viernes, 17 de abril de 2009

FETICHISMO DE PIES, MEDIAS Y ZAPATOS

La persona fetichista es aquella a quien algún objeto (alguna prenda o alguna parte del cuerpo) en particular le provee gran excitación sexual, y para quien esa fijación en dicho fetiche le imposibilita o dificulta que pueda relacionarse eróticamente de otra manera, pues la única manera de excitarse sexualmente es con la ayuda de dicho objeto. Por lo tanto, el fetichismo afecta directamente la vida de esa persona. No se trata meramente de que determinado objeto guste o pueda provocar placer, sino de que la utilización o la presencia del objeto en contextos eróticos se convierte en una compulsión.

El cómo o por qué se desarrolla un fetichismo, sea específico a pies o a cualquier otro objeto, es un punto muy controvertido que no se puede responder a ciencia cierta. Sin embargo, la teoría más aceptada se basa en el trabajo del sexólogo norteamericano John Money, "Love Maps". El mapa sexual o erótico de cada persona, según Money, se desarrolla durante la niñez. Un fetiche dirigido a ropa interior, por ejemplo, puede instalarse como consecuencia de alguna experiencia que haya tenido el niño viendo de improviso a alguien vistiéndose con esa prenda íntima o al tener contacto con dicha prenda. En ese caso, se relaciona psicológicamente la excitación sexual con el objeto y puede, como consecuencia, desarrollarse un fetichismo.

Los seres humanos somos muy creativos y podemos otorgar carga erótica a un sinnúmero de objetos, personas o situaciones. Que una persona se sienta atraída por algo poco convencional no quiere decir que esa atracción sea mala o anormal necesariamente. El problema no está en el gusto, sino en la fijación o la compulsión por el gusto.

El desorden fetichista es mucho más común entre hombres que en mujeres, pero no es absolutamente exclusivo de ellos. Algunas mujeres también podrían desarrollar fijaciones fetichistas. Una vez más, no tenemos explicaciones claras de por qué, pero si hay varias teorías. Hay quienes aseveran que se debe a los niveles de andrógenos (específicamente la testosterona). Algunas personas insisten en que se trata de un fenómeno genético, mientras que otras piensan que como los hombres tradicionalmente responden más favorablemente a estímulos visuales, son más propensos a enfocar sus energías sexuales en algún objeto que puedan mirar.

En fin, sigue siendo otro punto debatible que necesita continuar siendo estudiado e investigado por las comunidades profesionales psicológicas y sexológicas.

Lo más probable, como muchos aspectos en el ser humano, es que influya un componente genético (neuroquímicos cerebrales), una parte ambiental (el entorno en que uno ha sido criado, las experiencias vividas de muy pequeños) y la forma de ser (personalidad) de cada persona en particular. 

Con varios testimonios daremos ejemplos vívidos de fetichismo del pie:

TESTIMONIO 1
Soy fetichista de pie, nadie lo sabe, y no se lo quisiera decir a nadie nunca. Me siento realmente mal, humillado, triste, y defraudado. Nunca podría contárselo a mis padres ni a nadie. Por otra parte tengo mucho miedo de que se enteren. Constantemente estoy disimulando mi orientación sexual, pero no sé cuanto puede durar. Lo que más triste me pone es que de esta manera nunca podré tener un hijo y formar una familia normal, porque además deseo los pies de hombres jóvenes. No sé que hacer, me estoy desesperando.
Luis, 28, Argentina

TESTIMONIO 2
Desde muy chico me masturbo, mis fantasías de entonces son los pies femeninos. Vivía la masturbación como algo muy vergonzoso ya que una vez, de muy chico, la niñera me pescó y me retó. Hasta los 15, 16, me masturbaba sin mucha claridad en mis deseos. Los pies siempre estaban presentes. Desde los 18 a los 25 mis fantasías tenían un contenido erótico mucho más normal, con deseos de exploración del cuerpo de la mujer. Nunca lo hablé con mis padres ni hermanos ni amigos. Fue desde siempre una sexualidad introvertida y reservada. Lo que me atraía de los pies femeninos eran su olor y su forma, y el hecho de pisarme. Me excitaban esa forma de ser abordado y dominado, pero las fantasías sadomasoquistas sin embargo, no me excitaban casi nada.
Desde que empecé a salir con chicas, al principio me intimidaban y les tenía algo de miedo. Ni pensaba ni fantaseaba poder tener sexo con ellas. Cuando alguna me gustaba ni pensaba en el sexo. Era un enamoramiento platónico y asexuado, pero en realidad estaba muy reprimido. El sexo aparecía a la noche cuando me masturbaba. A los 26 tuve mi primer novia que me excitaba mucho con sus pies. De sexo ella no quería saber nada estando de novios porque era muy religiosa. Visité algunas prostitutas con las que realicé mis fantasías de adoración de sus pies y con ellas me pasaba algo curioso: empezaba muy excitado con ellas y conforme las iba haciendo, todo se iba disipando como en una nube y los pies, al estar masturbándome con ellos, no me excitaban más. Hasta el día de hoy con mi actual novia me pasa lo mismo: los pies de las mujeres, cuando los veo de arriba, ejercen sobre mí una atracción irresistible, pero cuando tomo contacto real con ellos ya después no me excitan como en la fantasía. Dr. le cuento todo esto porque necesito su ayuda pues amo a mi novia, soy virgen y quiero tener una sexualidad normal, casarme y tener hijos.

