lucía despeinado, con su pecho al descubierto (que dejaba ver que era un hombre velludo), sin correa, el cierre de su pantalón abierto y todos ganándose con la vista de las medias negras del profesor siendo manipuladas por mí.
    Una vez en la sala de primeros auxilios, les indiqué a los otros 2 alumnos que fueran a llamar al médico. Apenas se fueron, empecé a adorar esos pies con medias negras como si de ello dependiera mi vida. Se veían tan atrayentes y el profesor tan desvalido y vulnerable. Lo que siempre había deseado con todas mis fuerzas se estaba haciendo realidad. Tenía que apresurarme, pronto regresarían con el médico y el profesor recobraría la conciencia. Me excité y decidí rasgarle sus medias con mis uñas como para sacárselas de emergencia y puse al descubierto sus pies blancos. En eso regresaron con el médico y me hice a un lado. Me llevé sus medias rasgadas y destrozadas en mis manos para mi posterior disfrute.

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  85. Hubo un asalto en un velorio de la alta sociedad. Los invitados eran gente de primera.
    Como suele ser en los funerales, todas las personas presentes vestían todo de negro.
    Los delincuentes ordenaron que a todas las mujeres las encerraran aparte y se quedaran únicamente los hombres.
    Les ordenaron a todos los hombres que permanecieran sentados donde estaban mientras uno de los maleantes pasaría por sus sillas para revisarlos y robarles sus pertenencias.
    Mientras los asaltantes los despojaban de sus objetos valiosos, uno de ellos iba pasando silla por silla y se agachaba delante de cada hombre para sacarles los zapatos para que no pudieran escapar y a la vez revisaba que no portaran armas y/o si portaban dinero o tarjetas ocultos en sus medias.
    En los casos de hombres que llevaban zapatos con pasadores le tomaba más tiempo ya que tenía de desatar dichos pasadores y eso no le complacía tanto; él prefería a los que llevaban zapatos sin pasadores ya que ese tipo de calzado salía fácilmente con solo jalar del talón y dichos mocasines se deslizaban sin hacer mayor fuerza sobre el pie. La excepciones eran aquellos hombres gorditos, cuyos mocasines les quedan bien ajustados a sus pies y el ladrón tenía que ejercer más fuerza y presión para que esos zapatos dejaran esos pies. Cuando eran gorditos, tenían que alzarles la pierna para que el asaltante pudiera darles un tirón a sus zapatos y finalmente sacárselos.
    Otra dificultad era el caso de aquellos hombres que no se dejaban sacar sus zapatos. En esos casos, tenía que amenazarlos para que soltaran sus pies, no arquearan sus dedos y dejaran que se los sacara. Algunos, aun así, no querían dejar que el maleante pusiera sus manos delincuenciales sobre sus zapatos y menos sobre sus medias negras. En algunos casos, tuvo que apuntarles con una pistola para que se dejaran sacar sus zapatos sin oponer resistencia, y a algunos hombres (que se creían más valientes y machos) tuvo que golpearles en la cabeza con la cacha de la pistola para dejarlos inconscientes, caían de la silla, quedaban tirados en el piso y así era la única forma de poder sacarles sus zapatos y llegar a sus medias negras.
    Todos los zapatos sacados a los hombres los iba metiendo en una enorme bolsa de tela.
    Lo que seguía ahora, no se lo esperaban. El ladrón volvía a pasar por cada uno de los hombres, pero esta vez era para quitarles las medias negras a cada uno. Él asumía que todos se habían puesto su mejor ropa para el funeral y, por ende, las mejores medias que tenían. Tenía que agarrar los pies de cada uno y jalarles sus medias, ya sea desde la pantorrilla, desde el tobillo o desde los dedos de sus pies. Algunas medias no tenían mayor olor, otras tenían el olor usual masculino mezclado con el cuero del zapato más el sudor de la noche, y otras olían más fuerte. Algunas más sudadas y/o calientes que otras. Todas eran medias costosas.
    También se acercó a los que les había golpeado en la cabeza y estaban tirados en el piso e igualmente les robó sus medias pero con más calma y con la seguridad de que no opondrían resistencia a que las manos del criminal tocasen sus pies cubiertos por medias negras, las cuales las extrajo fácilmente.
    Todas las medias las metió en una bolsa plástica que él mismo llevaba en sus manos. Cuando quiso mirar dentro de la bolsa, sintió una mezcla de todos los olores de machos. Le gustó toda la mezcla y variedad de texturas, tamaños y matices que veía entre todas las medias negras mezcladas de todos esos hombres de buena posición económica. Se quedó un rato tocándolas todas.
    Cuando sus demás compinches terminaron de robar todo, le dijeron: "¡ya, deja eso de las medias para más tarde! Después nos repartiremos todo el botín".
    Al oír eso, el ladrón cogió una de las mejores medias que pertenecía al más guapo de todo el velorio y se la metió a su bolsillo. Y se marcharon dejando a todos los hombres descalzos.

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  86. Una vez tuve que atender a un joven ejecutivo en traje corbata tirantes gemelos y mocasines que había tenido un accidente de coche y estaba atrapado. Aunque el estaba consciente y bien (dentro de lo que cabe) tuvimos que proceder a cortarle su traje con tijeras especiales de cortar ropa y guardamos sus gemelos para que no se les perdiese, a mi me dio muchísima pena pues parecía bastante caro . Calzaba unos mocasines de corte muy bajo pero no podía retirar sus pies pues había unos hierros a la altura de los tobillos que lo impedía y solo podía retirarlo el personal especializado. Mientras esperábamos a que este llegara yo me acerque por el otro lado donde estaban sus bellos y caros zapatos, uno estaba medio salido del pie solo sostenido por la parte de los dedos y decidí quitárselo completamente estaban bastante deformado por los hierros pensé ¡que pena con lo bonitos que eran !. Lo deje en la carretera y pude observar el pie envuelto en una media negra transparente la cual se encontraba un poco rota de talón. A partir de ese momento empecé a manosearla, morderla y chuparla, especialmente por la parte rota, mientras tanto el hombre ni se inmutaba estaba completamente inconsciente no tenia el saco ni la corbata (ambas fueron rotos por las tijeras), la camisa sin botones (habían sido todos estallados) ni gemelos estaba completamente abierta mostrando su pecho bastante, curtido en el gimnasio pero un poquito velludo y lo único que tenia entero eran los pantalones del traje y los tirantes. Cuando me canse de ese pie me fui al otro pero el zapato de éste estaba encajado entre los hierros y me iba a constar bastante retirarlo dije ¡lo voy a intentar! y con unas pinzas empece a forzar el talón del mocasín y la parte del hueco entre este y el empeine del pie finalmente salio del pie (ayudo bastante lo bajo que eran los mocasines que dejaban el pie bastante descubierto y eran de por si fácil de quitar), eso si quedó aun mas destrozado que el del otro pie con todo el talón y la parte del empeine deformados, y empece a manosearle y chuparle la planta del pie, estaba muy sudada y desprendía un fuerte olor a sudor mezclado con el cuero de los zapatos continuando así hasta que llegaron los especialistas. Finalmente el joven se encontraba estable y se recupero pero al recoger las pruebas del accidente estaba los restos de su traje esparcidos por los asientos del coche y los mocasines destrozados en mitad de la calzada, estos últimos los metí en una bolsa aparte y me los lleve a mi casa y cuando el joven pregunto que donde estaban sus zapatos le dije que no sabia donde estaban que lo mas seguro es que se le habrían perdido.

