domingo, 4 de octubre de 2009

TERAPIA DE FAMILIA: UN ENFOQUE HUMANISTA

Por: Felipe Iannacone Martínez (Perú)

Si cada persona trae consigo mismo, la gratificante experiencia de amar y ser amado, entonces, hablamos también de familias que aman, pues estas experiencias, en el plano amatorio provienen, principalmente de las familias. El amor que incluye ternura entre sus miembros, valoración entre ellos, con claros símbolos de afecto, un camino, una historia de encuentros en donde los miembros de la familia recorren una misma dirección, estamos hablando de salud familiar y cuando se quiebra la salud familiar es cuando los miembros no aprenden a amar o no se desarrolla claramente el amor, y las personas que conforman esta familia se maltratan, las relaciones entre ellos se tornan complicadas, difíciles, frustrantes, intolerantes y dolorosas.

El enfoque holístico en el abordaje terapéutico de las familias, implica la organización de un sistema de pacientes y terapeutas capaz de analizar el contexto familiar, individual y social como parte de un todo, a fin contemplar soluciones conjuntas al problema, de esta manera el terapeuta es parte del sistema pero también marca la distancia cuando el grupo debe ser un todo en sí mismo, es decir, cuando funciona de manera integral, en donde cada miembro se desarrolla pesonalmente y apoya el crecimiento del grupo.

Al hablar de un enfoque holístico estamos refiriéndonos a la integridad, como sabemos holos, término griego, significa “todo”, más que la suma de las partes es el funcionamiento integral de un sistema, es decir, el conjunto en relación con sus partes, no es solo que estén juntas las partes, sino que interactúan entre sí. Las familias son grupos en los que los integrantes, conviven, se miran, se oyen, se huelen, se rozan, cada miembro, es parte del grupo y al mimo tiempo es un ser independiente de su grupo, con su propio quehacer existencial.

De esta manera hemos abordado a las familias que asistimos con una visión holística, basada en el uso de diversas filosofías, métodos, técnicas que contribuyan en el desarrollo o restablecimiento de la salud familiar, apuntando al mejoramiento de la comunicación, y por tanto de las relaciones entre los miembros, con la aplicación pertinente, moderada y adecuada, de entrenamiento en la comunicación asertiva, resolución de conflictos, “el cierre de la gestalt” de los miembros, de tal manera que la familia se dirija a un desarrollo integral.

Asumimos que la visión holística de la familia, es de suma importancia en el proceso y desarrollo de la terapia, pues nos permite enfocar y tomar las habilidades de sus miembros para desarrollar efectivamente sus potencialidades y resolver las situaciones pendientes.

Bajo la visión holística no perdemos de vista a la persona, al “enfermo” o “paciente”, lo que se hace es conceptualizar el entorno social y familiar de la persona que es señalada como el enfermo. En este sentido la visión holística de la persona “paciente”, nos lleva a considerarlo como un individuo
integral, parte de una familia, parte de una comunidad, parte de la sociedad, parte de este mundo.

Así, el grupo familiar se convierte en escenario de las intervenciones psicológicas, psiquiátricas, psicoterapéuticas de la salud mental. Lo importante en estos escenarios es comprender las crisis. Entendemos, creemos y asumimos que no pueden lograrse cambios significativos sin crisis. Esta declaración cambia el sentido de crisis, asumida en la mayoría de veces por las familias como una situación negativa y no como una oportunidad para el cambio. La familia busca mantenerse y sostiene el “no cambio” como medio de unión o equilibrio, de tal manera que se entrampa en el síntoma que amenaza el estatus quo familiar. En todos estos años escucho a las personas decir, doctor, estoy preocupado por mi papá, o el padre dice, “traigo a mi hijo porque está rebelde, o deprimido”, “aquí mi esposa está deprimida” y no sé lo que le pasa, el pedido es: ¡AYÚDELA¡

Estoy convencido en el interés de los miembros de una familia por los demás miembros, veo una real preocupación, percibo el cariño, me doy cuenta de la tensión en el grupo, sin embargo, a lo largo de mi trayectoria como profesional de la salud mental, he enfrentado diversas situaciones en distintos escenarios familiares donde sus miembros me han pedido explícita o implícitamente: “¡Doctor, cámbienos, pero por favor, no cambie nada!”

La tarea ha sido ardua, interesante y motivadora, me ha permitido innovar, adaptar y aplicar la terapia Gestalt en las familias, y se ha logrado bajo una visión holística, en donde el grupo pueda resolver sus asuntos pendientes, puedan realizar sus duelos, puedan mejorar su comunicación, puedan innovar en sus movimientos amatorios cuando el amor no es suficiente y lograr integrar las nuevas experiencias dolorosas o no al funcionamiento positivo y saludable de la familia.

Y con todo esto quiero decir, que la psicoterapia ha evolucionado y sigue evolucionando, es cada vez más humana, más integral, más personal, en donde el terapeuta es parte de la terapia y las personas que atiende son parte de la planificación terapéutica, es una danza deliciosa y armoniosa a favor de la curación de todos y cada uno de los miembros de la familia. Y una familia sana contribuye a la salud mental de la comunidad, una comunidad sana a una sociedad saludable y una sociedad saludable a un mundo mejor.

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