domingo, 27 de julio de 2014

20 AFIRMACIONES PARA UNA DIETA SALUDABLE


Ya sea que estés con sobrepeso o simplemente estresándote por tu apariencia, es tiempo de detener tus autocríticas dirigidas hacia ti mismo/a.

Resulta importante darse cuenta de que todas nuestras acciones buscan satisfacer una necesidad.

Muchas veces, el sobrepeso es causado por inseguridades, auto-rechazo y miedo de nuestros propios sentimientos, mientras que la obesidad generalmente es un intento por amarnos y nutrirnos nosotros mismos con comida.

El problema original puede provenir de las creencias y elecciones en nuestra infancia. Una vez que abordamos dichas creencias obsoletas, podremos soltarlas, desprendernos y liberarnos de ellas reemplazándolas por nuevos pensamientos que nos sirvan ahora que ya somos adultos completos.

Llenar nuestra mente con pensamientos placenteros y tranquilizadores es la vía más rápida para lograr nuestra salud nutricional.

Empieza hoy repitiendo estas afirmaciones y colocándoles en cualquier lugar visible de tu casa:

Amo mi cuerpo exactamente como es.

Conservo mi peso correcto.

Tengo la talla correcta.

Como sólo cuando realmente tengo hambre.

Me atraen sólo los alimentos que verdaderamente nutren mi cuerpo.

Como lentamente.

Saboreo cada bocado.

Me encanta ingerir alimentos saludables.

Me libero del miedo a la comida.

Bebo mucha agua e infusiones.

El alimento fluye por mi cuerpo con facilidad.

Cada porción que ingiero rejuvenece mis células.

La comida que elijo me energiza.

Respiro profundamente mientras me alimento y hago la digestión.

Me gusta hacer ejercicio.

Me encanta hacer breves caminatas.

Me respeto y me valoro mucho.

Balanceo mi vida con respecto al trabajo, descanso y diversión.

Me doy ánimos, me quiero y me acepto incondicionalmente.

Soy feliz y armonioso/a más allá de lo imaginado.

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sábado, 26 de julio de 2014

DIFERENCIAS IRRECONCILIABLES

La mayoría de las sentencias de divorcio que se emiten en el siglo XXI llevan escrita esta frase: “Causa: diferencias irreconciliables”. Verdad que los humanos hemos inventado una respuesta para todo, ¿no es cierto?

Mi esposo y yo tenemos 17 años de casados. Si te escribo aquí que han sido 17 años de ensueño, donde nunca hemos tenido un “sí y un no”, me llevaría un premio a la mentira del año. Y de paso te digo que si escuchar eso de labios de otras personas te hace sentir mal o inferior en tu matrimonio, ¡libérate! No existen matrimonios sin diferencias. ¿Por qué? Porque un matrimonio se compone de dos personas completamente diferentes, y por tanto, es ilusorio pensar que siempre estarán de acuerdo en todo.

El comienzo de nuestro matrimonio se parecía también al título de una película, “Durmiendo con el enemigo”. Cada vez que surgía una diferencia, por la más mínima cosa, yo veía a mi esposo como si fuera mi peor enemigo, me atrincheraba en mi propia opinión y me alistaba para la batalla.

¿Cuál era el mayor error en ese caso? No darme cuenta de que él no era mi enemigo, todo lo contrario. Era alguien que me amaba mucho pero que no es un clon de mi persona y por lo tanto, piensa diferente.

Tomó mucho tiempo aprender a “reconciliar” las diferencias porque nuestra naturaleza humana es testaruda y orgullosa, y se resiste a los cambios, a ceder, a analizar antes de juzgar.

Las diferencias tenemos que verlas mejor como un acorde musical. Si tocas las notas sueltas nunca lograrás el resultado que producen en un lindo acorde. Cada una aporta un sonido propio que constituye un hermoso todo. Ahora bien, si le preguntas a cualquier músico sabrás que lograr tocar una melodía que suene tal y como está escrita, toma trabajo, sacrificio.

Es igual con nuestras relaciones. Resolver las diferencias no es fácil, pero ¿quién dijo que es fácil compartir la vida con otra persona diferente?

Por: Wendy Bello

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viernes, 25 de julio de 2014

QUIZAS ES TIEMPO DE SOLTAR

Un monje viajaba con su discípulo por distintos valles.