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  87. Tengo un primo lejano mayor que yo por 15 años. Es familia de mi papá. Rubén es el típico mujeriego, playboy, rompecorazones, que a las chicas las trae locas porque es bastante atractivo, pero él no desea nada serio, solo divertirse.
    Una noche que yo ya estaba acostado en mi cama, entra mi papá trayendo a Rubén apoyado en su hombro. Rubén se había pasado de tragos y mi papá lo había traído a nuestra casa para que pase la noche. Como no había más camas en la casa, mi papá pensó en que Rubén durmiera en mi cama para que se le pasara lo mareado hasta el día siguiente. Mi papá creía que yo estaba dormido pero yo estaba escuchando todo. Le dijo a Rubén: aquí vas a quedarte para pasar la noche en la cama de Jorgito, él ya está dormido y no sentirá nada hasta que amanezca. Rubén casi ni podía mantenerse en pie. Mi papá lo echó en mi cama, le sacó sus zapatos y lo metió dentro de mi sábana y colcha. Se fue y apagó la luz del cuarto.
    Yo no podía dormir al sentir que había alguien más en mi cama. Me entró la curiosidad por saber cómo serían los pies de esta galán, ¿qué tipo de medias usaría?
    Me metí por debajo de las sábanas hasta llegar a los pies de la cama y me topé con sus calcetines. Como estaba oscuro allí abajo, encendí la linterna de mi celular y pude ver con detalle la textura de sus medias. Olían bien. Él estaba usando medias negras delgadas de vestir. Se las toqué y no se movía. Como escuché que empezó a roncar, me atreví a más y les pasé mi lengua, las empecé a lamer y chupar y me las metí a mi boca. Las disfruté al máximo hasta que amaneció. Luego volví a mi posición original y me quedé dormido. Cuando me desperté, él ya se había levantado y se había ido. Nunca sabré si supo lo que le hice o no.

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  88. Yo salía de la fiesta de la boda de un amigo y paré el primer taxi que pasó. Subí a la parte de atrás del auto y partió. En el trayecto, el taxista volteó y me echó un spray en mi rostro. Intenté evadirlo pero fue en vano. Sentí que me desvanecía. El taxista aprovechó eso. Llevó el auto a un sitio apartado y me empezó a manosear. No sé qué cosas me puede haber hecho. Sólo sé que recién recuperé el conocimiento cuando sentí algo en mi pie. Abrí los ojos, estaba echado sobre los asientos de atrás y vi al chofer justo cuando me estaba sacando uno de mis zapatos y su rostro sobre mi media negra. Vi que mi camisa estaba desabotonada, estaba sin mi pantalón, en calzoncillo, y ahora descalzo. Intenté zafar mis pies de sus manos y de su rostro, pero él aplicaba más fuerza y me impedía moverme. Hundía más fuerte su cara en las plantas de mis pies y aspiraba hondo; parecía un loco desesperado y no me soltaba. Me sentía impotente. Justo cuando me quería sacar una de mis medias, me desesperé, agarré más fuerza y le pateé con mi pie en su rostro. Cayó de espaldas pero inmediatamente se incorporó y me volvió a echar el spray en mi rostro. Luché todo lo que pude pero más pudo el efecto del spray y caí rendido.
    Del resto de lo que me haya hecho, nunca lo sabré. Lo último que recuerdo es que aparecí en un descampado solitario y reaccioné justo cuando unos pordioseros me estaban despojando de la poca ropa que me quedaba y se la llevaban. Me tomó un tiempo poder volver en sí e incorporarme. Así en ropa interior tuve que caminar hasta la autopista y parar un taxi que me llevara a mi domicilio. Ninguno quería parar hasta que finalmente uno se apiadó de mí al verme en semejante situación. Le conté lo sucedido y me dijo que yo no era el único caso, que había escuchado de varios casos similares por parte de sus colegas conductores.

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  89. Esta es la historia de un ricachón llamado Mister Socks que tenía su propio chofer llamado Rico.
    Rico era un joven proveniente del caribe, muy guapo, como suelen ser los cubanos, portorriqueños y venezolanos. Había obtenido títulos como Mister Universe, Mister Muscles y The Most Sexy Man in the World
    Mr Socks había logrado que Rico dejara todo ese mundo contratándolo con un jugoso sueldo
    Mr Socks le había indicado a Rico que debía usar una vestimenta o uniforme que él le designara.
    Rico debía vestir formalmente: camisa negra, blazer azul, pantalón negro, medias negras y zapatos negros
    Toda esa ropa se la proporcionaría Mr Socks diariamente y al final del día Rico debía devolverle las medias negras que había usado todo el día para que Mr Socks se las cambiara por unas nuevas medias negras para que usara al día siguiente. Ese era el acuerdo
    Supuestamente Mr Socks mandaba a lavar las medias usadas de Rico y le entregaba otras medias lavadas. Pero no. Mr Socks conservaba las medias que Rico había usado todo el día y compraba nuevas medias negras para darle. Compraba de diversos modelos y estilos que le gustaba ver en su empleado bien vestido
    Ya se pueden imaginar qué haría Mr Socks con esas medias de Rico que se veían tan bien en esos pies de macho latino, dentro de esos mocasines negros que dejaban ver ampliamente a todo el mundo las medias que estaba usando. Eso sí, Mr Socks solo le había dado un solo par de mocasines que los usaría para todo desde que amanecía hasta que se acostara a dormir
    Mr Socks quería ser discreto y no quería que Rico descubriera el fetichismo oculto que Mr Socks tenía por las medias negras de varón
    Eran su placer secreto más íntimo. Y gracias a su fortuna podía darse el lujo de llevar a cabo su fetichismo con su empleado, sin que Rico se percatara
    Mr Socks era voyeurista y había podido ver las plantas de las medias negras de Rico agitándose mientras mantenía relaciones sexuales con mujeres en su cuarto
    Un día Rico cometió un error y MS le dijo que lo castigaría. Le hizo echarse en el sillón de la sala con los pies colgando al aire sobre un extremo del sillón.
    Mr Socks se acercó a esos mocasines que tantas veces los había visto puestos en los pies de Rico. Empezó a pasar su mano sobre el cuero de uno de ellos, luego acercó su otra mano, y de un tirón suave y lento iba retirando el mocasín negro (tan usado) de esos pies tan cansados y lo puso en el piso. Rico no tenía idea de cuál sería el castigo. Lo mismo hizo con el otro mocasín pero esta vez olió su interior. Desde donde tenía Rico la cabeza no podía ver nada de lo que le estaba haciendo a sus pies.
    ¿Por qué me está sacando mis zapatos el jefe?, pensaba Rico.
    Una vez que sus medias negras estaban expuestas en el aire, Mr Socks sacó una vara de madera y le empezó a pegar con ella sobre las plantas de sus medias negras y estuvo así durante un rato. Rico sentía bastante dolor pero debía soportar y permanecer inmóvil, según las indicaciones de su jefe. Luego Mr Socks le dijo que no quisiera que su chofer no pudiese manejar con los pies adoloridos así que le iba a sobar sus pies con sus manos para aliviar el dolor. Por fin Mr Socks tenía acceso no solo a las medias de Rico sino que esta vez ¡estaban aún puestas en sus pies! RIco no podía ver, pero de vez en cuando Mr Socks acercaba su nariz a las medias negras de Rico para aspirar profundo y los ojos de Mr Socks se ponían en blanco. El siguiente castigo consistía en que Mr Socks le mordería sus pies con esas medias negras que se veían tan sexys en Rico. Y procedió a morderle por distintas partes de sus pies. Luego la curación o el alivio vendría cuando Mr Socks le diera una lamida a esos pies con su lengua.
    En eso, Rico empezó a sentir una sensación extraña, como que le agradaba y se entusiasmaba, pero eso no podía ser, pensaba él. Él era heterosexual y nunca un hombre le había tocado sus pies de una manera tan sensual. Mr Socks le dijo que eso haría cada vez que Rico se equivocara. Y desde entonces Rico empezó a cometer más errores.

