lunes, 25 de octubre de 2010

¿QUE ES INTROYECCION?

Introyección (introyectar) es meter, es “tragar” sin masticar. En sentido figurado es como introducir sin asimilar y por tanto, sin eliminar incluso. Es también apropiarme de “algo” que no es mío (creencias, valores, expectativas, deseos, sentimientos, necesidades, pensamientos) generalmente provenientes de mis padres o de otras personas y vivir como si todo esto fuese mío, sin cuestionarlo, sin analizarlo. Claro está, que por repetición y con los años pareciera que ya es parte de mi propia vida, es más, pareciera que es “genético” y no es así.

De hecho, este proceso va sucediendo y se va archivando después a nivel inconsciente como resultado precisamente de esas repeticiones y actos repetidos en automático. Forma parte ya a determinada edad, de mis actitudes y comportamientos, que me seguirán a veces por toda mi vida.

“Los hombres no lloran”, “Es tu cruz”, “Debes ser fuerte”, “Tienes que ser ejemplo para tus hermanos”, “Las niñas bonitas cuando lloran se ven feas”, “El que nace pa’ maceta …”, “Las niñas ‘decentes’ no enseñan los calzones”; frases, expresiones y comportamientos, que silenciosamente van limitando nuestro crecimiento pues van cargadas de piedras pesadas como culpa, miedo y resentimiento. Todo esto es parte de lo que llamamos introyecciones (introyectos). Pensamientos y sentimientos, aislados o mezclados van conformando una buena parte de mi (nuestra) personalidad.

El problema inicia cuando la persona debe o tiene que actuar de tal o cual modo, pero no quiere, y los síntomas más frecuentes son derivados del trastorno obsesivo compulsivo caracterizado por perfeccionamiento y la rigidez respecto a sus necesidades. Sus objetivos son con frecuencia inalcanzables, lo que interfiere en la realización de sus tareas. Hay preocupación por las normas, la eficacia, los detalles insignificantes, delimitando su percepción del mundo, todo ello para evitar el RECHAZO.

Viene así en el individuo, una frustración cada vez que el sistema de valores de segunda mano resulta incompatible con sus necesidades presentes. Los idiomas y dialectos “se pegan”, el niño empieza a caminar como su padre sin siquiera imitarlo, el sentido del humor se transmite, etc. Es decir, hay introyectos que verdaderamente bloquean en el actuar de la vida diaria. El introyector minimiza la diferencia entre lo que se traga entero y lo que verdaderamente querría si se permitiera discriminarlo. Es como si cualquier cosa por el hecho mismo de existir, fuera inviolable y él no debiera cambiar nada, y tuviera que tomarlo tal como se presenta. Y esto sucede porque ha aprendido a vivir con miedo, un miedo precisamente a ser rechazado puesto que ha tratado de agradar a los demás, para ser aceptado.

Pero no todo es limitante, también hay introyectos útiles y funcionales como el hecho de: “Debes respetar la luz roja del semáforo”, “Debes visitar a tu madre enferma”. En ambos casos tal vez no quieres hacerlo pero sanamente debes hacerlo, porque puede ser probable que si no pensáramos de esta manera el mundo sería todavía más caótico de lo que ya es. Por supuesto, que los introyectos están íntimamente ligados a los valores y más aún a nuestros valores; en otras palabras determinados valores pueden funcionar como introyectos. Entonces estamos llenos de debeísmos y teneísmos, los cuales en algunos casos como ya lo refería antes pueden ser convenientes o funcionales y en otros no.

Lamentablemente una gran cantidad de introyectos (debeísmos y teneísmos) serían útiles solamente bajo determinados contextos. Por ejemplo, expresarles a mis hijos: “Eres un campeón”, “Vales mucho”, “Cuentas conmigo”, "Estoy orgulloso de ti”, etc., con el uso cotidiano y repetírselo constantemente, puede tener gran importancia para ellos.

Sin embargo, este asunto de los introyectos paradójicamente en una sociedad emocionalmente enferma (neurótica) y contaminada como la nuestra, seguramente como muchas otras, no puede ser de otra manera. Es decir, parecería imposible vivir sin introyectar a personas de generaciones menores a nosotros e inclusive a generaciones mayores (aunque esto suele ser más difícil). Parecería más fácil vivir en la queja que en la aportación de soluciones. Decía un amigo hace algunos años: “Hay gente que vive en la protesta, en vez de vivir en la propuesta”.

Empieza entonces, el inevitable conflicto, que dura mientras “uno” vive, entre tomar la vida tal como es o cambiarla. La tarea primordial en psicoterapia para deshacer (esto no siempre resulta fácil) la introyección limitante (disfuncional, negativa, fútil) consiste en establecer dentro del individuo un sentido de las elecciones que le son accesibles y su capacidad para diferenciar el “yo” del “tú”. Como psicoterapeuta puedo indicarle al paciente que complete en voz alta la frase: “Yo creo que…” para después sondear cuántas representan juicios personales de su propia experiencia y cuántas son meras repeticiones de juicios rancios, recibidas de otras personas en el curso de su vida. Cualquier experiencia que intensifique en el paciente el sentido del yo es un paso fundamental para trabajar, concientizar y deshacer la introyección.

También cabe mencionar que hay introyectos muy difíciles de “quitar” porque están tan ligados a la persona que hasta pareciera que la persona ya es así … Por eso es muy importante ayudar a que el paciente se empiece a dar cuenta de sus propios introyectos y si le resultan funcionales e útiles, pues habrá que dejarlos; de lo contrario habrá que trabajarlos.

Cuando el introyector en el curso de un proceso de psicoterapia, moviliza su agresión y su crítica entra en resonancia con su amargura acumulada, tiene razón de sobra para estar amargardo, puesto que tragó lo que no era conveniente para él en muchos casos y se encuentra entonces así, en la posición de víctima propia de la gente que ha sido invadida. Es difícil que la persona sepa lo que quiere; sólo sabe lo que no quiere y necesita destrabarse de ello. De ahí que la psicoterapia más eficaz, como todas las rebeliones, entrañe un riesgo. La rebelión es necesaria para deshacer la introyección. Tan necesaria como el vómito en sentido real o figurado, porque representa una descarga de cuerpos extraños nocivos que hay que expulsar, aunque con los años se hayan llegado a sentir como propios. Descubrir que lo “dado”, no está dado en absoluto es la experiencia dramática que vive el que recupera la autodirección y ya no da por sentada su existencia, sino que la crea constantemente.

Finalmente entonces, todos los introyectos funcionales o no funcionales, positivos o negativos, útiles o no útiles, le han servido a la persona para sobrevivir y de alguna manera han cumplido una función tanto familiar como social, o sea, en un momento determinado tuvieron su razón de ser.

Irónicamente, en el mundo de los introyectos, muchos se acusan de no haber “obedecido” a sus padres, cuando podrían acusarse de haberlos obedecido. Como quien dice: quien esté libre de introyectos que arroje sus primeros síntomas.

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