Estos monjes no conversaban ni tenían contacto con mujeres debido a sus creencias.

Mientras caminaban por el valle, encontraron a una mujer que quería atravesar un río y buscaba la forma de hacerlo sin caerse ni mojar su vestido.

El Monje cargó a la mujer, puso sus dos piernas sobre sus hombros y atravesaron el río y luego la bajó.

Ella siguió su camino y el monje con su discípulo por otro.

El discípulo veía la situación totalmente indignado.

Caminaron por dos días, y el discípulo constantemente con enojo.

El monje le pregunto: ¿Qué te pasa?

El discípulo respondió: No puedo creer que usted se haya echado esa mujer a sus hombros.

El monje respondió: Querido discípulo, yo solté a esa mujer hace 2 días; en cambio tú la sigues cargando.

Quizás es tiempo de soltar.

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jueves, 24 de julio de 2014

EL CEREBRO DE LOS ENAMORADOS

Existe una sola clase de amor, pero hay miles de copias, aseguraba el escritor francés François de la Rochefoucauld en el siglo XVII. Cuatro siglos más tarde, para Semir Zeki, neurobiólogo del University College de Londres: “El desafío es detectar qué determina estas diferentes copias en cada persona”. Cuando amamos a alguien, sea a nuestra pareja, un hijo o a la Humanidad, creemos que es nuestro corazón el mensajero... Pero la pluma, el papel y aun el mensaje están dictados por el cerebro, y nuestro músculo cardíaco es solo eso: fuerza involuntaria, un testigo pasivo.

El primero en retar a duelo al corazón fue el propio Zeki, quien en el año 2000 publicó un estudio, Base neuronal del amor, en el que demostraba, analizando la reacción de voluntarios que veían una imagen de su pareja y otra de un amigo, que el amor se relaciona con la desactivación de ciertas zonas del cerebro que, curiosamente, son las que se activan durante la depresión y la tristeza.

Más tarde, Helen Fisher, bioantropóloga de la Universidad de Rutgers, le dio una estocada al afirmar que los circuitos neuronales de una relación duradera son distintos de los implicados en el amor apasionado propio de las etapas iniciales. En los primeros, la actividad en el pálido ventral (una estructura que se encuentra en los ganglios basales) es mayor. Algo que, señala Fisher, también es evidente en otros mamíferos en relaciones duraderas.

Pero el golpe de gracia le llegó de la mano de Stephanie Ortigue, neurocientífica de la Universidad de Siracusa, quien comparó el cerebro sumergido en el amor apasionado con el del amor maternal y el del amor incondicional. Y lo que Ortigue descubrió ha descorazonado a miles de románticos: cuando nos enamoramos, con la entrega irracional de la pasión lo que domina es, paradójicamente, la razón. Por eso se activan en nuestro cerebro 12 áreas (véase el recuadro), cada una con un propósito. “Emoción, reconocimiento social, memoria autobiográfica”, confirma a Quo la propia Ortigue. “Algunas se activan muy deprisa, sobre todo aquellas que tienen que ver con nuestra percepción de la imagen corporal.”

Y es que, por más que nos resistamos, el amor también entra por los ojos. Un estudio realizado por Daniela Schiller, neurocientífica de la Universidad de Nueva York, señala que las mismas regiones que usábamos hace miles de años para decidir la importancia de objetos de nuestro entorno (la amígdala y el córtex cingulado) son las que hoy nos permiten hacernos una primera impresión de las personas. Y aquí es cuando los científicos se hacen una pregunta: ¿qué hace al amor tan importante como para que un área de nuestro cerebro se adapte, evolucione?

Entre nosotros hay química

La tinta con que el amor se escribe en nuestras mentes está diluida en sustancias químicas. Ellas nos vuelven dependientes, soñadores, osados… Invencibles. Todo comienza con “el disparo pasional”, nos confirma Adolf Tobeña, catedrático de Psicología Médica y Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Barcelona: “Primero se activan los esteroides sexuales; preferentemente, los andrógenos. A esos motores se les añade el disparo de los sistemas de dopamina y noradrenalina centrales. Es un cóctel combinado de esteroides sexuales más neurohormonas”. Y es que, como diría Groucho Marx, no hay que confundir amor con sexo. El primero es tan necesario que el hecho de que active las áreas de recompensa de nuestro cerebro permite a muchos neurocientíficos afirmar que se trata de una emoción necesaria para establecer lazos duraderos entre seres humanos.