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  90. Recuerdo haber visto hace años una telenovela venezolana donde un justiciero perseguía a los criminales. Cada vez que atrapaba a un delincuente, le decía que se sacara un zapato y que se sacara su media. Se llevaba su media, lo mataba y les dejaba una etiqueta colgando de un dedo del pie, tal como hacen con los cadáveres. En la etiqueta se leía algo así como: "yo soy culpable". ¿Alguien recuerda el nombre de esa novela?

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  91. La otra noche, tomé un taxi. Como me había olvidado el dinero y no tenía para pagarle, me dijo que le habían gustado las medias negras que yo estaba usando, que me las había estado observando durante todo el trayecto, y me pidió que le entregara mis medias usadas como pago por el servicio de taxi. Se ofreció a sacármelas él mismo. Las olió, las guardó y me dejó en mi destino como si nada hubiese pasado.

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  92. paginas de hombres teniendo sexo en medias negras con mujeres.?

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  93. Tres amigos se pusieron de acuerdo para jugarle una broma pesada a su amigo que vivía solo.
    Se aparecieron en su casa enmascarados para que él no los reconociera.
    El amigo estaba navegando en internet con su laptop y los 3 bromistas entraron con un duplicado de la llave de su casa que alguna vez él les dio.
    Ingresaron sin hacer ruido por detrás del amigo. Le vendaron los ojos y le taparon la boca. El amigo luchaba pero no podía contra la fuerza de los tres.
    Entre los 3 lo agarraron, lo llevaron hasta su cuarto y lo ataron a su cama.
    Los 3 enmascarados le sacaron sus zapatos a la fuerza y abusaron de sus medias negras.
    Al amigo le dieron ganas de llorar y lágrimas brotaban de sus ojos ante la impotencia de lo que le estaban haciendo a sus pies con medias, contra su voluntad, esos enmascarados.
    Sus calcetines negros fueron ultrajados, violentados, vejados, maltratados, olidos, chupados, lamidos, mordidos, besados, manoseados, etc.
    Una vez que sus medias negras estuvieron bastante humedecidas de tanta saliva y se cansaron de ellas,se les ocurrió revisar su cajón de calcetines. Allí encontraron medias de todo tipo y color. Le sacaron las medias negras ya "trabajadas" y le empezaron a poner en sus pies una por una cada media que encontraban en el cajón y volvían a hacerle lo mismo a cada media que probaban en sus pies.
    El amigo seguía llorando por la violación a sus pies con medias por parte de esos enmascarados desconocidos.
    ¿Qué más querrían, le robarían, lo matarían?
    Lo que el amigo no sabía es que ellos solo querían divertirse con sus pies y sus medias. Le tomaron muchas fotos a esos pies con diferentes medias. Estuvieron así, disfrutando y torturándolo toda la noche hasta la madrugada, cuando ya extenuados de tanto placer decidieron marcharse.
    Nunca le revelaron sus identidades ni que eran sus amigos. Lo dejaron llorando, temblando y traumado. Desde esa vez, nunca más dejó que nadie se acercara a sus pies con medias, ni siquiera que se los miraran y menos que se los tocaran. Cuando un lustrador de zapatos de casualidad topaba su mano con su media, él gritaba y se exaltaba involuntariamente. Tuvo que recurrir a uno de esos amigos (sin saber que había sido uno de los enmascarados) para que lo ayudara y entrenara en tocarle su pie con media hasta que ya no sintiera ningún rechazo o trauma. Estuvieron así todo un año hasta que finalmente se habituó a que el amigo viniera a darle masajes a sus pies con medias cada vez que él se sentía mal

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  94. Jorge llegó a la casa de su novia sin previo aviso y la encontró en cama besándose con otro hombre
    Se trataba de un contador con quien ella le había sido infiel
    El contador era bien parecido, estaba enternado
    Jorge quería vengarse y desquitarse de ambos a la vez
    Se lanzó sobre el contador y lo agarró a golpes. En la pelea, Jorge le destrozó el saco al contador, le desgarró la camisa y le rompió su pantalón, quedando únicamente con corbata, un boxer ajustado, sus medias de terno y zapatos de vestir
    Con un puñetazo de su fornido brazo en el rostro, dejó en knockout al contador y lo amarró a los 4 extremos de la cama con sus brazos y piernas abiertas
    A ella la ató a una silla delante de la cama
    Jorge iba a vengarse de ambos por su traición e infidelidad
    Jorge había averiguado algo oculto sobre ese contador y se lo iba a revelar a ella; pero quería que ella lo viera con sus propios ojos para que no creyera que Jorge le estaba mintiendo o se estaba inventando cosas que no son
    "Te voy a demostrar con qué calaña de hombre te has involucrado"
    Ella, desde la silla donde estaba atada delante de la cama, vería todo lo que Jorge le haría a su hombre, para demostrarle la verdad que el contador le había ocultado
    Jorge se acercó a los zapatos del contador y se los sacó de un tirón. Cogió esos zapatos de terno y se los acercó a la nariz de ella para que percibiera el olor de los zapatos de ese hombre y se decepcionara de él
    En eso, el contador recobra el conocimiento y abre los ojos. Se sorprende y dice: "¡qué está pasando acá! ¡Dame mis zapatos! ¡Devuélvemelos y vuelve a colocarlos en mis pies!"
    Jorge respondió: "No tan rápido. Hay algo que quiero demostrar"
    Diciendo eso se acercó a las medias negras de vestir del contador y las empezó a toquetear
    "Ahora verás" Luego se arrodilló en el suelo. Estando allí Jorge puso su boca sobre los pies con medias del contador
    Ella estaba confundida por esa acción de Jorge. ¿Qué querría demostrar?
    La noche anterior Jorge había hackeado la computadora del contador y tuvo acceso a sus videos
    Dentro de los archivos del contador halló videos sobre fetiche de pies de hombres y links sobre fetichismo de pies masculinos
    Jorge empezó a hacerles a las medias de Jorge aquello que había visto que hacían en los videos, con el fin de demostrarle a ella que el contador con el que le había sido infiel era un fetichista de pies masculinos y eso era lo que le excitaba al contador
    Ni bien Jorge puso sus labios y lengua sobre las medias negras del contador atado a la cama, el bulto dentro del boxer del contador empezó a crecer y erectarse, lo cual era señal inequívoca de que el contador lo estaba disfrutando y se estaba excitando con el contacto de sus medias con la boca de Jorge
    "¿Estás viendo lo que le excita a tu amado contador?", le dijo a ella
    "Él te ha estado engañando, en realidad es bisexual y se excita con todo lo relacionado a pies masculinos y no femeninos"
    "Y eso no es nada". Jorge se dirigió hacia la cabecera de la cama, se sacó su mocasín negro y puso su media negra sobre el rostro del contador. La dejó allí durante unos minutos y en eso apareció una mancha húmeda en la parte delantera del ajustado boxer indicando que el contador se había vaciado
    Ella, atada, tuvo que presenciar cómo Jorge abusaba del amante y todo lo que Jorge le estaba haciendo a su hombre
    Ninguna mujer querría estar con un hombre que le gustara que otro hombre le hiciera cosas a sus pies y menos si ella lo ha visto eyacular con las medias de otro hombre
    Jorge se sacó una de sus medias y tirándola la dejó sobre el rostro del contador y dijo: "toma, te dejo mi media para que recuerdes siempre lo que realmente te atrae y excita"
    Y a ti te dejo con él a ver si vas a querer tener algo con ese contador luego de lo que has visto
    "Ustedes dos son tal para cual"
    Y diciendo eso se marchó de la casa de ella con un pie descalzo y llevando en su mano su zapato
    Los vecinos al verlo caminar así se preguntaban qué podría haber pasado al interior de esa casa.

