viernes, 22 de mayo de 2009

COMO MANEJAR LAS FRUSTRACIONES

¿Qué es la frustración?

Es el estado de estar sometido a una situación sin solución aparente; es un sentimiento de impotencia ante una situación no deseada o una expectativa no cumplida. Los malos manejos de la frustración no sólo se experimentan en la infancia sino en todas las etapas de la vida.

¿Cuál es el origen de un mal manejo de la frustración?

En base a mi experiencia terapéutica, se origina en la infancia con padres sobre-protectores y todo lo que esto trae como consecuencia. También se puede dar en casos donde la situación contraria llega a presentarse. Entonces el punto nodal es la atención: la atención excesiva o la falta de atención dan como resultado una persona emocionalmente inmadura y con baja tolerancia a la frustración.

Hay dos maneras con las cuales una persona se vuelve poco tolerante a la frustración:
1. La primera es que los padres le presentaron muy frecuentemente situaciones frustrantes. O sea que el padre que tiene la tarea de ser el contenedor de la frustración, en realidad es la fuente de la frustración.
2. La segunda es cuando los padres dan siempre tantas caricias incondicionales y evitan toda experiencia de insatisfacción, de manera que el niño nunca puede experimentar la frustración.

Ejemplos del mal manejo de la frustración

Un ejemplo del mal manejo de la frustración en edad temprana es el típico «berrinche» de los niños. Cuando se les quita el juguete que tenían o no se les compra lo que piden, experimentan una gran frustración al sentirse impotentes de obtener lo que desean y lo expresan reclamando, gritando y pataleando.
En la adolescencia, al experimentar el noviazgo, cuando una de las partes termina la relación, la persona con baja tolerancia a la frustración no acepta de manera madura la terminación de la relación, y en lugar de quedar en términos amigables habla mal del novio (o novia), tratando a toda costa de hacerlo quedar mal.
Otro ejemplo clásico en la edad adulta es el despido «injustificado» del trabajo. En tal caso, la persona atenta contra el nombre de sus jefes o peor aún, contra su propia autoestima con sentimientos de inferioridad, ya que le parece que fue injusto el despido y no ve con claridad los fallos personales y las vías resolutivas.
En cualquier caso, puede o no ser un motivo válido por el cual se experimenta frustración; sin embargo, es vital saber manejar nuestra reacción para mantener una relación sana con los demás.

El aprendizaje de manejar las experiencias de frustración no se hace en un instante. Para ese aprendizaje se necesita a alguien que esté contigo el tiempo suficiente para aprender y que te diga “Eso no es posible, o no está en tu mano hacerlo, lamentablemente, pero es así. Y no hay nada que te permita hacerlo, porque tienes límites o por que los otros tienen límites o por que la vida tiene límites”. Esto va a ayudar a manejar la frustración de la omnipotencia que se vivencia como impotencia.

Entender que cada vez que uno se frustra puede descubrir nuevas formas de enfrentar un problema y más posibilidades de resolverlo.

Una pequeña dosis de frustración diaria es la píldora de la madurez.

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