Para eso, precisan de docenas de neurohormonas, y la que abre el telón es la dopamina. Ella se encarga de enturbiar nuestro juicio, algo que es imprescindible: “Si no idealizáramos a la otra persona, la relación terminaría pronto, o ni siquiera empezaría. Esto, al menos, da una oportunidad”, asegura Pamela Reagan, investigadora del Instituto Tecnológico de California. De hecho, la idealización parece ser vital para mantener las parejas unidas, tal y como demostró una investigación de la Universidad de Texas que siguió la relación de 168 parejas durante una década: “La gente que ve al otro miembro de la pareja como una persona más sensible de lo que es en realidad, tiende a mantener relaciones más duraderas”, asegura el director de la investigación, Ted Huston.

Puede que la dopamina sea la protagonista del amor pasional, pero “la fabricación del afecto y la lealtad duradera”, afirma Tobeña, “requiere la modulación de otras hormonas: serotonina, oxitocina, la prolactina y opioides endógenos. La consolidación de la lealtad, por su parte, está a cargo de la oxitocina y la prolactina. por ejemplo”. Pero para llegar a este último paso, hay un largo camino. Y aparentemente, tiene un orden muy preciso. Y también una razón de ser.

En sus investigaciones, Helen Fisher sugiere que el lazo maternofilial, el amor romántico y la unión duradera en pareja son cruciales desde un punto de vista evolutivo, ya que mamíferos y aves han desarrollado tres sistemas primarios para la seducción, la reproducción y el cuidado de la descendencia, cada uno de los cuales está asociado con un circuito neuronal específico. “Por ejemplo, el apasionado activa el área tegmental ventral, una zona central para los sentimientos de placer y el establecimiento de lazos, ya que está relacionada con la producción de hormonas como la oxitocina, la dopamina y la vasopresina. También se activa la zona que regula nuestras metas: el núcleo caudado”, aclara Fisher.

Para saber si el amor de madre es el primer paso en la evolución hacia el amor de pareja, contactamos con Lucy Brown, doctora en Psicología Fisiológica y profesora de Neurología y Neurociencia en el Albert Einstein College of Medicine de la Yeshiva University de Nueva York y parte del equipo de Fisher: “Muchos psicólogos piensan eso. Nuestra experiencia como padres es muy importante a la hora de establecer una pareja”. Y no solo por eso. También deja huellas a nivel neuronal. Según el antropólogo Gabriel Janer Manila: “En un niño, la afectividad contribuye al desarrollo de ciertas zonas del cerebro. Por eso se ha dicho que sentir el afecto de los demás tiene una función fisiológica, permite la maduración de ciertas neuronas.”

Esta opinión la comparte también Lucy Brown, quien nos asegura: “El cuidado y la atención –por ejemplo, sacar al niño de la cuna varias veces y demostrarle cariño– es importante para la maduración de las áreas temporales. Pero solo sabemos qué ocurre si no lo hacemos, al comparar niños criados en orfanatos con otros que han crecido con sus familias”.

Es extraordinario, pero además lógico, que para que esto sea posible el amor maternal también produzca cambios en el cerebro de los progenitores. Stephanie Ortigue, desde Nueva York, nos confirma que: “La parte del cerebro llamada sustancia gris periacueductal, más activa en aquellos que aman de modo incondicional, es muy importante para reducir el dolor excesivo. Gracias a eso sabemos el motivo por el cual no resulta estresante experimentar este tipo de amor.”

Sexo vs. amor.

Bruce Arnow, profesor de la Universidad de Palo Alto, ha logrado diferenciar las áreas que se activan durante el impulso sexual y el amor. El primero dispara regiones, como la subinsular, el claustrum y el hipotálamo, que durante la conducta romántica están “apagadas”.

Una estrategia evolutiva

Pero estos cambios, ¿son tan importantes? “Cuando a los animales muy sociales se les priva de afectos – señala Tobeña, autor de El cerebro erótico–, hay anomalías hormonales y circuitos neurales con un funcionamiento alterado. Pero no porque se hayan constatado modificaciones anatómicas sustanciales de las áreas cerebrales correspondientes. Seguro que el amor ocasiona cambios neurales, pero también jugar al fúbol, bailar y escuchar música. No sabemos si tiene una importancia mayor que otras experiencias”.