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  95. Había tenido una arduo día de trabajo en la oficina, no me había sacado los zapatos desde que salí de casa y mis pies los sentía adoloridos, ajustados, calientes y necesitando un relax.
    Justo pasó un muchacho repartiendo volantes y me entregó uno de ellos. Era publicidad sobre un sauna y era gratis.
    Le pregunté cómo era eso y en qué consistía. Me dijo que la primera vez era gratis y que si yo deseaba me podía llevar al local en ese momento.
    No tenía nada que perder y necesitaba relajarme, así que pensé que sería una buena oportunidad.
    Una vez allí me explicó que allí se brindaba 2 tipos de servicios: sauna a vapor y masajes.
    Le expliqué sobre mi problema y me dijo que yo necesitaba un buen masaje de pies.
    Pensé que vendría una masajista mujer, pero él me dijo que él era masajista, que trabajaba allí y esa era su especialidad.
    Le dije que no, que mejor en otra oportunidad. Y él me recordó que era gratis y me convenció de que no tenía nada que perder sino más bien que ganar. Y me aseguró que los masajes serían solo a mis pies, que no debía preocuparme por algo más.
    Cedí y me dirigió hacia un cuarto donde había una camilla. Me dijo que me echara así tal cual estaba, con mi ropa formal de trabajo, no era necesario que me sacara la ropa.
    Que no me preocupara de nada, él mismo se encargaría de todo.
    Noté que se quedó observando mis zapatos, se acercó a ellos y me los sacó uno por uno, lentamente.
    Los puso a un lado, palpó las plantas de mis pies y exclamó: ¡uy, tú sí que tienes los pies cansados, están contracturados y encima sudados!
    Me dijo que le gustaba las medias negras que tenía puestas, que había sido una buena elección.
    E inmediatamente empezó a masajear mis pies, así con las medias puestas.
    Me dijo que él aplicaba un innovador e inusual método que él había desarrollado y había obtenido buenos comentarios por parte de los clientes.
    Primero acercó su nariz, hundió su rostro en mis medias y aspiró fuertemente. Se quedó así un largo rato. Luego puso su boca en mis pies con medias y los humedeció completamente con su lengua. A decir verdad, sentí que mis pies se relajaban con todo ese tratamiento así que de tanto relajo aplicado a mis pies, me quedé dormido.
    Cuando me desperté, en vez de mis medias negras vi que tenía puestas unas medias de color blanco, muy delgadas. Le pregunté por mis medias negras y la explicación que me dio fue que estaban muy cargadas de energía negativa (estrés) y que no debería tenerlas más en mis pies, que no me preocupara, que él se quedaría con mis medias negras para que ese malestar no volviese a mí. Y que mejor energía me traerían esas medias blancas que el mismo se había encargado de ponérmelas con mucha buena vibra. Que me las regalaba y que siempre se acordara de mí cuando deseara que le volviera a dar un masaje así a sus pies. Me aconsejó que mejor usara medias de colores claros para atraer lo positivo, que él me podía conseguir medias de distintos colores, todos claros, y a cambio yo le daría mis medias negras antiguas que había estado usando.
    Me fui desconcertado por todo lo acontecido, pero sintiéndome super relajado.

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  96. A un visitador médico le asignaron que debía ir a un hospital en una zona peligrosa y solitaria en las periferias de la ciudad.
    Como es sabido, los visitadores y visitadoras médicos suelen vestirse formal y/o elegantemente ya que deben visitar a los doctores en sus consultorios y convencerlos de promocionar y ofrecer sus productos a los pacientes.
    El visitador terminaba de visitar a un doctor en el hospital y se dirigía a su auto que estaba estacionado a unos metros de allí.
    Al pasar por una vereda, había 2 chicos gays que cuando vieron al guapo visitador enternado pasar delante de ellos, lo miraron de arriba abajo, le silbaron "fiu fiu" y le gritaron "papacito", "te quiero comer", "eres lo que me recetó el médico", "estás fuerte, papi".
    En respuesta a esos "piropos", el visitador levantó su brazo y con su mano les mostró el dedo medio a los 2 homosexuales.
    Eso enfureció a los muchachos quienes corrieron para atrapar al visitador y lo agarraron entre ambos de los brazos y soltó su maletín con las muestras de los fármacos. El visitador luchaba con todas sus fuerzas para librarse de sus captores pero era en vano. Se puso a gritar y fue entonces cuando uno de ellos agarró un palo y le golpeó en la cabeza. El visitador cayó desmayado al piso y su cuerpo inerte fue arrastrado por ambos hacia un callejón oscuro donde no pasaba ni un alma.
    Al interior del callejón, lo sentaron con la espalda contra una pared Su terno se había ensuciado y deteriorado debido al forcejeo y al arrastre. Cada uno se encargó de sacarle un zapato y se pusieron a chuparle sus medias negras. "Así que te burlabas de nosotros, ¿no?. Ahora nos vamos a desquitar por habernos despreciado e insultado. Vas a ver lo que hacemos contigo. Te humillaremos y te haremos pagar caro por ofendernos. No sabes con quiénes te has metido".
    Y le chuparon sus medias hasta más no poder. Se desquitaron de él por haber sido homofóbico con ellos. Luego de haberse satisfecho, lo agarraron entre los 2 y lo echaron dentro de un contenedor lleno de basura, con la cabeza dentro y dejaron sus pies con medias negras sobresaliendo de la basura quedando elevados en el aire. Y se marcharon del lugar diciéndole: "Eso es para que aprendas la lección".
    Cuando pasó el camión de la basura por ese lugar, descendieron dos empleados de limpieza y al encontrar el par de pies sobresalientes en la basura con ese par de calcetines negros, entre ambos se pusieron a disputar quién se quedaría con esas medias que tanto necesitaban. Empezaron a disputarse sus medias y jalárselas entre ambos, peleándose por conseguirlas. Uno de ellos se apoderó de ambas medias mientras que el otro descubrió sus zapatos tirados y se los quedó con él. Y se marcharon.
    Cuando el hombre se despertó, se encontró descalzo y sucio dentro del depósito de basura. No le quedó más remedio que limpiarse un poco, recoger su maletín y dirigirse hacia su auto. Tuvo que manejar así descalzo.
    Cuando llegó a su casa, su mujer sorprendida le preguntó qué le había pasado. Y el visitador le contó todo lo que le habían hecho. La esposa le dijo: "ya ves, eso te pasa por homofóbico. Y tú que tanto le rechazabas a tu hijo cuando él se quería acercar a tocar tus pies con medias. Te lo tienes bien merecido".