Juan Carlos, 36, Córdoba, Argentina

TESTIMONIO 3
Andando en Internet encontré su página y vi una consulta de que a un "chavo" le gustan los pies de hombres, yo padezco de eso: me gusta ver los pies de hombres, que sean delgados y bien formados, también me excitan los calcetines blancos, esto me provocó confusiones sexuales. Desde niño sentí atracción por los chicos, he tenido relaciones homosexuales pero no quedo satisfecho y a veces pienso que no soy homosexual, pero la atracción por los chicos es inevitable, me gusta estar con ellos pero quisiera que la penetración nunca llegara; por eso le escribo, para saber si realmente soy o no homosexual, mi futuro siempre me lo imagino casado y con hijos. Espero que me ayude.
Carlos, 25, México

TESTIMONIO 4
Soy homosexual desde siempre, pero hace años sólo me excito cuando hago vestir a jóvenes con ropas de cuero y, especialmente, con botas. Y me calienta tocar las botas de cuero y besarlas, luego sacarlas y masturbarme mirando los pies. Soy lo que se dice un "adorador del pie", aunque también tengo fantasías de dominación donde yo soy el dominado. Si no hacen eso no puedo lograr una buena erección. Es lo único que me molesta y por eso lo consulto.
Miguel, 41, Argentina

TESTIMONIO 5
Yo recuerdo que mi padrino venía de la oficina y cuando llegaba a casa me pedía que le quitara los zapatos y que le hiciera masajes en sus pies, recuerdo que cuando le sacaba sus zapatos, él tenía puestas medias negras de ejecutivo, esas medias de terno o traje. También me gustaba jugar a que le hacía cosquillas en los pies con sus calcetines negros puestos. Y desde entonces me he dado cuenta que tengo este fetiche por ver, tocar, masajear y oler medias negras.
Renato, 33, España.
Es comprensible la desesperación de Luis pero por lo menos dio un paso al contarlo a través del consultorio, o sea que tal vez no pueda seguir diciendo que "nunca podría contárselo a nadie" pues ya lo ha hecho; en este momento tengo en tratamiento dos pacientes fetichistas y adoradores del pie (uno es "gay", el otro heterosexual) y se logró que bajaran su nivel de culpa y angustia. El fetichismo puede darse en homosexuales o heterosexuales. He tratado otros casos de fetichismo algunos de ellos pudieron formar una familia y tener hijos que, cuando se los desea, es una de las maravillas de la vida. Sin ir muy lejos, uno de los pacientes que está actualmente bajo tratamiento concurre a las sesiones con su novia con la cual piensa casarse; lo que no quita que algunos deseen vivir sus prácticas fetichistas en relaciones homoeróticas. También se está observando cada vez más conductas o rasgos fetichistas en mujeres. Cuando el fetichismo se acompaña con gran carga de angustia, depresión y culpa consideramos que es momento de recurrir a un psicoterapeuta.

Tratamiento disponible:

El fetichismo puede ser encauzado y, hasta cierto punto, mejorado mediante terapia psicosexual. Entre los principales objetivos tenemos: que el consultante o fetichista no se sienta angustiado, deprimido ni con culpa, sino más bien que aprenda a comprender y aceptar las características particulares en cuanto a los placeres de cada ser humano; que no se sienta extraño o raro por tener dicho gusto ni frustrado al no poder realizar sus fantasías; y que pueda controlar sus impulsos o expresarlos según la situación y el entorno. La fantasía difícilmente se pierde y el objeto sigue siendo lo que los excita más, pero se busca incorporar otras actividades que también puedan satisfacerles para agregar variedad a las fantasías sexuales y lograr que la persona pueda tener experiencias gratificantes y así ampliar su perspectiva y, por ende, lograr su estabilidad emocional. Se trata de expandir el repertorio y tener varias opciones. No dejes de buscar consultoría y apoyo profesional.
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