Sin embargo para Helen Fisher y Lucy Brown, sí la tiene. En su trabajo Amor romántico, publicado en Philosophical Transactions of the Royal Society, aseguran que: “El amor apasionado es más que una emoción básica. Esto se ve apoyado por el hecho de que otras zonas del cerebro que se activan no tienen directamente que ver con la producción de hormonas y sí con áreas implicadas en funciones cognitivas complejas, como la atención y el reconocimiento social”. Y es la misma Brown quien nos confirma que: “El amor, como estrategia evolutiva, es una idea que tiene sentido”.

Puede que necesitemos el amor más de lo que pensamos. O al menos eso cree nuestro cerebro, que, según descubrió Beverly Whipple, sexóloga de la Universidad de Rutgers, crea mecanismos compensatorios para proveernos de “estimulos sensoriales sustitutos para reemplazar la estimulación que se nos ha negado”. Así las cosas, no es extraño que Lucy Brown se haya despedido con un ruego: “¡Necesitamos más investigación sobre el amor!”

Por: Por Juan Scaliter

miércoles, 23 de julio de 2014

AMOR ANIMAL

Los animales y el amor
En su libro El origen del hombre, Charles Darwin relata un episodio observado en dos ánades reales: “Era, evidentemente, un caso de amor a primera vista, porque la hembra nadaba para rozarse con el recién llegado, con claras insinuaciones de afecto”. Son muchos los animales que manifiestan conductas amorosas hacia sus “parejas” y que no están directamente relacionadas con el impulso sexual. Pero quizá el más interesante de estos comportamientos es el que se ha estudiado en los ratones de la pradera (Microtus ochrogaster). Fuente: http://www.quo.es

Cuando una hembra de esta especie se une a un macho, se observa un incremento del 50% de dopamina en el núcleo accumbens. Lo interesante es que en un experimento realizado por la Dra. Carissa Cascio, de la Universidad de Emory, inyectaron un antagonista de la dopamina (una sustancia que anula sus efectos) en esta región del cerebro de la hembra, y esta ya no mostró ningún tipo de lazo con el macho. Más tarde, si a la hembra se le volvía a inyectar una sustancia que activara la dopamina, inmediatamente, se iba con el macho que tuviera más cerca, aunque nunca hubiera mantenido relaciones con él y ni siquiera le hubiera visto. Aparentemente, en muchos animales, incluido el ser humano, la dopamina tiene una función relevante a la hora de elegir una pareja. Fuente: http://www.quo.es

Las “esposas” de aves cantoras arruinan el trino del macho si se acerca una hembra rival
Entre las aves existen las mujeres que hacen cualquier cosa para proteger a su pareja. Por ejemplo los pájaros cantores peruanos Hypocnemis peruviana, que cuando el hermoso canto del macho atrae a alguna otra hembra, la “pareja” del macho le arruina el canto.
Y es que por lo general las parejas de estos pájaros suelen cantar a dúo, armonizando un hermoso trino, justamente para alejar a otras parejas de su territorio.
Pero si llega alguna hembra “soltera”, el dúo armónico se transforma en un griterío. Ya que la hembra de la pareja cambia su tono para interrumpir y desentonar la melodía del macho, pero según se pudo ver, al macho no le gusta nada que su pareja le arruine el canto, por lo que intenta superponerse al canto de ella, lo que desemboca en una mezcla de ruidos que nada tienen que ver con un trino. Fuente: National Geographic






















El amor está en todo, 
los animales tienen gran capacidad de amar.

martes, 22 de julio de 2014

LOS BENEFICIOS PSICOLOGICOS DE VIAJAR

“Mientras estés vivo, viajar es obligatorio”. James Reed
El mundo es un libro y quienes no viajan leen sólo una página. 
Suena la alarma. “Levántate que vas a llegar tarde”, dice tu mente. Y entonces empieza: café, tapón, trabajo, a la silla, al monitor, a la rutina, lo mismo… aburrimiento y estrés. Y se sabe que el “estrés mata”. Y el aburrimiento pues… aburre.

