
De acuerdo con estos investigadores, los centros de recompensa de nuestros cerebros responden con más potencia cuando alguien de escasos recursos es quien recibe un premio económico.
Este patrón se repite inclusive si el cerebro investigado es el de alguien muy adinerado. Desde hace mucho, se sabía, desde un enfoque psicológico, que a la gente no le gusta la desigualdad económica, lo que se ha descubierto ahora es que esos sentimientos tienen sus propios circuitos y conexiones.
Las áreas “culpables” de que no seamos tan malos como nos pintan son la corteza ventromedial prefrontal (CVMPF) y el cuerpo estriado ventral, cuyas reacciones fueron observadas en tiempo real mediante resonancia magnética.
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El cerebro no es corrupto.
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