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  97. En una noche oscura en un parque solitario, una pareja estaba teniendo intimidad sexual sobre el pasto. Sin que ninguno de ellos se diera cuenta, un fetichista que andaba cerca, escondido detrás de un árbol, al descubrir lo que estaba haciendo la pareja, le llamó la atención y se puso a mirar los pies del hombre. Para su sorpresa, el enamorado estaba sin zapatos haciendo el amor con su enamorada. El fetichista se acercó sigilosamente, sin hacer ruido, arrastrándose por el césped hasta que llegó a los pies de él. Al estar cerca pudo apreciar mejor sus medias. Llevaba puestas unas medias de color negro, las cuales le atraían, y estaban con la planta del pie hacia arriba, ya que el enamorado estaba echado boca abajo sobre la enamorada. El fetichista aprovechó que el hombre estaba entretenido en su actividad sexual, acercó su nariz para oler de cerca esas medias que le atraían tanto. El fetichista también yacía boca abajo sobre el gras por debajo de los pies del enamorado, quien se movía intentando complacer a su pareja.
    El fetichista se arriesgó y puso los dedos de su mano sobre el pie con media del enamorado; el enamorado pensaría que era el pie de la enamorada que contactaba con su pie así que no se preocupó por eso que sentía en sus pies. El fetichista se excitaba cada vez más, frotaba sus partes íntimas contra el pasto siguiendo el ritmo del movimiento del joven enamorado, hasta que llegó a un orgasmo.
    En eso, la enamorada voltea y descubre al fetichista oliendo los pies en medias negras de su guapo enamorado. Ella sabía que muchos gays se sentían atraídos por la guapura de su enamorado, pero nunca se había imaginado que a alguien podría gustarle sus pies en medias negras. Ella pegó un grito: ¡Jaime, hay alguien a tus pies oliendo tus medias negras y masturbándose! Apenas oyó el grito de la mujer, el fetichista lo que hizo fue hundir su rostro todo lo que pudo sobre las plantas de los pies del enamorado para aspirar por última vez su aroma y se despidió de aquellas estimulantes medias con un breve beso de adiós. El enamorado volteó desconcertado y descubrió al fetichista morboseándose y excitándose con sus medias negras. Inmediatamente se puso de pie y corrió tras de él por el pasto así como estaba en medias, las cuales se iban llenado de hojas, de pasto, de césped, de gras, de maleza, de pétalos, etc. El fetichista salió huyendo disparado. El novio regresó donde la enamorada quien le dijo: "Mira, cómo han quedado tus medias negras, cubiertas de vegetación, todas embarradas y manchadas. así ya no te quiero. Además, cómo has dejado que un hombre te agarre tus medias y se autoestimule con ellas. Quizás todo lo habías arreglado. Pues mejor quédate con él ya que tanto te gusta que te hagan eso a tus pies, porque yo ni loca lo haría. Hemos terminado. Esto es el fin".
    El enamorado trataba de convencerla de que no era así: "no lo conozco, no sé quién es, y a mí no me gusta que me hagan eso a mis pies, yo ni me daba cuenta, soy bien heterosexual, si quieres házmelo tú para que veas". Y ella le respondió: "nada que ver, yo no le entro a esas rarezas".
    Por mas que él le imploraba su perdón, ella estaba decidida a dejarlo y se marchó.
    El hombre se quedó solo, llorando bajo un árbol, con sus brazos cruzados sobre sus rodillas y su rostro sobre sus brazos. No pudo ver que el fetichista había regresado y volvía a acercarse para oler sus medias negras ahora todas manchadas. Cuando el ex-enamorado sintió la nariz del fetichista sobre sus pies, levantó el rostro y le preguntó: ¿en serio te gusta tanto mis medias para llegar a hacer eso? El fetichista afirmó con su cabeza. Quizás tú sí me quieras ahora que me siento solo. Aquí tienes mis pies con mis medias negras que tanto te gustan y te excitan, son todo tuyos. Ya no tengo nada qué perder. Quizás este sea el inicio de una bonita amistad. Y el fetichista se quedó satisfecho abrazando esos pies con medias que tanto había anhelado.