Pero ¿y qué tiene que ver viajar con todo esto? Viajar puede ser todo lo contrario… Relaja y concede múltiples beneficios, siendo el primero el más sencillo de todos: diversión.

Creatividad y solución de problemas

Un estudio realizado en la Indiana University apunta a que viajar aumenta la creatividad y la capacidad de resolver problemas. El estudio también cita teorías psicológicas que indican que al estar lejos de una situación tendemos a pensar de manera más abstracta y surgen nuevas formas de atender o resolver un problema.

Por su parte, la presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, Nydia Ortiz, coincidió con este punto al abundar que “ciertamente nos beneficiamos psicológicamente al viajar y exponernos a nuevas experiencias. Nos exponemos a nuevas formas de pensar y ver el mundo”.

Asimismo, Ortiz indicó que existen estudios de neurociencia que demuestran que nuevas conexiones neurales se dan en el cerebro cuando cambiamos de panorama o “medio ambiente”. Es decir, viajar a otra parte del mundo hace que nuestro cerebro cree “nuevos caminos neurales” y se abre a la posibilidad de nuevas formas de pensar.

Volver a ser niño

El neurocientífico David Eagleman -famoso por sus estudios sobre la percepción del tiempo en el Baylor College of Medicine de Houston- dijo en entrevista con la revista The New Yorker que “los adultos tienen un sentido más comprimido del tiempo que los niños”, pero que “viajar te pone neuralmente en la misma posición que cuando eras un niño”.

Escrito de otra forma, viajar regresa tu cerebro al estado de asombro en que vivías cuando veías las cosas por primera vez, cuando todo era nuevo, cuando eras niño. Viajar te da la capacidad de asombrarte una vez más y así tu sentido del tiempo se expande. Unas semanas de viaje por Asia podrían parecer una pequeña vida en sí misma.

Romper malos hábitos

Otro beneficio de viajar es el hecho de que el cambio de ambiente es una buena manera de romper con malos hábitos y comenzar una vida nueva.

“Del punto de vista de conducta humana, el cambio de ambiente es favorable al cambio de hábitos. Asociamos el mal hábito con unos ciertos lugares, experiencias y actividades. Cuando cambiamos las asociaciones que hacemos en el cerebro, tenemos más posibilidad de deshacernos de los malos hábitos; puede ser de ayuda cambiar el ambiente. Está probado que el cambio de ambiente ayuda al cambio de hábitos”, explicó Ortiz, quien se especializa en psicología de familia y pareja.

Ampliar nuestra visión del mundo

Ortiz también mencionó que experimentar otras culturas “amplía nuestro marco de referencia y vemos que nuestra cultura no es la única”.

“A veces cuando las personas no hemos salido de nuestro ámbito más cercano, no tenemos acceso a otras mentalidades, otras ‘realidades’, a ver desde otros ojos el mundo”, expresó la psicóloga.

Empatía y humildad

Asimismo, Ortiz indicó que esta oportunidad de ver cómo se vive en otros países amplía la gama de conductas que existen en el ser humano y “es mi experiencia que nos produce un sentido de humildad, de horizontalidad, a entender que no somos el ‘ombligo del mundo’ y nos ayuda a ponerse en los zapatos de otra gente, a tener más empatía”.

Valorar más lo que tenemos

Para concluir, citamos las experiencias de múltiples viajeros que reportan que al regresar a casa después de un largo viaje valoran más lo que tienen.

“Los viajes ayudan a valorar nuestra cultura y nuestro entorno y reconocer lo bueno que tenemos en nuestro país. Ayuda a poner en verdadera perspectiva nuestra situación… Si comparamos nuestra experiencia con otros países del mundo, el análisis resulta diferente y quizá no estamos tan mal como pensamos… comenzamos a valorar el clima, la naturaleza, nuestra gente, nuestros valores… resalta más lo positivo”, concluyó.

Fuente: Edwin J. Rodríguez Rivera, elnuevodia.com


Un viajero sabio nunca desprecia su propio país.
Si quieres conocer más de ti, sal de viaje y el camino te enseñará.
Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas.
Viajar es una buena forma de aprender y de superar miedos.
Viajar es lo único que puedes comprar que te hace más rico.
Tanto de quién eres es dónde has estado.