viernes, 30 de octubre de 2009

DEPENDENCIA AFECTIVA

DEPENDEN-CIAS AFECTIVAS Y PSICO-TERAPIA
“ROMPIENDO CADENAS PARA AMAR DE VERDAD”

El presente trabajo es el resultado de consultas realizadas por mujeres que presentaban el problema de dependencia afectiva, lo que nos motivó a reunir un grupo con características similares para ayudarlas a encontrar una solución.

En la dependencia afectiva, el amor hacia el otro presenta varias características en común con las dependencias en general, aunque hay una diferencia fundamental: la dependencia se desarrolla hacia una persona y esto hace que sea más difícil reconocerla y combatirla.

La dependencia afectiva se presenta sobre todo (pero no exclusivamente) en el sexo femenino y en todas las edades. Son mujeres frágiles que, buscando continuamente un amor que las gratifique, se sienten inadecuadas; muestran gran dificultad, para ser conscientes de sí mismas y de su derecho al bienestar, no han aprendido aún a amarse; que amar significa poder estar en una relación sin depender y sin limosnear atención y continuos pedidos de afirmación. En las relaciones afectivas, estas personas limosnean atenciones y afirmaciones continuas porque esto las ayuda a sentirse seguras y fuertes, contrastando así la impotencia, el malestar, el vacío afectivo que perciben a nivel personal.

Cabe citar a propósito las consideraciones de la psiquiatra Marta Selvini Palazzoli, quien considera que aquello que encadena a la dependencia afectiva es la injustificada, absurda, desconsiderada presunción de poder lograr, tarde o temprano, hacerse amar de quien no quiere amarnos.

Actualmente, la dependencia afectiva no está clasificada como una patología en los sistemas de diagnóstico psiquiátrico, (DSM IV), pero se está tratando de incluirla entre los varios trastornos contemplados en ellos, aunque investigaciones al respecto como la de Giddens, la consideran un trastorno autónomo. Según este último, la dependencia presenta algunas características específicas: -La “ebriedad” (el sujeto dependiente, en efecto, siente una especie de ebriedad en la relación con la pareja, quien es indispensable para sentirse bien). -La “dosis” (el sujeto, en efecto, busca “dosis” siempre mayores de presencia y de tiempo que pasa con la pareja. Su ausencia lo arroja en un estado de postración (similar a la abstinencia de droga). El sujeto existe sólo cuando está la pareja y no basta el pensamiento para tranquilizarlo, siente la necesidad de manifestaciones concretas y continuas.

No es raro que el aumento de estas “dosis” excluya la pareja del resto del mundo. Si la dependencia es recíproca, la pareja se “alimenta” de sí misma. El otro es visto como una evasión, como la única forma de gratificación en la vida. Todo esto revela un bajo nivel de autoestima, seguido de sentimientos de vergüenza y remordimiento. En algunos momentos lúcidos, se ve la realidad de la relación, se intuye que la dependencia es nociva y que es necesario acabarla, después vuelve el vacío y la ansiedad, de ser dependiente y esto refuerza la baja autoestima, impulsándonos hacia el otro que acoge, feliz de poseer.

En este marco es necesario entender este trastorno como una adicción psicológica, la cual puede ser examinada tomando como referencia el DSM IV, del que autores como Goldberg (1995) & Young (1999) adaptan algunos de los criterios (tanto de adicción a sustancias como de juego patológico) para construir inventarios que examinen a los pacientes con adicción a internet.

En estos casos la persona no puede salir de una relación, que es sin esperanza, insatisfactoria, humillante y autodestructiva. Además, desarrolla ansiedad generalizada, depresión, insomnio, falta o exceso de apetito, melancolía, ideas obsesivas. Casi siempre hay incompatibilidad del alma, falta de respeto, proyectos de vida diferentes si no opuestos, necesidades y deseos que no se pueden compartir, además de pocos momentos de unión profunda y de satisfacción recíproca.

En resumen, son síntomas de la dependencia afectiva:

- Miedo de perder el amor.
- Miedo del abandono, de la separación.
- Miedo de la soledad y de la distancia.
- Miedo de mostrarse tal y como se es.
- Profundo sentimiento de culpa y/o rencor y rabia.
- Sensación de inferioridad de frente a la pareja.
- Implicación total y vida social limitada.
- Celos y posesión

Mag. Carmen Raquel Mejía Zárate y Lic. Francisca Azaña Ibarguen (Perú)

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