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  98. Sucedió en una institución financiera. Era la hora del almuerzo y todos habían bajado al comedor de la empresa. Eric se había quedado en su cubículo navegando por internet. Uno de sus colegas pasó por detrás de Eric sin que se diera cuenta. Y se sorprendió lo que descubrió. Se acercó más a la pantalla de Eric y descubrió que estaba revisando páginas de adoración de pies de hombres. Alcanzó a ver varias imágenes y en todas se veía hombres que ponían sus pies con medias sobre el rostro de otro hombre. Estuvo largo rato así hasta que Eric volteó y se dio cuenta de que había sido descubierto. Su rostro se puso rojo de vergüenza. Eric le rogó que por favor no le dijera a nadie, que le daría lo que le pidiera. Pero el colega no le hizo caso y se fue corriendo al comedor a contarles a todos lo que había descubierto. Eric lo siguió corriendo tras de su colega mas no pudo evitar que lo comentara con todos los empleados que estaban en el comedor. "¡A que no saben que descubrí! A nuestro amigo Eric le gusta ver páginas de adoración de pies masculinos". Todos rieron. Eric intentaba en vano desmentirlo: "¡No, no es cierto lo que dice". A lo que su colega replicó: "Ah, entonces si no es cierto, no tendrás ninguna objeción en echarte en el piso y someterte a una pequeña prueba". "¿Cuál prueba?", preguntó Eric. "Échate en el piso y verás". Eric estaba dispuesto a demostrar que no era cierto aquello de lo que le estaban acusando. Su colega dijo: "Ahora cada uno de nosotros nos sacaremos los zapatos y pondremos nuestros pies con medias sobre tu rostro. Si no es cierto lo que digo, no deberás sentir nada, o en todo caso repulsión". "¡Todos sáquense los zapatos!", ordenó el colega. "Ahora cada uno irá pasando delante de Eric, le pondrá su pie con media sobre su rostro y veremos su reacción". El primero en pasar fue el colega, que era un hombre fornido y apuesto, puso la planta de su media negra sobre el rostro de Eric. Eric trataba de ocultar el hecho de que le excitaba ese pie con media tan caliente. Todos notaron la erección en el pantalón de Eric. De allí siguió el supervisor de cuentas que traía unas medias ejecutivas azules que excitaron mucho a Eric cuando las tuvo sobre su rostro. Llamaron al jefe de Relaciones Públicas, que tenía una impecable presencia, él se sacó uno de sus zapatos y le puso su impecable media, sin una arruga ni doblez, sobre la nariz de Eric quien aspiró y se erectó nuevamente. Finalmente, el colega trajo al Gerente de Finanzas, él mismo le descalzó su zapato y con sus manos dirigió el pie con media del gerente hacia la nariz de Eric. Estaba usando una media negra Gold Executive, de esas costosas y que nadie nunca le había olido. Cuando Eric aspiró su aroma, apareció una mancha en el cierre de su pantalón. El Gerente quedó sorprendido. El colega expresó: "Gracias, jefe, por su cooperación", y le volvió a colocar su pie en su zapato hasta que entró bien. Todos se burlaban de Eric. Terminado el break del almuerzo, cada uno retornó a sus divisiones.
    Solo quedaban allí Eric y el colega. Eric avergonzado le decía: "¿por qué me hiciste eso?, me has dejado mal parado ante todos". El colega respondió: "ja ja, al contrario, te han dejado bien parado, ja ja". "Me pueden despedir", dijo Eric. "Al contrario, porque les ha gustado, ¿no te fijaste?".
    El colega le explicó a Eric: "¿sabes por qué lo hice?, porque quería experimentar cómo sería eso y de paso siempre había querido tocarle la media al gerente y pude tener esa oportunidad gracias a ti".
    Si gustas, podemos compartir entre nosotros esta extraña "afición". Eric se quedó pasmado ante semejante revelación y a la vez le comunicó a su colega que tenía ricas medias y que lo había disfrutado, dentro de todo. Ambos se abrazaron y se fueron a encerrar en una de las oficinas. En el futuro, iban a disfrutar mucho juntos.

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  99. Lo conocían como el fetichista de la familia ya que perseguía los pies de todos los hombres de la familia o de los que los visitaban.
    Todo empezó cuando lo descubrieron oliendo los pies con medias de su propio padre mientras este dormía. De allí siguieron los pies con medias de sus tíos y primos. También lo hacía con los amigos de sus familiares e invitados que se quedaban a dormir en la casa.
    Y no era un secreto, ya todos lo sabían.
    Todos tenían que estarle diciendo: "¡Ya deja de oler mis pies y mis medias!". Pero él no les hacía caso y seguía con lo suyo.
    Todos tenían que estar atentos. Al menor descuido lo tenían a sus pies oliendo y/o manoseando todo pie con medias que encontrara a su paso.
    Si no encontraba a nadie en la casa, se iba al cesto de la ropa sucia para buscar las medias usadas de los hombres de la casa antes de que las lavaran.
    Sus propias medias no le satisfacían, tenían que ser las medias de otras personas.
    A algunos les gustaba que él les oliera sus pies con medias y que él se los manipulara. Ya que no podían hacer nada para detenerlo, optaron por más bien disfrutarlo.
    El fetichista de la familia estaba encantado. Pero eso sí, tenía sus valores, límites y convicciones, por ejemplo: nunca lo hacía en caso de menores de edad, no le gustaba menores que él.
    En la hora del almuerzo o de la cena, ya lo tenían a él debajo de la mesa sacándoles los zapatos a todos los que pudiera y oliéndoles y tocándoles sus medias.
    La hora de dormir era su momento favorito ya que muchos ni se daban cuenta de lo que él les hacía, y amanecían con sus medias húmedas, movidas o a medio sacar.
    Lo llevaron a los mejores doctores para que lo curasen, pero igualmente se lanzaba a los pies de los doctores, les sacaba sus zapatos y adoraba sus medias con frenesí.
    No tuvieron más remedio que aceptar su peculiar comportamiento y prefirieron optar por darle en casa diariamente lo que él buscaba, en vez de que lo estuviera buscando en hombres extraños y desconocidos en la calle.

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  100. Salía de la oficina por la noche y entré a un restaurante para cenar algo.
    Me senté en una mesa. El mozo me trajo la carta, escogí mi plato y se fue a la cocina.
    Yo estaba cansado de todo el día y se me ocurrió liberar mis pies un poco de la presión y/o ajuste de los zapatos.
    Me los saqué ya que pensé que nadie se fijaría. Felizmente eran zapatos sin pasadores.
    Aproveché para acomodarme las medias y jalarlas para estirarlas ya que se habían corrido de todo el día, un pie a la vez.
    En eso volteo y veo al pata que estaba sentado en la mesa de al lado y estaba mirando debajo de mi mesa, donde estaban mis pies y se había ganado con todo el espectáculo de mis medias negras.
    No le hice caso, pensé que podría ser mi imaginación.
    Así que seguí con mis pies sacados del zapato pero pisando dentro con los dedos de los pies y mis pies quedaban arqueados mostrando mis medias negras de vestir.
    El mozo trajo mi plato y se retiró. Empecé a comer y sentía que el pata seguía mirándome. Traté de mirar para otro lado.
    De repente, siento el ruido de un cubierto que cae al piso. Cuando volteo para ver, veo al pata yendo a recoger su cubierto y ¡oh! para mi sorpresa su tenedor había caído al interior de mi zapato derecho.
    Me dijo: "Disculpe, se me cayó el tenedor y ha caído dentro de su zapato. Debo recogerlo".
    Sin darme tiempo para responder, metió su mano dentro del zapato para sacar su tenedor. Yo no podía meter mi pie en el zapato porque estaba su tenedor allí dentro. Al sacar el tenedor de mi zapato, me pinchó con el tenedor mi pie.
    Me dijo: "mil disculpas. Oh, se ha embarrado su zapato con mi comida".
    Cogió la planta de mi pie derecho, me la levantó, sacó mi pie totalmente del zapato y me dijo: "No se preocupe, voy a limpiárselo".
    Y colocó mi pie con media sobre la silla que estaba frente mío al otro lado de mi mesa.
    Le dije: "no es necesario".
    Me dijo: "sí es necesario porque hay restos de mi comida en su zapato".
    Limpió mi zapato con una servilleta y lo acercó a su rostro para observar que no hubiera comida al fondo del zapato. Metió su mano y extrajo un grano de arroz.
    "¿Vio? Ahora sí su zapato está limpio". Y se disculpó nuevamente.
    Luego agarró mi media negra, le pasó su mano para sacudirla de toda suciedad que hubiese quedado.
    Me dijo: "qué bonitas medias tiene. Se sienten muy suaves al tacto".
    Acercó su nariz y dijo: "y huelen muy bien".
    Felizmente no había mucha gente en el restaurante. "¿Dónde las ha comprado?", me preguntó.
    "En el Corte Inglés", respondí.
    "Me gustaría tener unas así, ¿a cuánto me las vendes?", dijo.
    Le contesté: "Tengo varias así en mi casa, si deseas puedo mostrarte para que escojas", propuse.
    Nos marchamos del restaurante. Lo invite a que pasara a mi casa. Le mostré todas mis medias: las limpias que estaban en el cajón de la cómoda de mi cuarto y las usadas que estaban en el cesto de la ropa sucia. Quiso que me las probara en mis pies a ver cómo me quedaban y qué tal se veían puestas. Las tocaba y las olía cada una. Escogió quedarse con algunas. Acordamos que en mis próximos viajes le traería más de las que él deseara.
    En compensación, me dijo que cada vez que me visitara me daría un masaje especial (como él sabía) a mis pies con medias. Y ambos salimos ganando.

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  101. Esa tarde iba a realizarse una reunión de los altos directivos de la compañía.
    A Alfredo, el asistente administrativo de la compañía, se le ocurrió la idea de esconderse debajo de la larga mesa de reunión, ya que no lo habían invitado.
    Uno a uno fueron ingresando: el Presidente de la Compañía, el Vicepresidente, el Gerente General, el Director Financiero, el Administrador, el Jefe de Operaciones y los accionistas mayoritarios.
    Se fueron sentando en sus asientos respectivos.
    Alfredo, desde debajo de la mesa, podía observar los distintos calzados y medias que usaba cada funcionario. Todos eran calzados y calcetines costosos, de la más alta calidad.
    Había zapatos con pasadores y mocasines; de color negro y marrón; de talla grande y medianos; todos eran de vestir formales ya que todos estaban usando terno debido a la importancia de la reunión.
    Ni bien se dio inicio a la sesión, Alfredo vio que el Presidente hacía el esfuerzo por sacarse los zapatos disimuladamente por debajo de la mesa sin que nadie lo notara. Alfredo se acercó a los pies del presidente cubierto por unas medias negras ejecutivas y se puso a olerlas. Las quería tocar pero no quería ser descubierto así que solo arrimó los zapatos un poco más lejos para que le tomara un tiempo volvérselos a poner.
    Es increíble la cantidad de ejecutivos que suelen sacarse los zapatos debajo de la mesa y Alfredo lo estaba descubriendo.
    El Vicepresidente llevaba zapatos marrones con pasadores, así que lo único que pudo hacer Alfredo fue desatárselos a ver si así le daría ganas de quitarse sus zapatos. Las medias marrones no le atraían mucho.
    Luego siguió el Gerente General, quien era guapo y de pies rellenitos, por lo que sus medias azules estaban estiradas en sus pies ajustados a sus zapatos negros. Pudo pasar sus dedos por encima de esas medias azules y el Gerente estaba concentrado en su conversación que ni cuenta se daba de lo que le estaba haciendo a sus pies.
    Sobre los pies con medias oscuras del Director Financiero, se le ocurrió echarle unos polvos (de la casa de las bromas) que causaban picazón por lo que el Director tenía que estarse rascando los pies y a veces se sacaba los zapatos, se rascaba y se los volvía a poner. Allí Alfredo aprovechaba para oler el interior de su zapato y su media cuando las sacaba del zapato.
    En el caso del Administrador, le iba jalando su zapato poquito a poquito, bien despacio, para que (sin que se diera cuenta) su zapato se le fuera saliendo de su pie y dejara al aire su rica media negra delgada con el sudor del día, y él aspiraba ese aroma y se emocionaba.
    No se pudo resistir y tocaba las medias del Jefe de Operaciones, pero este creía que sería algún insecto así que hacía como que lo espantaba y seguía enfrascado en su conversación sin percatarse que eran los dedos de Alfredo manoseando su apetecible media.
    En el caso de los accionistas, lo que se le ocurrió fue subirles las bastas de sus pantalones para dejar ver sus medias hasta donde llegaban y les pasaba su lengua de una manera imperceptible para ellos.
    Alfredo tuvo múltiples orgasmos esa tarde.

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  102. https://www.youtube.com/watch?v=MnAg8MyqCx4

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  103. Mi jefe cuando llega el calor lleva con el traje mocasines de antes marrones muy bajos (parecido a las zapatillas que llevan los toreros) sin calcetines y juega constantemente con ellos entrandoselos y sacanoselos cuando esta en su oficina o tiene que moverse por la empresa. Un día entre en su despacho y estaba con un mocasín colgando de su pie y el otro completamente quitado desprendiéndose un olor a sudor y cuero mezclado que a mi me excitaba mucho. Mientras el me explicaba las gestiones yo miraba de reojo el mocasín quitado, el se dio cuenta y me dijo ¡que haces mirando mi zapato! yo le dije que me gustaban mucho y el me contesto que eran de una marca española que lo agarrara para verlo mejor. Entonces sin dudarlo lo agarre estaban por dentro realmente sudado y su olor era estupendo, al cabo de un rato lo volví a dejar en el suelo y seguí con las gestiones. Al cabo de un rato mi jefe empezó a mover el otro pie que todavía tenia el mocasín hasta que este se le callo revelando su pie descalzo sin media yo no pude contenerme mas y finjí que se me caía un lápiz debajo del escritorio cuando me agache a cogerlo empece a rozar con mis dedos sus pies descalzos. El se dio cuenta y me dijo que haces y yo l dije que es que no encontraba el lápiz y a ver si estaba debajo de sus pies. Fue una de mis mejores experiencias, al rato se volvió a poner sus mocasines y salió de la oficina al caminar se podía ver como se le salían bastante del talón mostrando asi al resto de la oficina sus bellos pies desnudos sin medias.

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  104. El quiropráctico: https://www.youtube.com/watch?v=R0YNXTyXtHs

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  105. Del minuto 11 al 14, los nativos atrapan a un teniente uniformado cabalgando en la selva de Burneo. Sandokan ordena a los nativos que lo aten y lo pongan cabeza abajo. Los nativos le dicen: "no te resistas", le sacan las botas mientras otro le agarra los brazos y el cuello, el teniente forcejea, queda en medias y lo torturan. El explorador luego le indica a los nativos: "desnudarle y darme su uniforme".
    https://www.youtube.com/watch?v=o6Kjh6Agb3o

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  106. En el minuto 53 de la película, el protagonista cae del techo sobre una casa de citas donde los clientes le sacan los zapatos y todos lo empiezan a desnudar hasta quedar en calzoncillos y medias negras
    y en 1:01:19 un hombre le quita una bota a un piloto inconsciente, se la lleva dejándole su media expuesta
    https://www.youtube.com/watch?v=_xLWvYNUJgM

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  107. Hombres Cenicientos que perdieron o dejaron un zapato: https://www.youtube.com/watch?v=aFV-T5_bD3A

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  108. En un capítulo de la serie "La Dimensión Desconocida", un vagabundo le roba los costosos zapatos a un hombre elegante que encontró tirado en un callejón. Acaricia los zapatos, se los saca ávidamente, lo deja en medias negras y se los prueba.
    https://www.youtube.com/watch?v=XnAniawnmVc

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  109. En este video musical, a partir del minuto 3:06, parece como si el hombre de barba se estuviese excitando o autoestimulando al ver las medias negras de Billy Joel moviéndose en la cama:
    https://www.youtube.com/watch?v=hhJg1finpyU

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  110. Las medias del actor más guapo en la historia del cine americano:
    A partir del minuto 4:14 se ven las medias negras de George Peppard totalmente expuestas sobre la mesita de la sala, de perfil y luego de frente:
    https://www.youtube.com/watch?v=ugL2Zq-E48c

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  111. Al inicio del video, debajo del escritorio, una toma en primer plano de las medias negras de George Peppard y sus mocasines al lado
    https://www.youtube.com/watch?v=zHxN2ZDp4vo

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  112. En el minuto 20:10, George Peppard se saca los mocasines sobre el escritorio, sin manos utilizando sus pies, dejando ver las suelas o plantas de sus medias negras:
    https://www.youtube.com/watch?v=62n0ZNK29YE

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  113. En una fiesta, en el minuto 5:51, a George Peppard se le ve gateando por el piso en plena fiesta. Un invitado en terno se sienta sobre la espalda de George Peppard, creyendo que es una silla, y George le agarra su media para apagar su cigarrillo con el zapato del hombre. What?!
    https://www.youtube.com/watch?v=IxqAfIGpaVc

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  114. En el minuto 5:55, George Peppard se agacha para ver debajo de la cama en la que está sentado y él mismo se agarra sus propios calcetines negros:
    https://www.youtube.com/watch?v=52kC2KKpUT0

    En los segundos finales, se pueden ver los mocasines y medias de George Peppard subiendo unas escaleras:
    https://www.youtube.com/watch?v=JBvn6EImt5M

    Al inicio del video, se ven los zapatos y medias de George Peppard cuando se abre la puerta de su taxi:
    https://www.youtube.com/watch?v=L_TvaJulWx0

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  115. Fotos de las medias negras de George Peppard:

    https://www.pinterest.com/pin/311803974173945730/

    https://www.pinterest.com/pin/644929609110787422/

    https://www.imdb.com/name/nm0000577/mediaviewer/rm1721545216

    https://www.art.com/products/p48777759977-sa-i10990609/breakfast-at-tiffany-s-l-r-george-peppard-audrey-hepburn-1961.htm

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  116. En plena pelea, al patearle en el estómago a su rival, se le salió su zapato y se ve su media ploma:
    https://www.youtube.com/watch?v=GCfOv1DWsHQ

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  117. Antiguo comercial de medias de hombres, donde comparan sus medias entre ellos para ver cuáles son las mejores, incluso le tocan las medias al otro.
    https://www.youtube.com/watch?v=ZsyUGeBif2E

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  118. Novio le toca a su cuñado sensualmente sus pies con medias negras de nylon, las manosea, las huele y las muerde, delante de todos, en plena fiesta.
    https://www.facebook.com/watch/?v=2251525025068029

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  119. En la novela Contrato de Amor, el protagonista está inconsciente, se le ven sus medias, la mujer lo desnuda, hay varias tomas de cerca (closeup) de las medias del hombre y enfocan cuando la mujer le saca su media.
    https://www.youtube.com/watch?v=Z3iMOT8gsAM

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  120. Las medias sheer negras delgadas y transparentes de un congresista peruano joven en la cama con Susan León.
    https://www.youtube.com/watch?v=aN-902BMCoI

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  121. Hola, soy fetichista de calcetines oscuros de vestir, desde chico he disfrutado de ese fetiche, observando los calcetines de mis familiares, amistades y mi entorno en general, mi fetiche me ha llevado a robar algunos calcetines de casas de amigos o familiares, me encanta observar a mi alrededor los calcetines de los demas, las texturas de los calcetines finos son las que me resultan mas atractivos, al contrario de los gruesos de algodón los cuales no me resultan muy estimulantes, mi fetiche me a llevado a darme de alta en algunos sitios, como tinder, badoo, instagram..en donde he logrado recabar varias fotos de calcetines de varias personas, me gustaría crear un grupo en whatsapp o algún otro medio en internet para que los fetichistas compartamos fotos de calcetines que hemos coleccionado, o fotos que hemos tomado en la calle de hombres en calcetines de vestir tipo (spy cam)...en fin si alguien mas tiene material y gusta compartir o crear algún grupo. me pueden escribir a mi numero de whatsapp +52 664 462 3139 (Mexico) o bien pueden contactarme por aqui, estoy interesado en compartir y ver material acerca de este fetiche de calcetines de vestir.

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  122. Todo el capítulo trata sobre los pies de Jorge Salinas. Varios hombres y mujeres le agarran los pies a Jorge Salinas. Uno de ellos incluso manipula los pies de Jorge Salinas y los acerca hacia su pecho y su rostro. Luego se echan al piso para observar sus pies de cerca y tocarle cada uno de sus dedos para hacer que se muevan. Luego el actor que hace de su hermano vuelve a colocar el pie de Jorge al lado de su mejilla, de hecho siente su olor, y empieza a manosear su pie. Luego se ven tomas en primer plano de sus pies. Un deleite para los fetichistas de pies. https://www.youtube.com/watch?v=XmNSEWP1opw

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  123. Todos los actores, actrices y secuestradores se ponen a ver las medias negras de un guapo actor enternado, secuestrado, sin zapatos e inconsciente, echado sobre una mesa en los minutos 0:16, 0:19, 0:26, 1:20, 4:23, 4:33, 4:44, 5:28, 6:19 y 6:23
    https://www.youtube.com/watch?v=wT6lyDp-OYM
    Al inicio, el jefe dice: "No me podía perder esto por nada del mundo". Y su secuaz le responde: "Va a ser muy divertido, señor, pero ella no debe verlo a usted, preparé aquí un lugar para esconderlo".
    Voyeurismo

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  124. Aquí al galán se le ve en medias blancas y al final del video un hombre se le tira encima y luego dos hombres lo llevan cargado; uno de ellos le agarra las piernas y muestra las suelas de sus medias blancas a la cámara.
    https://www.youtube.com/watch?v=LXdcsjSaUZM

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  125. En este video, el mafioso le golpea los pies en medias azules del galán de la telenovela y se las agarra en el minuto 0:23.
    https://www.youtube.com/watch?v=-olb9fBo1cM
    Me pregunto: ¿qué tienen las telenovelas mexicanas con los pies de los hombres? ¿o los creadores, realizadores o directores de estas?

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  126. Las medias negras de Robert Goulet manoseadas por una mujer:
    https://www.etsy.com/es/listing/689972508/nancy-quan-robert-goulet-honeymoon-hotel

    Video de las medias negras con zapatos de Robert Goulet exhibiéndose a vista de todos, pisando sobre unos muebles:
    https://www.youtube.com/watch?v=PNW4yaa1BWI

    Las medias negras con zapatos de Robert Goulet. ¿Quisieras sacárselos?
    https://www.youtube.com/watch?v=RFYYsnegyIo

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  127. ¡Feliz día del padre!

    https://plazadel.tumblr.com/image/183275106387

    https://66.media.tumblr.com/d17f80eb6f1bece08d1e015d5f8d4f26/tumblr_n15hytDr8O1sfe7t2o1_500.jpg

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